07 junio, 2026

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El Papa León XIV: «La Iglesia, signo eficaz de unidad y reconciliación en un mundo fragmentado»

En la audiencia general del Miércoles de Ceniza, el Pontífice inicia el análisis de la Constitución 'Lumen Gentium' del Concilio Vaticano II, presentando la Iglesia como el "misterio hecho perceptible" y sacramento de salvación para toda la humanidad

El Papa León XIV: «La Iglesia, signo eficaz de unidad y reconciliación en un mundo fragmentado»

En una soleada Plaza de San Pedro, coincidiendo con el Miércoles de Ceniza que marca el inicio de la Cuaresma, el Papa León XIV impartió hoy su audiencia general semanal, continuando el ciclo de catequesis dedicado a los documentos del Concilio Vaticano II. Tras cinco reflexiones sobre la Constitución dogmática Dei Verbum (sobre la Revelación divina), el Santo Padre dedicó esta sesión a la primera catequesis sobre Lumen Gentium, la Constitución dogmática sobre la Iglesia, aprobada el 21 de noviembre de 1964.

Con el título “El misterio de la Iglesia, sacramento de la unión con Dios y de la unidad de todo el género humano”, el Papa reinterpretó el mensaje central del documento conciliar, enfatizando que la Iglesia no es una realidad oscura o incomprensible, sino la manifestación visible del plan de Dios para la humanidad.

León XIV explicó que el Concilio adoptó el término “misterio” de las Cartas de San Pablo, especialmente la Carta a los Efesios, para describir el origen de la Iglesia. “No significa algo oculto o enigmático, sino una realidad que antes estaba escondida y ahora ha sido revelada”, afirmó. Este misterio es el designio divino de “unificar a todas las criaturas gracias a la acción reconciliadora de Jesucristo, realizada en su muerte en la cruz”.

En un mundo marcado por la fragmentación y las divisiones —donde “la condición de la humanidad es una frantumación que los seres humanos no son capaces de reparar por sí solos”—, la Iglesia se presenta como expresión concreta de este plan: une a las personas con Dios y entre sí mediante la acción de Cristo. “La Iglesia es el misterio hecho perceptible”, subrayó el Pontífice, citando que se experimenta especialmente en la asamblea litúrgica, donde “las diversidades se relativizan” y lo que prevalece es “encontrarse juntos porque nos atrae el Amor de Cristo, que ha derribado el muro de separación entre personas y grupos sociales” (cf. Ef 2,14).

El Papa recordó las palabras clave de Lumen Gentium: “La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano”. No es solo un signo que hace visible el plan de Dios en la historia, sino también un instrumento mediante el cual Dios involucra a las personas en su obra salvífica. Citando el número 48 del documento conciliar, destacó que Cristo resucitado, enviando el Espíritu Santo, constituyó a la Iglesia como “sacramento universal de salvación”, actuando continuamente para conducir a los hombres hacia ella, unirlos más estrechamente a sí mismo y hacerlos partícipes de su vida gloriosa “alimentándolos con su cuerpo y sangre”.

En este contexto de humanidad dividida, la Iglesia —como cuerpo de Cristo resucitado y único pueblo de Dios peregrino en la historia— se erige como “presencia santificadora” y “signo eficaz de unidad y reconciliación entre los pueblos”. El Papa invitó a los fieles a agradecer la pertenencia a esta comunidad eclesial y a vivirla como respuesta al amor reconciliador de Cristo.

La audiencia, que atrajo a miles de peregrinos pese al inicio de la Cuaresma, concluyó con la tradicional bendición apostólica y saludos en varios idiomas. Esta catequesis marca el comienzo de un profundo recorrido por Lumen Gentium, que promete iluminar el rol de la Iglesia en el mundo contemporáneo como faro de esperanza y unidad en medio de las fracturas humanas.

Texto completo de la audiencia:

LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles, 18 de febrero de 2026

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Catequesis – Los Documentos del Concilio Vaticano II – I. Constitución dogmática Lumen gentium 1. El misterio de la Iglesia, sacramento de la Unión con Dios y de la unidad de todo el género humano

Queridos hermanos y hermanas, buenos días y bienvenidos.

El Concilio Vaticano II, a cuyos documentos estamos dedicando las catequesis, cuando quiso describir la Iglesia se preocupó, ante todo, de explicar de dónde proviene su origen. Para hacerlo, en la Constitución dogmática Lumen gentium, aprobada el 21de noviembre de 1964, tomó de las Cartas de San Pablo el término “misterio”. Eligiendo este vocablo no quiso decir que la Iglesia es algo oscuro o incomprensible, como a veces comúnmente se piensa cuando se escucha pronunciar la palabra “misterio”. Exactamente lo contrario: de hecho, cuando San Pablo utiliza, sobre todo en la Carta a los Efesios, esta palabra quiere indicar una realidad que antes estaba escondida y que ahora ha sido revelada.

Se trata del plan de Dios que tiene un objetivo: unificar a todas las criaturas gracias a la acción reconciliadora de Jesucristo, acción que se llevó a cabo en su muerte en la cruz. Esto se experimenta ante todo en la asamblea reunida para la celebración litúrgica: allí las diversidades se relativizan, lo que cuenta es encontrarse juntos porque nos atrae el Amor de Cristo, que ha derribado el muro de separación entre personas y grupos sociales (cf. Ef 2,14). Para San Pablo el misterio es la manifestación de lo que Dios ha querido realizar para la entera humanidad y se da a conocer en experiencias locales, que gradualmente se dilatan hasta incluir a todos los seres humanos e incluso al cosmos.

La condición de la humanidad es una fragmentación que los seres humanos no son capaces de reparar, aunque la tensión hacia la unidad habite en sus corazones. En esa condición se inscribe la acción de Jesucristo, que, mediante el Espíritu Santo, venció a las fuerzas de la división y al Divisor mismo. Encontrarse juntos celebrando, habiendo creído en el anuncio del Evangelio, y vivido como atracción ejercitada por la cruz de Cristo, que es la manifestación suprema del amor de Dios; y sentirse convocados juntos por Dios: por eso se usa el término ekklesía, es decir, asamblea de personas que reconocen haber sido convocadas. Así pues, hay una cierta coincidencia entre este misterio y la Iglesia: la Iglesia es el misterio hecho perceptible.

Esta convocatoria, precisamente porque es realizada por Dios, no puede, sin embargo, limitarse a un grupo de personas, sino que está destinada a convertirse en experiencia de todos los seres humanos. Por eso, el Concilio Vaticano II, al inicio de la Constitución Lumen gentium, afirma así: «La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (n. 1). Con el uso del término “sacramento” y la consiguiente explicación, se quiere indicar que la Iglesia es en la historia de la humanidad expresión de lo que Dios quiere realizar; por lo que, al mirarla se capta en cierta medida el plan de Dios, el misterio: en este sentido la Iglesia es un signo. Además, al término “sacramento” se añade también el de “instrumento”, precisamente para indicar que la Iglesia es un signo activo. De hecho, cuando Dios obra en la historia, involucra en su actividad a las personas que son destinatarias de su acción. Es mediante la Iglesia que Dios alcanza su objetivo de unir en sí mismo a las personas y de reunirlas entre ellas.

La unión con Dios encuentra su reflejo en la unión de las personas humanas. Es esta la experiencia de la salvación. No es casualidad que en la Constitución Lumen gentium en el capítulo VII, dedicado al carácter escatológico de la Iglesia peregrina, en el n. 48, se utiliza de nuevo la descripción de la Iglesia como sacramento, con la especificación “de salvación”: «Porque Cristo – dice el Concilio –  levantado sobre la tierra, atrajo hacia sí a todos (cf. Jn 12, 32 gr.); habiendo resucitado de entre los muertos (Rm 6, 9), envió sobre los discípulos a su Espíritu vivificador, y por El hizo a su Cuerpo, que es la Iglesia, sacramento universal de salvación; estando sentado a la derecha del Padre, actúa sin cesar en el mundo para conducir a los hombres a la Iglesia y, por medio de ella, unirlos a sí más estrechamente y para hacerlos partícipes de su vida gloriosa alimentándolos con su cuerpo y sangre».

Este texto permite comprender la relación entre la acción unificadora de la Pascua de Jesús, que es misterio de pasión, muerte y resurrección, y la identidad de la Iglesia. Al mismo tiempo, nos hace sentir agradecidos por pertenecer a la Iglesia, cuerpo de Cristo resucitado y único pueblo de Dios peregrino en la historia, que vive como presencia santificadora en medio de una humanidad todavía fragmentada, como signo eficaz de unidad y reconciliación entre los pueblos.
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Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Hoy, Miércoles de Ceniza, comenzamos la Cuaresma, tiempo de gracia y conversión. Pidamos al Señor que disponga nuestros corazones para escuchar y hacer vida su Palabra, ayunando de gestos y comentarios que hieran a los demás y nos alejen de su Corazón misericordioso. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.
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Resumen leído por el Santo padre en español

Queridos hermanos y hermanas:

En esta catequesis reflexionamos sobre la Constitución dogmática Lumen gentium, dedicada a la Iglesia. Al comienzo de este documento conciliar se afirma que «la Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (n. 1).

Esto significa que la Iglesia es sacramento, en cuanto expresión que manifiesta el plan de Dios en la historia de la humanidad, y es instrumento, es decir, realiza su misión de manera activa, impulsada por el Espíritu Santo.

En el capítulo dedicado a la índole escatológica, la Constitución afirma que la Iglesia es «sacramento universal de salvación» (n. 48). Esto permite comprender el nexo entre Cristo Salvador y la Iglesia, ya que Él sigue actuando en ella por obra del Espíritu Santo, uniendo a sus miembros y haciéndolos partícipes de su vida gloriosa por medio de la Eucaristía.

Exaudi Redacción

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