Conocimiento, deseo y corazón en la educación
Papa León XIV lanza carta apostólica por el 60° aniversario de Gravissimum Educationis: educación católica con fe, razón y corazón contra el utilitarismo
Con motivo del LX Aniversario de la Declaración Conciliar Gravissimum Educationis, el Papa León XIV ha publicado la carta apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza, un documento en el que comenta una serie de ideas sobre la educación católica orientada a resaltar la unidad entre fe y razón, entre pensamiento y vida, entre conocimiento y justicia (1.2). Una pedagogía fundada en la persona, imagen de Dios, capaz de verdad y relación. En tiempos como el nuestro en el que el relativismo devalúa el valor veritativo del pensamiento, la mentira se instala en el debate social; insistir en la capacidad del ser humano para conocer la verdad es un sólido cimiento para la tarea educativa. Del mismo modo, afirmar la índole relacional de la persona es un buen contrapeso frente al individualismo, tantas veces distante de la dimensión social de la acción humana.
De otro lado, se ha instalado en la economía y en las relaciones sociales una alta carga de utilitarismo que lastra las relaciones humanas. Una sana competencia, desde luego, le viene bien a la sociedad. Del mismo modo, necesitamos de muchas relaciones mediales para poder satisfacer las necesidades humanas. Aquí no está el problema. El problema surge cuando sólo se busca la eficacia, los resultados, la maximización de resultados por sobre otra perspectiva; privilegiándose una cultura del éxito que, en muchas ocasiones, cruza la delgada línea roja entre el bien y el mal, sirviéndose de medios inmorales para conseguir provecho individual. Cuando el utilitarismo (cuánto es, cómo es, qué gano) es el único referente, la sociedad es una jungla en donde el más fuerte, el más poderoso gana a costa de los demás ciudadanos. Precisamente, el Papa León XIV llama la atención sobre los efectos perversos de este “eficientismo sin alma” (9.1) que podría, también contaminar la educación reduciéndola a pedagogía funcional y economicista. Y recuerda que “la educación no mide su valor solo en función de la eficiencia: lo mide en función de la dignidad, la justicia y la capacidad de servir al bien común”.
La educación, igualmente, “no es solo transmisión de contenido, sino aprendizaje de virtudes”. Hablamos de una educación integral en la que se procura el crecimiento intelectual, volitivo y afectivo de la persona. Una educación para “custodiar el corazón que escucha, una mirada que anima y una inteligencia que discierne”. Conseguir esta armonía personal es, ciertamente, una tarea ardua, de largo aliento, más aún si -con San Agustín- sabemos que el corazón humano sólo se aquieta cuando descansa en Dios. En la educación con ideario católico, señala el Papa León XIV, “la fe, cuando es verdadera no es una “materia” añadida, sino el aliento que oxigena todas las demás materias (6.)”: fe, vida de fe, unidad de vida.
El principio personalista corre por la sabia de la educación católica, llega a donde no llega ningún algoritmo. La poesía, las artes, la belleza, las humanidades forman parte de esta humanización. Es una educación que cultiva el espíritu y se toma en serio -diría Carlos Llano-, el principio de cercanía y de incidencia: no sólo llegar a todos, sino a cada uno con su rostro, su historia y su vocación (4.1), de tal manera que el corazón le hable al corazón. Finaliza el Santo Padre señalando tres prioridades: 1° Cultivar la vida interior. Silencio que propicie el diálogo con la conciencia y con Dios; 2° Un humanismo digital que armonice las inteligencias técnica, emocional, social, espiritual y ecológica: 3° Paz desarmada y desarmante (10.3), capaz de comprender que la relación está antes que la opinión, la persona antes que el programa (11.2).
La propuesta del Santo Padre es un trazado a mano alzada de una constelación educativa en la que todos los fieles pueden aportar su propia luz, trazando rutas que unan lo humano y lo divino de esta sinfonía del Espíritu que aspira a ser la educación católica.

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