15 abril, 2026

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Venid a mí y yo os aliviaré

Albert Cortina conversa con Rosa Jané i Pujol, madre de siete hijos y abuela de nueve nietos. Licenciada en Ciencias de la Educación. Profesora durante veintisiete años en el colegio La Vall de Bellaterra (Barcelona), trece de los cuales ha sido miembro de su Consejo de Dirección

Venid a mí y yo os aliviaré

¿Qué sentiste cuando te diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica (ELA)?

La primera sensación fue de aplastamiento, como si me hubiera pasado un camión por encima.  Después un primer pensamiento: mi tiempo se acaba, ya no podré abrazar a mis hijos. Pero en ese primer momento apareció también la esperanza, algo me dijo que tenía que afrontarlo y no dejar de disfrutar cada día que me quedara.

Conviviendo con la ELA (Foto: cedida por Rosa Jané)

Hace unas semanas, un numeroso grupo de tus amigos participamos en una novena a la Hna. Clare Crockett, Sierva del Hogar de la Madre, pidiendo por tu sanación. El lema de la recientemente declarada Sierva de Dios era: “O todo o nada”. ¿Cómo te sientes al saber que hay tanta gente rezando por ti y por tu familia?

Siento mucha gratitud y consuelo. A todas las personas que me cuidan y que rezan por mí las siento muy cerca, me hacen saber que no estoy sola. Me hacen sentir que estamos apoyándonos los unos con los otros, que la necesidad de uno es la de todos. Me ha hecho entender que el ser humano vive del amor, y me ha hecho ver el poder que tiene la oración y la fuerza que da vivir unidos. Lo de la Hermana Clare fue precioso, ver cómo se difundía la oración por su intercesión, organizado por una buena amiga que empatizó con mi dolor y supo dar forma a este impulso de amor que ha llegado a tantas personas.

Estampa con la oración a la Hna. Clare (Foto: Hogar de la Madre)

Durante varios años has sido profesora y tutora en el colegio La Vall de Bellaterra (Barcelona). Muchas de tus alumnas conocen tu enfermedad y ven con admiración tu testimonio. ¿Qué les dirías sobre la actitud que has adoptado ante la difícil prueba que estas pasando en este momento de tu vida?

Les diría que la vida hay que saborearla a cada minuto, que no se molesten por tonterías. Les diría que creen puentes con las personas para disfrutar la vida juntos. También les diría que son las pequeñas cosas las que nos hacen felices. Y sobre todo que hay que hacer amistades de verdad, cuidar a la familia y a los amigos y que aprovechar el tiempo significa querer a los demás. Mirad a la Virgen y dadle besos todos los días.

Rosa, durante tu matrimonio tuviste que cuidar a tu marido a causa de su larga enfermedad. ¿Cómo lograsteis tirar delante de la familia?  

Realmente fue cosa de todos. Yo me volqué en cuidar a José Manuel y mis hijos demostraron una entereza que todavía me admira. Pero José Manuel siguió siendo el pilar de la familia. Pese a estar tan enfermo no dejó de ser un padre un solo momento, no dejó de acompañar, de reír, de regañar…lo que hiciera falta. Me viene a la memoria su última semana de vida, estando ya completamente desahuciado y con sus últimas fuerzas, organizó toda la fiesta de cumpleaños de mi hijo Lucas que cumplía dieciocho años. Nosotros no teníamos ganas de celebración y él nos dio la clave: no hay que dejar de celebrar la vida en ningún momento. La vida es un regalo tan grande que no puede desperdiciarse ni un solo minuto.

Celebración de cumpleaños en familia (Foto: cedida por Rosa Jané)

Recientemente has tenido que vivir la enfermedad y fallecimiento de tu madre a la que estabas muy unida. ¿Cómo crees que debemos cuidar a nuestros abuelos y ancianos en sus años de dependencia y fragilidad?

Acompañar a las personas que queremos hasta el final es como darles el último beso. Además, cuando cuidamos a las personas más frágiles nos hacemos nosotros mejores. Nos enriquecen porque sacan lo mejor de nosotros mismos. Es difícil de entender, pero en el dolor está el amor y así cuánto más sacrificio haces más amas a una persona y el sentimiento de amor y de unión crece cuanto más te necesita el otro y depende completamente de ti. Esa unión crea la necesidad de estar juntos para quererlas. Lo noto también ahora en las personas que me cuidan a mí.

Cuando ves tantas pruebas que el Señor te ha puesto a lo largo de tu vida ¿Qué le dices en la intimidad de tu corazón? ¿Cómo das sentido y propósito a todo ese sufrimiento?

Le doy gracias porque me ha dado una vida muy plena, pero no dejo de sentir que todo ha pasado demasiado rápido. Le pido que me deje saborear todo lo que me ha dado con tiempo y con pausa. Pero mi plan no es el de Dios. Doy sentido y propósito a mi sufrimiento pidiéndole a Dios que de buenos frutos. También le pido que proteja a mi casa, a mi familia, a los que están y a los que quedan por venir. Le pido que los tenga a todos protegidos y mimados. También espero el cielo, aquel lugar que es mejor que todo aquello que podamos imaginar.

Disfrutando de la compañía de algunos de sus nietos (Foto: cedida por Rosa Jané)

¿Cómo te relacionas con cada una de las tres personas de la Santísima Trinidad?

A Dios Padre le pido que me coja con sus manos fuertes y me dé confianza. Sé que Él se llena de júbilo y está feliz por mí y que no deja de mirarme con su mirada amorosa. A Jesús, el Hijo de Dios, a través de la Eucaristía y de la Palabra de los Evangelios, le pido que transforme mi vida, para que mis pasos no sean míos sino suyos. Al Espíritu Santo lo  invoco constantemente para que llene todo mi ser. Le pido paz y luz y que me haga un instrumento de Dios en el aquí y en el ahora.

Tu familia está muy unida a pesar de las distancias físicas y geográficas. Tienes unos hijos y unos nietos maravillosos. ¿Cuál es el modo de llenar de alegría esta etapa de vuestra vida en común?

Quienes estaban fuera vinieron en cuanto supieron la noticia. Dejaron de lado sus proyectos personales y sus trabajos para estar a mi lado. Fue el impulso del amor. En eso está la clave: estar unidos para lo que haga falta. Cuando me doy cuenta de lo increíble que es mi familia, también me doy cuenta de que José Manuel está en el cielo y que desde allí nos bendice continuamente, nos protege y nos une. A mí me da muchas señales y es maravilloso cómo está creciendo la familia. Hay mucha gracia en mi casa, lo veo en el afán de mis hijos por vivir, disfrutar y amar a todos, de unirse y de luchar por mí, es sobrenatural. Somos una familia muy mimada por el cielo.

Encuentro familiar (Foto: cedida por Rosa Jané)

Nos dicen los Evangelios que la Santísima Virgen María guardaba todas las cosas que vivía con Jesús en su corazón. ¿Cómo te ayuda nuestra Madre en el día a día?

La Virgen me acompaña continuamente, siento su sonrisa presente todos los días y en la intimidad, cuando no tengo a nadie más que a Ella, le ofrezco lo que me ocurre. Especialmente cuando sufro la siento junto a mí. Siento su manto, su paz, su sonrisa. Me dice: tranquila, lo estás haciendo bien, no te preocupes, todo saldrá bien.

Muchas veces te he visto ante el Santísimo, orando y contemplando a Jesús Eucaristía. ¿Cómo crees que Él te mira?

Con ternura. Cuando miro el sagrario siento a José Manuel abrazando a Jesús y mirándome. Como la Virgen, el Santísimo me dice que Jesús se ocupará de todo, que no me preocupe, que yo solo tengo que estar tranquila y hablar con Él, alabarle y quererle, y desear estar cada día más unida a Cristo en la Eucaristía.

San José cuidó de Jesús durante su infancia, adolescencia y primera juventud. También cuidó de María, su esposa. ¿Cómo explicarías la ayuda que tú y tu familia recibís frecuentemente de ese gran santo?

San José ha hecho de padre de familia. Mi marido, que le tenía mucha devoción, se llevó ese encargo al cielo y le pidió que me ayudara. José Manuel se fue con la misma preocupación que yo, que pudiéramos vender el piso en el que vivíamos y mudarnos a una casa. Fue una odisea, pero las circunstancias en las que finalmente lo conseguimos mostraron la intercesión de San José. La primera vez que vi la nueva casa conocí al que sería mi vecino. La nueva casa había estado ocupada y él y su familia habían sufrido mucho por ello. Me dijo que llevaba dos años rezando a San José para que enviara a la familia que hiciera de aquel lugar un lugar de bien.

Estamos en el Año Jubilar de la Esperanza. ¿Dónde fundamentas tu esperanza en esta etapa de tu vida? ¿Qué mensaje darías a aquellos que están cansados y agobiados y no encuentran alivio en su existencia?

A los que están desesperados les diría que miren la Cruz y miren a Cristo, allí está el camino. Solo en Él se encuentra la verdadera paz y la luz que revela el sentido de las cosas. Les diría que eleven los ojos a Dios. Que no busquen la felicidad en las cosas materiales, que nunca por si solas dan la felicidad.

A menudo, que alguien hable de Dios y de la Virgen a quien ha perdido la esperanza es el único camino para que recuerden su parte espiritual y encuentren la salida y el consuelo.

Para mí este año jubilar significa fuerza. La Iglesia nos ha bendecido con una fiesta, que a mí personalmente me ha ayudado a sobreponerme a las circunstancias de la enfermedad y a ser feliz. Esto es lo que hace la Iglesia, celebra en esta tierra continuamente aquello que tiene su anclaje en el cielo, así une la tierra con el cielo, los dones naturales con los sobrenaturales para que vivamos aquí, pero con la alegría del Señor. Para mí el Jubileo significa esa fiesta que la Iglesia nos propone para que el Espíritu Santo llene nuestro corazón de júbilo.

Rosa, muchas gracias por abrirnos tu corazón y mostrarnos, con humildad, tu actitud llena de fe y confianza en el Señor y en Nuestra Madre ante las actuales circunstancias personales que te han tocado vivir. 

Es durante las pruebas cuando resuenan con mayor sentido estas palabras de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrareis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera” (Mateo 11,28-30).

Inmaculada Concepción. Monasterio de Sant Cugat del Vallès (Foto: Albert Cortina).

Albert Cortina

Albert Cortina es abogado y urbanista. Director del Estudio DTUM, impulsa un humanismo avanzado para una sociedad donde las biotecnologías exponenciales estén al servicio de las personas y de la vida. Promueve la integración entre ciencia, ética y espiritualidad. Actualmente focaliza su atención en la preservación de la naturaleza y condición humana desde una antropología adecuada que priorice el desarrollo integral de la persona. Cree en unos principios basados en una ética universal que tenga su fundamento en la ley natural y en la espiritualidad del corazón. Desde su vocación profesional gestiona ideas, valores y proyectos a favor del bien común.