¿Eres consciente del peso que cargas?
Liderazgo, responsabilidad y cómo el peso de tu cargo moldea tu camino profesional
En la mayoría de las empresas, las palabras puesto o cargo de trabajo se usan como sinónimos. Sin embargo, si pudiéramos preguntar a los profesionales que laboran en la gestión de personas o consultar libros asociados al tema, podríamos descubrir que son dos cosas diferentes.
Al respecto, la denominación “puesto de trabajo” se refiere al lugar físico donde una persona desempeña su labor diaria en una empresa. Mientras que “cargo de trabajo” corresponde a las funciones, responsabilidades y jerarquía que una persona tiene en una organización específica.
En ese sentido, hace unas semanas publiqué un artículo con el título: “La ilusión del cargo”. Por ello, como complemento, hoy quiero referirme al “peso”que llevamos en nuestros hombros a lo largo de nuestra carrera profesional. Y lo hago en base a mi propia experiencia laboral, la que resumo a continuación.
Mi primer trabajo fue en una fábrica de una empresa de consumo masivo europea y mi cargo era asistente administrativo. Allí tenía muchas tareas operativas y funcionales, diarias, semanales y mensuales, todas correspondientes al cargo, y el “peso que cargaba” era propio. Luego pasé a una empresa importadora y comercializadora de autos. En donde comencé como asistente de personal y luego ascendí a jefe de personal. Posteriormente, pasé a ser jefe de administración de personal en una entidad financiera. Asimismo, en estas dos últimas experiencias sumé a las tareas operativas y funcionales, temas administrativos con personas que colaboraban conmigo. Por eso, en esa oportunidad “el peso que cargaba” ya no solo era el propio.
Finalmente, tanto en la empresa de retail donde tuve la oportunidad de liderar la administración y gestión de personas y una parte de operaciones de tiendas, como en la empresa donde ahora estoy con mis hermanos, pude descubrir que “el peso que cargaba en el retail y el que cargo en la empresa familiar” es más pesado, en funciones y responsabilidades, que en los cargos anteriores. Puesto que debo añadir: pensar, visionar, liderar y motivar a otras personas para que hagan mejor sus funciones y así den esa milla extra que siempre se solicita.
Por eso, al margen del lugar donde te encuentres en tu carrera profesional, en tu vida personal y del peso que cargues a la fecha, sea propio o de terceros, ten presente tres enemigos que a todos nos acechan silenciosamente y que pueden jugar en contra de nuestra autoridad, sea esta en el trabajo o en la familia.
- Siempre ser coherente: debes ser el primero en exigirte y luego por añadidura sumar el esfuerzo de los demás. Aquí hay un par de ejemplos prácticos: si pides puntualidad, debes ser el primero en llegar. Si en una reunión virtual solicitas que se tenga la cámara encendida, da el ejemplo.
- Actuar siempre con recta intención y con humildad: aleja de ti el aplauso fácil. Acá aplican dos frases populares: “haz el bien, sin mirar a quién” y “que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha”.
- Plasmar tu autoridad de la mejor manera: busca siempre el bien del equipo que lideras; no caigas en el yoísmo, egoísmo o narcisismo.
Te invito a demostrar con hechos palpables que si eres consciente del peso que cargas, no decaigas y, si sucede, porque no somos perfectos, levántate inmediatamente e inténtalo nuevamente. ¿Cuántas veces? Las que sean necesarias, hasta 70 veces siete. ¡Y si lo crees necesario, pide ayuda!
¡Ánimo, acompáñame a remar contracorriente y mar adentro!

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