17 junio, 2026

Síguenos en

Dios no trabaja en la televisión: Por qué los milagros reales no se venden en estadios

Desmitificación de la fe de espectáculo y dónde se esconden las verdaderas intervenciones divinas

Dios no trabaja en la televisión: Por qué los milagros reales no se venden en estadios

Existe una industria millonaria basada en la desesperación humana. Todos hemos visto esos programas nocturnos de televisión o esos estadios abarrotados donde un autoproclamado sanador impone las manos, grita y, mágicamente, alguien que entró en silla de ruedas sale corriendo. Es un gran espectáculo. El problema es que, la mayoría de las veces, es un fraude. Una vez conocí a una persona que trabajó en uno de esos shows; me confesó que le pagaban una buena suma de dinero simplemente por entrar cojeando y salir caminando.

A esto es a lo que yo llamo «milagros baratos». Y la primera gran verdad que debemos entender es que Dios no hace shows, ni trabaja para la televisión.

Los milagros reales existen (pero no son un truco de magia)

Por supuesto que los milagros existen. He tenido la bendición de liderar peregrinaciones a los milagros eucarísticos en Lanciano, Siena u Orvieto, donde hostias consagradas se han convertido en carne y vino en sangre humana. El propio santo Carlo Acutis dedicó su corta vida a investigar y catalogar más de cien de estos fenómenos.

También existen los milagros médicos. Todos conocemos historias de pacientes desahuciados a los que les quedaban tres meses de vida a causa de un cáncer terminal y que, tiempo después, dejan a los médicos sin palabras: «Parecería que nunca has tenido nada».

Sin embargo, el error actual es buscar a Dios únicamente a través de la espectacularidad o, peor aún, recurrir a la brujería, a que te lean las cartas, a que te hagan una «limpia» con un huevo o a caer en garras de sectas manipuladoras. Eso no es fe; es superstición.

La sanación que no sale en las noticias

Los milagros más grandes que he presenciado en mi vida sacerdotal no tienen que ver con piernas que se estiran o tumores que se disuelven. Tienen que ver con el alma. Son las sanaciones interiores.

He visto a matrimonios destruidos donde el amor se había extinguido por completo, donde ya no sentían nada, recuperar la ilusión y el sentido de su vida tras refugiarse en la oración. He visto a personas perdonar un adulterio —que se dice fácil, pero es durísimo—. He visto a hermanos perdonar que les robaran la fábrica que con tanto esfuerzo construyeron.

Esos no son milagros baratos que ocurren en cinco minutos tras un grito en un micrófono. Son el fruto maduro de la oración, de la terapia, de la adoración, de la Eucaristía y de los sacramentos.

El peligro de querer que Dios haga nuestra voluntad

Hay una segunda lección incómoda pero necesaria: Dios no hace nuestra voluntad, nosotros debemos aceptar la Suya.

El Padre Nuestro es muy claro: «Hágase tu voluntad». Si rezáramos para que se hiciera nuestra propia voluntad en la tierra, no habría enfermos, ni muertes, todos los matrimonios serían perfectos y todas las mujeres podrían tener hijos. Pero el ser humano no tiene la perspectiva completa del universo.

Mi propio padre murió de cáncer cuando yo era joven. Éramos seis hermanos rezando por él, y Dios se lo llevó a los 42 años. ¿Significa que Dios no nos escuchó? No. Significa que Aquel que es más sabio y más grande que yo sabía qué era lo mejor para su alma.

A veces nos horroriza ver el sufrimiento físico, el cáncer o la enfermedad. Pero para Dios, el cuerpo es temporal; el alma es eterna. Muchas veces, la enfermedad es el terreno donde una persona madura, crece en la fe, se despoja de la vanidad y aprende a poner su vida entera en las manos del Creador. Es infinitamente más hermoso tener una fe y un amor inmensos, que tener un «cuerpazo» o una salud al 100% pero el alma vacía. Dios, que es Padre, lo sabe.

El secreto de los verdaderos milagros

Si estás buscando una intervención de Dios en tu vida, olvídate de los caminos rápidos y los shows emocionales. El secreto para los verdaderos milagros no es un misterio, es una ruta de vida:

  • Arrepentimiento y conversión.
  • Oración constante y Adoración.
  • La Eucaristía y los Sacramentos.
  • Pedir con toda el alma, pero con humildad.

Antes de pedir por tu rodilla, por tu dolor de espalda o por tu situación económica —cosas que Dios ya sabe perfectamente que necesitas—, haz como el rey Salomón: pídele sabiduría. Pídele fe, esperanza y amor. Pídele los dones del Espíritu Santo y la capacidad de servir a los demás.

Dios hace una cantidad incontable de milagros todos los días, pero no los hace entre gritos ni por arte de magia. Los hace en el silencio de tu oración, en la intimidad de los sacramentos, y a través de tu paciencia y tu fe.

P Angel Espinosa de los Monteros

El Padre Ángel Espinosa de los Monteros ha impartido más de 4,000 conferencias sobre matrimonio, valores familiares y espiritualidad en diferentes ciudades de México, Estados Unidos, Francia, Italia, España y Sudamérica. Ha atendido a cientos de matrimonios ofreciendo consejos y programas de crecimiento conyugal y familiar. Es autor del libro «El anillo es para siempre», traducido a diferentes lenguas y a partir de las cuales ha dictado más de 20 títulos de conferencias. Actualmente se dedica de tiempo completo a impartir conferencias y renovaciones matrimoniales en 20 países del mundo.