12 agosto, 2026

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Santa Juana Francisca de Chantal, 12 de agosto

Co-Fundadora de la Orden de la Visitación de Santa María

Santa Juana Francisca de Chantal, 12 de agosto

Viendo su vida de forma retrospectiva, tan llena de cualidades y virtudes, queda claro que dos de los ejes vertebrales de la misma fueron la docilidad y la obediencia. Nació en Dijon (Francia), el 23 de enero de 1572. Su madre murió cuando tenía año y medio, y su educación quedó en manos de su padre, Benigno Frémiot, a la sazón presidente del Parlamento de Borgoña. Éste tuvo que afrontar situaciones complejas y dolorosas por defender sus convicciones como ciudadano afín a la nobleza, y también debido a sus principios cristianos. Todo ello influyó en la merma de su hacienda, además de sufrir la amenaza de muerte de su hijo, que fue hecho prisionero. Juana creció en este entorno hostil, pero contando con un padre honesto, fiel y valeroso que debió marcarla profundamente.

A los 20 años contrajo matrimonio con el barón Christopher de Rabutin-Chantal, oficial de ejército francés, siete años mayor que ella. De esta feliz unión nacieron siete hijos. Los tres primeros murieron al poco de nacer, sobreviviendo un niño y tres niñas que nacieron después. Nueve años más tarde su esposo recibió un disparo fortuito en el transcurso de una cacería. La herida en uno de los miembros inferiores no hubiera sido mortal, pero fue mal tratada por el cirujano que le atendió, y a los nueve días murió. Juana tuvo que hacer un ímprobo esfuerzo para salir del dolor en el que quedó sumida. Se dedicó a socorrer a los necesitados y se centró en la educación cristiana de sus hijos. En su oración pedía a Dios que le pusiera en el camino un guía espiritual que fuese santo. En una visión contempló a un hombre en el que reconocería más tarde a san Francisco de Sales. En otro lugar, también este santo tendría celeste referencia de Juana vislumbrando el futuro que le aguardaba, sin conocerla todavía.

Al año de enviudar, Juana se trasladó a Monthelon, a casa de su suegro, un hombre de trato muy difícil, cuya voluntad estaba en manos de su ama de llaves. Pero Juana sobrellevó admirablemente la situación durante siete años dando constantes muestras de caridad. Tenía un confesor que ejercía un férreo control sobre su vida, imponiéndole que no abriese su corazón a nadie más que a él. Pero en 1604, cuando Francisco fue a predicar a Dijon, el padre de Juana la avisó animándola a que fuese a escucharlo. Allí fue donde ambos santos se reconocieron en la visión que habían tenido tiempo atrás. Con sumo tacto y prudencia, cuando finalizaba la estancia de Juana en Dijon, Francisco dejó abierta la puerta a una posible dirección. Se cruzaron cartas, que después de la muerte de Francisco fueron destruidas por Juana, y ya en 1607 expuso su proyecto de fundación.

Sus compromisos familiares se solventaron rápidamente. Una hija se casó con el hermano menor de Francisco, otra murió inesperadamente, y la pequeña la acompañó al convento. En cuanto al hijo, quedó en manos de su abuelo, aunque cuando supo la decisión de su madre, se tendió en el suelo de la habitación para disuadirla. Entonces Juana pasó por encima de él y siguió su camino. En 1610 se inició en Annecy la fundación de la Orden de la Visitación con un pequeño grupo de mujeres, entre las cuales se hallaba Juana. Pronto se extendieron por Lyon, Moulins, Grenoble y Bourges. En 1619 cuando Francisco se trasladó a París llamó a Juana para que le ayudara. Después de fundar en París, ella se dedicó a atender las casas que estaban en marcha. En esos tres años no pudo confesarse con Francisco. Se vieron en 1622 en Lyon esporádicamente, aunque el santo antepuso los asuntos de gobierno a la confesión. Juana obedeció. Y unos días más tarde, Francisco murió. Y ante su cadáver, ella tomó su mano derecha poniéndola sobre su cabeza para darle cuenta así, post mortem, de su vida espiritual. La comunidad contempló impresionada cómo la mano del santo, que había cobrado vida, acariciaba tiernamente la cabeza de Juana.

A partir de ese momento ella tuvo que hacerse cargo de la fundación en soledad, y lidiar con muchos problemas eclesiales e internos con firmeza y a la par, la mesura y prudencia que aprendió de su santo confesor, quien le ayudó a combatir las terribles tentaciones que sufría, las pruebas interiores, y a ser fiel en sus largos periodos de aridez. Después san Vicente de Paúl le prestó su asistencia y consejo. Poco antes de morir, Juana dio su hábito a la duquesa de Montmorency que se había incorporado a la comunidad. Con ese fin emprendió su último viaje, sorprendiéndole la muerte en Moulins el 13 de diciembre de 1641. Dejaba atrás casi 90 casas abiertas, y decenas de miles de cartas escritas. Fue beatificada por Benedicto XIV en 1751. Y Clemente XIII la canonizó en 1767.

© Isabel Orellana Vilches, 2026
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Isabel Orellana

Isabel Orellana Vilches Misionera idente. Doctora en Filosofía por la Universidad Autónoma de Barcelona con la tesis Realismo y progreso científico en la epistemología popperiana. Ha cursado estudios de teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Con amplia actividad docente desde 1986, ha publicado libros como: Realismo y progreso científico en la epistemología popperiana, Universitat Autònoma de Barcelona, 1993; El evangelio habla a los jóvenes, Atenas, Madrid, 1997; Qué es... LA TOLERANCIA, Paulinas, Madrid, 1999; Pedagogía del dolor. Ensayo antropológico, Palabra, Madrid, 1999; En colaboración con Enrique Rivera de Ventosa (†) OFM. Cap. San Francisco de Asís y Fernando Rielo: Convergencias. Respuestas desde la fe a los interrogantes del hombre de hoy, Universidad Pontificia, Salamanca, 2001; La "mirada" del cine. Recursos didácticos del séptimo arte. Librería Cervantes, Salamanca, 2001; Paradojas de la convivencia, San Pablo, Madrid, 2002; En la Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador, ha publicado: La confianza. El arte de amar, 2002; Educar para la responsabilidad, 2003; Apuntes de ética en Karl R. Popper, 2003; De soledades y comunicación, 2005; Yo educo; tú respondes, 2008; Humanismo y fe en un crisol de culturas, 2008; Repensar lo cotidiano, 2008; Convivir: un constante desafío, 2009; La lógica del amor, 2010; El dolor del amor. Apuntes sobre la enfermedad y el dolor en relación con la virtud heroica, el martirio y la vida santa. Seminario Diocesano de Málaga, 2006 y Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador (2007). Cuenta con numerosas colaboraciones en obras colectivas, así como relatos, cuentos, fábula y novela juvenil, además de artículos de temática científica, pedagógica y espiritual, que viene publicando en distintas revistas nacionales e internacionales. En 2012 culminó el santoral Llamados a ser santos y poco más tarde Epopeyas de amor prologado por mons. Fernando Sebastián. Es la biógrafa oficial del fundador de su familia espiritual, autora de Fernando Rielo Pardal. Fundador de los Misioneros Identes, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2009. Culmina la biografía completa. Encargada del santoral de ZENIT desde 2012 a 2020 y ahora en Exaudi