19 febrero, 2026

Síguenos en

Papa León XIV exhorta al clero de Roma: «Reaviven el don de Dios y vuelvan a anunciar el Evangelio con urgencia»

En su primer encuentro cuaresmal con los sacerdotes de la Diócesis de Roma, el Pontífice insta a superar la fatiga pastoral, priorizar el anuncio del Evangelio, fomentar la comunión entre parroquias y acompañar de cerca a los jóvenes en una ciudad marcada por la secularización y la movilidad

Papa León XIV exhorta al clero de Roma: «Reaviven el don de Dios y vuelvan a anunciar el Evangelio con urgencia»

Con calidez y franqueza, el Papa León XIV se dirigió esta mañana a cientos de sacerdotes de la Diócesis de Roma reunidos en la Aula Pablo VI, en el primer jueves de Cuaresma. El encuentro se convirtió en un momento de aliento y desafío pastoral: «Si es verdad que estamos al inicio de este camino cuaresmal, esto no es un acto de penitencia: ¡es, al menos para mí, una gran alegría!», afirmó el Pontífice, generando sonrisas y aplausos entre los presentes.

El discurso giró en torno a la exhortación de san Pablo a Timoteo: «Te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti» (2 Tm 1,6). León XIV evocó la imagen de la brasa oculta bajo la ceniza y recordó palabras del Papa Francisco: «sugiere la imagen de quien sopla sobre el fuego para reavivar la llama». Reconoció que el fuego de la fe permanece encendido en la tradición y en la historia de la Iglesia romana, pero que su vitalidad debe ser alimentada constantemente ante los rápidos cambios culturales, el peso de la rutina y la creciente distancia de muchas personas respecto a la práctica religiosa.

El Papa centró su mensaje en tres prioridades concretas para la pastoral diocesana:

En primer lugar, la pastoral parroquial ordinaria y la necesidad urgente de volver al anuncio del Evangelio. Expresó gratitud por el servicio callado y sacrificado de los párrocos —retomando palabras de Francisco en una Misa Crismal de 2023— y señaló que el modelo tradicional, centrado en la administración de sacramentos, presuponía una transmisión de la fe desde el entorno familiar y social que hoy está muy debilitado. «Parte de nuestra gente bautizada no experimenta su pertenencia a la Iglesia», citó de Evangelii gaudium. Por eso, es prioritario «volver a anunciar el Evangelio», revisar los itinerarios de iniciación cristiana y buscar nuevas formas de transmitir la fe que involucren de manera diferente a niños, jóvenes y familias, superando los ritmos escolares tradicionales.

En segundo lugar, trabajar en comunión. En una Roma caracterizada por la movilidad, los estilos de vida fragmentados y las relaciones que superan los límites territoriales, «la sola parroquia no es suficiente». El Pontífice invitó a superar la tentación de la autoreferencialidad, a colaborar entre parroquias cercanas, a compartir carismas y recursos, y a coordinar iniciativas para evitar el agotamiento y la dispersión. Este trabajo conjunto no es solo organizativo, sino expresión viva de la comunión entre los presbíteros.

Por último, la cercanía a los jóvenes. Muchos de ellos «viven sin referencia alguna a Dios y a la Iglesia», afirmó el Papa. Pidió escuchar su malestar existencial, su desorientación, las dificultades vinculadas al mundo virtual y los episodios de agresividad. Sin ofrecer soluciones mágicas, instó a estar presentes, acogerlos y dialogar con escuelas, instituciones educativas y especialistas para acompañar a los adolescentes y jóvenes.

Un mensaje especial dirigió a los sacerdotes más jóvenes, a menudo agotados por un contexto poco gratificante: «No tengan miedo de confrontarse, también sobre sus cansancios y crisis». Exhortó a todos a vivir la fraternidad presbiteral, a sostenerse mutuamente y a perseverar en la fidelidad diaria al Señor, incluso cuando los frutos del apostolado no se vean de inmediato.

Al concluir, León XIV reafirmó que el compromiso principal es ser «pastores según el corazón de Dios» al servicio de la Diócesis de Roma, custodiando y haciendo crecer la vocación en un camino compartido de conversión y fidelidad renovada. Este primer discurso cuaresmal del Pontífice —el primer americano en la historia de la Iglesia, elegido en mayo de 2025— marca un estilo pastoral realista, directo y lleno de esperanza, llamando al clero romano a reavivar con creatividad y en comunión la misión evangelizadora en una ciudad en constante cambio.

Texto completo:

ENCUENTRO CON EL CLERO DE LA DIÓCESIS DE ROMA DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

Aula Pablo VI Jueves, 19 de febrero de 2026


En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La paz sea con vosotros.

[Saludo del Cardenal Vicario]

Queridos hermanos:

Os saludo con gran alegría y os doy las gracias por estar aquí esta mañana. Agradezco al Cardenal Vicario las palabras que me ha dirigido y saludo cordialmente a todos vosotros: a los miembros del Consejo episcopal, a los párrocos, a todos los presbíteros presentes. Y digo: si es verdad que estamos al comienzo de este camino cuaresmal, esto no es un acto de penitencia: ¡es, al menos para mí, una gran alegría! ¡Y lo digo sinceramente!

Al inicio del año pastoral nos dejamos inspirar por lo que Jesús dice a la mujer samaritana junto al pozo de Jacob: «Si conocieras el don de Dios» (Jn 4,10).

El don, como sabemos, es también una invitación a vivir una responsabilidad creativa. No somos solamente insertados en el río de la tradición como ejecutores pasivos de una pastoral ya definida, sino que, al contrario, con nuestra creatividad y nuestros carismas, estamos llamados a colaborar con la obra de Dios. A este respecto, son iluminadoras las palabras que el apóstol Pablo dirige a Timoteo: «Te recuerdo que avives el don de Dios que hay en ti» (2 Tm 1,6). Estas palabras van dirigidas, además de al individuo, también a la comunidad, y hoy podemos sentirlas dirigidas a nosotros: ¡Iglesia de Roma, recuerda avivar el don de Dios!

¿Qué significa avivar? Pablo dirige esta exhortación a una comunidad que de algún modo ha perdido la frescura de los orígenes y el impulso pastoral; con el cambio del contexto y el paso del tiempo, se percibe cierta fatiga, alguna decepción o frustración, cierto decaimiento espiritual y moral. Y entonces el Apóstol dice a Timoteo y a aquella comunidad: recuerda avivar el don que has recibido. Este verbo usado por Pablo —avivar— evoca la imagen de las brasas bajo la ceniza y, como dijo el Papa Francisco, «sugiere la imagen de quien sopla sobre el fuego para avivar la llama» (Catequesis, 30 de octubre de 2024).

También para el camino pastoral de nuestra Diócesis podemos decir: el fuego está encendido, pero siempre hay que volver a avivarlo.

El fuego encendido es el don irrevocable que el Señor nos ha dado, es el Espíritu que ha trazado el camino de nuestra Iglesia, la historia y la tradición que hemos recibido y cuanto, de modo ordinario, llevamos adelante en nuestras comunidades. Al mismo tiempo, debemos admitir con humildad que la llama de este fuego no conserva siempre la misma vitalidad y necesita ser reavivada. Acuciados por los rápidos cambios culturales y por los escenarios en los que se desarrolla nuestra misión, a veces asaltados por la fatiga y el peso de la rutina, o desanimados por el creciente desinterés hacia la fe y la práctica religiosa, sentimos la necesidad de que este fuego sea alimentado y avivado.

Esto vale en particular para algunos ámbitos de la vida pastoral, a los que quisiera aludir brevemente.

El primero se refiere ciertamente a la pastoral ordinaria de las parroquias. Y aquí, ante todo, quisiera compartir con vosotros un pensamiento de gratitud, recordando las palabras que el Papa Francisco os dirigió en una de las últimas Misas Crismales: «Gracias por vuestro servicio; gracias por tanto bien escondido que hacéis […]; gracias por vuestro ministerio, que a menudo se desarrolla entre tantas fatigas, incomprensiones y pocos reconocimientos» (Homilía en la Misa del Crisma, 6 de abril de 2023). Las fatigas y las incomprensiones, sin embargo, también pueden ser ocasión de reflexión sobre los desafíos pastorales que hay que afrontar. En particular, respecto a la relación entre iniciación cristiana y evangelización, necesitamos un claro cambio de rumbo; de hecho, la pastoral ordinaria está estructurada según un modelo clásico que se preocupa ante todo de garantizar la administración de los Sacramentos, pero tal modelo presupone que la fe se transmite de algún modo también por el entorno circundante, por la sociedad y por el ambiente familiar. En realidad, los cambios culturales y antropológicos ocurridos en las últimas décadas nos dicen que ya no es así; al contrario, asistimos a una creciente erosión de la práctica religiosa.

Es urgente, por tanto, volver a anunciar el Evangelio: esta es la prioridad. Con humildad, pero también sin dejarnos desanimar, debemos reconocer que «parte de nuestra gente bautizada no experimenta su pertenencia a la Iglesia», y esto nos invita a vigilar también sobre una «sacramentalización sin otras formas de evangelización» (Evangelii gaudium, 63). Recordemos las preguntas del apóstol Pablo: «¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar? ¿Cómo oirán hablar sin alguien que lo anuncie?» (Rm 10,14).

Como todas las grandes aglomeraciones urbanas, la ciudad de Roma está marcada por la permanente movilidad, por una nueva forma de habitar el territorio y de vivir el tiempo, por tejidos relacionales y familiares cada vez más plurales y a veces desgarrados. Por eso, es necesario que la pastoral parroquial vuelva a poner en el centro el anuncio, para buscar vías y modos que ayuden a las personas a entrar nuevamente en contacto con la promesa de Jesús. En este contexto, la iniciación cristiana, a menudo modulada según ritmos escolares, necesita ser revisada: hay que experimentar otras modalidades de transmisión de la fe también fuera de los caminos clásicos, para intentar involucrar de modo nuevo a los niños, a los jóvenes y a las familias.

Un segundo aspecto es este: aprender a trabajar juntos, en comunión. Para dar primacía a la evangelización en todas sus múltiples formas no podemos pensar ni actuar de modo solitario. En el pasado, la parroquia estaba ligada de forma más estable al territorio y a ella pertenecían todos los que allí habitaban; hoy, sin embargo, los modelos y estilos de vida han pasado de la estabilidad a la movilidad y muchas personas, además de por motivos laborales, se mueven por experiencias de diverso tipo, viviendo también las relaciones más allá de los confines territoriales y culturales de pertenencia. La sola parroquia no es suficiente para iniciar algún camino de evangelización capaz de alcanzar a quien no puede vivir una adecuada participación. En un territorio de grandes dimensiones como el romano, es necesario vencer la tentación de la autoreferencialidad, que genera sobreesfuerzo y dispersión, para trabajar cada vez más juntos, especialmente entre parroquias vecinas, poniendo en común los carismas y las potencialidades, programando juntos y evitando superponer iniciativas. Se necesita una mayor coordinación que, lejos de ser un expediente pastoral, pretende expresar nuestra comunión presbiteral.

Un último aspecto quisiera subrayar: la cercanía a los jóvenes. Muchos de ellos —lo sabemos— «viven sin ninguna referencia a Dios y a la Iglesia» (Discurso a los participantes en la sesión plenaria del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, 29 de enero de 2026). Se trata, por tanto, de captar y leer el profundo malestar existencial que los habita, su desorientación, sus múltiples dificultades, así como los fenómenos que los involucran en el mundo virtual y los síntomas de una preocupante agresividad, que a veces desemboca en violencia. Sé que conocéis esta realidad y os esforzáis por afrontarla. No tenemos soluciones fáciles que nos aseguren resultados inmediatos, pero, en la medida de lo posible, podemos permanecer a la escucha de los jóvenes, hacernos presentes, acogerlos, compartir un poco de su vida. Al mismo tiempo, dado que los problemas afectan diversas dimensiones de la vida, busquemos también, como parroquias, dialogar e interactuar con las instituciones presentes en el territorio, con la escuela, con los especialistas en el campo educativo y de las ciencias humanas y con cuantos tienen a corazón el destino y el futuro de nuestros chicos.

Y a propósito de la edad juvenil, quisiera dirigir una palabra de aliento a los sacerdotes más jóvenes —casi todos estáis aquí, ¿verdad?— que a menudo experimentan en su propia piel las potencialidades y las fatigas de su generación y de esta época. En un contexto social y eclesial más difícil y menos gratificante, se corre el riesgo de agotar rápidamente las propias energías, de acumular frustración y de caer en la soledad. Os exhorto a la fidelidad cotidiana en la relación con el Señor y a trabajar con entusiasmo aunque ahora no veáis los frutos del apostolado. Sobre todo os invito a no cerraros nunca en vosotros mismos: no tengáis miedo de confrontaros, también sobre vuestras fatigas y vuestras crisis, especialmente con los hermanos que consideréis que pueden ayudaros. A todos nosotros, obviamente, se nos pide una actitud de escucha y de atención, a través de la cual vivir concretamente la fraternidad presbiteral. Acompañémonos y sostengámonos mutuamente.

Queridísimos, estoy contento de haber vivido con vosotros este momento de compartir. Como he recordado recientemente, nuestro primer compromiso es «custodiar y hacer crecer la vocación en un constante camino de conversión y de renovada fidelidad, que nunca es un recorrido solo individual sino que nos compromete a cuidarnos unos a otros» (Carta ap. Una fidelidad que genera futuro, 13). De este modo, seremos pastores según el corazón de Dios y podremos servir lo mejor posible a nuestra diócesis de Roma.

¡Gracias!

Exaudi Redacción

¿Qué es Exaudi News? Exaudi News es un medio de comunicación católico internacional que informa, forma y transforma, diariamente en español, inglés e italiano. A través de noticias, artículos de análisis y transmisiones en directo de los eventos del Papa, Exaudi busca fortalecer la unidad de los cristianos y contribuir a la evangelización del mundo, siempre guiados por la doctrina social de la Iglesia. Trabajamos para acercar la verdad y los valores cristianos a cada rincón del planeta. ¡Ayúdanos a transformar el mundo con Exaudi! En Exaudi creemos que la evangelización y la información de calidad pueden cambiar vidas. Para continuar con nuestra misión y expandir nuestro alcance, necesitamos tu ayuda. Además, buscamos personas comprometidas que deseen unirse a nuestro equipo. Con tu apoyo, lograremos llegar a más personas, difundir el mensaje de Cristo y reforzar la unidad de los cristianos. ¿Te unes a nuestra misión? Para más información sobre cómo colaborar, visita Exaudi.org/es o contáctanos directamente: [email protected] Exaudi: Informa, forma y transforma.