01 septiembre, 2026

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Francisco Bobadilla

Voces

01 septiembre, 2026

3 min

Estudiar para asimilar, no para acumular

El reto de aprender a pensar en la era de la inmediatez digital y la IA

Estudiar para asimilar, no para acumular

He vuelto a leer con agrado el libro del maestro Álvaro d´Ors Cartas a un joven estudiante (EUNSA, 1991). Llevo varias décadas en la docencia universitaria y desde el inicio me interesó lo que llamábamos -en los 80- los métodos de estudios para orientar a nuestros estudiantes. Han cambiado los tiempos, los retos son otros, pero sigue la inquietud de encontrar caminos que faciliten la formación integral de los jóvenes universitarios.

El fin del estudio, indica d´Ors, “es la asimilación formativa y no la acumulación posesiva: hay que enriquecer el ser del estudiante y no aumentar su posesión. Desde otro punto de vista, puede decirse que el objeto del estudio son las nociones, es decir, los conocimientos, y no los datos, siempre exteriores (pp. 81-82)”. Ciertamente, una persona asimila los alimentos que come cuando los incorpora a su organismo. Hay, en cambio, otras personas que, por su metabolismo, no consiguen asimilarlos. En este orden de ideas, la expresión asimilación formativa es una metáfora gráfica útil para comprender el aprovechamiento que, tanto el alumno como el profesor, deben hacer de los datos ofrecidos o investigados en el proceso educativo: elevar el dato a conocimiento vivencial. No basta con dar o acumular información, debe conseguirse un vivo aprendizaje intelectual, volitivo y afectivo en el alumno.

En el estudio, pues, se trata de crecer en el ser y no quedarse en la sola tenencia de datos. Al respecto, es ilustrativo lo que apuntaba d´Ors en los inicios de los 90 refiriéndose a la informática a la que veía como un útil depósito de información, un banco de datos a modo de una enciclopedia. Un instrumento valioso que, sin embargo, se queda en la dimensión del tener en detrimento del ser. En este mismo sentido, la reciente encíclica Magnifica Humanitas de León XIV señala que “la omnipresencia de los medios digitales genera una cultura de la inmediatez y la sobreestimulación, que alimenta el cansancio, el aburrimiento y la apatía ante el esfuerzo que supone buscar la verdad (n 139)”.  Es decir, la rapidez con la que conseguimos información y “armamos” un discurso coherente con la IA, atenta contra el lento proceso de asimilación cognitivo a través del cual convertimos el dato en noción comprendida.

“Los procesos educativos -recuerda Magnifica Humanitas– requieren tiempo para madurar, una confrontación con la realidad más allá de las apariencias y un camino paciente (…). La rapidez y la facilidad con las que se obtiene una respuesta o una síntesis hacen correr el riesgo de que se apague el deseo de plantear preguntas, que sólo da fruto con el tiempo. Como escribe Platón, las cosas más profundas e importantes sólo se aprenden tras mucho tiempo y mucho esfuerzo (…). Debemos aprender a prescindir de la IA y proteger a nuestros jóvenes de la promesa de la máquina perfecta, de esa sutil seducción que hace parecer inútil el pensamiento humano precisamente cuando más se necesita (n 140)”. Sí, pensar requiere tiempo, esfuerzo, paciencia para darle vuelta a las cosas. La experiencia nos dice que lo importante y esencial de las personas y las cosas se cocinan a baño maría: la avalancha de datos no nos hace más sabios.

No conviene renunciar a la pedagogía del esfuerzo personal en aras de la inmediatez propia de las tecnologías digitales. Estudiar no se reduce a coleccionar datos, supone el esfuerzo de ir una y otra vez sobre la información para llegar a tocar la realidad y comprenderla, solo así podemos familiarizarnos con lo que se estudia para convertirlo en “sustancia” de nuestro ser.

Francisco Bobadilla

Francisco Bobadilla es profesor principal de la Universidad de Piura, donde dicta clases para el pre-grado y posgrado. Interesado en las Humanidades y en la dimensión ética de la conducta humana. Lector habitual, de cuyas lecturas se nutre en gran parte este blog. Es autor, entre otros, de los libros “Pasión por la Excelencia”, “Empresas con alma”, «Progreso económico y desarrollo humano», «El Código da Vinci: de la ficción a la realidad»; «La disponibilidad de los derechos de la personalidad». Abogado y Master en Derecho Civil por la PUCP, doctor en Derecho por la Universidad de Zaragoza; Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Piura. Sus temas: pensamiento político y social, ética y cultura, derechos de la persona.