01 abril, 2026

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El Credo: Las Verdades que Sostienen Nuestra Fe

Es fundamental conocer y entender el Credo que recitamos cada domingo: más que una oración, es el alma de nuestra fe

El Credo: Las Verdades que Sostienen Nuestra Fe

En esta ocasión no vengo a compartir una reflexión, sino una explicación sobre un tema que todos los cristianos deberíamos llevar en el corazón: el Credo.

Esta oración, que recitamos cada domingo —en su forma completa o en la versión breve del Credo de los Apóstoles— resume las verdades esenciales de nuestra fe. Pero ¿por qué detenernos a meditar en ella? Porque lo que decimos no es solo una fórmula, sino el corazón de nuestra identidad como creyentes.

El origen del Credo

Cuando Jesús asciende al cielo, los primeros cristianos comienzan a formular de manera sencilla lo que creían: en Dios, en el Espíritu Santo, en Jesucristo como Hijo de Dios. Sin embargo, con el paso del tiempo y la expansión de la Iglesia, especialmente tras las persecuciones, se hizo urgente definir con claridad y por escrito las verdades fundamentales. Surgieron herejías, divisiones —como las de Simón el Mago o los partidismos entre Pablo, Pedro y Apolo— y era necesario responder: ¿qué es lo que realmente creemos?

Así nacen los concilios. El de Jerusalén primero, y más tarde los decisivos: Éfeso, Nicea, Constantinopla. Fueron encuentros intensos, incluso con momentos de tensión, discusiones encendidas, destierros e incluso jalones de barbas entre obispos. La razón: definir si Jesús es Dios o solo hombre, si el Espíritu Santo procede del Padre o también del Hijo… Pero fue a la luz del Espíritu Santo, y tras estos concilios, que la Iglesia formuló el Credo que hoy recitamos.

Un misterio que supera la razón

El Credo comienza con una afirmación que ya es un misterio: “Creo en un solo Dios”. Un solo Dios en tres personas. Los judíos nos acusan de politeístas, pero no lo somos. El misterio de la Santísima Trinidad —Padre, Hijo y Espíritu Santo— no se puede comprender del todo.

Cuenta una anécdota atribuida a San Agustín: un niño intentaba meter el mar en un hoyito en la arena. Cuando alguien le dijo que era imposible, el niño respondió: “Es más fácil que yo meta todo el mar en este hoyito a que tú comprendas el misterio de la Trinidad.” No se trata de entender todo, sino de creer. Como dice San Pablo: “Ahora vemos como en un espejo, oscuramente… pero entonces veremos cara a cara.”

Lo que creemos

“Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso.”

Dios lo puede todo. Como dijo el arcángel Gabriel a María: “Para Dios nada hay imposible.” Él es el creador del cielo y de la tierra, de lo visible y lo invisible. Lo invisible: como los ángeles, como nuestra alma. No la vemos, pero sabemos que está allí. Lo visible: millones de galaxias, animales, plantas… toda la creación.

Hoy la ciencia reconoce que el universo tuvo un principio. La Biblia lo dice desde hace siglos: “Hágase la luz.” El universo no es eterno. Eterno es solo Dios. Nada puede surgir de la nada por sí mismo. Ni un exprimidor de limones se hace solo, mucho menos el ser humano. Cada vida, cada detalle, es don de Dios.

“Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios.”

Aquí hay otra gran verdad: Jesús es el Hijo único, nacido del Padre antes de todos los siglos. Nosotros somos hijos por adopción. Y eso no es poco. Es un regalo. Dios nos adoptó como suyos, pero Jesús es de la misma naturaleza divina.

Durante el auge del Imperio Romano y bajo la influencia de los griegos, circulaban muchas ideas sobre dioses que bajaban a mezclarse con humanos. Pero en el Credo afirmamos algo muy distinto: que Jesús no es un semidiós mitológico, sino Dios verdadero de Dios verdadero.

Recitar el Credo es más que repetir palabras. Es afirmar con humildad las verdades que sostienen nuestra fe. Es recordar que, aunque no comprendamos todo, creemos porque confiamos en Dios. En sus manos está nuestra vida, nuestra historia y nuestro destino.

Así que la próxima vez que lo reces, hazlo con el corazón despierto. Estás proclamando tu identidad cristiana. Estás diciendo al mundo: “Yo creo.

P Angel Espinosa de los Monteros

El Padre Ángel Espinosa de los Monteros ha impartido más de 4,000 conferencias sobre matrimonio, valores familiares y espiritualidad en diferentes ciudades de México, Estados Unidos, Francia, Italia, España y Sudamérica. Ha atendido a cientos de matrimonios ofreciendo consejos y programas de crecimiento conyugal y familiar. Es autor del libro «El anillo es para siempre», traducido a diferentes lenguas y a partir de las cuales ha dictado más de 20 títulos de conferencias. Actualmente se dedica de tiempo completo a impartir conferencias y renovaciones matrimoniales en 20 países del mundo.