22 junio, 2026

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Espiritualidad, sabiduría y humanismo en España desde León XIV

Claves del viaje apostólico de León XIV: Doctrina Social de la Iglesia, ecología integral y dignidad humana desde la fe hispana

Espiritualidad, sabiduría y humanismo en España desde León XIV

La visita, enseñanza y acción que León XIV está desarrollando en España con su viaje apostólico, que prosigue hasta nuestra querida tierra canaria, está siendo impactante, muy significativa y profunda. El papa nos está mostrando lo más valioso de la vida, de la cultura y la fe cristiana-católica en nuestra realidad hispanoamericana con su horizonte universal e internacional.

La entraña de todo es el Dios Padre revelado y encarnado en su Hijo Eterno, Jesucristo Crucificado-Resucitado por su Reino, que nos regala el don (Gracia) de la justicia liberadora del mal y la muerte. Como ha sido transmitido por la Tradición y enseñanza de la Iglesia con sus santos, doctores, papas y testimonios de esta fe. De esta forma, como nos viene enseñando en su magisterio con Dilexi te (DT) o la reciente Magnifica humanitas (MH), se apunta a una vida con sentido, felicidad y realización plena que va promoviendo toda esta vida espiritual, de santidad, de sabiduría y humanismo ético e integral inspirado en esta fe.

De todo ello ha sido, es y esperemos que, como nos enseña el Papa, sea testigo España y nuestros queridos pueblos latinoamericanos con cimas como el sigo de oro español, que asimismo se expande por América Latina; con nombres, experiencias y realidades tan relevantes como Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz,  San Ignacio de Loyola, la escuela de Salamanca, Cervantes, los misioneros como Santo Toribio de Mogrovejo, A. Montesinos y tantos e innumerables testimonios que se pueden citar al respecto.

Desde esa esencia de la fe que es el Espíritu Santo, siguiendo a Jesús humilde y pobre, que nos trae el Reino de Dios con su salvación liberadora e integral de todo pecado e injusticia, se nos manifiesta esta verdadera espiritualidad de encarnación en la realidad. Una mística de los ojos abiertos, en unión con el Dios Amor, que ejerce la misericordia compasiva y solidaria ante el sufrimiento, la maldad, cualquier esclavitud u opresión.

La existencia santa, espiritual y moral desde este seguimiento de Jesús, en la humildad y pobreza evangélica del Reino junto a sus Bienaventuranzas, que ama fraternalmente, que comparte la fe, la esperanza, la vida, los bienes y la acción no violenta por la justicia con los pobres, con las víctimas y excluidos. Frente al pecado, al egoísmo y sus ídolos de la riqueza-ser rico, del tener, del poseer, de la propiedad, del poder, de la guerra y cualquier violencia.

Como se observa, esta espiritualidad de la santidad con su sabiduría y humanismo enraizado en la fe: es pionera e inspiradora de la doctrina  social de la iglesia (DSI), dimensión constitutiva de toda auténtica mística y misión, de la proclamación de los derechos humanos, del derecho internacional, etc. En esta línea, como nos visibiliza la DSI con DT o MH, dimanan los fundamentos, la ley natural y divina con los valores, los principios o criterios antropológicos, morales y sociales no negociables e irrenunciables. Y que preceden a la comunidad política, que ningún estado y autoridad o ley de suyo pueden negar. Tales como el primer derecho y deber del ser humano, respetar la sagrada e inviolable vida y dignidad de cada persona en todas sus fases, desde el inicio con la concepción del niño no nacido (como nos enseña asimismo la ciencia) hasta la muerte natural, dimensiones o aspectos. Se visibiliza así toda esta fundamentación de la vida social y moral con su antropología y bioética global, humana y teológica: que nos revela al ser humano como imagen e hijo de Dios y presencia (sacramento)- especialmente el pobre y la víctima- del mismo Dios en Cristo; lo cual es el fundamento más solido, permanente y trascendente de la vida y dignidad de cada persona.

En esta ecología integral unida a su bioética global, como nos muestra la DSI  y esta fundamentación antropológica, se afirma otro de estos principios y realidades innegociables como es el matrimonio-familia. Ese santuario de la vida y del amor fiel del hombre con la mujer, que es fecundo con los hijos, célula vital de la vida social e histórica. Una familia vivificada por la fe que está llamada a ser santa, misionera e iglesia doméstica pobre, solidaria y comprometida por el bien común, por la paz y la justicia con los pobres. En esta dirección, otro valor o principio irrenunciable es la libertad educativa y religiosa que tienen las personas, las familia y los pueblos para optar por las creencias, por la fe e idearios que les den sentido a su existencia, que busquen el bien, la verdad y la belleza.

Toda esta DSI con su ecología y bioética global se expresa en la vida social e histórica, especialmente, con ese otro principio que es el bien común, clave que ha de orientar la vida política, a los mismos estados y mercados, para asegurar universalmente las condiciones, los derechos y el desarrollo humano e integral de toda la humanidad. En contra de todo individualismo y nacionalismo insolidario, asimismo ese otro principio que es la solidaridad, virtud sustancial que se responsabiliza por este bien común más universal, para todos los pueblos, todos los países y especialmente desde la opción con los pobres de la tierra.

Unido inseparablemente a esta genuina solidaridad que promueve todo ese bien común, están los otros valores o principios esenciales como la justicia social con la opción por los pobres. Y que está asociado al principio de todo ordenamiento ético y socioeconómico, como es el destino universal de los bienes, un “derecho natural” que tiene la prioridad sobre la propiedad, para que realice su inherente cáracter social y solidario. Igualmente, los anteriores principios se correlacionan muy estrechamente con la clave del trabajo humano, la dignidad de trabajador con sus derechos como es un salario digno, que está antes que el capital (beneficio) y que es un criterio básico para valorar la justicia de nuestras sociedades en el mundo.

Lo expuesto hasta aquí, ejerciendo esa virtud principal que es la caridad política, promueve la civilización del amor, la mundialización de la paz con un desarrollo humano y ecología integral, escuchando el grito de los pobres y el clamor de la hermana tierra. Y que se encuentra en oposición a las crecientes desigualdades e injusticias sociales, internacionales, bélicas y ecológicas que, igualmente, es la causa principal por la que nuestros hermanos migrantes y refugiados  tienen que dejar su tierra, su casa, su familia…La dignidad de la persona exige acoger, integrar y defender a estas poblaciones migrantes y refugiadas, cumpliendo así con el derecho de movilidad humana, al mismo tiempo, que el de no verse obligadas a migrar por todas estas desigualdades e injusticias internacionales. Se trata de impulsar por igual ese otro principio que es el de subsidiariedad, es decir, las personas, los pueblos y los pobres son los sujetos protagonista y gestores principales de toda esta vida social, pública, política, económica, cultural, de su promoción integral; con instituciones mundiales que controlen y regulen la política, los estados, los mercados, la economía, comercio o finanzas para ir logrando esa civilización del amor, el bien común de toda la humanidad, la globalización de la solidaridad, de la paz y ecología integral.

Toda esta espiritualidad y sabiduría de la santidad con su humanismo, como se transmite en la DSI con dichos principios o valores, posibilita el método (camino) y discernimiento de la vida real. Esto es, ver nuestro mundo según el corazón de Dios en Cristo, juzgar (valorar) los males e injusticias o esperanzas de nuestra humanidad y actuar con las comunidades; junto a los movimientos populares u otras organizaciones por esa humanidad nueva, conformada en santidad y justicia, que Dios quiere. La paz justa, desarmada y desarmante que nos libera integralmente del mal e injusticia de a guerra, de las armas, de la violencia u odio. Y efectuar el diálogo y encuentro entre las culturas, las civilizaciones y las religiones para una convivencia fraterna global, frente a toda polarización, ideologìzación y fundamentalismo.

Agustín Ortega

Nacido en Las Palmas de Gran Canaria, España. Agente de Desarrollo Local (ADL), Animación Sociocultural y Habilidades Sociales. trabajador social, experto en Intervención Social Integral y doctor en la rama de Ciencias Sociales (Dpto. de Psicología y Sociología, Formación del profesorado, ULPGC). Ha cursado asimismo los estudios de licenciatura y posgrado-máster en Filosofía (Magister Universitario Cum Laude, IVCH) y Teología (ISTIC), Experto Universitario en Moral (Ética Filosófica y Teológica) y Derecho (UNED), doctor en Humanidades y Teología (Cum Laude, UM). Profesor e investigador en diversas universidades e instituciones académicas latinoamericanas, pontificias, católicas y seminarios mayores diocesanos. Investigador asociado de la Universidad Anáhuac (México). Es miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía. Autor de numerosas publicaciones, artículos y libros.