23 febrero, 2026

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Cardenal Arizmendi: Las armas y el dinero pretenden dominar

Recuperar el valor de la persona

Cardenal Arizmendi: Las armas y el dinero pretenden dominar
Gio Bartlett . Unsplash

El cardenal Felipe Arizmendi, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas y responsable de la Doctrina de la Fe en la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), ofrece a los lectores de Exaudi su artículo semanal.

HECHOS

Cuando conocí al líder local del grupo armado que, junto con otros dos, controlan y extorsionan a todo mundo en nuestra región, llevaba un arma corta al cinto y le pregunté por qué la llevaba. Sólo me respondió que era su costumbre. Le dije que él debía valer por lo que es, por su persona, no por su pistola. La realidad es que, sin las armas largas que él y su grupo portan consigo, no lograrían imponer sus leyes a toda la comunidad. Tampoco obtendrían el dinero que sacan de las extorsiones, pues campesinos y comerciantes les pagan las cuotas que exigen porque sus armas les dan poder para enriquecerse. Y ese dinero les da capacidad para comprar más armas. Ojalá no tarde el día en que las autoridades federales hagan lo que deben, pues todos conocen a estos líderes y saben dónde viven y cómo actúan. Ciertamente se ve que ya han decidido no seguir esa política nefasta de abrazos hacia ellos, pero es enorme el poder del crimen organizado.

Donald Trump, porque su país es muy rico y enorme su potencial militar, se siente con derecho a intervenir en otros países e imponer sus leyes y sus aranceles. Con su poderío económico y militar, quiere controlar todo. ¿No hay, en USA, quien lo controle? Nuestro país tiene que acceder en muchas cosas que exige, porque de lo contrario nos pone más aranceles y nuestra economía se afecta. Aunque aquí se hable de cooperación, en realidad todo parece sumisión.

Lo mismo pasa en otros niveles. Hay padres de familia que compran con dinero el afecto y el respeto de sus hijos. Abusadores de menores y de mujeres compran con dinero y amenazas de muerte el silencio de sus víctimas. Esposas maltratadas soportan todo con tal de que el marido no les deje sin recursos. El dinero y las armas se imponen, como si la verdad y la justicia se compraran. Los mismos apoyos de gobierno a las personas mayores, que es un acto de justicia, puede ser utilizado para comprar votos. El dinero puede pervertir.

ILUMINACION

El Papa Francisco, en su exhortación Evangelii gaudium, advierte:

“Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” (55). “Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. El afán de poder y de tener no conoce límites” (56).

Tras esta actitud se esconde el rechazo de la ética y el rechazo de Dios. La ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se considera contraproducente, demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder. Se la siente como una amenaza, pues condena la manipulación y la degradación de la persona. La ética –una ética no ideologizada– permite crear un equilibrio y un orden social más humano” (57).

“Una reforma financiera que no ignore la ética requeriría un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos, a quienes exhorto a afrontar este reto con determinación y visión de futuro. ¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos. Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano” (58).

ACCIONES

Demos al dinero la importancia que merece, pero no más. Que el dinero no nos domine y no nos faculte para imponernos a los demás; que no se utilice para comprar o dominar a los hijos o a la esposa. Que el valor de nuestra persona no dependa de las armas y del dinero, ni de amenazas, sino del amor y respeto que demos a los demás.

Cardenal Felipe Arizmendi

Nacido en Chiltepec el 1 de mayo de 1940. Estudió Humanidades y Filosofía en el Seminario de Toluca, de 1952 a 1959. Cursó la Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, España, de 1959 a 1963, obteniendo la licenciatura en Teología Dogmática. Por su cuenta, se especializó en Liturgia. Fue ordenado sacerdote el 25 de agosto de 1963 en Toluca. Sirvió como Vicario Parroquial en tres parroquias por tres años y medio y fue párroco de una comunidad indígena otomí, de 1967 a 1970. Fue Director Espiritual del Seminario de Toluca por diez años, y Rector del mismo de 1981 a 1991. El 7 de marzo de 1991, fue ordenado obispo de la diócesis de Tapachula, donde estuvo hasta el 30 de abril del año 2000. El 1 de mayo del 2000, inició su ministerio episcopal como XLVI obispo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, una de las diócesis más antiguas de México, erigida en 1539; allí sirvió por casi 18 años. Ha ocupado diversos cargos en la Conferencia del Episcopado Mexicano y en el CELAM. El 3 de noviembre de 2017, el Papa Francisco le aceptó, por edad, su renuncia al servicio episcopal en esta diócesis, que entregó a su sucesor el 3 de enero de 2018. Desde entonces, reside en la ciudad de Toluca. Desde 1979, escribe artículos de actualidad en varios medios religiosos y civiles. Es autor de varias publicaciones.