13 abril, 2026

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Familia, resistencia íntima y vínculos cotidianos

“Un asunto de familia”

Familia, resistencia íntima y vínculos cotidianos

Este artículo examina la profunda sintonía entre la película “Un asunto de familia” (2018) del director Hirokazu Koreeda y la filosofía desarrollada por Josep María Esquirol en “La resistencia íntima” (2015). Ambos autores convergen al enfrentar la intemperie existencial —la condición inevitable de vulnerabilidad, fragilidad, dolor y soledad a la que se expone la vida humana—, incluso cuando esta intemperie se manifiesta en la precariedad material y social de una familia marginal. La película de Koreeda ilustra vívidamente la tesis de Esquirol: que la verdadera fortaleza no se encuentra en gestos heroicos ni estructuras externas, sino en la resistencia íntima que emerge de lo cotidiano, es decir, en los vínculos cercanos, el cuidado mutuo y los pequeños gestos de ternura que dan sentido y dignidad a las vidas. Así, la proximidad y la voluntad de cultivar espacios de cuidado se convierten en el verdadero refugio frente al vacío y la marginación.

La película “Un asunto de familia” (2018), del director japonés Hirokazu Koreeda, ofrece un retrato conmovedor de una familia marginal que sobrevive a las dificultades económicas mediante pequeños hurtos y estrategias de subsistencia al margen de la legalidad. Sin embargo, más allá de su condición social precaria, lo que la película pone en el centro es la fuerza de los vínculos que se construyen entre sus miembros, vínculos que no responden siempre a lazos de sangre, sino al cuidado mutuo y a la decisión de estar juntos. Esta mirada coincide profundamente con la reflexión que Josep María Esquirol desarrolla en “La resistencia íntima” (2015), donde propone que la verdadera fortaleza frente a la intemperie de la existencia no se encuentra en grandes gestas ni en discursos abstractos, sino en la vida cotidiana, en los gestos de ternura, en la cercanía de la familia y la comunidad. 

Al ver esta película, es inevitable pensar en lo que Esquirol desarrolla en su libro, donde el autor se detiene en explicar que la existencia humana siempre se enfrenta a una especie de intemperie: fragilidad, dolor, soledad, incertidumbre. No hay forma de escapar a esa exposición, pero sí hay modos de resistirla. Esa resistencia no se da a través de gestos grandiosos ni épicos, sino desde lo íntimo, lo cercano y lo cotidiano. 

Si algo nos muestra Koreeda en esta película es justamente eso: la vida de estas personas, tan marcada por la precariedad, encuentra fuerza y sentido en los pequeños gestos de ternura y en el refugio que se brindan mutuamente. 

La intemperie en la pantalla 

Cuando Esquirol habla de “intemperie existencial”, se refiere a esa condición inevitable de vulnerabilidad en la que todos nos encontramos. En la película, esa intemperie se hace muy visible en lo material: la familia vive en una casa diminuta, apiñada, con goteras y sin espacio para cada uno. No tienen un trabajo estable ni recursos suficientes, dependen de pequeñas trampas y hurtos. 

Pero la intemperie no es solo material. También se siente en las biografías de cada personaje: la niña abandonada por sus padres, el joven que no encuentra espacio en el colegio, la mujer mayor a la que su familia de sangre ha dejado de lado. Son vidas heridas, situadas en un precipicio social donde apenas hay reconocimiento. 

Esa es la crudeza de la intemperie que Koreeda retrata. No busca provocar lástima, sino mostrar que, incluso en esas condiciones, la vida sigue abriéndose camino. 

La resistencia que no se ve 

Frente a esa intemperie, Esquirol plantea la idea de resistencia íntima como una actitud silenciosa y humilde que se manifiesta en lo cotidiano. 

En “Un asunto de familia”, esa resistencia aparece en los momentos que comparten los distintos personajes: cuando todos se sientan alrededor de la mesa para comer lo poco que tienen, cuando se bañan juntos en la pequeña bañera, cuando el padre improvisa juegos con los niños. Estos gestos sencillos son, en el fondo, la verdadera fortaleza de la familia. 

Esquirol insiste en que la resistencia íntima no niega la dificultad, pero tampoco se rinde a ella. Lo que hace es cultivar espacios de cuidado y sentido que permiten seguir adelante. En la película, la familia no logra vencer la pobreza ni escapar de la marginación social, pero sí resiste cada día gracias a esos momentos de cercanía que les protegen del vacío. 

El calor de la proximidad

Una de las ideas más bonitas de Esquirol en estas páginas, es el valor de la proximidad. No son los grandes discursos ni las instituciones lo que sostiene al ser humano, sino los vínculos cercanos, los rostros de quienes están a nuestro lado. 

La familia que muestra no está unida por contratos legales ni por vínculos biológicos en todos los casos. Está unida por la decisión de cuidarse mutuamente. La niña rescatada de un hogar donde sufría maltrato encuentra en esta casa pobre una ternura que nunca había recibido. El niño experimenta lo que significa ser acompañado y querido, aunque sea a través de un padre que le enseña a robar. 

En esas relaciones, hay más calor y sentido que en cualquier estructura social que los margina. La proximidad se convierte, como dice Esquirol, en el verdadero refugio frente a la intemperie. 

La casa como símbolo 

Esquirol utiliza la metáfora de la casa para hablar de la necesidad humana de un lugar protegido, un espacio donde encontrar calor frente al frío exterior. La casa no es solo un edificio de paredes y techo: es un ámbito de cobijo, intimidad y hospitalidad. 

La vivienda de “Un asunto de familia” está lejos de ser ideal. Es pequeña, desordenada, incómoda. Pero, a pesar de todo, funciona como una casa en el sentido profundo que plantea Esquirol y parece que todos están contentos en ella. Allí se construye intimidad, allí se experimenta la hospitalidad con los recién llegados, allí se cultiva el calor humano que contrasta con la frialdad de la sociedad. 

Las escenas en la casa transmiten justo eso: un refugio. Alrededor de la mesa o en el momento del baño compartido, se siente un calor que no depende de los metros cuadrados ni de los bienes materiales, sino de la voluntad de cuidarse unos a otros. 

Una de las ideas más bonitas de Esquirol, es cuando dice que “la casa se puede definir como allí donde se vuelve”. Entendiendo casa como familia, sea de sangre o establecida por otro tipo de vínculos, este argumento recuerda al libro “El lugar al que se vuelve. Reflexiones sobre la familia” de Rafael Alvira, donde se afirma que la familia es ‘el lugar al que se vuelve’, pues de ella procedemos y a ella hemos de volver de modo misterioso y romántico.” 

La ternura como resistencia 

Quizá el punto de encuentro más claro entre Esquirol y Koreeda está en la valoración de la ternura. Para Esquirol, los pequeños gestos de cuidado tienen más fuerza para sostener la vida que cualquier gesto espectacular. “La resistencia íntima” se funda en esa ética del cuidado. 

La película lo muestra en múltiples detalles: la forma en que arropan a la niña, el cuidado al enseñarle juegos, la manera en que se apoyan mutuamente incluso en la escasez. La ternura es lo que convierte a este grupo en familia. Y es también lo que les da dignidad en medio de la marginación. 

Koreeda filma esos gestos sin sentimentalismo excesivo, pero con una delicadeza que resalta su fuerza. Allí donde parece no haber nada, aparece lo esencial: la ternura como forma de resistencia. 

Conclusión 

La película de Koreeda y las reflexiones de Esquirol coinciden en que el ser humano está expuesto a la intemperie, pero que frente a esa fragilidad no queda otra salida que resistir desde lo íntimo. 

La resistencia íntima nos permite comprender que esa es la verdadera fortaleza: no lo heroico ni lo espectacular, sino lo cotidiano, lo silencioso, lo cercano. 

En definitiva, la película nos recuerda que, en medio de la precariedad y la fragilidad de la vida, lo que realmente nos sostiene no son los discursos grandilocuentes ni las estructuras externas, sino los vínculos que cultivamos día a día.  

Cristina Castillo . Observatorio de Bioética . Universidad Católica de Valencia

Ficha técnica:

  • Año: 2018
  • Duración: 121 min.
  • País: Japón
  • Dirección: Hirokazu Koreeda
  • Guion: Hirokazu Koreeda
  • Género: Drama
  • Reparto: Kirin Kiki, Lily Franky, Sakura Ando, Mayu Matsuoka y Sosuke Ikematsu

Observatorio de Bioética UCV

El Observatorio de Bioética se encuentra dentro del Instituto Ciencias de la vida de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” . En el trasfondo de sus publicaciones, se defiende la vida humana desde la fecundación a la muerte natural y la dignidad de la persona, teniendo como objetivo aunar esfuerzos para difundir la cultura de la vida como la define la Evangelium Vitae.