El reto de formar sacerdotes sin recursos: la misión global de la Fundación CARF
A través de donaciones privadas, esta institución española lleva casi cuarenta años financiando los estudios en Roma y Pamplona de miles de seminaristas y clérigos de todo el mundo
Enviar a un sacerdote de una diócesis con escasos recursos —como puede ser el caso de Uganda o Vietnam— a estudiar a Europa supone un enorme desafío económico. El coste anual de una formación completa, que ronda los 20.000 euros entre matrícula, alojamiento y manutención, resulta inasumible para la gran mayoría de las regiones del sur global. Para evitar que el dinero sea un muro que frene la vocación y el desarrollo eclesiástico, la Fundación CARF trabaja desde hace casi cuatro décadas sufragando la educación integral de religiosos y seminaristas internacionales.
Los cimientos de la fundación se establecieron en 1989 bajo el impulso del beato Álvaro del Portillo, sucesor de san Josemaría Escrivá al frente del Opus Dei. El propósito era claro: respaldar a candidatos con grandes aptitudes pero sin medios económicos para que pudieran acceder a instituciones de excelencia, como la entonces recién inaugurada Universidad Pontificia de la Santa Cruz (PUSC) en Roma, o las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra, en Pamplona.
Una vocación sin fronteras: miles de alumnos de 85 países
Hoy en día, la iniciativa beneficia a cerca de dos mil estudiantes procedentes de los cinco continentes. Solo en el último año, las aulas acogieron a alumnos de 85 naciones diferentes (25 de África, 25 de Europa, 13 de Asia y el resto de América). Si miramos su trayectoria histórica, CARF ha apoyado a candidatos de 130 países, abarcando más de 1.200 diócesis y 300 órdenes religiosas.
Más allá del aprendizaje puramente académico en disciplinas como Teología, Filosofía, Comunicación Social o Derecho Canónico, los estudiantes se enriquecen con la convivencia internacional en colegios mayores como Bidasoa en Pamplona o Sedes Sapientiae en Roma. Esta formación humana y espiritual se considera vital para que, al regresar a sus lugares de origen, los sacerdotes multipliquen el impacto positivo en sus comunidades. Este legado quedó plasmado en el documental Testigos, estrenado en 2025 coincidiendo con el 40 aniversario de la PUSC y proyectado durante el encuentro anual de benefactores.

Un modelo basado en la suma de pequeños esfuerzos
Uno de los rasgos más llamativos de la Fundación CARF es su absoluta independencia estatal: no recibe ningún tipo de subvención pública. Su motor son los más de 5.200 donantes anuales que, en su gran mayoría, realizan aportaciones modestas pero constantes. En 2025, lograron reunir más de 10,4 millones de euros a través de donativos, legados, testamentos y rentas patrimoniales.
Para asegurar la continuidad del proyecto frente a las crisis económicas, la fundación gestiona un fondo de dotación (endowment). A finales de 2025, este fondo alcanzó los 36,2 millones de euros, administrados bajo criterios de inversión conservadora y responsabilidad social. Tan solo en ese año, el fondo inyectó más de 620.000 euros directos a becas, lo que representó el 10% del total de las ayudas concedidas.
Frutos cuantificables y un impacto incalculable
El éxito de esta obra se refleja nítidamente en los datos académicos: 66 tesis doctorales defendidas y 55 libros publicados solo en el último curso, sumando más de 2.700 tesis y 2.200 volúmenes a lo largo de su historia.
Otra evidencia del alcance de CARF es la evolución pastoral de sus exalumnos. Desde los inicios de la fundación, 129 antiguos becarios han sido nombrados obispos o arzobispos, y cuatro han sido creados cardenales. Un ejemplo reciente es el de Simón Bolívar Sánchez Carrión, natural de Ecuador, quien en 2025 fue ordenado arzobispo y designado nuncio apostólico en Honduras. Sin embargo, el mayor logro es el profundo impacto sociocultural y espiritual que estos sacerdotes ejercen en miles de parroquias a nivel local, convirtiéndose en verdaderos referentes humanos para sus comunidades.

La «mochila» que viaja a las periferias
Antes de regresar a sus diócesis para ser ordenados, los futuros sacerdotes reciben un obsequio muy especial: la «Mochila de Vasos Sagrados«. Confeccionada y preparada con oraciones por las voluntarias del Patronato de Acción Social, incluye todo lo necesario para celebrar la Eucaristía, como cáliz, patena y un alba hecha a medida. Esta herramienta resulta fundamental, ya que muchos vuelven a regiones donde no existen medios materiales para oficiar la misa con la dignidad necesaria.
Para financiar este kit litúrgico y otros proyectos asistenciales —como ayuda médica para sacerdotes desplazados—, el Patronato organiza eventos como el tradicional Mercadillo Solidario, que en 2025 celebró su 29.ª edición en Madrid, sumando también ediciones en Zaragoza.
Como retribución a todo este esfuerzo, cientos de presbíteros rezan a diario por la labor de la fundación y sus bienhechores en misas celebradas en todo el mundo y en una parroquia de Madrid. Como subraya Fernando Martí Scharfhausen, presidente de la institución: «Cada oración y cada donativo dejarán una huella profunda en la eternidad». Un recordatorio de que esta inversión solidaria no busca beneficios efímeros, sino frutos duraderos y universales.

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