08 octubre, 2026

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A diez años de Amoris laetitia: recomponer los vínculos, reconstruir las redes

Diez años después de Amoris laetitia, la Iglesia vuelve a poner su mirada sobre las familias. León XIV recoge el legado de Francisco y lo proyecta sobre los desafíos de nuestro tiempo: la persona en el centro, los vínculos humanos como irremplazables y una Iglesia llamada a escuchar, acompañar y ayudar a reconstruir las redes que sostienen la vida

A diez años de Amoris laetitia: recomponer los vínculos, reconstruir las redes

Una mujer mayor llega buscando ayuda. Atraviesa una situación familiar de enorme vulnerabilidad y se ha hecho cargo de sus nietos.

Necesita respuestas. Pero necesita también algo anterior: que alguien la escuche.

La situación requiere una intervención jurídica que excede aquello que puede resolver un espacio de acompañamiento familiar. Hay que buscar otros recursos, articular, encontrar quién pueda ayudar. Finalmente se consigue avanzar hacia una solución que permite proteger a los niños y garantizar derechos fundamentales.

La historia ocurrió en la Consultoría Familiar de la Diócesis de San Martín, en la República Argentina. Quienes acompañaron aquella situación sacaron una conclusión sencilla: la Consultoría no existe porque pueda solucionar todos los problemas. Existe porque nadie debería atravesar solo una situación que lo desborda.

Quizás esa pequeña historia ayude a comprender una pregunta mucho más grande que la Iglesia vuelve a plantearse diez años después de Amoris laetitia.

Diez años después

Del 7 al 14 de octubre, León XIV reúne en el Vaticano a responsables de las Iglesias de todo el mundo para conmemorar los diez años de Amoris laetitia y preguntarse cómo anunciar hoy el Evangelio a las familias y con las familias.

El encuentro propone volver a escuchar qué está ocurriendo en las familias y mirar las experiencias de acompañamiento que ya existen en las Iglesias locales.

Hay aquí una continuidad que merece ser mirada. Francisco propuso en Amoris laetitia acercarse a las familias reales, con sus alegrías, dificultades, fragilidades y esperanzas. Diez años después, León XIV retoma aquella preocupación en un mundo atravesado por nuevos cambios.

En Magnifica Humanitas vuelve a colocar a la persona en el centro. Frente al crecimiento de la inteligencia artificial y de una tecnología capaz de realizar cada vez más tareas, la pregunta deja de ser solamente qué pueden hacer las máquinas para volver sobre aquello que continúa siendo irremplazablemente humano: la capacidad de amar, establecer vínculos, ejercer la libertad, buscar la verdad y abrirse al otro y a Dios.

Y es precisamente en la familia donde muchos de esos vínculos comienzan a aprenderse y construirse.

La pregunta entonces no es solamente qué tenemos para decirles a las familias. También debemos preguntarnos: ¿sabemos escucharlas?

Familias que escuchan a familias

En la Diócesis de San Martín, situada en la provincia de Buenos Aires, República Argentina, existe una experiencia que desde hace décadas intenta dar una respuesta concreta a ese desafío: la Consultoría Familiar.

Se trata de un servicio gratuito de la Iglesia católica, abierto a todos, en el que familias capacitadas acompañan y escuchan a otras familias. Los orientadores realizan formación permanente todos los meses y, cada dos años, un seminario intensivo de capacitación. Trabajan además en equipo y cuentan con respaldo interdisciplinario profesional y pastoral.

Podría resumirse en una expresión sencilla: familias que escuchan a familias.

Quien llega no encuentra respuestas prefabricadas ni alguien que decida qué debe hacer. Encuentra un lugar donde detenerse, hablar, ser escuchado y comenzar a mirar su situación de otra manera.

Porque escuchar no significa solamente oír. Implica hacer lugar al otro, intentando dejar en suspenso juicios, prejuicios y la necesidad de encontrar rápidamente una solución.

Y muchas veces la tarea consiste en algo todavía más difícil: ayudar a que una familia vuelva a escucharse.

Los conflictos no nacen únicamente porque pensamos diferente. A veces el enojo, el dolor o el miedo hacen que dejemos de escuchar a quien tenemos al lado. Allí acompañar puede significar ayudar a reconstruir un puente que parecía roto.

Recomponer vínculos

Quizás aquí se encuentren Amoris laetitia y Magnifica Humanitas.

Si Francisco nos invitó a acercarnos a la realidad concreta de las familias, León XIV vuelve a recordarnos el valor irremplazable de la persona y de sus relaciones.

La tecnología puede facilitar comunicaciones, proporcionar información e incluso ayudarnos a resolver problemas. Pero no puede amar, perdonar, abrazar ni reconstruir por sí sola un vínculo.

Los materiales pastorales elaborados a partir de Magnifica Humanitas insisten, además, en evitar modelos abstractos de “familia ideal” para mirar al grupo humano concreto, con sus preguntas, circunstancias y dificultades.

Y allí aparece una misión profundamente actual para la Iglesia: ayudar a recomponer vínculos y reconstruir redes.

No hacerlo desde la pretensión de tener todas las soluciones, sino desde la cercanía. Escuchar a quien quedó solo. Ayudar a que dos personas vuelvan a escucharse. Articular con profesionales cuando el problema requiere otros saberes. Volver a conectar a una persona con una comunidad capaz de sostenerla.

La Consultoría conoce también sus límites. No reemplaza una terapia, una atención médica o psicológica ni una intervención jurídica o social. Cuando hace falta otro saber, acompañar también significa saber derivar.

Reconocer el límite no significa abandonar al otro.

Acompañar la vida como viene

Las familias siguen enfrentando dificultades de comunicación y convivencia, pero también separaciones conflictivas, violencia, adicciones, duelos, problemas entre padres e hijos y una soledad que puede existir incluso estando rodeados de personas.

No cambió solamente la familia. Cambió el mundo en el que las familias intentan vivir.

Por eso resulta especialmente significativa una expresión surgida de quienes las acompañan todos los días: “acompañar la vida como viene”.

Desde Consultoría Familiar lo explican de otra manera: no se puede acompañar solamente a la familia que imaginamos o a la que creemos que debería ser. Se trata de recibir la realidad como se presenta y acompañarla con cercanía, escucha, misericordia y discernimiento.

Eso no significa renunciar al Evangelio ni dejar de proponer un camino.

Significa reconocer que antes de acompañar una historia necesitamos conocerla. Antes de responder, escuchar. Y antes de pretender reconstruir una familia desde afuera, ayudar a que sus integrantes puedan volver a encontrarse.

Diez años después de Amoris laetitia, quizás la pregunta no sea solamente cuánto cambió la familia. También deberíamos preguntarnos cuánto cambió nuestra manera de acercarnos a ella.

Francisco abrió un camino de cercanía hacia las familias concretas. León XIV vuelve a colocar en el centro aquello que ningún avance puede reemplazar: la dignidad de cada persona y su capacidad de relacionarse, amar y construir comunidad.

En una sociedad cada vez más conectada y, paradójicamente, muchas veces más sola, la Iglesia tiene una misión profundamente humana: escuchar, acompañar, recomponer vínculos y ayudar a reconstruir las redes que nos recuerdan que nadie está llamado a caminar solo.

Porque, una vez más, la respuesta no está en las máquinas, sino en el corazón de cada persona: en su capacidad de escuchar, de mirar con empatía al otro y de volver a encontrarse.

Ana Tina Colussi

Periodista, comunicadora y catequista. Diplomada en Comunicación Católica y Animadora Bíblica de la Pastoral. Desde hace más de siete años acompaña la comunicación de la Iglesia a través de distintos medios y proyectos de evangelización. Comparte diariamente "Un minuto con Jesús", una sencilla reflexión del Evangelio que puede seguirse en sus redes sociales y que busca acompañar la vida de fe con la fuerza de las pequeñas palabras. Cree en la simpleza de las palabras, en la fuerza del encuentro y en el poder de la comunicación para sembrar esperanza, tender puentes y acercar a las personas a Dios.