El día que le pedí a Dios que no me dejara despertar (y el descanso que vino después)
Una conversación sin filtros con Majo Gimeno sobre la esclavitud de las caretas, las crisis de pareja y el milagro de "Mamás en Acción"
Hay momentos en la vida en los que la necesidad de aprobación se convierte en una cárcel de alta seguridad. Vivimos buscando el aplauso del grupo, el éxito de Instagram, la imagen perfecta de la mujer empoderada que todo lo puede. Nos llenamos de tatuajes, de noches desordenadas o de metas vacías simplemente para que nos quieran. Bebemos de fuentes de agua sucia y luego nos sorprendemos al sentirnos profundamente enfermos.
Majo Gimeno, fundadora de la ONG Mamás en Acción, conoce bien ese vacío. En el último episodio de Rebeldes Podcast, junto a don Pablo y don Ignacio, abrió su corazón para relatar un viaje que va desde la sobreprotección de su infancia con colegios de monjas hasta el colapso absoluto en mitad de una pandemia, pasando por una separación matrimonial inminente. Una historia de debilidad, pero, sobre todo, de un rescate inesperada.
La trampa de la aprobación y las fuentes de agua sucia
Majo creció protegida, bajo el ala de sus abuelos y las inolvidables directrices de Sor Vicenta, esa monja que la sacaba de los recreativos si llevaba el uniforme puesto. Sin embargo, al salir al mundo —primero a Inglaterra y luego a Estados Unidos— las raíces se tambalearon.
«En Estados Unidos, vivir con tus padres a mi edad era visto como un fracaso. Te confrontas, te mezclas con ellos y quieres hacer lo que ellos hacen: la fiesta, el sexo desordenado, estar a la altura de lo que el mundo pide… Te metes en todo sin tener conciencia de que lo haces buscando que te quieran».
Esa búsqueda desesperada de afecto mutó con los años en la exigencia del éxito y las caretas del «postureo» social. «Es agotador», confiesa Majo. «La sociedad ha construido un modelo de mujer que te obliga a renunciar a lo que de manera natural te sale por ser mujer y madre. Nos venden la idea de la emprendedora perfecta en Instagram, pero ¿qué pide tu corazón realmente?».
El matrimonio en la roca y el diagnóstico de una psicóloga
El regreso a la fe no fue un camino de rosas idílico. Majo se casó con Borja tras un noviazgo fugaz de apenas nueve meses. Pronto llegaron las crisis graves, la falta de transparencia y un diagnóstico contundente de una psicóloga de parejas: «Tenéis que separaros, es urgente. Tú estás en un sufrimiento terrible».
Con todo aparentemente perdido, un hermano de Borja les propuso una última carta: hablar con el párroco.
«Nos sentamos con Ramón, un sacerdote mayor. Escuchó nuestros reproches y lo primero que le preguntó a mi marido fue: ‘Borja, ¿tú quién crees que es la cabeza de la familia?’ Mi marido dijo: ‘Yo’. Y el cura respondió: ‘Pues no. Es ella. Porque si ella está bien, tus hijos están bien y tú estás bien’. Algo se nos clavó en el corazón. Al terminar, Borja pidió confesión. Entendimos que un matrimonio que no está en la roca, llega la ola y se lo lleva».
Tocar fondo en el confinamiento: «Si existes, llévame hoy»
El verdadero desierto, sin embargo, llegó con el encierro de la pandemia. Una situación de crisis personal e injusticias que Majo no lograba procesar humanamente. El pánico se apoderó de la casa. Los vómitos diarios, la falta de sueño y el llanto constante empezaron a pasar factura a sus hijos. Una noche, su hija mayor le preguntó: «Mamá, ¿por qué todo el rato lloras?». Fue el detonante.
«Ese día me arrodillé a los pies de mi cama. Esperé a que todos se durmieran y le dije a Dios: ‘Si tú existes de verdad, llévame hoy. Que no me despierte mañana, por favor, porque no puedo con mi vida’. No tenía el valor de ser Judas y quitarme la vida yo misma, pero estaba destruida».
Majo se durmió profundamente tras semanas de insomnio. Al despertar al día siguiente, el sufrimiento no había desaparecido mágicamente, pero algo había cambiado para siempre en su interior: había experimentado el descanso de la rendición.
La libertad absoluta: saberse amada en la debilidad
¿Qué libera a una persona de la necesidad de gustar a todo el mundo y del terror a fracasar? Para Majo, la respuesta es una paradoja que solo se entiende desde la fe: el sufrimiento como un regalo de libertad.
«El descanso más grande que yo he experimentado fue sentirme amada como yo era genuinamente, con mi debilidad, mi falsedad y mi careta. Descubrir que no tengo que ser perfecta ni hacer todo bien para que Él me ame. Si esta noche hago lo peor, Él me está esperando para cargarme a hombros y rescatarme. Cuando experimentas eso, ¿qué puede darte el mundo que te quite la paz?».
Una lección de vida que demuestra que, a veces, es necesario que la ola rompa con fuerza nuestra estructura de cristal para obligarnos a construir de nuevo, esta vez sobre la roca.
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