El Papa León XIV en Estambul: Un llamado a la fraternidad con los ancianos durante su viaje apostólico a Turquía
El Santo Padre resalta el valor de la acogida y la sabiduría de los mayores en un mundo dominado por la eficiencia
En medio de su primer Viaje Apostólico a Turquía y Líbano, el Papa León XIV ha dedicado una parte emotiva de su agenda a los más vulnerables: los ancianos. Esta mañana, el Pontífice visitó la Casa de Acogida para Ancianos de las Pequeñas Hermanas de los Pobres en Estambul, un centro que representa un oasis de fraternidad en una sociedad cada vez más acelerada. Con un saludo cálido y reflexiones profundas, el Santo Padre ha recordado que la verdadera caridad cristiana no se limita a ayudar, sino a compartir como hermanos, y ha defendido el rol irremplazable de los mayores como «la sabgezza de un pueblo».
El encuentro, que tuvo lugar en el corazón de la vibrante ciudad transcontinental, reunió a las religiosas de la congregación, operadores del centro, benefactores y, sobre todo, a los residentes ancianos, quienes recibieron al Papa con aplausos y sonrisas de gratitud. León XIV, visiblemente conmovido por el ambiente de calidez familiar, inició su intervención agradeciendo el «don de la acogida» que impregna el lugar. «Este es el secreto de la caridad cristiana: antes de ser para los otros, ser con los otros, en una compartición basada en la fraternidad», enfatizó, evocando el ejemplo de Jesús como hermano enviado por el Padre.
La visita se enmarca en un itinerario apostólico que busca fortalecer los lazos ecuménicos y dialogar con las realidades sociales de Oriente Medio y el Mediterráneo. Turquía, cuna de varias comunidades cristianas primitivas y hogar de una minoría católica en un contexto mayoritariamente musulmán, ofrece al Papa una plataforma para promover la paz y la solidaridad. Sin embargo, este acto concreto con los ancianos resalta una prioridad del pontificado de León XIV: la defensa de la dignidad humana en todas las etapas de la vida, especialmente en un mundo donde el envejecimiento se percibe a menudo como una carga.

En sus palabras, el Pontífice lamentó cómo la cultura de la eficiencia y el materialismo ha erosionado el respeto por los mayores. «En muchos contextos sociales, se ha perdido el sentido del respeto por las personas ancianas», alertó, citando las enseñanzas de su predecesor, el Papa Francisco, quien repetidamente describió a los ancianos como «una riqueza para los nietos, para las familias, para toda la sociedad». Esta reflexión no es solo teológica, sino un llamado urgente a la acción: en un país como Turquía, donde la población envejece rápidamente y los sistemas de cuidado son limitados, iniciativas como esta casa de acogida se convierten en modelos de esperanza.
Las Pequeñas Hermanas de los Pobres, fundadas en el siglo XIX por Jeanne Jugan, han extendido su misión global a lugares como Estambul, donde atienden a decenas de ancianos con recursos modestos. La superiora del centro dio la bienvenida al Papa, destacando cómo la oración y la paciencia sostienen su labor diaria. León XIV, en respuesta, invocó la bendición divina sobre todos los presentes, pidiendo al Señor que los acompañe en esta «no fácil» tarea.
Este gesto papal llega en un momento de tensiones regionales, con conflictos en Siria y Líbano que han desplazado a miles de ancianos. El mensaje de fraternidad podría resonar más allá de las paredes de la casa de acogida, inspirando a líderes religiosos y civiles a priorizar la protección de los vulnerables. Mientras el Papa continúa su viaje hacia Beirut, su paso por Estambul deja una huella de ternura y recordatorio: en la diversidad de edades y culturas, la Iglesia se construye como una familia unida.
Texto completo del saludo del Santo Padre (en italiano original):
VISITA ALLA CASA DI ACCOGLIENZA PER ANZIANI DELLE PICCOLE SORELLE DEI POVERI
SALUTO DEL SANTO PADRE
Care sorelle e cari fratelli, buongiorno!
Ringrazio di cuore per le parole di benvenuto della Sorella e per l’accoglienza mostrata da tutti voi. L’accoglienza è il dono di questa casa! Un dono che viene da Dio e che viene fatto fruttificare dalle Piccole Sorelle dei Poveri, dagli operatori e dai benefattori, e anche da tutti gli ospiti, nella loro convivenza quotidiana. Grazie a tutti!
Vorrei lasciarvi due semplici riflessioni.
La prima prende spunto dal vostro nome, care Suore: voi vi chiamate “Piccole Sorelle dei Poveri”. Un nome bellissimo, e che fa pensare! Sì, il Signore non vi ha chiamato solo ad assistere o ad aiutare i poveri. Vi ha chiamato ad essere loro “sorelle”! Come Gesù, che il Padre ha mandato a noi non solo per aiutarci e servirci, ma per essere nostro fratello. Questo è il segreto della carità cristiana: prima di essere per gli altri, essere con gli altri, in una condivisione basata sulla fraternità.
La seconda riflessione me la suggerite voi, cari ospiti di questa casa. Voi siete anziani. E questa parola, “anziano”, oggi rischia di perdere il suo significato più vero: in molti contesti sociali, dove domina l’efficienza, il materialismo, si è perso il senso del rispetto per le persone anziane. Invece la Sacra Scrittura e le buone tradizioni ci insegnano che – come amava ripetere Papa Francesco – gli anziani sono la saggezza di un popolo, una ricchezza per i nipoti, per le famiglie, per l’intera società!
E allora un doppio grazie a questa Casa, che accoglie nel nome della fraternità e lo fa con le persone anziane. Questo – lo sappiamo – non è facile, richiede tanta pazienza e tanta preghiera. Perciò ora preghiamo il Signore perché vi accompagni e vi sostenga. Su tutti voi invoco la benedizione di Dio.
Traducción al español:
VISITA A LA CASA DE ACOGIDA PARA ANCIANOS DE LAS PEQUEÑAS HERMANAS DE LOS POBRES
SALUDO DEL SANTO PADRE
Queridas hermanas y queridos hermanos, ¡buen día!
Doy gracias de corazón por las palabras de bienvenida de la Hermana y por la acogida mostrada por todos vosotros. ¡La acogida es el don de esta casa! Un don que viene de Dios y que es fructificado por las Pequeñas Hermanas de los Pobres, por los operadores y los benefactores, y también por todos los huéspedes, en su convivencia cotidiana. ¡Gracias a todos!
Me gustaría dejaros dos simples reflexiones.
La primera toma pie de vuestro nombre, queridas Monjas: vosotras os llamáis “Pequeñas Hermanas de los Pobres”. Un nombre precioso, ¡y que hace pensar! Sí, el Señor no os ha llamado solo a asistir o a ayudar a los pobres. Os ha llamado a ser sus “hermanas”! Como Jesús, que el Padre nos envió no solo para ayudarnos y servirnos, sino para ser nuestro hermano. Este es el secreto de la caridad cristiana: antes de ser para los otros, ser con los otros, en una compartición basada en la fraternidad.
La segunda reflexión me la sugerís vosotros, queridos huéspedes de esta casa. Vosotros sois ancianos. Y esta palabra, “anciano”, hoy corre el riesgo de perder su significado más verdadero: en muchos contextos sociales, donde domina la eficiencia, el materialismo, se ha perdido el sentido del respeto por las personas ancianas. En cambio, la Sagrada Escritura y las buenas tradiciones nos enseñan que –como gustaba repetir el Papa Francisco– los ancianos son la sabiduría de un pueblo, una riqueza para los nietos, para las familias, para toda la sociedad!
Y entonces un doble gracias a esta Casa, que acoge en nombre de la fraternidad y lo hace con las personas ancianas. Esto –lo sabemos– no es fácil, requiere tanta paciencia y tanta oración. Por eso ahora recemos al Señor para que os acompañe y os sostenga. Sobre todos vosotros invoco la bendición de Dios.
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