19 marzo, 2026

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Verano, familia y delicadeza: cómo cuidar el ambiente en casa

El verano pone a prueba la convivencia familiar: Reflexiona sobre cómo los pequeños gestos y la buena educación pueden marcar la diferencia

Verano, familia y delicadeza: cómo cuidar el ambiente en casa

Se dice –y supongo que será cierto, porque si no, no se diría– que septiembre es el mes con más demandas de separación. ¿La razón? Tal vez el verano, el aumento de la convivencia, el calor o simplemente la falta de delicadeza en el trato cotidiano. Sea como sea, es una realidad a la que conviene prestar atención.

Durante el verano estamos más tiempo juntos, los niños no tienen colegio, muchas familias se trasladan a lugares de vacaciones donde todo parece ser descanso… pero la vida sigue. Se sigue comiendo, durmiendo, limpiando, cocinando, cuidando niños. Y eso, si no se organiza y se afronta con cariño y educación, puede generar tensiones.

El calor no ayuda. A diferencia del frío, que se combate con una manta, el calor altera el carácter, irrita y crea mal ambiente. Por eso, es en verano cuando más debemos cuidar los pequeños detalles, la educación y la forma de relacionarnos.

¿Nos hablamos con cariño? ¿Decimos “por favor”, “gracias”, “perdón”? ¿Cuidamos nuestra ropa dentro de casa o vamos en condiciones que reflejan dejadez? ¿Valoramos la comida o solo la criticamos? Todo esto construye (o destruye) el ambiente familiar. No cuesta nada ofrecer un vaso de agua fresca a quien llega acalorado, ceder la mejor silla, o evitar reproches innecesarios.

Muchas madres lo dicen: “Todos están de vacaciones, pero ¿quién hace la comida?”. No es una queja trivial, es una llamada de atención. La corresponsabilidad en casa también es amor. Ponerse de acuerdo en los planes, hacerlos con gusto, sin echar en cara las preferencias del otro, sin buscar culpables cuando algo sale mal, eso es vivir en familia con elegancia y comprensión.

El lenguaje también importa. No hay que normalizar el grito, el taco, la ordinariez, aunque esté de moda. ¿Cómo esperamos que nuestros hijos sean delicados si los adultos no lo somos?

Las vacaciones deberían servir para descansar, no para pelear. Pero muchas personas me escriben diciéndome que les da miedo irse de vacaciones porque acaban discutiendo. Y no es raro: reuniones familiares con diferencias políticas, formas distintas de educar a los hijos, comparaciones que generan envidia… todo esto desune.

Hay que evitar hablar de lo que separa. Callar a tiempo. No poner verde a la familia política. Respetar a quien uno eligió como su prioridad para toda la vida. Porque cuando uno no se siente prioridad, se siente poco querido. Y eso duele.

Evitemos comparaciones entre hermanos, entre hijos, entre formas de vida. La envidia nace de la comparación, y la comparación destruye el ambiente.

Queridos amigos, demos buen ambiente a los demás. La alegría es una virtud. Centrémonos en lo positivo de las personas. No nos hemos casado para ver continuamente lo negativo del otro, sino para hacerle la vida agradable.

José María Contreras

José María Contreras es formador de directivos y asesor personal y familiar. Ha sido director de formación y desarrollo de GSK ha impartido más de 2000 talleres y conferencias. Tiene más de una quincena de libros escritos sobre Familia. Participa habitualmente en la radio y en prensa. Asesor familiar. Disponible en [email protected]