13 abril, 2026

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Reflexión de Monseñor Enrique Díaz: Señor, auméntanos la fe

Domingo 5 de octubre de 2025

Reflexión de Monseñor Enrique Díaz: Señor, auméntanos la fe

Monseñor Enrique Díaz Díaz comparte con los lectores de Exaudi su reflexión sobre el Evangelio de este domingo 5 de octubre de 2025 , titulado:  “Señor, auméntanos la fe ”.

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Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4: “El justo vivirá por su fe”

Salmo 94: “Señor, que no seamos sordos a tu voz”

II Timoteo 1, 6-8, 13-14: “No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor

San Lucas 17, 5-10: “¡Si ustedes tuvieran fe…!”

“Ya nadie tiene fe”, fue una de las expresiones más duras que escuchamos en dias pasados especialmente en los encuentros con las familias. “No se quieren casar, no se quieren comprometer, de todo dudan y todo lo cuestionan, buscan una vida fácil”. Y es una realidad que enfrenta nuestra sociedad: la duda, la incertidumbre y la falta de compromiso. Creo que a nosotros nos vendría bien solicitar al Señor como hicieron los discípulos: “Auméntanos la fe”. Sobre todo en este mundo de pesimismo, inseguridad y falta de compromiso.

Hoy Jesús nos presenta dos aspectos importantes de lo que implica ser sus discípulos: tener una fe firme y cumplir nuestros deberes por convicción de servicio, no por esperar recompensa. Y vaya que si se necesita tener fe en estos momentos.  Por todas las noticias, porque aún los que creíamos más rectos nos han fallado, porque la corrupción está por todas partes, vivimos un momento de desencanto, de indiferencia y de escepticismo. En la misma Iglesia, hemos tenido fuertes y duros fracasos que hacen dudar a muchos creyentes, si es que solamente ponen su fe en las personas y no en Jesús. “Los momentos de crisis son para hacernos crecer” me decían los hermanos en días pasados, cuando analizábamos las graves situaciones por las que atraviesa nuestra sociedad.

Es hermoso descubrir hermanos que tienen una gran fe, que hacen obras pequeñas en los momentos más difíciles, que siguen sembrando a pesar de los malos tiempos. Cómo es cierto que cuando una puerta se cierra hay otras que se abren. Pero a veces estamos tan aturdidos y obstinados mirando la única puerta cerrada que no percibimos las posibilidades de otras puertas que se pueden abrir  ¡Qué diferente es el actuar de  Jesús! No me lo imagino pensando como un fracasado a pesar de las dificultades. Por eso nos enseña hoy que «Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza podrían decir a ese árbol frondoso: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, y los obedecería”. Y no se trata de andar cambiando de sitio los árboles, sino de algo mucho más profundo: llenar el vacío que hay en el corazón, dar esperanza al que se siente desalentado. La fe en Jesús es saberse en manos del Señor que nos ama. Es apreciar el regalo de amor de Dios a pesar de las dificultades. Por eso aconseja el Apóstol Pablo a Timoteo: “Te recomiendo que reavives el Don de Dios… porque el Señor no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza y de amor”  Es actuar conforme a ese espíritu que nos ha regalado el Señor. La fe no es una espera inoperante dejando todo en manos de Dios. Todo lo contrario, es el compromiso, serio y callado, de quien ha experimentado la resurrección de Jesús en sí mismo y por eso puede lanzarse a superar todos los obstáculos.

La segunda parte del Evangelio también tiene una rica enseñanza, quizás olvidada por nosotros. Ya decía alguien que actualmente lo importante no es poner un huevo, sino saber cacaraquearlo. Y así, hay quienes hacen mucho ruido y pocas obras. Si hiciéramos caso a toda la propaganda que nos presentan, a las grandes obras realizadas, a los proyectos concluidos… estaríamos en el país de Jauja. Pero a veces se gasta más en la publicidad que en las mismas obras. Siempre nos vemos saturados de propaganda, de papeles, de promesas, pero con muy pocas acciones. Por eso Jesús hoy nos invita a actuar desde lo pequeño, desde el granito de mostaza, a hacerlo con mucha fe y con mucha esperanza y a hacerlo con todo silencio y con toda humildad. ¿Es difícil? Claro que lo es, por eso los mismos apóstoles le suplican a Jesús: “Auméntanos la fe”.  Porque ellos mismos frente al fracaso huían y a la hora del triunfo se enorgullecían como si todo lo hubieran hecho ellos. ¡Cuántos ejemplos de servicio callado y humilde tenemos en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestros pueblos! Y no son los que aparecen en los titulares de los periódicos, pero con cuánta verdad viven el Evangelio.

Hay problemas y dificultades en nuestro mundo, pero también hay quien vive plenamente la Palabra de Dios y después sencillamente dice: “No somos más que siervos, sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer”, como lo pide Jesús. Por eso, a pesar de los graves nubarrones que aparecen en todos nuestros ambientes, se vislumbran motivos de esperanza: En el corazón y la vida de nuestros pueblos late un fuerte sentido de esperanza, no obstante condiciones de vida que parecen ofuscar toda esperanza. Ella se experimenta y alimenta en el presente, gracias a los dones y signos de vida nueva que se comparten; se compromete en la construcción de un futuro de mayor dignidad y justicia y ansía “los cielos nuevos y la tierra nueva” que el Señor Jesús nos ha prometido.

Que así también nos ocurra a nosotros al mirar la realidad de nuestros pueblos y de nuestra Iglesia, con sus valores, sus limitaciones, sus angustias y esperanzas. Que mientras sufrimos y nos alegramos, permanezcamos en el amor de Cristo. Viendo nuestro mundo, tratemos de discernir sus caminos con la gozosa esperanza y la indecible gratitud de creer en Jesucristo. El verdadero cristiano no puede ser pesimista, tiene que vivir la esperanza, engendrar la esperanza y difundir la sana esperanza.

Señor Jesús, Tú eres la luz para nuestro camino, concédenos un corazón valiente y animoso para construir tu Reino; concédenos un corazón sencillo y humilde para saber que Tú eres quien lo está construyendo. Amén

Enrique Díaz

Nació en Huandacareo, Michoacán, México, en 1952. Realizó sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario de Morelia. Ordenado diácono el 22 de mayo de 1977, y presbítero el 23 de octubre del mismo año. Obtuvo la Licenciatura en Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico en Roma. Ha desarrollado múltiples encargos pastorales como el de capellán de la rectoría de las Tres Aves Marías; responsable de la Pastoral Bíblica Diocesana y director de la Escuela Bíblica en Morelia; maestro de Biblia en el Seminario Conciliar de Morelia, párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, Col. Guadalupe, Morelia; o vicario episcopal para la Zona de Nuestra Señora de la Luz, Pátzcuaro. Ordenado obispo auxiliar de san Cristóbal de las Casas en 2003. En la Conferencia Episcopal formó parte de las Comisiones de Biblia, Diaconado y Ministerios Laicales. Fue responsable de las Dimensiones de Ministerios Laicales, de Educación y Cultura. Ha participado en encuentros latinoamericanos y mundiales sobre el Diaconado Permanente. Actualmente es el responsable de la Dimensión de Pastoral de la Cultura. Participó como Miembro del Sínodo de Obispos sobre la Palabra de Dios en la Vida y Misión de la Iglesia en Roma, en 2008. Recibió el nombramiento de obispo coadjutor de San Cristóbal de las Casas en 2014. Nombrado II obispo de Irapuato el día 11 de marzo, tomó posesión el 19 de Mayo. Colabora en varias revistas y publicaciones sobre todo con la reflexión diaria y dominical tanto en audio como escrita.