No dejes que la luz de Cristo se quede en el cajón
Por qué tu cirio pascual merece un lugar especial
El padre Ángel Espinosa de los Monteros nos invita a reflexionar sobre la importancia de mantener viva la llama de la fe durante todo el año, rescatando un símbolo litúrgico que a menudo olvidamos tras la Vigilia Pascual.
Es común que, tras la alegría de la Vigilia Pascual y la celebración de la Resurrección, el cirio pascual termine siendo relegado a un rincón olvidado de la cocina, conviviendo con utensilios domésticos. Sin embargo, este objeto no es una decoración temporal; es un recordatorio constante de que Cristo es la luz del mundo y que esa presencia no debe limitarse a una fecha en el calendario.
El padre Ángel nos propone un sencillo ejercicio de piedad: crear un pequeño oratorio en casa. No requiere grandes inversiones económicas, solo una mesita, un crucifijo, una imagen de la Virgen y la Biblia. Es allí donde el cirio debe cobrar protagonismo, convirtiéndose en el compañero silencioso de nuestra meditación diaria.
¿Qué significa realmente ese cirio que tenemos en casa?
Para comprender por qué debería estar encendido cada día, el sacerdote desglosa la profunda simbología que lo compone:
- La Luz: Representa a Cristo resucitado que ilumina al mundo. Encenderlo durante la lectura del Evangelio es invocar su presencia, como la columna de fuego que guiaba a Israel.
- La Llama: Simboliza la vida nueva y la resurrección.
- La Cruz y los Clavos: Nos recuerdan el sacrificio de amor y las cinco llagas, esas marcas que Cristo quiso mantener incluso después de su gloria.
- El Fuego: Es esperanza, salvación y amor, una realidad que debemos mantener encendida en nuestra vida cotidiana.
- El Alfa y la Omega: Nos señalan que Cristo es el principio y el fin de todo, nuestro eterno compañero.
- El Año: El «2026» grabado en el cirio es un recordatorio de que Dios está presente hoy, en este preciso momento de la historia.
- El Cordero: La conexión definitiva entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, el cordero que quita el pecado del mundo.
Como bien dice el padre Ángel, el objetivo es terminar el año con un cirio derretido, usado y desgastado por la oración. Un cirio que no se consume es un cirio que no ha cumplido su misión.
No compres la luz para mantenerla oculta. Integra este símbolo en tu vida, haz espacio para él en tu hogar y permite que, en los próximos 365 días, la luz de Cristo ilumine no solo tu oratorio, sino cada una de tus acciones. Hagamos todo el bien que podamos, manteniendo la llama encendida.

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