02 julio, 2026

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Reiteradas peticiones del fundador español Fernando Rielo a Marcel Lefebvre

La inexistente respuesta que hubiese cambiado la historia de la FSSPX

Reiteradas peticiones del fundador español Fernando Rielo a Marcel Lefebvre

En 1986 una profunda aflicción invadió al fundador de los misioneros identes, Fernando Rielo, al ver el grave cariz que estaban tomando los acontecimientos relacionados con Marcel-François Lefebvre C.S.Sp., misionero espiritano en el África francófona que no había aceptado las reformas del Concilio Vaticano II, un prelado que venía mostrando algo más que sus discrepancias durante el pontificado de Pablo VI. Era un proceso que Rielo venía siguiendo con la lógica preocupación de alguien que se siente hijo de la Iglesia y fidelísimo al Vicario de Cristo, como era él. Por eso, en noviembre de ese año 1986 intervino de forma directa para tratar de disuadirle del cisma que estaba dispuesto a consumar.

Como es sabido, el prelado en 1970 había fundado en Ecône la Fraternidad de San Pio X y su seminario con el consentimiento del obispo de Friburgo (Suiza). Numerosos seminaristas que deseaban formarse al modo tradicional pre-conciliar ingresaron en el seminario que fue un semillero de vocaciones. El problema es que eran instruidos al margen del Concilio Vaticano II. Y durante los años 1974-1976 los hechos que se estaban produciendo aventuraban lo peor. El 21 de noviembre de 1974 monseñor Lefebvre acusó a Roma y al concilio tildándolo de tendencias neomodernistas y neoprotestantes. Fue llamado a comparecer ante los cardenales Garrone, Wright y Tabera, pero desde aquel momento inicial el doloroso entramado no dejó de crecer. El 29 de junio de 1976 fue suspendido «a divinis» después de haber ordenado a un grupo de seminaristas en Ecône. Pero no se arredró. Desoyendo las voces que se alzaban aconsejando un camino de solución al contencioso, en 1986 y después de varios debates y confrontaciones abiertas, Lefebvre había proseguido, llevando demasiado lejos su intransigencia con la Santa Sede y el sumo pontífice.

En octubre de 1986 censuró duramente el encuentro ecuménico que Juan Pablo II impulsó en Asís sin reparar en la importancia de ese hecho histórico que venía cargado de esperanza y que él tildó de sincretista augurando graves peligros. Como el diálogo que se le proponía a este obispo disidente era un imposible, el Papa acudió al cardenal Ratzinger, quien instó al prelado a pedir perdón al Santo Padre, algo que no hizo. En la TVE el 24 de octubre había calificado el encuentro ecuménico como algo inspirado «en la infernal idea protestante de la reforma de la doctrina de la Iglesia, heredada luego por jansenistas, modernistas y católico-liberales».

En este contexto Fernando Rielo en noviembre de 1986 envió al superior general P. Jesús Fernández a Ecône (Suiza) para hacer entrega de un mensaje y de una carta suya a Mons. Lefebvre. Ésta y otras largas misivas firmadas el 8 de diciembre de 1986, el 6 de enero y el 22 de febrero de 1987, respectivamente, que también le hizo llegar en una segunda visita de su legado este último año, ciertamente conmovedoras y de una hondura poco común, ponían de manifiesto, junto con su dolor, su misericordia y su esperanza en la reconciliación del prelado con el Santo Padre, así como su ternura sin esconder su firmeza:

Le suplico a Vd. que deposite la conciencia de su rectitud en manos del Sucesor de Pedro, Juan Pablo II, con magnánima renuncia a todo acuerdo con él. Hágale solo entrega, con entera resignación, de su obediencia más estricta a aquello que él le manifieste: este es devoto signo escatológico de un místico morir que, hallando su riqueza en Jesucristo, eleva la propia dignidad humana. Mi ruego es en nombre de un amor divino que, trinitario, hace del cielo un viviente […] No aspire tampoco a ser juzgado por un tribunal eclesiástico: sólo el juicio divino puede estar a la altura de su dignidad humana. Nada que no sea este juicio merece siquiera la pena: lo que importa en esta hora de su vida consiste en que su corazón doliente no le impida el tributo de su holocausto magnánimo al Santo Padre. Corra, fuerte atleta, a Roma: con su angélico denuedo, abrazando victimalmente al Vicario de Cristo, habrá firmado una de las páginas más gloriosas de la Iglesia de Francia. Sus propios sacerdotes serán contemplativos de este insigne misterio de su sagrado corazón. La tradición de los santos le quedará también agradecida. Si tal hecho acontece, intentaré propósito único: hacerme con sus pies para besarlos con la misma pasión que los de Cristo.

Por supuesto, comunicó antes esta gestión por carta y a través de su legado a Mons. Lustiger, arzobispo de París, al que asistían misioneras identes, como hizo posteriormente dándole a conocer los resultados de la misma, información que el purpurado, a su vez, trasladó a san Juan Pablo II. Pero, en fin, pese a la oración y ruego insistente del Fundador de los misioneros identes, y a haberle remitido incluso la fórmula para pedir perdón al Santo Padre, sus anhelos de reconciliación no tuvieron éxito y, como es sabido, Mons. Lefebvre fue finalmente excomulgado.

¿Reflexionó el prelado, como dijo al legado del Fundador que haría, respecto a lo que éste le expresaba en sus cartas? La respuesta es evidente: no. De haberlo hecho, la historia de la FSSPX habría sido otra.

Lo demás es conocido. Benedicto XVI buscando la reconciliación en 2009 levantó la excomunión de los obispos ordenados por Lefebvre en 1988 sin la venia de Juan Pablo II. Y el 1 de julio de 2026 un reiterado cisma ha culminado con esta grave y dolorosa, pero necesaria sanción, siendo excomulgados seis obispos ordenados sin la autorización del papa León XIV.

Isabel Orellana

Isabel Orellana Vilches Misionera idente. Doctora en Filosofía por la Universidad Autónoma de Barcelona con la tesis Realismo y progreso científico en la epistemología popperiana. Ha cursado estudios de teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Con amplia actividad docente desde 1986, ha publicado libros como: Realismo y progreso científico en la epistemología popperiana, Universitat Autònoma de Barcelona, 1993; El evangelio habla a los jóvenes, Atenas, Madrid, 1997; Qué es... LA TOLERANCIA, Paulinas, Madrid, 1999; Pedagogía del dolor. Ensayo antropológico, Palabra, Madrid, 1999; En colaboración con Enrique Rivera de Ventosa (†) OFM. Cap. San Francisco de Asís y Fernando Rielo: Convergencias. Respuestas desde la fe a los interrogantes del hombre de hoy, Universidad Pontificia, Salamanca, 2001; La "mirada" del cine. Recursos didácticos del séptimo arte. Librería Cervantes, Salamanca, 2001; Paradojas de la convivencia, San Pablo, Madrid, 2002; En la Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador, ha publicado: La confianza. El arte de amar, 2002; Educar para la responsabilidad, 2003; Apuntes de ética en Karl R. Popper, 2003; De soledades y comunicación, 2005; Yo educo; tú respondes, 2008; Humanismo y fe en un crisol de culturas, 2008; Repensar lo cotidiano, 2008; Convivir: un constante desafío, 2009; La lógica del amor, 2010; El dolor del amor. Apuntes sobre la enfermedad y el dolor en relación con la virtud heroica, el martirio y la vida santa. Seminario Diocesano de Málaga, 2006 y Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador (2007). Cuenta con numerosas colaboraciones en obras colectivas, así como relatos, cuentos, fábula y novela juvenil, además de artículos de temática científica, pedagógica y espiritual, que viene publicando en distintas revistas nacionales e internacionales. En 2012 culminó el santoral Llamados a ser santos y poco más tarde Epopeyas de amor prologado por mons. Fernando Sebastián. Es la biógrafa oficial del fundador de su familia espiritual, autora de Fernando Rielo Pardal. Fundador de los Misioneros Identes, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2009. Culmina la biografía completa. Encargada del santoral de ZENIT desde 2012 a 2020 y ahora en Exaudi