22 abril, 2026

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El párroco y sus tres diáconos: una sinfonía de servicio

La convivencia, el apoyo mutuo y la riqueza de una comunidad que camina unida entre limitaciones y fe

El párroco y sus tres diáconos: una sinfonía de servicio

La parroquia que tengo encomendada como párroco tiene la suerte de ser bendecida con tres diáconos permanentes. Dos se han formado aquí, integrados en la comunidad durante la etapa de formación y un tercero, más experimentado que se ha incorporado este curso.

No se piensen que tengo el cargo de formador, sino todo lo contrario. Es debido a mi salud precaria y limitaciones físicas que el monseñor Cristau, obispo de Terrassa consideró oportuno auxiliar mi responsabilidad de atender una parroquia de casi veinte mil habitantes, con estas ayudas.

En general podemos decir que hay un clima fraterno, que se trabaja a buen ritmo y que la parroquia quedaría mermada sin ellos.

Del gozo de celebrar al gozo de servir

Eso no quiere decir que no surjan tensiones. Sobre todo, a final de curso, por el cansancio y tras las celebraciones litúrgicamente complicadas, donde los detalles son importantes y, a la vez fácilmente salpicados de pequeñas imperfecciones. En los actos litúrgicos se pone a prueba el temple y el buen hacer de los pastores. En mi caso, ya os digo, que después de treinta y ocho años de sacerdocio, si me tuviera que examinar de “oficiante” cómo con el carnet de conducir, todavía estaría haciendo prácticas para obtener el permiso de conducir.

Además, hablar de fallos, como si fuera un drama es una ofensa a los cristianos perseguidos que ponen en peligro su vida para vivir la fe… El drama no está en unos fallos litúrgicos, sino allí donde con sangre y muerte han vivido la Pasión de Jesús crucificado. Especialmente nuestros hermanos cristianos en zonas de guerra. Hemos visto cómo se cerraba el Santo Sepulcro. En vez de quitar la piedra, la pusieron.

Lo que los diáconos echan en falta es no poder vivir la liturgia, sin preocupaciones de organización.

Por ejemplo, es un gesto de solemnidad el incienso, pero cuando se reservan las brasas del fuego bendecido la noche de Pasqua, en el incensario, si éste no respira y es aireado, con movimientos rítmicos, sino que se deja quieto, cuando llega la hora del Evangelio, las brasas están apagadas.  Que no cunda el pánico. Se inciensa sin humo. Por poner un ejemplo.

La liturgia como lenguaje de lo divino, requiere de unos gestos, símbolos, palabras espacios y melodías, que deben ser conjuntados armoniosamente. Cómo si fuera una sinfonía. Un fallo produce desasosiego entre el celebrante y los cooperadores, que ante lo imprevisto les viene encima un pánico escénico que les colapsa la acción, teniendo que salir con soluciones improvisadas.

Pasar de ser espectador, a actor y “sufrir· por el desarrollo de la ceremonia es algo que crea malestar y sensación de fracaso.

El celebrante y los ministros son servidores del misterio de la salvación que se ofrece al pueblo. Mirar más el pueblo que las rubricas, nos ayuda a vivir el ministerio como un servicio.

Familia

Otro aspecto del diaconado que hace tensar la vocación, es cuando se quiere sustituir al sacerdote. En nuestro caso, la salud del párroco ha hecho que los diáconos asumieran tanto las celebraciones, como áreas pastorales de la parroquia: catequesis, Caritas, Centro juvenil, formación… En primer lugar, no todo se puede parcelar, como si se tratara de parcelas independientes. En una parroquia todo entra en relación. El párroco como si fuera un padre de familia, es responsable y animador de toda la comunidad. Su misión y visión es global. Atiende y orienta la comunidad. La preocupación es por todo, incluso por aspectos nada pastorales, pero necesarios como la economía. El diacono colabora en lo que se le pide, pero no carga con toda la responsabilidad de la parroquia, o del servicio religioso de un hospital, por ejemplo.

El celibato sacerdotal es diferente del diaconal. El sacerdote tiene a la Iglesia como esposa, haciendo las veces de Cristo. El diácono casado tiene la esposa, madre de sus hijos, con la que conjuntamente asume la responsabilidad de la familia.

Cuantas veces el diácono se ve en la tesitura de elegir entre ir con la familia el fin de semana o las vacaciones de Semana Santa o dejar a la familia sola en el lugar de vacaciones.

Mientras que el sacerdote y párroco organiza su vida teniendo en cuenta la comunidad que preside, el diácono no puede ni debe hacer lo mismo, puesto que hay terceras personas afectadas. Es esposo y padre de familia.

La feligresía, acostumbrada a `la dedicación exclusiva del sacerdote, quiere equiparar al diácono al presbítero.

Economía

Otro tema no resuelto es el de la economía. En la mayoría de obispados, los diáconos al servicio de la comunidad no perciben ninguna compensación económica.

Se parte de la base que el diácono ya tiene un trabajo civil. Y con ello no tiene que vivir de la iglesia. El sacerdote, normalmente, tiene vivienda y consumos de energía y otros asumidos por la comunidad. Además en muchos casos tiene una compensación del obispado equiparable a un sueldo.

El diácono realiza un servicio del que la comunidad se beneficia a nivel económico y por el cual no percibe nada. El caso se agrava cuándo es solicitado por otras parroquias para presidir matrimonios, exequias o bautizos, se desplaza con su vehículo propio y no percibe nada de la comunidad a la que ha ido a servir. No solo ofrece su tiempo y dedicación, sino que tiene que sufragar el mismo los gastos de transporte.

Todo ello lleva a plantearse para qué sirve un diácono. Una pregunta nefasta, en cuanto que plantea la vocación diaconal como una utilidad y no una consagración al servicio de la Iglesia.

El error está, frecuentemente en medir su vocación con la del sacerdote. Siempre salen perdiendo, no solo por que hay sacramentos que no pueden realizar: Unción, Penitencia, Eucaristía, sino porque pueden aparecer como súbditos del párroco y en el “escalafón” separados del pueblo llano, situándose por encima de éste. De nuevo es un error categorizar la vocación de cristiano recibida por el Bautismo.

Dado que a pesar de que es una figura, tan antigua como los apóstoles, para nosotros es relativamente nueva y por ello todavía está en proceso de definición de la identidad diaconal.

Esto quizás ayude a que un día se vuelva a abrir en el Vaticano el tema del diaconado femenino. La objeción que dieron de que sería un paso previo al sacerdocio, viene porque todavía no se tiene claro que la vocación diaconal es diferente de la sacerdotal.

Paso a enumerar los aspectos que han mejorado en mi parroquia con los tres diáconos.

1.- Acercar el ministro al pueblo, como persona y como servicio. Cuando preside un sacramento o una reunión, un diácono está mostrando la humanidad, familiaridad de la Iglesia. El clericalismo que separa pueblo y ministros, con el diácono, esposo, padre o abuelo, es más difícil esta separación. Hasta a mí, el sacerdote, me hacen más próximo.

2.- Están ayudando a pasar de una iglesia de servicios, a una iglesia de comunidades. Una parroquia no debiera ser una dispensadora de sacramentos a la carta. Los horarios y la disponibilidad de los diáconos nos hacen plantear la pastoral con más sinodalidad “caminar juntos”.  El esquema de la parroquia como proveedora de servicios empobrece la misma misión. Un servicio se recibe individualmente, pero la comunidad, casi ni se percibe.

El clericalismo unido a la postura de funcionario, hace difícil el sentido familiar de la comunidad. Con el diacono es más fácil.

3.- El amor a la familia. Los sacerdotes nos vamos distanciando de la familia, dedicándonos a la Iglesia. El contacto con las esposas y la familia de los diáconos me ha hecho volver un poco la vista a mi familia de origen, donde no siempre se han cuidado las relaciones.

4.- La colegialidad diaconal. Envidiable el que se junten los diáconos para celebrar sus patronos, formación, ordenaciones. Cuando se reúnen, los temas, además de los ministeriales y pastorales, hablan de sus familias o trabajos, y sobre todo de sus párrocos, de los que normalmente hablan bien. Igual que los sacerdotes de sus obispos.

5.- La aportación de lo específico de cada uno de ellos, por lo que respecta a la formación recibida y a la personalidad. Edl diaconado permite variedad y pluralidad. Eso enriquece enormemente la comunidad.

Para concluir dejar claro que estas reflexiones son particulares y no obedecen ni a un ensayo pastoral o teológico – doctores tiene la iglesia- . Pretendo despertar la reflexión y contribuir al diálogo y a la definición de la vocación al diaconado permanente. Si bien en algunos casos, debido a la disponibilidad, el diácono está asumiendo la responsabilidad de párroco, con muy buen resultado, no siempre va a ser así, ni debiera serlo. La vocación diaconal, rica en matices, todavía no está del todo asumida, reconocida y valorada tanto por el pueblo como por los sacerdotes. No se trata nunca de un juego de fuerzas, sino de un discernimiento constante en el Espíritu.

Alfons Gea

Licenciado en Teología en Facultad de Teología de Barcelona (1988). Diplomado en Magisterio – profesor EGB. Universidad de Barcelona (1990). Licenciado en Psicopedagogia. Universidad Ramón Llull, (1994). Responsable del Servicio de Atención al Duelo de Funeraria Municipal de Terrassa (2001-2022). Terapeuta en Gabinete Gedi - Psicología aplicada (2022). Párroco de St. Viucente de Jonquereas, de Sabadell (2012). Articulista en revistas especializadas y prensa comarcal. Formador en atención al duelo de profesionales sanitarios y sociosanitarios: Trabajadoras sociales, psicólogas/os, médicas, enfermería, maestras (1995). Ha participado en varios programas de opinión y debate de televisiones y radios nacionales. Anteriormente ejerció como asistente espiritual de los hospitales en Terrassa: San Lázaro, Mutua, y Hospital de Terrassa (1997-2018. Fue párroco de la parroquia Virgen de Montserrat de Terrassa (1997-2013) y responsable de Formación de la Delegación de Pastoral de la Salud de la diócesis de Barcelona (1995-2005). Delegado episcopal de Pastoral de la salud de la diócesis de Terrassa (2005-2012). Coordinador de la Pastoral de la Salud de la Conferencia episcopal catalana. Maestro de EGB, Coordinador de secundaria, subdirector de escuela, jefe de gabinete psicopedagógico, fundador y director del Centro Sara – casa de acogida para enfermos de SIDA, educador en situaciones de riesgo social, Fundador del Taller Solidario – centro de inserción laboral.