Algunas dificultades a la hora de educar
En cualquier caso, a lo largo de toda su existencia, los padres:
♦ Han de acoger y querer a cada hijo tal como es, también con sus limitaciones y defectos, aunque en ocasiones no responda a sus expectativas, choque con algunas de sus pretensiones y convicciones o incluso les caiga mal.
♦ Han de saber comprender, pero también exigir, sin ceder inoportunamente, cuando está en juego el bien del hijo.
♦ Han de respetar la libertad de los hijos y hacerla crecer cuanto sea posible, superando todo afán de posesión y sobreprotección; pero a la vez han de guiarles y corregirles con tacto y prudencia, sin inmiscuirse demasiado en sus asuntos, dándoles la autonomía imprescindible para que, paso a paso, vayan sacando adelante sus propios proyectos y siendo dueños y responsables de sus vidas.
♦ Han de ayudarles en sus tareas, pero sin sustituirlos ni evitarles el esfuerzo formativo y la satisfacción que el realizarlas lleva consigo, y que robustece su autoconocimiento, su autoestima y su capacidad de desenvolverse en la vida, sin depender siempre de sus mayores.
♦ Y, por encima de todo, muy por encima de todo —ya que en cierto modo es condición ineludible de cuanto hemos dicho— han de tener mucho trato personal, de tú a tu, con cada uno de sus hijos.
♦¡Trato personal, de tú a tú! Pues si el diamante solo se pule con el diamante, las personas solo crecen y mejoran a través del contacto personal, de la relación estrecha y prolongada con aquellos que las quieren: más todavía cuando se trata de los hijos.