Aprender a discutir
Dialogar no es enfrentarse: claves para debatir con respeto, cuidar las relaciones y transformar los desacuerdos en oportunidades para convivir
Vivimos en una época en la que discutimos mucho y dialogamos poco. Lo he contemplado directamente entre un grupo de amigos. También hay muchas disccusiones entre una pareja, que co frecuencia puede provocar tensiones o incluso en la separación.
Las redes sociales, los grupos de WhatsApp y las conversaciones cotidianas nos ofrecen continuamente oportunidades para expresar nuestras opiniones. Y cuando encontramos a alguien que piensa de manera diferente, con frecuencia intentamos convencerlo, corregirlo o demostrarle que está equivocado.
Pero discutir no debería significar enfrentarse. Discutir también puede ser una forma de aprender.
No tengo que pensar como tú
Una de las primeras cosas que deberíamos aprender es que una persona que piensa diferente no es necesariamente una persona equivocada. Podemos defender con firmeza nuestras convicciones y, al mismo tiempo, respetar a quien mantiene otras.
Eso exige una actitud que quizá hoy escasea: escuchar antes de responder. Escuchar no significa dar la razón. Significa intentar comprender qué piensa el otro, por qué lo piensa y qué argumentos tiene.
El problema empieza cuando atacamos a la persona
Una discusión cambia completamente cuando dejamos de hablar de las ideas y comenzamos a descalificar a quien las sostiene. Ya no discutimos sobre una cuestión: discutimos contra una persona. Y entonces aparecen las etiquetas, las generalizaciones, las acusaciones y, finalmente, los insultos.
Es posible decir:
“No estoy de acuerdo contigo.”
Y es muy diferente decir:
“No tienes ni idea.”
La primera frase abre una conversación. La segunda la cierra.
También hay que saber cuándo terminar
Aprender a discutir significa también saber cuándo dejar de discutir. No todas las conversaciones tienen que terminar con un vencedor.
A veces, después de intercambiar nuestros argumentos, podemos decir sencillamente:
“No pensamos lo mismo, pero respeto tu opinión.”
Y continuar siendo amigos, compañeros o familiares. Eso no es renunciar a nuestras convicciones. Es reconocer que la relación con las personas vale más que ganar una discusión.
Aprender a discutir es aprender a convivir
Quizá deberíamos recuperar una idea muy sencilla: No necesitamos pensar igual para poder entendernos. Podemos defender nuestras ideas, cuestionar las de los demás y mantener nuestras convicciones. Pero podemos hacerlo sin convertir cada discrepancia en una batalla.
Porque, al final, aprender a discutir es también aprender a escuchar, a respetar y a convivir. Y quizá esa sea una de las formas más sencillas de poner los valores en práctica.
Discusiones en la pareja.
Para no hacer más largo este artículo dejo el enlace a otro, donde se tratan el caso de la pareja. Al final hay un audio que aconsejo escuchar. Se comentan la influencia de los sentimientos y emociones, cosa que también ocurre en las discusiones entre amigosw y compañeros.
Ver: Aprender a discutir en pareja

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