06 abril, 2026

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Varón y mujer los creó

La bondad del cuerpo sexuado: una respuesta cristiana al paradigma del género

Varón y mujer los creó

En el inicio de los tiempos, señala el Génesis que Dios creó al hombre a su imagen, varón y mujer los creó (Gen. 1, 27). Un designio divino que la antropología cristiana ha desarrollado ahondando en esta doble modalidad sexuada del ser humano. Como lo señala Abigail Favele, en su libro La génesis del género. Una teoría cristiana (Rialp, 2024), “la diferenciación sexual no es un percance, sino un motivo de celebración y asombro. Esta diferencia es buena, nuestros cuerpos son buenos y son una parte integral del orden creado, bueno desde su origen (p. 36)”. Somos seres vivos, polvo de la tierra y aliento divino, cuerpo y alma; unidad sustancial de la que se sigue la dignidad de cada persona y la dignidad del cuerpo humano sexuado.

El paradigma del Génesis concibe al ser humano en su diferencia sexuada. La encarnación de cuerpo y espíritu muestra quiénes somos, de tal manera que el cuerpo hace visible al espíritu. Una visión opuesta a ésta es el gnosticismo -el de antes y el de ahora- para el cual el cuerpo, la materia es una realidad de poca categoría, prescindible; lo único que importaría sería la dimensión espiritual. La antropología del Génesis, en cambio, frente a este deletéreo espiritualismo gnóstico, propone un saludable materialismo cristiano que resalta la dignidad de la carne, del cuerpo, entendido como un don creacional. Hay en los seres humanos una realidad de cuerpo y espíritu recibida desde la concepción, cuyo despliegue se da en el tiempo, de tal modo que lo que estamos llamados a ser está conectado a lo que somos.

No obstante, en contraste a la perspectiva antropológica cristiana, aparece el paradigma del género para el cual “no hay creador, somos libres de crearnos a nosotros mismos. El cuerpo es un objeto sin significado intrínseco; le damos el significado que queramos, utilizando la tecnología para deshacer lo que es percibido como «natural». No recibimos significado de Dios, ni de nuestro cuerpo, ni del mundo: nosotros lo imponemos (p. 27)”. Esta deriva libertaria no reconoce la gramática de la realidad, no habría nada dado a lo que debiera de ajustarse el despliegue de la personalidad. Estamos frente a una mentalidad impregnada de emotivismo libertario expresado en la siguiente secuencia: “deseo ser, puedo hacerlo, luego lo hago”. Esta pretensión está ya en el Fausto de Goethe, para quien el texto de San Juan, “en el principio fue la Palabra”, le resulta incómodo, irritante, limitante. El emotivista libertario no admite una razón creadora con diseño previo y cambia el sentido de la expresión evangélica afirmando: “en el principio fue la acción”. Es decir, lo que manda, decide es la voluntad con su trasfondo emotivista, de tal manera que la biología, el sexo, la procreación serían simples accidentes sin relevancia alguna. El cuerpo se convierte, así, en mero objeto, cual plastilina moldeable por los fármacos o las manos del cirujano. La antropología transgénero se mueve por estos senderos.

Quiénes somos, cuál es nuestra identidad, siguen siendo preguntas acuciantes a las que hemos de responder. La propuesta de Abigail Favele afronta estas interrogantes. Dice: “Considerarse uno mismo como un ser creado mueve la discusión de la identidad a un nuevo terreno, estableciendo el marco de un orden trascendente, un orden más allá de lo natural que sostiene la existencia. Ser una criatura, más que un accidente, establece a la persona humana como un ser en relación con lo divino. No estamos solos en el cosmos (…). Cuando vemos al mundo como un cosmos creado del que formamos parte, esto transfigura todo: encarnación, sexo, sufrimiento, libertad, deseo, esto se reúne en un misterio que lo abarca todo, una interacción continua entre lo humano y lo divino (…). Una vez la persona humana se entiende como creada, la individualidad, incluido el sexo, se convierte en un don que puede ser aceptado, en lugar de algo que debe ser construido (p. 218)”.

Abigail Favale ofrece una visión ponderada -desde la perspectiva de la antropología cristiana-, de las diversas aristas teóricas y prácticas que componen el paradigma del género. Su propuesta resalta la bondad del orden creado y ayuda a mirar con reverencia el don de nuestros cuerpos, ejercitándonos en la libre aceptación de nuestro ser.

Francisco Bobadilla

Francisco Bobadilla es profesor principal de la Universidad de Piura, donde dicta clases para el pre-grado y posgrado. Interesado en las Humanidades y en la dimensión ética de la conducta humana. Lector habitual, de cuyas lecturas se nutre en gran parte este blog. Es autor, entre otros, de los libros “Pasión por la Excelencia”, “Empresas con alma”, «Progreso económico y desarrollo humano», «El Código da Vinci: de la ficción a la realidad»; «La disponibilidad de los derechos de la personalidad». Abogado y Master en Derecho Civil por la PUCP, doctor en Derecho por la Universidad de Zaragoza; Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Piura. Sus temas: pensamiento político y social, ética y cultura, derechos de la persona.