11 agosto, 2026

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El arte de tolerar a todos… empezando por la persona que ves en el espejo

Por qué la paciencia contigo mismo es la clave olvidada para alcanzar cualquier meta real en la vida

El arte de tolerar a todos… empezando por la persona que ves en el espejo

Nos hemos convertido en expertos en medir y juzgar el mundo que nos rodea. Renegamos del tráfico a hora punta, de la lentitud de un empleado, de la falta de comprensión de nuestra pareja, de las decisiones imprudentes de la política o de las manías de la familia política. Ante el desorden ajeno, la recomendación clásica es siempre la misma: paciencia. No estamos en la piel del otro, no tenemos la foto completa y, sencillamente, las personas y las circunstancias se equivocan.

Sin embargo, San Francisco de Sales dejó escrita una advertencia que desmonta por completo nuestro enfoque cotidiano: «Ten paciencia con todas las cosas, pero sobre todo contigo mismo».

¿Por qué resulta tan sencillo exigir calma frente al error ajeno y tan destructivo enfrentarnos a las imperfecciones propias?

El peligro de la falsa humildad

Si nos detuviéramos un momento a observar con estricta honestidad nuestra lista de defectos, limitaciones y torpezas, el impulso natural sería tirar la toalla. Nos preguntaríamos con sorna: «¿Con este carácter pretendo mantener un matrimonio feliz? ¿Con estas dudas pretendo educar a mis hijos, terminar una carrera universitaria o dirigir una empresa?».

Caer en ese monólogo interno no es un acto de humildad; es una pésima y paralizante falsa humildad.

Incurrir en este autoengaño es tan absurdo como si un deportista de élite, clasificado entre los mejores del mundo, declarara ante la prensa que es un completo inútil por el simple hecho de no ser invencible. Reconocer lo que no sabes o lo que te cuesta no significa negar las herramientas que sí tienes. Salvo contadas excepciones divinas, nadie en este mundo ha recibido el «don de la perfección». Dios reparte talento, capacidad de trabajo, empatía y vocación, pero jamás nos entrega un certificado de infalibilidad.

Avanzar sin el peso de la perfección

La falta de paciencia personal conduce a dos extremos igualmente destructivos:

  1. La soberbia, que nos hace creer que no tenemos nada que aprender ni corregir.
  2. La parálisis, que nos impide emprender proyectos valiosos por miedo a no estar a la altura de una expectativa irreal.

Recibes la vocación para formar una familia, para ejercer una profesión o para servir a los demás, pero no recibes la garantía de no equivocarte jamás en el camino. Incluso los grandes santos —como el propio San Francisco de Sales, conocido por luchar constantemente contra un carácter fuerte y propenso a los enfados— tuvieron que aprender a lidiar con sus propias aristas cotidianas antes de poder ofrecer algo de valor al mundo.

Para lograr impactar positivamente en tu entorno, necesitas cambiar la exigencia destructiva por un compromiso firme:

  • Acepta tus dones sin vanidad: Reconoce aquello para lo que eres bueno y ponlo a trabajar sin vergüenza.
  • Abraza tus limitaciones con realismo: Caerse, perder la paciencia o cometer un error en el trabajo o en casa forma parte del proceso de aprendizaje.
  • Sigue adelante: Madruga, estudia, pide perdón cuando sea necesario, reajusta el rumbo y continúa.

Dale al mundo lo mejor de ti

Tenerte paciencia no es darte permiso para la mediocridad ni buscar excusas para no mejorar. Tenerte paciencia es entender que la construcción de una vida con sentido —sea criar a tres hijos, liderar un equipo o mantener la fe en tiempos difíciles— es un trabajo de orfebrería que lleva tiempo, caídas y levantadas.

No esperes a ser perfecto para empezar a aportar. Reconoce los dones que has recibido, acepta que tropezarás en el camino y, sobre todo, ten contigo la misma empatía que le pides al mundo. Tira para adelante, ten paciencia contigo y haz todo el bien que esté a tu alcance.

P Angel Espinosa de los Monteros

El Padre Ángel Espinosa de los Monteros ha impartido más de 4,000 conferencias sobre matrimonio, valores familiares y espiritualidad en diferentes ciudades de México, Estados Unidos, Francia, Italia, España y Sudamérica. Ha atendido a cientos de matrimonios ofreciendo consejos y programas de crecimiento conyugal y familiar. Es autor del libro «El anillo es para siempre», traducido a diferentes lenguas y a partir de las cuales ha dictado más de 20 títulos de conferencias. Actualmente se dedica de tiempo completo a impartir conferencias y renovaciones matrimoniales en 20 países del mundo.