17 junio, 2026

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“Pedro ha hablado por boca de León”

La fe teológica de un pueblo que late bajo el rescoldo tras la visita del Papa León XIV

“Pedro ha hablado por boca de León”

Como sabemos, la frase data del año 451, en el concilio de Calcedonia (hoy en Turquía), que ha definido que Cristo es una sola persona divina en dos naturalezas, divina y humana. Una carta doctrinal del Papa San León Magno a los 350 padres conciliares hace que exclamen: “Pedro ha hablado por boca de León: Esta es la doctrina de la Apóstoles”.

Acaba de irse dejar España el papa León XIV dejando a los españoles conmovidos por su presencia sencilla y por su firme doctrina. Sobran comentario con criterios políticos (de política nacional o eclesiástica). Sobran comparaciones: que si Juan Pablo II, que si Benedicto XVI, que si Francisco; que si uno más carismático, que si otro más doctrinal, que si otro más “campechano”… No. Los fieles han ido multitudinariamente, con júbilo, a ver y oír al Papa, al Sucesor de Pedro, al Vicario de Cristo, al “Dulce Cristo en la tierra”, que decía santa Catalina. No han ido a ver a Wojtyla ni a Ratzinger ni a Prevost. España siempre ha vibrado con las visitas del Romano Pontífice, sea quien sea. Se trata de una fe teológica.

Cierto que hoy -dicen- es un país secularizado. Pueda que sí. (Hace cuarenta años que no vivo en España). Menos práctica religiosa, más indiferencia, muchos hasta se declaran ateos, agnósticos…, pero yo no me lo acabo de creer del todo. Hay un rescoldo de fe que se puede avivar, como ha pasado estos días. La palabra “rescoldo” ya se usa poco. Pero yo recuerdo en mi infancia cómo la mamá, antes de acostarse, barría en el lar las cenizas y tapaba con ellas las brasas ya mortecinas. Parecía todo apagado. Pero al día siguiente echaba unas hojas secas y soplaba, soplaba, y se encendía la llama. Me parece que algo así pasa con la fe de muchas personas: queda un rescoldo, y cuando el Espíritu sopla, como, por ejemplo, con la visita del Papa, se enciende en llama viva. Es lo que estuvimos viendo estos días.

Y hablando de León, hace muchos años que presencié una obra de teatro de Graham Greene titulada “El León dormido (en el invernadero)”. Se trataba de un sacerdote que ofrece a Dios lo más querido, su fe, a cambio de la curación (resurrección) de un joven que se suicida. El joven vivió pero lejos de Dios, con una amnesia sobre su pasado. En un momento se desatan los acontecimientos y la fe de ambos, que estaba como un león dormido en su adentro, se despierta…

El Papa se ha ido en el avión del Rey. Todos querrían decirle: “No te vayas todavía”. Pero dejadlo ir, que tiene muchos países que visitar -como Perú, que prometió venir en noviembre.

Y a rezar por él: que el Señor lo conserve, le dé vida, lo haga feliz ya en la tierra…”. Y a cosechar los frutos de la visita.

Monseñor Gilberto Gómez González

Monseñor Gilberto Gómez González, nacido el 12 de febrero de 1952 en Albeos, Creciente (Pontevedra, España), realizó sus estudios de secundaria, filosofía y teología en el Seminario de Tui–Vigo, siendo ordenado sacerdote el 14 de septiembre de 1975. Entre 1975 y 1985 ejerció como vicerrector del Seminario Menor de Tui–Vigo; en 1986 se incorporó a la diócesis de Abancay (Perú) mediante la Obra para la Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana, donde desempeñó roles como rector del Seminario Menor «San Francisco Solano» (1986–1992), párroco de Tamburco, vicerrector y posteriormente rector del Seminario Mayor «Nuestra Señora de Cocharcas», además de capellán del Monasterio de Carmelitas y miembro del Consejo Presbiteral. El 22 de diciembre de 2001 fue nombrado por Juan Pablo II obispo titular de Mozotcori y auxiliar de Abancay, recibiendo la ordenación episcopal el 16 de marzo de 2002; el 20 de junio de 2009 Benedicto XVI lo designó obispo de Abancay, diócesis que asumió el 8 de agosto de ese año y que continúa liderando en la actualidad, siendo también miembro de la Comisión Episcopal de Vocaciones y Ministerios de la Conferencia Episcopal Peruana y autor del libro de poesía mística Vía Lucis (2005), galardonado con el XXIV Premio Mundial Fernando Rielo.