31 marzo, 2026

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Reflexión de Mons. Enrique Díaz: La Santísima Trinidad

Domingo, 15 de junio de 2025

Reflexión de Mons. Enrique Díaz: La Santísima Trinidad

Mons. Enrique Díaz Díaz comparte con los lectores de Exaudi su reflexión sobre el Evangelio de este domingo, 15 de junio de 2025, titulado: “La Santísima Trinidad”.

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Proverbios 8, 22-31: “Antes de que existiera la tierra, la sabiduría ya había sido engendrada”

Salmo 8: “¡Qué admirable, Señor, es tu poder!”

Romanos 5, 1-5: “Vayamos a Dios por Cristo mediante el amor que nos ha infundido el Espíritu Santo”

San Juan 16, 12-15: “Todo lo que tiene el Padre es mío.- El Espíritu recibirá de mí lo que les vaya comunicando a ustedes”

¿Cuál es la imagen del hombre actual? Hemos creado una imagen de un hombre sumido en la inconsciencia, en el hedor y la suciedad, muy distinta de la que hoy nos presenta el  salmo: “Señor Dios nuestro, hiciste al hombre un poquito inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad; le diste el mando sobre las obras de tus manos, y todo lo sometiste bajo sus pies” ¿Este es el hombre que soñó el Señor? ¿Esta es la imagen del Dios amor, del Dios comunidad, del Dios familia que hoy celebramos? Ciertamente que no. No es el ideal de hombre que Dios desea. El hombre se ha prostituido y ha abandonado la imagen a la que estaba destinado. Deja el plan de Dios y cegado por el egoísmo, ha deformado la imagen de Dios y se ha deformado a sí mismo.

Cuanta razón tienen quienes han dicho que el hombre se ha convertido en un lobo para el hombre que ataca, come y destruye a sus semejantes y al mismo tiempo destruye la naturaleza que la fue confiada. Lo hemos vivido en carne propia estos últimos días, cómo nuestras comunidades han sido sitiadas y asediadas por el narcotráfico y cómo acaban aniquilándose. Los jóvenes, las familias, los niños, todos se ven angustiados. Pero esto no es otra cosa, sino consecuencia del rumbo que ha tomado el mundo. Solamente cree en la fuerza, en el dinero y en el poder. Pero al final el hombre se encuentra solitario, abandonado y ha perdido su rumbo. Queriendo olvidarse de Dios, acaba por olvidar su propio destino y olvida su propia imagen. Cuánto duele contemplar al hombre en toda su miseria, extraviado y perdidos los ideales.

La Trinidad es la hermosa relación interior del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Cada uno persona distinta, cada uno persona diferente y sin embargo todos un solo Dios. Se dan mutuamente, se reciben mutuamente, y no se entiende el uno sin el otro. La revelación de Dios como misterio trinitario constituye el núcleo fundamental y estructurante de todo el mensaje del Nuevo Testamento. El misterio de la Santísima Trinidad, que hoy celebramos con gran solemnidad, antes que doctrina, ha sido evento salvador. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han estado siempre presentes en la historia de la humanidad, donando la vida y comunicando su amor; introduciendo y transformando el devenir de la historia en la comunión divina de las Tres Personas.

Este día, fiesta de la Santísima Trinidad, no quisiera detenerme en elucubraciones teológicas que nos lleven a descubrir las relaciones de las tres personas en una misma esencia. Quisiera que este día contempláramos a este Dios familia, trinidad, comunicación y que experimentáramos su amor y su invitación a participar de la misma vida. Porque de la imagen y de la experiencia que tengamos de Dios, dependerá la valoración y la imagen que tengamos de nosotros mismos y de nuestros hermanos.

Son bastantes los que llamándose “religiosos”, “cristianos”, o de cualquier denominación, viven una vida triste y sin sentido. Tienen una idea aburrida y lejana de Dios. Dios sería para ellos un dios nebuloso, gris, “sin rostro”. Algo impersonal, frío e indiferente. Y si les queremos decir que Dios es “Trinidad”, harán un gesto de enfado, de un enredo sin sentido que no tiene nada que ver con su vida. Y, sin embargo, es, en toda su profundidad, sin querer dar explicaciones, la experiencia del Dios cercano que nos presenta Jesús. El misterio no es la oscuridad, sino el amor y la vida que nos manifiesta Jesús que hay en Dios.

Dios no es un ser solitario condenado a estar encerrado en sí mismo, sino comunión interpersonal, comunicación gozosa de vida. Dios es familia. Dios es vida compartida, amor comunitario, comunión de personas. Por eso el hombre que vive la experiencia de Dios no puede aislarse, cerrar su corazón a los hermanos y morir de narcisismo contemplándose a sí mismo. Si el hombre se cierra a los demás, no puede decirnos que tiene experiencia de Dios. Porque este Dios no es lejano a nosotros, está en las raíces mismas de nuestra vida y de nuestro ser. En él vivimos, nos movemos y somos.

 Creer en la Trinidad es creer que el origen, el modelo y el destino último de toda vida es el amor compartido en fraternidad. Si estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, no descansaremos hasta que podamos disfrutar de ese amor compartido y encontrarnos todos en esa “familia”, en la que cada uno pueda ser él mismo en plenitud, feliz en la entrega y en la solidaridad total con el otro. Celebramos a la Trinidad cuando descubrimos con gozo que la fuente de nuestra vida es un Dios-familia, Dios-comunidad, y cuando nos sentimos llamados desde lo más íntimo de nuestro ser, a buscar nuestra verdadera felicidad, en el compartir, en el amar, en la fraternidad. Estamos llamados a ser imagen de Dios hoy.

Qué triste sería que este día de Trinidad, nos quedáramos solos y encadenados a nuestro egoísmo. Habrá que abrir el corazón y los ojos para experimentar y hacer experimentar este Dios amor. Ojalá vengan a cada uno de nosotros muchos cuestionamientos: ¿Cómo puedo hacer que se refleje mucho más claramente en mi vida cristiana el ser “comunitario” de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo? ¿En qué aspectos concretos de mi vida se manifiesta el misterio del Dios trinitario como amor y vida?  ¿Cómo podría abrirme más a la acción del Espíritu de la Verdad en mi vida, para que me lleve a un conocimiento existencial y actualizado del evangelio de Jesús?

Señor Dios Eterno, Único y Verdadero, misterio infinito de amor y de vida, Trinidad Santísima, haz de la humanidad creada a tu imagen una sola familia, fermento de unidad y de paz para todo el género humano. Amén.

Enrique Díaz

Nació en Huandacareo, Michoacán, México, en 1952. Realizó sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario de Morelia. Ordenado diácono el 22 de mayo de 1977, y presbítero el 23 de octubre del mismo año. Obtuvo la Licenciatura en Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico en Roma. Ha desarrollado múltiples encargos pastorales como el de capellán de la rectoría de las Tres Aves Marías; responsable de la Pastoral Bíblica Diocesana y director de la Escuela Bíblica en Morelia; maestro de Biblia en el Seminario Conciliar de Morelia, párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, Col. Guadalupe, Morelia; o vicario episcopal para la Zona de Nuestra Señora de la Luz, Pátzcuaro. Ordenado obispo auxiliar de san Cristóbal de las Casas en 2003. En la Conferencia Episcopal formó parte de las Comisiones de Biblia, Diaconado y Ministerios Laicales. Fue responsable de las Dimensiones de Ministerios Laicales, de Educación y Cultura. Ha participado en encuentros latinoamericanos y mundiales sobre el Diaconado Permanente. Actualmente es el responsable de la Dimensión de Pastoral de la Cultura. Participó como Miembro del Sínodo de Obispos sobre la Palabra de Dios en la Vida y Misión de la Iglesia en Roma, en 2008. Recibió el nombramiento de obispo coadjutor de San Cristóbal de las Casas en 2014. Nombrado II obispo de Irapuato el día 11 de marzo, tomó posesión el 19 de Mayo. Colabora en varias revistas y publicaciones sobre todo con la reflexión diaria y dominical tanto en audio como escrita.