El Jesús histórico frente al Cristo de la fe: 2000 años de añadidos
David Rabadà i Vives, paleontólogo y autor de El Jesús histórico, aplica el rigor científico al estudio de los evangelios
David Rabadà i Vives, paleontólogo, doctor en Ciencias Geológicas y divulgador científico, acaba de publicar El Jesús histórico: 2000 años de añadidos (Hilos de Azul, 2025). En este ensayo documentado separa la figura del Jesús de Nazaret del siglo I del Cristo construido por la tradición, la teología y el poder a lo largo de los siglos. Hablamos con él sobre su método, los “añadidos” más significativos y la vigencia de esta distinción en un mundo donde la imagen de Jesús sigue siendo manipulada.
Usted es paleontólogo y está acostumbrado a reconstruir el pasado a partir de evidencias fragmentarias. ¿Cómo trasladó las herramientas de la estratigrafía, el análisis de contexto y la datación al estudio de Jesús de Nazaret?
Como doctor en Ciencias Geológicas simplemente he trasladado el rigor del método científico y la objetividad histórica al análisis de los textos bíblicos e históricos aplicando fundamentalmente el principio de parsimonia – o navaja de Ockham-, que sostiene que la explicación más sencilla y lógica que resuelve más misterios es la más cercana a la realidad. Al igual que en la estratigrafía, el libro El Jesús Histórico busca ordenar los hechos desestimando las imaginaciones infantiles – relatos mágicos o añadidos teológicos posteriores – para aproximarnos al núcleo histórico del personaje llamado Jesús, Yasú nazzara.
Si tuviera que señalar tres grandes “capas” de añadidos que más han transformado la imagen del Jesús real —una de carácter teológico, otra iconográfica y otra política—, ¿cuáles elegiría y por qué siguen influyendo tanto en cómo percibimos a Jesús hoy?
En el libro El Jesús Histórico hallamos tres grandes añadidos que, entre muchos más, adulteraron el personaje real del nazareno. A nivel teológico podemos citar la divinización de Cristo y la creación del dogma de la Santísima Trinidad, ambos de creación humana e impuestos por el Concilio de Nicea en el siglo IV. Jesús, y por decisión humana, pasó de ser un hombre judío a ser Dios dentro de la Santísima Trinidad.
Otro añadido, y a nivel iconográfico, lo tenemos en la creación de la imagen clásica del Jesús caucásico y de cabellos largos acorde con la Sábana Santa, una reliquia falsa dado que el carbono 14 la dató entre los siglos XIII y XIV. Jesús, y de haber existido, hubiera sido un hombre de rasgos como los de su región, brunos y palestinos. Claramente la Sábana Santa sustituyó al Jesús semita original por un hombre de rasgos mediterráneos, piel clara y hasta de ojos azules.
Finalmente, y a nivel político, fue inventada también una imagen alejada de Jesús, pero creada por alguien que jamás lo conoció en vida, que tampoco supo de él por sus discípulos y que fue rechazado por las primeras comunidades judías que continuaron las enseñanzas del nazareno. Este personaje fue Pablo – Saulo – quien se inventó el pacifismo cristiano, la resurrección carnal de Jesús, el machismo cristiano, la misión universal de Jesús y la exculpación de Roma en su asesinato. Según las fuentes, la expresión «Imperio de Yahvé» -a menudo traducida erróneamente como «Reino de Dios»- representaba el núcleo de la predicación del Jesús histórico y tenía un significado profundamente político, nacionalista y religioso en el contexto de la Judea del siglo I. Para algunos judíos de la época, la tierra de Israel pertenecía exclusivamente a Yahvé bajo el pacto de la Alianza. Por lo tanto, querer el Imperio de Yahvé significaba reclamar la soberanía de la nación y expulsar a los ocupantes extranjeros (los romanos) que habían profanado la tierra sagrada. El anuncio del Imperio de Yahvé fue el que realmente convirtió a Jesús en un personaje peligroso para la estabilidad de la pax romana, motivo por el cual fue detenido y ejecutado bajo el cargo de sedición y alta traición al presentarse como aspirante a «Rey de los Judíos». Es decir, Pablo transformó el Jesús insurgente y ejecutado por sedición en la cruz por un Cristo «Príncipe de la Paz» a pesar de que Jesús jamás pensó fundar una nueva religión llamada cristianismo, a lo sumo quiso reformar su sociedad judía. Lean Los Evangelios y el asunto queda muy claro. Definitivamente Pablo facilitó la expansión del cristianismo en el Imperio Romano con un Cristo acorde para ello, pero alejado del Jesús judío original.
La imagen clásica de Jesús (piel clara, cabello largo ondulado, barba cuidada, expresión serena) es, en gran medida, una creación cultural posterior. ¿En qué momentos históricos se consolidó esta “marca visual” y qué nos revela sobre cómo cada época proyecta sus propios ideales de santidad, belleza y autoridad?
En Los Evangelios no hay ninguna descripción física de Jesús, algo que dejó un vació que debía llenarse con el icono de un Jesús melenudo, barbudo y de aspecto caucásico. Esta imagen se gestó principalmente a partir del siglo IV bajo el mandato del emperador Constantino cuando el cristianismo entró a formar parte del poder imperial. Luego se reforzó en la Edad Media con la elaboración de reliquias como el Santo Sudario. Todo ello revela cómo cada época proyecta sus ideales en donde la Iglesia medieval necesitaba un icono fidedigno para la fe creando para ello un individuo de rasgos europeos totalmente ajenos a los aborígenes judíos de Judea, a un palestino, vaya.
Para muchos católicos, distinguir entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe puede generar inquietud. ¿Cómo le explicaría a un lector creyente que su libro, lejos de debilitar la fe, puede ayudar a vivirla de forma más madura y libre de añadidos culturales?
Ante todo, el libro El Jesús Histórico no ataca a la fe ni al Dios cristiano, sólo desmiente todos aquellos añadidos sobre Jesús que dos mil años de creencias han aportado. Es más, y lo he dicho infinidad de veces en mis clases, la fe y la ciencia son útiles por separado, pero su mezcla genera de vez en cuando mentiras y contradicciones. El conocimiento de la verdad histórica no busca debilitar la espiritualidad, sino liberar al individuo de la manipulación ideológica y la ignorancia. Según este ensayo, la fe permite bajar la ansiedad ante la vida, pero solo la verdad histórica nos hace libres de manipulaciones culturales. Según el Evangelio de Felipe, Jesús dijo: Si reconocéis la verdad, la verdad os hará libres. La ignorancia es esclavitud, el conocimiento es libertad.
Fuera de los evangelios y unas pocas menciones romanas y judías, el rastro documental de Jesús en su época es sorprendentemente escaso. ¿Qué nos dice ese “vacío” sobre la dimensión real de su movimiento en el siglo I, y cómo explica que un fenómeno aparentemente marginal acabara transformando el Imperio romano?
El libro El Jesús Histórico deja claro que antes del siglo II no tenemos ninguna prueba física de Jesús y por tanto no hay evidencias arqueológicas ni crónicas contemporáneas directas del siglo I sobre el nazareno, ni Los Evangelios dado que empezaron a escribirse a partir del siglo II. Es decir, cuando se redactan hace décadas que ningún testimonio vivo de Jesús pervive. Este vacío documental se explica porque Jesús era un plebeyo humilde e iletrado de una región marginal a orillas del lago de Galilea. Es decir, ni él ni los suyos sabían ni leer ni escribir y por lo tanto no dejaron memoria alguna. El movimiento simplemente triunfó porque el ciudadano romano Pablo de Tarso, que sí sabía leer y escribir, reinventó el mensaje para los gentiles, creando un Cristo universal y divino que encajaba mejor en el mundo grecorromano que el Jesús nacionalista judío. Finalmente, el apoyo imperial en el siglo IV – Constantino – lo convirtió en religión oficial.
Hace pocos días, el presidente Donald Trump publicó (y posteriormente borró) imágenes generadas por inteligencia artificial en las que aparece representado como una figura cristológica —sanando enfermos o siendo abrazado por Jesús—, en medio de su enfrentamiento público con el papa León XIV. ¿Ve en estos nuevos “añadidos” políticos una continuación de los mismos mecanismos de apropiación y uso del símbolo de Jesús que analiza en su libro a lo largo de 2000 años?
Trump no ha inventado nada nuevo. El libro El Jesús Histórico describe perfectamente mecanismos políticos idénticos del pasado. El uso de la figura de Jesús para legitimar el poder político y cohesionar masas, tal como hizo Constantino al usar la cruz en sus escudos, sigue vigente con las imágenes mesiánicas de Trump. La apropiación del símbolo de Jesús ha sido una constante histórica para promover intereses personales o estatales, haciendo creer «lo increíble» mediante la repetición. El ministro de Propaganda de la Alemania nazi, Josep Goebbels, decía que «si dices una mentira lo suficientemente grande y la sigues repitiendo, la gente acabará creyéndosela«. Cabe recordar que Hitler también se apropió del símbolo de Jesús, y lo detallo el libro, para promover sus objetivos políticos, ¿quieren más ejemplos históricos?
En un mundo donde la inteligencia artificial permite generar imágenes y narrativas de Jesús a demanda, ¿estamos entrando en una fase aún más acelerada de “añadidos”? ¿Qué retos plantea esto a las iglesias, a la teología y a la propia comprensión de la figura histórica de Jesús?
Sí, estamos entrando en una etapa aún más precipitada de mentiras, pero también tenemos un mayor acceso a los hechos contrastados. Con un sistema educativo fundamentado en un currículo exigente y en la transmisión de conocimientos veraces, se podrán evitar más “añadidos” en la historia, pero por desgracia los sistemas educativos europeos no fomentan lo anterior y vaticino que las grandes mentiras formarán parte, no ya de una religión, sino de grandes políticas populistas.
En cuanto a los retos que plantea esto a la Iglesia no serán distintos a los que se enfrentó el cristianismo primitivo con otros competidores. Aquí quien más poder ostente, mejor difundirá su causa tal como se impusieron los evangelios canónicos por encima de los apócrifos. Todos cuentan imaginaciones, pero unos lo hacen mejor y con más recursos. Eso plantea un reto esencial para las iglesias y es que continúan fundamentando la fe en arquetipos similares a guiones de cine para generar empatía, pero alejando cada vez más la comprensión del Jesús hombre que en sí, ya daría para tener fe en sus enseñanzas. La historia está llena de presiones que han expandido más las religiones que las razones. Ejemplos de ello son el Imperio Romano y su César divino, el Templo de Jerusalén y su Yahvé, la antigua Iglesia y su Señor-Dios, la Inquisición y sus herejías, las Cruzadas y sus razias, las misiones y los ejércitos, y los nazis y su nuevo cristianismo. Todos ellos siempre redundaron en lo mismo: en inventar conceptos, hacer creer lo increíble y promover muchos creyentes, ¿que tal si probamos con lo más cercano al Jesús histórico?
Para terminar: si el Jesús histórico del siglo I pudiera leer hoy su libro, ¿qué cree que le sorprendería más de los 2000 años de añadidos acumulados sobre su persona? Y, sobre todo, ¿qué mensaje central de su vida y mensaje cree que sigue siendo plenamente válido y desafiante para un creyente católico del siglo XXI.
En el libro queda claro que a Jesús le sorprendería su propia divinización – él nunca se llamó Dios ni fundó una religión – y la opulenta jerarquía eclesiástica, algo que él mismo criticó en el Sanedrín. El mensaje que sigue siendo válido y desafiante es su lucha por la justicia social, la igualdad de derechos y la solidaridad con los más débiles frente a los poderosos. En su momento estos poderosos fueron Roma, quién le ejecutó por nacionalista judío, Herodes y los suyos, quienes asesinaron a su mentor Juan el bautista, y finalmente la élite judía que vivía al estilo romano y no quería jaleos. El Imperio de Yahvé predicado por Jesús implicaba el fin de las desigualdades sociales y de la corrupción de las élites (como el Sanedrín y los de Herodes) que colaboraban con Roma para enriquecerse a costa de los pobres. Si todos los creyentes actuales comprendieran todo esto, algunos habría que decidirían dejar a la Iglesia, aunque no la fe en Jesús, y es que creer en el nazareno sigue siendo totalmente lícito y respetable, pero creer en las interpretaciones sobre Jesús basadas en la fe resulta muy resbaladizo. Sólo si a los humanos se les educa bajo la curiosidad de los hechos, el conocimiento objetivo y la crítica contrastada, podremos evitar más añadidos religiosos. Quizás Jesús así lo pretendió hace dos mil años: si reconocéis la verdad, la verdad os hará libres. La ignorancia es esclavitud, el conocimiento es libertad (Logion 123, Evangelio de Felipe), el problema es que muy pocos le siguieron.
David Rabadà i Vives (Barcelona, 1967), paleontólogo y divulgador científico, se doctoró en Ciencias Geológicas en 1995 por la Universidad de Barcelona trabajando en diferentes proyectos científicos del CSIC. Ha recibido la mención especial en el Premio UPC (1999), el Premio Albert Pérez Bastardas (2003), el Natura Ciutat de Valls (1992 y 1995), el finalista en el Ciutat de Viladecans (2005) y el Premio Guillem Bellavista también finalista (2021). Le han publicado los libros Un Déu per als ignorants (2000), Les cinc cares de la Terra (2005), Educar, educamos todos (2007), Quién fracasó con el Fracaso Escolar (2008), Cristo Mito al Desnudo (2015), Prejuicios y Evolución Humana (2020), Evolució a la Terra (2022), La Palma Bonita (2022), La Mirada de Islandia (2023), Educación Basurizada (2025), El Jesús Histórico (2025) y en breve la Universidad Autónoma de Barcelona le publicará el libro Evolución o Involución Humana. Actualmente es profesor de Ciencias Geológicas, miembro de la Fundación Episteme, vicepresidente de SIGMADOT, académico de la ACVC y jefe de prensa de ASPEPC.SPS.

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