05 noviembre, 2026

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Amar, un destello de belleza 

Descubre el secreto del amor verdadero: cómo transformar la rutina en una aventura extraordinaria a través del compromiso, la voluntad y los pequeños detalles del día a día

Amar, un destello de belleza 

La persona es tan grande que está creada para una misión alta, noble, entusiasmante, que la trasciende y engrandece: amar y ser amada.

Cuando uno se enamora se vuelve todo maravilloso… y es capaz de cualquier reto que se plantee. El amor es «el gran motivador» y lo que cuenta al fin y al cabo.

El enamoramiento es como un «destello» que, con su belleza, nos saca del “yo», e ilumina lo que ese amor puede llegar a ser… Luz concentrada que alumbra el ideal de esa llamada, de esa vocación, para irlo construyendo día a día con cariño, empeño y los mejores ingredientes… entre los dos.

Pero, lo que se entiende muchas veces por amor es el sentimiento, sobre todo un amor romántico. Algo centrado más en uno mismo, en «sentirse» bien. Y esa visión enfocada en el «yo» es justo lo contrario del amor. El amor verdadero implica hacerse uno a un lado para centrarse en el otro. Poner en el centro del corazón el «tú« del ser querido, buscando su bien, lo que le hace mejor persona. Ya lo decía Aristóteles.

¡Ese es el secreto de un amor genuino, profundo, duradero, entrañable!

Y se concreta en el compromiso: la forma de hacer de ese amor naciente algo estable, que dé su energía y su calor en todas las circunstancias de la vida. El compromiso nos libera de condicionamientos, y pone “alas” para centrarse en querer al otro. Sin compromiso no puede haber amor auténtico. Sólo sucedáneos.

Es más, en un amor maduro, además de sentimientos, es preciso poner cabeza, y también voluntad para querer-querer al otro con hechos concretos que lo muestren y construyan ese amor. No basta con estar flotando en sentimientos mientras duren… Hay que trabajar el amor, cuidarlo, mimarlo, “regarlo”, para que pueda desarrollarse y madurar en el tiempo. Es lo que hace «El Principito» con su rosa…

El amor es algo vivo que necesita de cuidado y mimo constante para crecer. Si no, se irá marchitando.

Además, ese amor descubre maravillas en el ser querido. Con palabras de Alice von Hildebrand de su libro «Cartas a una recién casada”: «A los que aman se les concede el privilegio especial de ver con una increíble intensidad la belleza del que aman, mientras que otros ven simplemente sus actos exteriores, y de modo particular sus errores.”

Son ideas para repensar y tener en cuenta, para afinar la mirada, para llenarla de cariño y descubrir tanta belleza que a veces no percibimos, ni agradecemos…

Aterrizando cada uno en su relación de pareja

 Unos puntos de reflexión que pueden ayudar:

¿Has descubierto qué cualidades concretas tiene tu pareja? ¿Se las has hecho notar para que las conozca y las desarrolle?, ¿o te fijas sólo en los defectos, o lo que a ti no te gusta?

¿Conoces su forma concreta y especial de sentirse amado, amada? Le gustan más los regalos y detalles, una ayuda o gestión, tener tiempo compartido, o un poco de intimidad?

¿Quieres transformar tu amor cada día en algo extraordinario, en una aventura increíble?

Sólo hay que pensarlo, desearlo, y quererlo de veras. Concretar gestos y detalles hacia la otra persona, que le gusten y le expresen el cariño de  muchas formas. También con ese lenguaje que le llega más…, aunque no sea el tuyo. Te lo contaba en mi blog en “Comunicar el amor: los lenguajes del amor”.

Poner ilusión en alegrarle, en enamorarle cada día…, en que se sienta querida. Y luego, ayudarle a lograr lo mejor de sí, para que, a su vez, pueda querer. Porque en esa medida será feliz.

Por eso, ¡aprende sus gustos!, lo que le anima, sus anhelos íntimos, pregunta qué necesita, una sorpresa que le alegre el día, y evita a toda costa lo que sabes que le molesta…

Elegir amar en lo pequeño

El amor real se «hace» de promesa y generosidad, de entrega, confianza y amistad, de sencillez y perdón. El amor ha de madurar y crecer en lo cotidiano. Necesita entrega personal, hasta el fondo del ser, y muchas veces renuncia a los propios gustos pensando en la persona querida. Por eso es tan importante la voluntad de querer, y la lucha cotidiana por construir ese amor: con sentimientos a toda vela, o con menos…

Precisa del ejercicio deliberado y concreto de atenciones y delicadezas, de imaginación y sorpresas, de sacrificio gustoso por el otro… lo cual reaviva y hace crecer el amor recíproco. Asimismo, es necesario dejarse querer: aceptar el cariño que nos brindan, en su forma de hacerlo. No cortar iniciativas para que se pueda dar. Acogerle, ponérselo fácil.

Y se necesita perdón, ¡mucho perdón!, para sanar heridas e incomprensiones, errores y fallos, faltas de carácter que pueden hacer daño… Poner un punto y final en esas acciones, y permitir un nuevo comienzo.

Por tanto, elegir amar en cada circunstancia de la vida, estar dispuesto a dar amor y a acoger su entrega. También con el paso del tiempo, que quizá ponga un toque de cansancio o nostalgia, pero siempre compensa vivir esa lucha por dar lo mejor de uno.

Decía un gran sabio, llamado Karol Wojtyla: “El amor es un constante desafío que Dios mismo nos lanza, y creo que lo lanza para que desafiemos la fuerza del sino”.

Pensar que el amor, el de cada uno en sus circunstancias, es un “trabajo de artesanía”… que realizar día a día. Y ese amor entregado en lo pequeño nos hace “grandes”, nos trasciende, y pone destellos de eternidad en nuestra vida. ¡Bien merece la pena! Y nos hace felices.

María José Calvo

Soy Mª José, Médico de familia. Estudié en la Universidad de Navarra, y allí conocí a mi marido. Pronto la familia suscitó un gran interés en mi. Tuve la suerte de conocer y formarme con grandes pedagogos, entre ellos el Profesor Oliveros F. Otero, uno de los fundadores del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Navarra. También hice diplomados en Orientación Familiar en Madrid, en IPAO, con grandes profesionales y amigos, y un Asesoramiento familiar con Edufamilia. Hace tiempo comencé la aventura de escribir para compartir tantas cosas que tenía en mi cabeza y en mi corazón, e iba haciendo vida en mi propia familia, a la vez que escribía en la Revista Hacer Familia, de Palabra. Pinceladas sobre la familia, el amor de pareja, y el arte de educar, con una mirada antropológica humanística, basada en la ciencia, la biología, la medicina… Asimismo, colaboro con otras revistas y diversas webs. En familia creamos un ambiente de confianza y libertad, donde se construye y re-construye cada persona, y donde se quiere a los demás de forma natural. Y ese ambiente va humanizando nuestro entorno. Aquí me tienes: optimistaseducando.blogspot.com.es