25 mayo, 2026

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Quo vadis, humanitas?

Doctrina Social de la Iglesia ante la revolución biotecnológica y la inteligencia artificial (1ª parte)

Quo vadis, humanitas?

A través del presente artículo, dividido en dos partes, queremos abordar de forma necesariamente sintética las aportaciones más recientes que desde la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) se proponen a los católicos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, sea cual sea su tradición religiosa, espiritual o sus convicciones seculares,  ante la revolución biotecnológica exponencial que estamos viviendo, así como la irrupción de la inteligencia artificial en todos los aspectos de nuestras vidas,  y que supone un profundo cambio disruptivo en la historia de la humanidad y en su evolución biológica, cultural y tecnológica como especie.

La primera parte del artículo la hemos querido titular:  Quo vadis, humanitas?

«Quo vadis, humanitas? – ¿Hacia dónde vas, humanidad?», es el título del documento de la Comisión Teológica Internacional (CTI), aprobado por León XIV el pasado 9 de febrero de 2026, que resume perfectamente los motivos fundamentales de su publicación y su objetivo final: hoy, ante una aceleración tecnológica sin precedentes, la teología quiere ofrecer «una propuesta teológica y pastoral» que entienda la vida humana como «vocación integral» y «corresponsabilidad hacia los demás y hacia Dios», a la luz del Evangelio. Es fundamental la referencia a la Constitución conciliar Gaudium et spes, publicada hace casi 61 años: el documento de la CTI toma prestado tanto el diálogo «abierto» entre la Iglesia y el mundo contemporáneo como el concepto del ser humano «integral, en la unidad de cuerpo y alma, de corazón y conciencia, de intelecto y voluntad».

La segunda parte del artículo se titula: Magnifica Humanitas.

Ese es también el título de la primera Encíclica del papa León XIV en donde se aborda una de las más acuciantes cuestiones de nuestro tiempo: el destino del ser humano en la era de la inteligencia artificial. En continuidad con la tradición viva de la Doctrina Social de la Iglesia y con sus predecesores en el pontificado, el Papa hace una profunda reflexión sobre los desafíos espirituales, sociales y culturales que suscita la revolución tecnológica de nuestros días. De este modo, León XIV nos invita a discernir el futuro de la humanidad a la luz del Evangelio. “La tecnología es un hecho profundamente humano. Puede curar, conectar, educar, cuidar la casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias”. Ante el riesgo de que la humanidad pierda su rostro y el ser humano sea valorado únicamente por su rendimiento, es nuestra tarea como familia humana poner la tecnología al servicio de la dignidad de la persona, del bien común, de la justicia y de la solidaridad, y trabajar con responsabilidad para un futuro más humano.

El índice que vamos a desarrollar en esta primera parte del artículo es el siguiente:

  1. LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA. Una línea de continuidad desde León XIII hasta León XIV.
  2. CAMBIO DE ÉPOCA Y REVOLUCIONES EN MARCHA. Propuestas para una sociedad biotecnológica.
  3. EL PARADIGMA TECNOCRÁTICO. El bien común en la era digital.
  4. ÈTICA EN LA ERA DE LAS TECNOLOGÍAS DISRUPTIVAS. Una hoja de ruta operativa.
  5. LA PRIMERA LEY SOBRE LA IA. Decreto N.DCCII, “Directrices sobre Inteligencia Artificial”.
  6. ANTIQUA ET NOVA. Sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana.
  7. QUO VADIS HUMANITAS? Pensar la antropología cristiana ante algunos escenarios futuros de la humanidad.
  8. LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL. Algunos peligros a evitar en relación a la IA según León XIV.

 

I. LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA. Una línea de continuidad desde León XIII hasta León XIV.

Es un hecho relevante que Robert Francis Prevost al ser elegido Sumo Pontífice de la Iglesia Católica eligiese el nombre papal de León XIV, precisamente para señalar un fuerte compromiso con la justicia social y los desafíos de la era digital, emulando a León XIII, autor de la encíclica social Rerum Novarum.

En efecto, Rerum Novarum (“De las cosas nuevas” – 1891) es el documento fundacional de la Doctrina Social de la Iglesia. Dicha encíclica fue la respuesta directa a los problemas sociales y económicos generados por la primera Revolución Industrial del siglo XIX y el conflicto entre el capital y el trabajo.

León XIV señaló al inicio de su pontificado que, al igual que en el siglo XIX, hoy vivimos una nueva “revolución industrial” marcada por la inteligencia artificial y la digitalización, lo que requiere una respuesta actualizada de la Iglesia Católica desde la fe.

Pontífices de la Iglesia Católica (Imagen: Internet)

Los Papas posteriores a León XIII han continuado desarrollando la Doctrina Social de la Iglesia.

Con posterioridad al Concilio Vaticano II, cabe destacar las aportaciones fundamentales realizadas por los siguientes Papas:

 

Pablo VI

La encíclica Populorum Progressio (“El desarrollo de los pueblos”, 1967) del Papa Pablo VI definió el progreso no solo como crecimiento económico, sino como el desarrollo integral de todo ser humano (material, cultural y espiritual). Considerada una pieza clave de la Doctrina Social de la Iglesia, este documento afirma que el desarrollo es el nuevo nombre de la paz y denuncia la brecha entre naciones ricas y pobres, abogando por la solidaridad internacional y la justicia.

 

Juan Pablo II

El Papa que sucedió a Juan Pablo I, que tuvo un pontificado muy breve, consolidó la Doctrina Social de la Iglesia poniendo a la persona humana y su dignidad en el centro del orden social, destacando el trabajo como clave de la cuestión social. A través de encíclicas como Laborem Exercens (“Ejerciendo el trabajo”, 1981), Sollicitudo Rei Socialis (“Preocupación por la cuestión social”, 1987) y Centesimus Annus (“Centenario”, 1991), promovió la solidaridad, la subsidiariedad y la defensa de los derechos humanos.

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia impulsado por el papa San Juan Pablo II, fue publicado en 2004 y tiene su origen en el Catecismo de la Iglesia Católica. Resulta ser un excelente documento para conocer y estudiar las materias tratadas por la DSI.

 

Benedicto XVI

Este excelente teólogo, intelectual y Papa fortaleció la Doctrina Social de la Iglesia centrando su magisterio en la Caritas in Veritate (“Caridad en la Verdad”, 2009), vinculando de forma inseparable la justicia y la caridad. Propuso en sus textos magisteriales un desarrollo humano integral, una economía ética, la defensa de la vida y el cuidado del medio ambiente desde la verdad.

 

Francisco

En la encíclica Laudato Si’ (“Alabado seas”, 2015) el papa Francisco definió con claridad el paradigma tecnocrático como una visión distorsionada que interpreta la vida, la economía y el medio ambiente exclusivamente a través de la tecnología y la maximización de las ganancias. En esa continuidad, también hay que tener en cuenta la encíclica Fratelli Tutti (“Hermanos todos”, 2020) y la exhortación apostólica Laudate Deum  ( “Alabemos a Dios”, 2023).

 

León XIV

El pontífice actual ha publicado algunos documentos magistrales de alta relevancia desde su elección en mayo de 2025. En relación a la Doctrina Social de la Iglesia destaca  la exhortación apostólica Dilexi te (“Te he amado”, 2025). No obstante, es en su primera encíclica Magnifica humanitas (“Sobre la custodia de la persona en el tiempo de la inteligencia artificial”, 2026) donde nos invita a discernir sobre el futuro de la humanidad a la luz del Evangelio.

León XIV ha priorizado la IA como la “nueva cuestión social”, llamando a una respuesta ética que integre la fe católica con la innovación tecnológica.

Ya en su primer discurso a los cardenales, León XIV declaró: “Los avances en la inteligencia artificial plantean nuevos desafíos para la defensa de la dignidad humana, la justicia y el trabajo”, subrayando la necesidad de una guía moral que ponga al ser humano en el centro.

En su mensaje a los participantes en la Segunda Conferencia Anual sobre IA el 17 de junio de 2025, el Papa amplió esta visión: “Vuestra presencia atestigua la urgente necesidad de una reflexión seria y un diálogo continuo sobre la dimensión ética inherente de la IA, así como sus implicaciones para el futuro de la humanidad”. Aquí, León XIV enfatizó que la IA debe ser gobernada éticamente, promoviendo un desarrollo inclusivo que respete la dignidad de cada persona. Además, en un mensaje dirigido a líderes corporativos en IA el 20 de junio de 2025, afirmó: “La inteligencia no consiste en acumular datos, sino en buscar el verdadero significado de la vida, no en tener montones de información”. Esta frase resalta su preocupación por que no se imponga un enfoque tecnocrático que olvide la dimensión espiritual.

Así, León XIV no solo alerta sobre riesgos, sino que propone una ética que integre valores cristianos desde el diseño de la IA.

II. CAMBIO DE ÉPOCA Y REVOLUCIONES EN MARCHA. Propuestas para una sociedad biotecnológica.

Muchas veces nos preguntamos si estamos viviendo una era de cambios o un cambio de era.  Indudablemente podemos afirmar que estamos en la era de la exponencialidad tecnológica y que ello comporta un cambio de época en el transcurso de la evolución de la humanidad.

Evolución (Imagen: internet)

Diversos autores han denominado a esta nueva época la Cuarta Revolución Industrial caracterizada por la transformación digital y la irrupción de la inteligencia artificial en todos los ámbitos de nuestras vidas.

Evolución de la industria desde sus inicios hasta la actualidad (Imagen: internet)
Disrupción tecnológica (Imagen: Telefónica)

Sin embargo, el cambio de época en el que estamos inmersos va más allá de la llamada 4ª Revolución Industrial. En realidad, podemos observar una convergencia entre tres revoluciones que se están produciendo simultáneamente en el ámbito científico y tecnológico:

  • La revolución digital, que confronta la Inteligencia humana con la Inteligencia artificial
  • La revolución biológica, que pretende rediseñar a los seres humanos.
  • La revolución espacial, que aspira a lograr salir de nuestro confinamiento planetario.

A su vez, convergen con las anteriores revoluciones otras tres revoluciones de carácter ecológico, humanista y espiritual.

  • La revolución ecológica, que fomenta la conservación y custodia de la casa común para la familia humana.
  • La revolución humanista que promueve un desarrollo humano integral y un humanismo avanzado.
  • La revolución espiritual, que contempla un incremento de la conciencia y la acción generosa del Espíritu Santo.

Ante estas seis revoluciones simultaneas se proponen, al menos, las siguientes cosmovisiones para transitar por la actual sociedad biotecnológica:

  • Un calvinismo de silicio, propuesto como modelo por las empresas de Silicon Valley (USA).
  • Un confucionismo nihilista, que vendría a ser un modelo alternativo desde Shenzhen (China).
  • Una regulación técnica humano-céntrica, sería la propuesta de las instituciones de Bruselas (Europa).
  • La Doctrina Social de la Iglesia, presentada como una cosmovisión integral ofrecida por la Santa Sede de Roma (Universal).

Los tres primeros modelos han sido analizados por el Prof. José Maria Lasalle, autor de “Ciberleviatán. El colapso de la democracia liberal frente a la revolución digital” (Arpa, 2019) y “Civilización artificial. Sabiduría o sustitución: el dilema humano ante la IA” (Arpa, 2024).

Con relación al modelo que Lasalle denomina “Calvinismo de silicio” desarrollado en Silicon Valley (USA) podemos enumerar estas tres características:

  • Exige un control y un determinismo tecnológico similar a la predestinación calvinista. Libertad y “salvación” mediante la eficiencia y el éxito.
  • Se centra en el poder de la IA basado en el procesamiento masivo de datos.
  • Propone una nueva forma de “providencia” moderna donde las decisiones son tomadas por las máquinas.

Con relación al “confucionismo nihilista” que podemos ver en Shenzhen (China) los dos elementos característico bien podrían ser los siguientes:

  • Se trataría de un concepto híbrido que busca reinterpretar la estructura jerárquica y moral del confucionismo bajo la premisa de la falta de sentido inherente a la vida o la devaluación de los valores tradicionales.
  • Cuestiona la validez, el propósito y la trascendencia de las normas tradicionales.

Con relación a la opción por la regulación técnica humano-céntrica de las instituciones de  Bruselas (Europa), podríamos resumir el modelo en estos tres elementos distintivos:

  • Se basa en un utilitarismo técnico.
  • Sus principios son los del positivismo ético.
  • Regula los riesgos de la IA pero no define los propósitos de dicha inteligencia artificial que contribuyan al bienestar de las personas.

Por su parte, el cristianismo católico desde la Santa Sede en Roma y con carácter universal ofrece una cosmovisión y modelo integral alternativo, sustentado en los pilares básicos y en los valores fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia dado que:

  • La Iglesia Católica ve urgente un cambio de modelo en la manera de relacionarnos los seres humanos con la IA.
  • Ve un riesgo de que la máquina sustituya al ser humano cuando piensa y decide.
  • Se advierte el peligro de una creciente deshumanización producida por el capitalismo cognitivo liderado por los chinos y los norteamericanos a través de los modelos de IA y la posibilidad de una algocracia que sustituya a la democracia de la que gozamos en estos momentos una parte del mundo.

Tenemos que tener en cuenta que la Doctrina Social de la Iglesia no impone reglas rígidas, sino que ofrece principios universales —dignidad de la persona humana, bien común, solidaridad y subsidiariedad— que son los pilares básicos de la DSI, y valores fundamentales —verdad, libertad, justicia y amor— para guiar su uso responsable. En un momento en que la IA impregna el día a día, desde recomendaciones personalizadas hasta diagnósticos médicos, la Iglesia Católica nos invita a una reflexión profunda para que estas tecnologías sirvas al hombre y no lo esclavicen.

III. EL PARADIGMA TECNOCRÁTICO. El bien común en la era digital.

En su día, el Papa Francisco, en la presentación de su encíclica Laudato Si’, (“Alabado seas”. Sobre el cuidado de la casa común, 2025), pronunció estas palabras:  “Invito a todos a recibir con corazones abiertos este Documento el cual continua la línea de la Doctrina Social de la Iglesia”.

En dicha encíclica, el papa Francisco define el “paradigma tecnocrático” como una visión distorsionada que interpreta la vida, la economía y el medio ambiente exclusivamente a través de la tecnología y la maximización de las ganancias. Este modelo considera los recursos naturales como infinitos, descuidando la naturaleza y la dignidad humana, y promoviendo un crecimiento ilimitado que provoca una crisis ecológica y social.

El Encuentro titulado “El bien común en la era digital” organizado el año 2019 por el Pontificio Consejo para la Cultura y el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano trató sobre la importancia de determinar las bases de una ética del bien común para la era digital.  Se enumeraron distintos retos para la política, la economía, la salud, la ética y  las relaciones humanas.

En la presentación del encuentro, el cardenal Peter K.A. Turkson dijo lo siguiente: “Si la dignidad humana es algo común a toda la humanidad, la protección, el desarrollo y la dignidad de todos se convierte en el marco del bien común” .

Los participantes en el Encuentro – al que tuve el honor de asistir- propusimos tres áreas que podían ser especialmente  afectadas por el desarrollo de las tecnologías de la era digital:

  • La consolidación de la paz y la guerra.
  • El futuro del trabajo.
  • Los nuevos horizontes para el bien común.

En las sesiones del Encuentro surgieron algunas preguntas muy interesantes:

  • ¿Son las tecnologías una fuente de esperanza para crear nuevos empleos dignos?
  • ¿Pueden las nuevas tecnologías ayudarnos a implementar una concepción del trabajo más inclusiva e integral?
  • ¿O son, por el contrario, una amenaza para el desarrollo humano integral?
  • ¿Es la tecnología accesible a todo el mundo?
  • ¿Estamos preparados para un uso responsable de las biotecnologías o, por el contrario, estas serán usadas como instrumento de dominación y abuso de poder?

Teniendo en cuenta la naturaleza globalizada de la investigación y la implicación de actores procedentes de distintas tradiciones éticas, culturales y religiosas muy diferentes, la Iglesia Católica cree que resulta posible establecer unos niveles de consenso e identificar algunos criterios que puedan orientar de una forma compartida una respuesta a los principales retos éticos y sociales de la era digital.

Encuentro sobre “El bien común en la era digital” celebrado el año 2019 (Imagen: Servicio de prensa del Vaticano)

En la clausura del Encuentro, el Papa Francisco hizo una serie de reflexiones que creemos de sumo interés reproducir a continuación, ya que refuerzan la idea de una Iglesia Católica comprometida con el modelo que ofrece la Doctrina Social aplicada, en este momento, a la revolución biotecnológica y la irrupción exponencial de la IA.

El Papa nos recuerda que “el bien común no es solo el máximo para el mayor número de personas, sino que debe extenderse a considerar concretamente  los últimos, los excluidos”.

Y es que el poderío tecnológico sitúa a la humanidad ante una importante encrucijada.

“La humanidad ha entrado en una nueva era en la que nuestra habilidad técnica nos ha llevado a un cruce de caminos” (Laudato Si’, núm. 102). Por un lado “somos beneficiarios de dos siglos de enormes cambios”, el resultado de los cuales ha desencadenado una nueva era digital que tiene “infinidad de ventajas para la humanidad”. Por otra parte, sin embargo, a menudo el poder de la tecnología se asocia con los poderes económicos y financieros.

Aquellos que ostentan este poder creciente y totalizante sobre la humanidad y la naturaleza no están necesariamente “formados para utilizar bien el poder” (Laudato Si’, núm. 105).

En general “el inmenso desarrollo tecnológico no ha sido acompañado por un desarrollo en la responsabilidad humana y los valores, ni en el desarrollo de la conciencia humana sobre la libertad y los límites antropológicos” (Laudato Si’, núm. 105).

“La humanidad ha asumido la tecnología y su desarrollo según el paradigma no diferenciado y unidimensional “ (Laudato Si’, núm. 106). Un paradigma que exalta al individuo y a su libertad desconectada de las relaciones sociales y naturales que constituyen el sujeto, y otro paradigma que responde al mito del progreso ilimitado.

Así, “el paradigma tecnocrático se ha vuelto tan dominante que tiende a absorberlo todo “condicionando y configurando nuestros estilos de vida (Laudato Si’, núm. 108).

Sin embargo, nos recuerda el Papa, “el progreso tecnológico de la humanidad debe estar basado en el bien común”.

Según Francisco, los notables avances en el campo de la tecnología “especialmente en el de la inteligencia artificial tienen, cada vez más, implicaciones significativas en todos los ámbitos de la actividad humana. Por lo tanto, considero que los debates abiertos y concretos sobre este tema son más necesarios que nunca”.

“El beneficio incuestionable que la humanidad puede obtener del progreso tecnológico dependerá de la medida en que se utilicen éticamente las nuevas posibilidades disponibles” (Laudato Si’, núm. 105).

Esta correlación requiere, según Francisco que, paralelamente al inmenso progreso tecnológico en curso, haya un desarrollo adecuado de la responsabilidad y los valores. De lo contrario, el “paradigma tecnocrático” que promete un progreso incontrolado e ilimitado se impondrá y quizás incluso eliminará a otros factores de desarrollo con enormes peligros para toda la humanidad.

En otro orden de cosas, los participantes en el Encuentro abordamos también las repercusiones de la robótica en el mundo laboral.

Una de las conclusiones es que debemos evitar que dicha herramienta, puramente eficiente, sea utilizada únicamente para aumentar los beneficios y los  rendimientos económicos, privando a miles de personas de su trabajo y poniendo en peligro su dignidad.

Otro ejemplo de lo tratado en dicho Encuentro fueron las ventajas y los riesgos asociados con el uso de la IA en los debates sobre las grandes cuestiones sociales. Por una parte, se podrá favorecer un acceso más grande a las informaciones fiables y garantizar, pues, la afirmación de análisis concretos, por la otra, será posible como nunca antes, hacer circular opiniones tendenciosas y datos falsos, “envenenar” los debates públicos e incluso manipular las opiniones de millones de personas, hasta el punto de poner en peligro las mismas intenciones que garantizan la convivencia civil pacífica.

Por eso, el desarrollo tecnológico del que todos somos testigos requiere que nos reapropiemos de nosotros mismos y reinterpretemos los términos éticos que otros nos han transmitido.

Si el progreso tecnológico causara desigualdades cada vez mayores, no podríamos considerarlo un progreso real.

Si se convierte en enemigo del bien común, el llamado progreso tecnológico de la humanidad conduciría a una desafortunada regresión a una forma de barbaridades dictadas por la ley del más fuerte.

Resulta, por tanto, un esfuerzo de civilización reducir las desigualdades económicas, educativas, tecnológicas, sociales y culturales y sentar las bases éticas para garantizar la defensa de la dignidad de cada persona humana, convencidos de que el bien común no puede disociarse del bien específico de cada individuo.

El Papa en sus conclusiones afirmó que: “Mientras una persona sea víctima de un sistema por muy evolucionado que sea, que no consiga valorizar la dignidad intrínseca y la contribución de cada persona ese sistema resulta perverso. Un mundo mejor es posible gracias al progreso tecnológico si este viene acompañado de una ética basada en una visión del bien común, una ética de libertad, de responsabilidad y fraternidad, capaz de favorecer el pleno desarrollo de las personas en relación con los demás y con la creación”.

IV. ÈTICA EN LA ERA DE LAS TECNOLOGÍAS DISRUPTIVAS. Una hoja de ruta operativa.

El Vaticano, sumándose a los esfuerzos de diversos gobiernos y organizaciones por regular y establecer las mejores prácticas alrededor del uso de la inteligencia artificial públicó en 2023 un manual de ética sobre esta tecnología.

El documento titulado “Ética en la era de las tecnologías disruptivas; una hoja de ruta operativa”. ofrecía a las organizaciones un plan estratégico para mejorar las prácticas de gestión ética, capacitándolas para navegar el complejo panorama de tecnologías disruptivas como IA, aprendizaje automático, encriptación, seguimiento y otros, manteniendo sólidos estándares éticos.

Las pautas incluidas en el manual son el primer proyecto tangible de la organización llamada Instituto de Tecnología, Ética Aplicada de la Universidad de Santa. El ITEC explica en su sitio web  que dicha institución “convoca a lideres empresariales, de la sociedad civil, académicos, gubernamentales y de todas las tradiciones religiosas y de creencias para promover una reflexión más profunda sobre el impacto de la tecnología en la humanidad”.

Esos esfuerzos de la Santa Sede se materializan en la que podríamos considerar la primera regulación sobre la IA publicada en el año 2024.

V. LA PRIMERA LEY SOBRE LA IA. Decreto N.DCCII, “Directrices sobre Inteligencia Artificial”.

El primer decreto del Estado de la Ciudad del Vaticano que regula el uso de la inteligencia artificial entró en vigor el 01.01.25, prohibiendo los usos discriminatorios de la IA y estableciendo una comisión especial para supervisar la “experimentación” con la nueva tecnología en el Vaticano.

Las nuevas regulaciones establecen prohibiciones estrictas sobre el uso de la inteligencia artificial dentro de las instituciones estatales del Vaticano.

Entre las prácticas prohibidas se encuentran el empleo de sistemas de IA que comprometan la seguridad de la Ciudad del Vaticano, la implementación de sistemas de IA que excluyan a las personas con discapacidad del acceso a sus funciones y el uso de IA para extraer inferencias antropológicas con efectos discriminatorios sobre los individuos.

El decreto también prohíbe las aplicaciones de IA que creen desigualdades sociales, violen la dignidad humana o utilicen técnicas de manipulación subliminal que causen daño físico o psicológico a las personas.

Además, queda prohibido cualquier uso de la IA que entre en conflicto con la misión del Papa, la integridad de la Iglesia Católica o las actividades institucionales del Vaticano.

El decreto también establece la creación de una “Comisión de Inteligencia Artificial” integrada por funcionarios de los departamentos jurídicos, de TI y de seguridad de la Ciudad del Vaticano.

Esta comisión tendría la tarea de supervisar las actividades de la IA, preparar leyes de implementación y emitir informes semestrales sobre la IA en la Ciudad del Vaticano y las áreas gobernadas por el Tratado de Letrán.

La comisión también deberá evaluar las propuestas de experimentación con la inteligencia artificial para garantizar su conformidad con el marco ético del decreto.

Cabe señalar que las directrices del Vaticano se inspiran en el Reglamento de la IA de la Unión Europea, que entró en vigor el 1 de agosto de 2024, siendo su aplicación progresiva des de  el 2 de febrero de 2025, Dicho reglamento enfatiza un enfoque basado en el riesgo para las aplicaciones de la IA.

Además de delinear los principios generales, el decreto citado establece directrices específicas para sectores como la atención de la salud, el patrimonio cultural, la actividad judicial y los procedimientos administrativos.

A pesar de las prohibiciones, las directrices afirman que “la ciencia y la tecnología son producto de la creatividad humana entendida como don de Dios y han remediado innumerables males que afligían y limitaban al ser humano”.

Por otro lado, el Papa León XIV, en un rescripto publicado el 16 de mayo de 2026, aprobó la creación de la comisión interdicasterial dedicada a los desafíos de la inteligencia artificial.

Según precisa el comunicado de la Santa Sede dicha comisión se crea para responder a tres criterios principales: el desarrollo, en las últimas décadas, del fenómeno de la inteligencia artificial y la reciente aceleración de su uso generalizado; sus posibles efectos sobre el ser humano y sobre la humanidad en su conjunto; y la preocupación de la Iglesia por la dignidad de toda persona humana, especialmente en lo referente a su desarrollo integral.

VI. ANTIQUA ET NOVA. Sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana.

El Dicasterio para la Doctrina de la Fe junto con el Dicasterio para la Cultura y la Educación emitieron el 28.01.25 una nota que resulta fundamental para la comprensión de los planteamientos de la Iglesia Católica respecto a la relación entre la inteligencia humana y la inteligencia artificial. El documento se estructura en los siguientes puntos:

  • Introducción.
  • ¿Qué es la Inteligencia Artificial?
  • La inteligencia en la tradición filosófica y teológica.
  • El papel de la ética para guiar el desarrollo y el uso de la IA.
  • Cuestiones específicas.
  • Reflexión final: la verdadera sabiduría.

La nota inicia su redactado con la siguiente afirmación: “Con antigua y nueva sabiduría estamos llamados a considerar los cotidianos desafíos y oportunidades propuestos por el saber científico y tecnológico, en particular los del reciente desarrollo de la inteligencia artificial”.

Y es que la Iglesia Católica promueve los progresos en la ciencia, en la tecnología, en las artes y en toda empresa humana, viéndolos como parte de la “colaboración del hombre y de la mujer con Dios en el perfeccionamiento de la creación visible”.

Cuando nos preguntamos qué significa “ser humanos”, no podemos excluir también la consideración de nuestras capacidades científicas y tecnológicas.

La Nota afronta con detalle las cuestiones antropológicas y éticas planteadas por la IA, cuestiones que son particularmente relevantes en cuanto que uno de los objetivos de esta tecnología es el de imitar la inteligencia humana que la ha diseñado.

Por ejemplo, a diferencia de otras muchas creaciones humanas, la IA puede ser entrenada en producciones del ingenio humano y por tanto generar nuevos “artefactos” con un nivel de velocidad y habilidad que, con frecuencia, igualan o superan las capacidades humanas, como generar textos o imágenes que resultan indistinguibles de las composiciones humanas, suscitando, por tanto, preocupación por su posible influjo en la creciente crisis de verdad en el debate público.

Además, como tal tecnología está diseñada para aprender y adoptar determinadas decisiones de forma autónoma, adecuándose a nuevas situaciones y aportando soluciones no previstas por sus programadores, se derivan problemas sustanciales de responsabilidad ética y de seguridad, con repercusiones más amplias para toda la sociedad. Esta nueva situación lleva a la humanidad a cuestionarse su identidad y su papel en el mundo.

La Nota intenta sobre todo distinguir el concepto de “inteligencia” en referencia a la IA y al ser humano. En un primer momento, se considera la perspectiva cristiana sobre la inteligencia humana, ofreciendo un marco general de reflexión fundado sobre la tradición filosófica y teológica de la Iglesia Católica. A continuación, se proponen algunas líneas de acción, con el objetivo de asegurar que el desarrollo y el uso de la IA respeten la dignidad humana y promuevan el desarrollo integral de la persona y de la sociedad.

¿Qué es la Inteligencia Artificial?

La Nota desarrolla ampliamente el concepto de inteligencia artificial y sus características para llegar a la conclusión de que estamos ante el desarrollo de sistemas complejos capaces de llevar a cabo tareas muy sofisticadas.

“Sus características avanzadas confieren a la IA capacidades sofisticadas para llevar a cabo tareas, pero no la de pensar. Esta distinción tiene una importancia decisiva, porque el modo como se define la “inteligencia” va, inevitablemente, a determinar la comprensión de la relación entre el pensamiento humano y dicha tecnología. Para darse cuenta de ello, hay que recordar que la riqueza de la tradición filosófica y de la teología cristiana ofrece una visión más profunda y completa de la inteligencia, que a su vez es central en la enseñanza de la Iglesia sobre la naturaleza, la dignidad y la vocación de la persona humana”.

La Escuela de Atenas de Raffael (Imagen: internet)

Es por ello que, en el siguiente apartado, la Nota realiza un magnífico repaso al concepto “inteligencia” en la tradición filosófica y teológica desde los puntos de vista siguientes:

  • La racionalidad.
  • La encarnación.
  • La relacionalidad.
  • La relación con la Verdad.
  • La custodia del mundo.
  • Una comprensión integral de la inteligencia humana.
  • Los límites de la IA.

Tal y como se afirma en la Nota, “aunque la IA procesa y simula ciertas expresiones de la inteligencia, permanece fundamentalmente confinada en un ámbito lógico-matemático, que le impone ciertas limitaciones inherentes. Mientras que la inteligencia humana se desarrolla continuamente de forma orgánica en el transcurso del crecimiento físico y psicológico de una persona y es moldeada por una miríada de experiencias vividas en el cuerpo, la IA carece de la capacidad de evolucionar en este sentido”.

Prosigue la Nota diciendo que “aunque los sistemas avanzados pueden “aprender” mediante procesos como el aprendizaje automático, este tipo de formación es esencialmente diferente del desarrollo de crecimiento de la inteligencia humana, ya que está moldeada por sus experiencias corporales: estímulos sensoriales, respuestas emocionales, interacciones sociales y el contexto único que caracteriza cada momento”.

El uso mismo de la palabra “inteligencia”» en referencia a la IA “es engañoso” y corre el riesgo de descuidar lo más valioso de la persona humana. Desde esta perspectiva, la IA no debe verse como una forma artificial de la inteligencia, sino como uno de sus productos.

Por otro lado, la Nota hace especial hincapié en el papel fundamental de la ética para guiar el desarrollo y el uso de la IA.

La inteligencia artificial debe ser esencialmente una ayuda a la libertad humana y a la toma de decisiones.

Debemos tener presente en todo momento que la actividad técnico-científica no tiene un carácter neutro, siendo una empresa humana que pone en cuestión las dimensiones humanísticas y culturales del ingenio humano.

De este modo, “como cualquier producto del ingenio humano, la IA también puede orientarse hacia fines positivos o negativos. Cuando se utiliza de manera que respete la dignidad humana y promueva el bienestar de los individuos y las comunidades, puede contribuir favorablemente a la vocación humana. Sin embargo, como en todas las esferas en las que los seres humanos están llamados a tomar decisiones, la sombra del mal también se extiende aquí. Allí donde la libertad humana permite la posibilidad de elegir lo que es malo, la valoración moral de esta tecnología dependerá de cómo sea orientada y empleada.”

La sabiduría del corazón (Imagen: internet)

Dentro de la perspectiva general, la Nota trata de contribuir a orientar en situaciones concretas, de acuerdo con la “sabiduría del corazón”. Aun no siendo exhaustiva, esta propuesta se ofrece al servicio de un diálogo que busca identificar aquellas modalidades en las que la IA puede defender la dignidad humana y promover el bien común. En este sentido, la Nota  detalla aspectos prácticos y concretos en los siguientes temas:

 

  • Cuestiones específicas.
  • La sociedad.
  • Las relaciones humanas.
  • La economía y el trabajo.
  • La sanidad.
  • La educación.
  • La desinformación, deepfake y abusos.
  • La privacidad y el control.
  • La protección de la casa común.
  • La guerra.
  • La relación de la humanidad con Dios.

A modo de reflexión final, la Nota plantea lo que es realmente una verdadera sabiduría humana.

“La cuestión esencial y fundamental permanece siempre en  si el hombre, en cuanto hombre, en el contexto de este progreso, se hace de veras mejor, es decir, más maduro espiritualmente, más consciente de la dignidad de su humanidad, más responsable, más abierto a los demás, particularmente a los más necesitados y a los más débiles, más disponible a dar y prestar ayuda a todos”.

“Hoy, la vasta extensión del conocimiento es accesible en formas que habrían maravillado a las generaciones pasadas; sin embargo, para impedir que los avances de la ciencia sigan siendo humana y espiritualmente estériles, hay que ir más allá de la mera acumulación de datos y aspirar a la verdadera sabiduría”.

Esta sabiduría es el don que más necesita la humanidad para abordar los profundos interrogantes y desafíos éticos que plantea la IA: “Sólo dotándonos de una mirada espiritual, sólo recuperando una sabiduría del corazón, podremos leer e interpretar la novedad de nuestro tiempo”.

Esta “sabiduría del corazón” es “esa virtud que nos permite entrelazar el todo y las partes, las decisiones y sus consecuencias”. La humanidad no puede “esperar esta sabiduría de las máquinas”, en cuanto ella “se deja encontrar por quien la busca y se deja ver por quien la ama; se anticipa a quien la desea y va en busca de quien es digno de ella”.

La Nota concluye con la siguiente afirmación: “En un mundo marcado por la IA, necesitamos la gracia del Espíritu Santo, que permite ver las cosas con los ojos de Dios, comprender los vínculos, las situaciones, los acontecimientos y descubrir su sentido”.

Espiritu Santo (Imagen: internet)

VII. QUO VADIS HUMANITAS? Pensar la antropología cristiana ante algunos escenarios futuros de la humanidad.

En la dirección que hemos ido exponiendo en los apartados anteriores, el Vaticano – a través de la Comisión Teológica Internacional- ha puesto recientemente sobre la mesa un gran marco de reflexión con la publicación del documento Quo vadis, humanitas?  que pretende pensar la antropología cristiana ante algunos de los escenarios sobre el futuro de lo humano.

El documento resulta ser una lectura profunda de la condición humana en un momento de cambio de era como el que estamos viviendo.

Se parte de una constatación inicial: el progreso tecnocientífico renueva el asombro por las capacidades humanas, pero no elimina la fragilidad. La muerte, las enfermedades, las guerras o la desigualdad continúan existiendo.

Sin embargo, el documento reivindica una antropología cristiana que sostenga a la vez grandeza y límite, y coloque en el centro la dignidad humana como un don previo, no como una construcción adquirida.

De este modo se afirma que la cuestión de la tecnología es ante todo una cuestión antropológica. Y es que la dignidad de la persona no puede reducirse a sus capacidades cognitivas o al rendimiento que la tecnología promete potenciar.

El texto de la Comisión Teológica Internacional propone utilizar la categoría cristiana de vocación, donde el hombre no es simplemente un proyecto que hay que optimizar o rediseñar tecnológicamente, sino una realidad recibida como don y llamada a desarrollarse en la relación con Dios, con los demás y con el mundo.

Cabe destacar que el documento Quo Vadis humanitas? está oportunamente vinculado al 60º aniversario de Gaudium et spes (“sobre la Iglesia en el mundo actual”, 1965) una de las cuatro  constituciones de la Iglesia fruto del Concilio Vaticano II.

Quo Vadis humanitas? propone un método de discernimiento para abordar los enormes desafíos que nos plantea la revolución biotecnológica y la irrupción de la inteligencia artificial. Dicho método es el siguiente: confrontar los nuevos horizontes culturales y tecnológicos con las exigencias permanentes de la condición humana, distinguiendo aportes compatibles con el Evangelio de los que lo contradicen.

La Comisión Teológica Internacional organiza, de este modo, su análisis alrededor de cuatro categorías:

  1. Desarrollo. Resulta ser una cuestión clave en el debate sobre el futuro que provoca una tensión entre mejorar la vida de los pueblos y el sujeto y la tentación de sustituir al humano.
  2. Vocación. Subraya la importancia de ver la vida en sus aspectos relacionales y desde la responsabilidad.
  3. Identidad. Es esta una dimensión particularmente sensible en nuestros tiempos debido a la posibilidad de intervenir técnicamente en la naturaleza humana. En ese aspecto, hay que estar especialmente atentos a bioideologías como el transhumanismo y el posthumanismo.
  4. Condición dramática. Supone el carácter histórico libre y expuesto a riesgos del camino por el que cada persona “llega a ser quien es”.

Uno de los focos más explícitos del documento Quo Vadis humanitas?  es el dialogo crítico con el transhumanismo y el posthumanismo, corrientes que replantean de modo radical la relación entre cuerpo, técnica y destino humano.

El transhumanismo se fundamenta en un proyecto que pretende superar los límites biológicos del ser humano (la discapacidad, el envejecimiento e incluso la muerte) mediante la ciencia y la tecnología, con un optimismo antropocéntrico e ilimitado en relación al progreso.

El posthumanismo, en su sentido estricto, cuestiona la existencia de un “forma humana” digna de ser custodiada y difumina el límite entre lo humano y la máquina.

En ambos casos, el documento de la Comisión Teológica Internacional sostiene que la solución a la tensión humana entre finitud e infinito no puede pasar por la supresión o sustitución de lo humano, sino por su integración y plenitud.

La hibridación ser humano- máquina (Imagen: internet)

Quo Vadis humanitas? aborda también la relación entre ética y desarrollo tecnológico, al destacar las implicaciones antropológicas del desarrollo tecnológico reciente, especialmente en la comunicación digital, los datos, la inteligencia artificial, la biotecnología y la robótica.

Se constata en el documento que la tecnología no opera solo como tecnología, sino como “ambiente” que reconfigura la vida social y la autocomprensión. De este modo, resulta necesario detectar anticipadamente, para evitarlos, los riesgos más relevantes que provoca dichas tecnologías, entre los cuales, sin ánimo de ser exhaustivos, se enuncian los siguientes:

  • La opacidad de las decisiones automatizadas en ámbitos sensibles como son la salud, la justicia o la seguridad.
  • La polarización y “tribalización” del debate público alimentada por las redes sociales.
  • La fragilidad particular de niños y jóvenes ante dinámicas de aislamiento, manipulación y violencia.
  • La tendencia a reducir el cuerpo a material disponible para ser modificado en busca de rendimiento, juventud o eliminación del dolor.

Como consecuencias de este “desarrollo tecnológico”, el documento sitúa estas transformaciones en cuatro relaciones fundamentales de la persona:

  • En relación con el ambiente.
  • En relación con los otros.
  • En relación consigo misma.
  • En relación con Dios.

En el plano ecológico, el documento alerta contra una lógica tecnocrática que relativice los límites de la naturaleza y agrave desigualdades, especialmente en las regiones más vulnerables del planeta.

En la esfera social, el impacto de la hiperconexión y la ansiedad informativa reclama vigilancia ante la manipulación de datos y la concentración de poder.

En el plano personal, advierte del debilitamiento del pensamiento crítico y de la tentación de concebir la conciencia como información transferible.

Finalmente, en el plano religioso, reconoce oportunidades para la misión, pero alerta del riesgo de un “mercado” espiritual digital sin comunidad, e incluso de sustitutos tecnológicos del sentido último.

Quo Vadis humanitas? es un documento que propone alternativas al paradigma tecnocrático. La solución se haya en recuperar las dimensiones que considera amenazadas por una idea reductiva del progreso:

  • La historia: memoria, sentido del tiempo y esperanza.
  • El espacio: hogar, ciudad, pueblo y mundo frente a la despersonalización de los no-lugares.
  • La intersubjetividad: familia, pertenencia cultural y fraternidad.

Se propone la vida como vocación. El ser humano no se entiende plenamente como proyecto autofundado, sino como alguien llamado a recibir la vida como don, a configurar su identidad con libertad responsable y a convertirse en don para los demás.

Como conclusión, el documento de la Comisión Teológica Internacional destaca que  la humanidad no necesita un “salto evolutivo” que rebase su condición, sino una relación que la salve, la haga habitable y la eleve.

Frente a las utopías transhumanistas y posthumanistas del perfeccionamiento ilimitado o narrativas de sustitución de lo humano, la Comisión propone una síntesis “integral” que conserve las tensiones constitutivas de la experiencia – cuerpo y espíritu, varón y mujer, individuo y comunidad, finitud e infinito- sin negarlas, y las oriente hacia una plenitud que, en clave cristiana, se realiza en Cristo.

En un mundo donde el poder tecnológico tiende a concentrarse, el texto advierte que las consecuencias más graves recaerán primero en los últimos, en los empobrecidos, por lo que llama a orientar cualquier desarrollo hacia la dignidad de todos, la justicia y el bien común.

Se propone en el documento profundizar entre la relación antropológica, la reflexión teológica y la comprensión de los avances producidos por las tecnologías emergentes, tratando de comprender con mayor precisión las dinámicas reales que están transformando nuestra forma de conocer, decidir y relacionarnos.

La cuestión no se refiere tan solo a lo que las máquinas pueden hacer, sino también a lo que estamos dispuestos a delegarles de nuestros procesos cognitivos.

La Comisión concluye de este modo afirmando que solo así será posible ofrecer pistas de discernimiento capaces de acompañar verdaderamente al ser humano en la era de la revolución biotecnológica y la irrupción de la inteligencia artificial.

VIII. LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL. Algunos peligros a evitar en relación a la IA según León XIV.

El mensaje pronunciado el 24 de enero de 2026 para la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el Papa León XIV lo quiso dedicar al tema “custodiar voces y rostros humanos”, en esta época de la inteligencia artificial.

En el discurso ante los profesionales de la comunicación el Papa advirtió sobre algunos riesgos y peligros que debemos evitar en esta etapa de la revolución digital, y estableció algunas pautas de discernimiento aplicables a la utilización de la inteligencia artificial.

Uno de los peligros sobre el que nos advierte el Papa León XIV  es el de la suplantación del rostro y de la voz humana, efecto que puede llevarnos a una grave despersonalización.

“El rostro y la voz son rasgos únicos, distintivos, de cada persona; manifiestan su propia identidad irrepetible y son el elemento constitutivo de todo encuentro” dijo el Papa. “ El rostro y la voz son sagrados. Nos han sido dados por Dios, que nos ha creado a su imagen y semejanza, llamándonos a la vida por la Palabra que Él mismo nos ha dirigido”.

Rostro y voz (Fotografías: David Molina)

“No somos una especie hecha de algoritmos bioquímicos definidos de antemano”, dijo el Papa. “Cada uno de nosotros tiene una vocación insustituible e inimitable que surge de la vida y que se manifiesta precisamente en la comunicación con los demás”.

La tecnología digital, prosigue León XIV en su mensaje, “cuando se falla en su cuidado, se corre el riesgo de modificar radicalmente alguno de los pilares de la civilización humana, que a veces damos por descontado. Simulando voces y rostros humanos, sabiduría y conocimiento, conciencia y responsabilidad, empatía y amistad, los sistemas conocidos como inteligencia artificial no solo interfieren en los ecosistemas informativos, sino que también invaden el nivel más profundo de la comunicación, el de la relación entre las personas”.

De este modo, el desafío que identifica el Papa, no es tecnológico sino antropológico. La persona es una unidad corporal y espiritual. El alma o espíritu se asoma en el rostro y en la voz.  El rostro y la voz son los umbrales de la persona. Custodiar los rostros y las voces significa, en última instancia, cuidarnos a nosotros mismos ante el riesgo de suplantación del rostro y la voz.

Acoger con valentía, determinación y discernimiento las oportunidades que ofrece la tecnología digital y la inteligencia artificial no significa ocultar para nosotros mismos los puntos críticos, las opacidades y los riesgos.

Un segundo peligro sobre el que nos advierte el Papa León XIV se centra en la tentación de renunciar al pensamiento crítico ante los algoritmos manipuladores.

Desde hace tiempo existen múltiples pruebas de que algoritmos proyectados para maximizar la implicación en las redes sociales, premian emociones rápidas y penalizan en cambio expresiones humanas que necesitan tiempo, como el esfuerzo por comprender y la reflexión.  Encerrando grupos de personas en burbujas de fácil consenso y fácil indignación, estos algoritmos debilitan la capacidad de escucha y de pensamiento crítico y aumentan la polarización social.

Un tercer peligro resulta ser la confianza acrítica e ingenua en la inteligencia artificial como “amiga” omnisciente, dispensadora de toda información , archivo de toda memoria, “oráculo” de todo consejo. Todo esto puede desgastar aún más nuestra capacidad de pensar de modo analítico y creativo, de comprender los significados, de distinguir entre sintaxis y semántica.

La cuestión que nos importa, dijo el Papa en su discurso, no es en lo que logra o logrará hacer la máquina, sino qué podemos o podremos hacer nosotros, creciendo en humanidad y conocimiento, con un sabio uso de instrumentos tan poderosos a nuestro servicio.

Un cuarto peligro se relaciona con la extensión de los influencers digitales. A medida que nos desplazamos por nuestros flujos de información (feeds), cada vez es más difícil saber si estamos interactuando con otros seres humanos o con “bots” o “influencers” virtuales. Las intervenciones opacas de estos agentes automatizados influyen en los debates públicos y en las decisiones de las personas.

Las tecnologías que se aprovechan de nuestra necesidad de relacionarnos no solo puede tener consecuencias dolorosas para el destino de las personas, sin que también pueden dañar el tejido social, cultural y político de las sociedades.

Otro desafío que plantean estos sistemas emergentes es el de la parcialidad que lleva a adquirir y transmitir una percepción alterada de la realidad. Los modelos de IA están moldeados por la visión del mundo de quienes los construyen, y a su vez, pueden imponer formas de pensar que replican los estereotipos y prejuicios presentes en los datos de los que se nutren. La falta de transparencia en el diseño de los algoritmos, junto con la representación social inadecuada de los datos, tiende a mantenernos atrapados en redes que manipulan nuestros pensamientos y perpetúan y profundizan las desigualdades y las injusticias sociales existentes.

El sexto peligro que denuncia el Papa en su mensaje a la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones es el de la falta de precisión. Los sistemas que hacen pasar una probabilidad estadística por conocimientos nos ofrecen, en realidad, como mucho, aproximaciones a la verdad, que a veces son autenticas “alucinaciones”. La falta de verificación de las fuentes, puede favorecer un terreno aún más fértil para la desinformación, provocando una creciente sensación de desconfianza, desconcierto e inseguridad.

Y es que las nuevas tecnologías son un buen siervo pero un malísimo señor.

Frente a todos estos riesgos, el Papa propone aprender a “navegar bien” y a establecer una alianza entre todas las partes implicadas fundamentada en tres pilares:

  • La responsabilidad, que se traduce en honestidad, transparencia, valentía, capacidad de visión, deber de compartir conocimientos, derecho a estar informado, etc. Nadie puede eludir su responsabilidad ante el futuro que estamos construyendo.
  • La cooperación, extendida a todos los sectores implicados ya que ninguno de ellos puede afrontar por sí solo el desafío de guiar la innovación digital y la forma de gobernar la IA. Es necesario crear mecanismos de protección.
  • La educación, para construir y hacer efectiva una ciudadanía digital consciente y responsable. A esto debe contribuir la educación: a aumentar nuestras capacidades personales de reflexión crítica, evaluar la credibilidad de las fuentes y los posibles intereses que están detrás de la selección de información que nos llega; comprender los mecanismos psicológicos que se activan ante ello; a permitir a las familias, comunidades y asociaciones elaborar criterios prácticos para una cultura de la comunicación sana y responsable.

León XIV termina su mensaje con una llamada a que el rostro y la voz vuelvan a expresar a la persona. La del Papa es una voz que nos invita a custodiar a la persona humana en tiempos de la revolución biodigital y de desarrollo de la inteligencia artificial.  Por este motivo, el Papa dedica a este tema su primera encíclica Magnífica humanitas  que abordaremos en la segunda parte de este artículo.

Barcelona 25 de mayo de 2026

Imagen del Papa León XIV (Imagen: internet)

“NO RENUNCIES A TU PROPIO PENSAMIENTO” (Papa León XIV).

VIDEO: Ponencia de Albert Cortina titulada “Propuestas de la Doctrina Social de la Iglesia  ante la revolución biodigital”.  Encuentro on line organizado por Profesionales por el bien común PBC (16.05.26).

Albert Cortina

Albert Cortina es abogado y urbanista. Director del Estudio DTUM, impulsa un humanismo avanzado para una sociedad donde las biotecnologías exponenciales estén al servicio de las personas y de la vida. Promueve la integración entre ciencia, ética y espiritualidad. Actualmente focaliza su atención en la preservación de la naturaleza y condición humana desde una antropología adecuada que priorice el desarrollo integral de la persona. Cree en unos principios basados en una ética universal que tenga su fundamento en la ley natural y en la espiritualidad del corazón. Desde su vocación profesional gestiona ideas, valores y proyectos a favor del bien común.