10 Claves para cuidar el amor
Para nutrir, fortalecer y hacer crecer el amor de pareja en el día a día
Este artículo lo escribo repensando algunas ideas en el arte de cuidar el amor de pareja, origen y fuente de la familia.
Porque, el amor es un gran regalo que se nos ha dado, algo vivo que necesita de nuestro cuidado y mimo para crecer. Con el enamoramiento se vislumbra lo que puede llegar a ser, si se cuida. Si no, se irá debilitando… Hay que procurar amar cada día un poco más y mejor, para no acabar amando menos y peor, y perderlo por falta de cuidado y esmero.
«Trabajar» el amor cada día con pequeños gestos y atenciones que lo reaviven. En los momentos buenos, y en los menos buenos, o incluso en los más difíciles.
El “sí quiero” inicial del compromiso, incondicional, es la forma de hacer de ese enamoramiento algo estable que dé su energía y su calor en todas las circunstancias de la vida. Y libertad para centrarse en lo importante: querer de veras a la otra persona.
Amar es «don de sí«, en concreto a quien elegimos para compartir la vida entera. Y fruto de él son la ilusión, la generosidad, la comprensión, el cariño, la ternura, el perdón…
Vamos a ir viendo algunos «tips» imprescindibles, en ese camino de aprender a amar más y mejor a la persona que nos ha iluminado el universo entero… Para luego intentar hacerlo vida. La persona es tan grande, tiene una dignidad tan alta, que necesita amar y sentirse amada. Nacemos para ello. El resto pasa, sólo el amor permanece.
1. Confiar
La confianza es la base del trato personal, y mucho más en el amor. Confiar en la otra persona siempre, ver lo bueno y bello que posee, sus cualidades y fortalezas, sus buenas intenciones, su esfuerzo por querer y alegrar la vida. Además, al confiar le ponemos ese ideal y le permitimos mostrarse tal cual es, y luchar por lo mejor de sí.
Al hilo, dejo una cita de la «Amoris Laetitia”:
«La confianza hace posible una relación de libertad. No es necesario controlar al otro, seguir minuciosamente sus pasos, para evitar que escape de nuestros brazos. Esa libertad permite que la relación se enriquezca y no se convierta en un círculo cerrado y sin horizontes… Al mismo tiempo, hace posible la sinceridad y la transparencia, porque cuando uno sabe que los demás confían en él y valoran la bondad básica de su ser, entonces sí se muestra tal cual es, sin ocultamientos».
2. Descubrir talentos
Es mucho mejor, y más eficaz, ser “buscadores de talentos”, que “cazadores de defectos”… Se trata de confiar y ¡dar libertad! para que se pueda realizar. Apuntar a lo mejor del otro, buscar su bien, que eso es querer. Además, al hacer equipo, con las cualidades de uno y de otro, se logra una sinergia creciente.
En la Amoris Laetitia nos dice:
”El verdadero amor valora los logros ajenos, no los siente como una amenaza, y se libera del sabor amargo de la envidia. Acepta que cada uno tiene dones diferentes y distintos caminos en la vida”.
3. Comprender, disculpar
Son “frutos» del amor. Comprender es más que entender con la inteligencia: es abarcar con el corazón, abrazar al otro interiormente. Ver lo mejor de él, toda su belleza que nos deslumbra y enamora, disculpando pequeños errores, o formas diferentes de ser o de hacer las cosas. Respetar y “dejarle ser” a su modo, dejando siempre una salida honorable…
Copio esta cita:
«Los esposos que se aman y se pertenecen, hablan bien el uno del otro, intentan mostrar el lado bueno del cónyuge más allá de sus debilidades y errores. En todo caso, guardan silencio para no dañar su imagen… No es la ingenuidad de quien pretende no ver las dificultades y los puntos débiles del otro, sino la amplitud de miras de quien coloca esas debilidades y errores en su contexto».
4. Ternura
La ternura es “algo ignorado en tiempos de relaciones frenéticas y superficiales”. Debemos ponerla en valor, más si cabe, cuando asoma el dolor o el sufrimiento. El trato personal es de vital importancia, debido a la grandeza de cada persona. Poner el corazón, mostrar ternura ante la otra persona. Algo tan valioso, por el mismo hecho de ser persona.
¿Cómo descubrirla y aprenderla? Por ejemplo, viendo la relación de una madre con su hijo pequeño…: cómo se «deshace» en cariño para que se sienta a gusto, y querido. Sin apenas pensar en ella misma. Y muchos padres, importantísimos en la familia, que hacen otro tanto con sus hijos, y sobre todo con su esposa…
5. Poner el tú en el punto de mira
La esencia del amor es centrase en el ser querido, cambiar la perspectiva del yo hacia el tú del otro. No ser el centro de las miradas y conversaciones… El enamoramiento facilita este cambio de perspectiva, y nos ayuda a querer. Pero la cultura moderna con sus mil tipos de “selfis”, filtros y demás, nos confunde y achica el corazón, si no estamos prevenidos. En este sentido señala Tomás de Aquino: «es más propio del amor, amar, que ser amado». La persona es tan “grande” que puede darse el “lujo” de olvidarse un poco de sí misma, y pensar en los demás. Algo noble sin duda…
Desarrollar la capacidad de amar. Salir del vivir para mí, y alcanzar el vivir para ti, apunta J. B. Torelló.
«Quien ama no sólo evita hablar demasiado de sí mismo, sino que además, porque está centrado en los demás, sabe ubicarse en su lugar sin pretender ser el centro».
«Hay que evitar darle prioridad al amor a sí como si fuera más noble que el don de sí a los demás… El amor puede ir más allá de la justicia, y desbordarse gratis, sin esperar nada a cambio.»
6. Libertad y paciencia
Confiar en la otra persona, saber que es diferente, con sus cualidades y fortalezas, y dejarle espacios vitales para que pueda ser a fondo quien es. Es la única manera en que podrá mejorar, con la ayuda del cariño que le ofrecemos. Contando con el factor tiempo, y un poco de paciencia…
«Tener paciencia no es dejar que nos maltraten continuamente, o tolerar agresiones físicas, o permitir que nos traten como objetos. El problema es cuando exigimos que las relaciones sean celestiales o que las personas sean perfectas, o cuando nos colocamos en el centro y esperamos que sólo se cumpla la propia voluntad. Entonces todo nos impacienta, todo nos lleva a reaccionar con agresividad… El amor tiene siempre un sentido de profunda compasión que lleva a aceptar al otro como parte de este mundo, también cuando actúa de un modo diferente al que yo desearía».
7. Actitud de servicio
El que ama de veras se pone al servicio del ser amado para ayudarle a lograr lo mejor de él, con sus talentos y su forma de ser, específica, ¡única! Es un amigo incondicional.
«La paciencia… no es una postura totalmente pasiva, sino que está acompañada por una actividad, por una reacción dinámica y creativa ante los demás. Indica que el amor beneficia y promueve a los demás. Por eso se traduce como servicial».
La vida no sirve de mucho si no se ayuda, si no se sirve…, porque se «mide» desde el amor.
8. Optimismo y esperanza
El optimismo es lo propio de la persona: buscar lo mejor de uno, apuntar alto, conquistar la mejor personalidad, pensando en los que nos rodean. No es ser ingenuo, ni pretender lo que uno no puede hacer, sino apuntar a lo mejor de sí, partiendo de los dones recibidos, de esa singularidad.
Con motivos y motivaciones adecuadas para lograrlo, con empeño e ilusión. Y esperanza, que es la cualidad del caminante que sabe que va a llegar a la meta… Cueste lo que cueste. Ayudados de la persona querida: es una misión ¡para dos! Y no es misión imposible, contando con lo trascendente. El amor siempre fructifica de algún modo y produce amor, aunque no lo veamos de entrada.
«Siempre espera que sea posible una maduración, un sorpresivo brote de belleza, que las potencialidades más ocultas de su ser germinen algún día. No significa que todo vaya a cambiar en esta vida. Implica aceptar que algunas cosas no sucedan como uno desea, sino que quizás Dios escriba derecho con las líneas torcidas de una persona y saque algún bien de los males que ella no logre superar en esta tierra”.
9. Perdonar, siempre
El perdón es fruto del amor. Perdonar es amar. Algo de veras imprescindible en cualquier relación, y mucho más en pareja. Es un bálsamo necesario para sanar heridas. A veces se sufre más, precisamente porque se le quiere.
El perdón, como señala la gran humanista Jutta Burggraf, pone un punto y final en esas acciones, y en sus consecuencias, y permite un nuevo comienzo en los dos: una página en blanco. Por tanto, ¡nunca dejar que se ponga el sol estando enfadados!” El rencor marchita el alma.
«Si permitimos que un mal sentimiento penetre en nuestras entrañas, dejamos lugar a ese rencor que se añeja en el corazón… La tendencia suele ser la de buscar más y más culpas, la de imaginar más y más maldad, la de suponer todo tipo de malas intenciones, y así el rencor va creciendo y se arraiga. De ese modo, cualquier error o caída del cónyuge puede dañar el vínculo amoroso y la estabilidad familiar. El problema es que a veces se le da a todo la misma gravedad, con el riesgo de volverse crueles ante cualquier error ajeno. La justa reivindicación de los propios derechos se convierte en una persistente y constante sed de venganza más que en una sana defensa de la propia dignidad».
10. Amabilidad
Ser amables es vital., fáciles de amar. Desde el «sí quiero», la otra persona forma parte de nuestro corazón. La crítica interna, la murmuración, el desprecio, hacen daño al que lo practica, aunque no sea muy consciente. Si sucede alguna vez, es preciso desterrarlo antes de que emponzoñe el corazón. No sirve para nada constructivo, al contrario. Si se tiene alguna queja o reproche, después de pensarlo bien, en frío, y con calma, se le dice a la otra persona a la cara, con delicadeza y cariño. Nunca murmurando. Esa persona es precisamente la que más se debe querer del planeta tierra. Las indelicadezas corroen la relación.
Sin «una reacción interior de indignación provocada por algo externo. Se trata de una violencia interna, de una irritación no manifiesta que nos coloca a la defensiva ante los otros, como si fueran enemigos molestos que hay que evitar. Alimentar esa agresividad íntima no sirve para nada. Sólo nos enferma y termina aislándonos. La indignación es sana cuando nos lleva a reaccionar ante una grave injusticia, pero es dañina cuando tiende a impregnar todas nuestras actitudes ante los otros».
Construyendo familia
El amor va construyendo familia, fructificado y concretado día a día en ese «santuario del amor y de la vida”. Algo cuasi sagrado.
Tenemos la misión de custodiar y hacer crecer el amor que nace en nosotros, de acogerlo y estimularlo, de desarrollarlo y llevarlo a su plenitud. Conquistar lo que está llamado a ser, a pesar de los problemas y dificultades, en todas las circunstancias de la vida. Lo que atisbamos con el enamoramiento, que nos da su fuerza.
Además, podemos tener de referencia a “la Familia de Nazaret, con su cotidianeidad hecha de cansancios y desafíos de la familia, tristes y entusiasmares”, con ilusión y optimismo, para acometer ese desafío del amor, que Dios mismo nos lanza cada día… Contando con su ayuda.





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