Navidad, del clan a la fraternidad
De la endogamia tribal a la fraternidad sin muros
El ser humano, desde los inicios, vive agrupado, urgido por el instinto de protección. El clan surge para garantizar la supervivencia. Comparte orígenes. Vinculados entre sí por la percepción de ser descendiente de un ancestro común.
Se podría afirmar que Jesús nace en al clan de los descendientes de David. Es el Mesías esperado por el pueblo de Israel, aunque rompe el cerco de clan exclusivo del pueblo judío, para llegar a la humanidad entera. Así lo narra Mateo, en su nacimiento, con la apertura a todas las naciones, representada en los Magos de Oriente.
El clan tiene clara la frontera entre los de dentro y los de fuera. Varios clanes configuraran una tribu. Comparten lengua, cultura, incluso moralidad. Habrá claves de interpretación de la realidad, que sólo serán para la tribu.
De alguna manera, toda institución, en cuanto que rígida en sus estructuras, obedece a la filosofía del clan, que renuncia a la libertad de ser individual, para apuntalar la estructura y los postulados que garantizan la supervivencia.
Jesús chocará frontalmente contra la cultura de clan de los fariseos, o los saduceos que defienden a capa y espada su estructura.
La libertad y el amor en Jesús, como atributos del Padre, no se pueden cortar por las normas que no contemplan la persona en sus necesidades.
Jesús universaliza las relaciones a través del amor. Los ritos de la tribu, como el ayuno, el reposo del sábado, los alimentos, la impureza, son superados por el amor.
La familia viene a ser el primer clan en el que nos movemos. A menudo surgen los conflictos entre ser y conservar, entre carisma y estructura. Pero la familia se transforma. Vendría a ser un clan dinámico, en cuanto que integra nuevos miembros y éstos portan su idiosincrasia. Opta constantemente entre ser un clan o una fraternidad.
Si se blinda toda entrada a lo que viene de fuera, los clanes se vuelven endogámicos y como la misma genética nos ilustra, las deficiencias y enfermedades se reproducen y multiplican cuando no hay renovación. El factor nuevo fortalece la salud. Una familia abierta, lejos diluirse, se refuerza. Una familia que se vuelve clan se extingue a la larga por falta de fecundidad.
A nivel celular, aunque no sea lo mismo, también sabemos que las células se reproducen por escisión. Si no hay ruptura no hay vida: “si el grano de trigo no muere, no da fruto” . Jn,12-24.
Una familia crece en el equilibrio si a la vez combina lo novedoso con la estable. Si está abierta a al futuro y conserva como bien preciado la tradición.
La familia integra y protege a sus miembros. El clan ejerce el poder para defender su existencia. Cuando éste se ve amenazado refuerza sus fronteras hacia dentro exigiendo cohesión y hacia afuera atacando a los supuestos intrusos.
El clericalismo puede ser una imagen de clan. La sinodalidad participa del espíritu de familia, es fraternal.
La sinodalidad y el clericalismo son conceptos clave en la vida de la Iglesia. La sinodalidad implica una Iglesia en la que todos los bautizados participan activamente en la vida eclesial, a través del discernimiento comunitario, la corresponsabilidad y la escucha mutua. El clericalismo, por otro lado, es una cultura que promueve el abuso de poder, la verticalidad en las relaciones y la exclusión del laicado. El papa Francisco denunció el clericalismo como una perversión del sacerdocio y nos dejó la sinodalidad como una respuesta a este problema. La sinodalidad busca una Iglesia que discierne en común, donde todos escuchan y aprenden unos de otros y que promueve la participación efectiva del laicado, incluida las mujeres, en espacios de decisión.
La iglesia ha dado carpetazo al diaconado femenino, prescindiendo de su histórica existencia. Para muchos, el clan es más importante que la fraternidad. El miedo genera búsqueda de seguridades.
El papa León dijo a los participantes del encuentro para la fraternidad el 12 y 13 de noviembre de este mismo año:
Hermano, hermana, ¿dónde estás entre los migrantes despreciados, encarcelados y rechazados, entre aquellos que buscan salvación y esperanza y solo encuentran muros e indiferencia? ¿Dónde estás, hermano, cuando los pobres son culpados por su pobreza, olvidados y descartados, en un mundo que prioriza las ganancias sobre las personas? Hermano, hermana, ¿dónde estás en una vida hiperconectada donde la soledad corroe los lazos sociales y nos hace extraños incluso a nosotros mismos?
La respuesta no puede ser silenciosa: hay que trazar una nueva “dirección de vida” que genere crecimiento y desarrollo.
Jesús nace en un clan, pero viene a formar la gran familia humana. Morirá como rey de los judíos, pero condenado por aquellos que veían en sus acciones una amenaza para el clan excluyente del judaísmo.
Estos días he vivido una anécdota que motiva este artículo cerca de la Navidad. Se ha celebrado el treinta aniversario del Centro Sara, un recurso para enfermos de VIH, sin hogar, creado al inicio de la epidemia. Una casa cural, deshabitada se habilitó para ser hogar de los enfermos más marginados, en nuestra sociedad occidental.
Lleva el nombre de Sara, aludiendo a la esposa de Abraham. Las olimpiadas del 92 dejaron como recuerdo de la celebración, el Centro de espiritualidad Abraham, que más tarde se convirtió en Parroquia. Espectacular en su diseño y dimensiones.
Nos pareció que Abraham debía complementarse con un proyecto social. Por eso al crear la casa de acogida se pensó en ese nombre. Y por supuesto, reivindicando el valor femenino. Las mujeres, grandes cuidadoras y a menudo marginadas también.
La noticia de la apertura del centro causó tal revuelo en el vecindario, que se sucedieron varios episodios de violencia dignos de ser olvidados.
Más de treinta años después los miedos, en aquel entonces amenazas se han disipado. Los miedos referentes a la salud comunitaria, como el contagio, se entiende que fueran admisibles, ante la poca información que tenía la población. Pero el más pelegrino y jocoso fue el de la depreciación de la vivienda. Era la repercusión económica en el vecindario. Sin ser un barrio céntrico, su tranquilidad, es valorada, siendo el precio de la vivienda por encima de la media de la ciudad.
Se defendía el clan que se veía amenazado por unos intrusos peligrosos. Los enfermos de VIH del mismo barrio, que vivían en domicilios propios, no ponían en peligro la salubridad de la zona. Alguno de ellos también protestaba contra el proyecto. El clan era tan fuerte que el VIH solo era terrorífico cuando venía de fuera.
Centenares de vecinos y todos los feligreses de la parroquia se unieron para atacar el proyecto. Eso dejó heridas. Un hecho como este pone en tensión la vivencia del evangelio.
El aniversario, apenas congregó un centenar de personas. El número por sí solo ya nos indica que el bien que se ha hecho en esa casa de acogida no merece tanta atención, cómo los inicios.
Al llegar al lugar de la celebración que era mismo que el de la primera asamblea, de hace más de treinta años, es decir la iglesia parroquial, uno se extrañaba de que las puertas del templo, para esta ocasión. estuvieran cerradas a cal y canto. Parece ser que no se autorizaba el acto dentro, por no ser un acto religioso. Todos iban comentando en voz baja la sorpresa de tener que celebrar el acto al aire libre.
Tampoco se permitía estacionar en el perímetro empedrado en el que dejan sus vehículos los feligreses del domingo. Hacía frío y humedad, aunque quizás se toleraba mejor al aire libre que en el templo que es de piedra. Pero sí que se echaba en falta el estar abierto. En este templo estuvo de visita la madre Teresa de Calcuta y tienen una reliquia expuesta de la santa. Además, una iglesia abierta invita a la oración.
Los parlamentos eran loas a la labor realizada. Las autoridades se vieron obligadas a dirigir unas palabras más o menos ingeniosas. Si detrás de ellas no hay acciones concretas suenan a vacío y a mofa de los pobres. Aparentemente los conflictos que provocó la apertura del Centro Sara parecieran haberse superado. Pero siguen los mismos problemas, que al inicio. Los pobres molestan. Se les acorrala privándoles de los espacios ilegales que usan como refugio. Seguimos sin dar respuesta con VIH o sin. La respuesta de clan, por parte del clero también sigue siendo la misma: no son de nuestro clan. Como mucho se les atiende en algunas necesidades, pero se les deja fuera de nuestro clan.
Mientras, iba pensando qué, aunque no fuera un acto litúrgico, se podía haber hecho una oración de acción de gracias por tanto vivido, iban saliendo a dar su testimonio, unos cuantos usuarios. Y entre ellos, una señora, elegante, ya mayor, con el pelo recogido, sonriente y agradecida. Explicó su estancia en la casa. Vino muy enferma de tuberculosis, tanto que durante semanas no sabía dónde estaba. La palabra acogida, familia se repetía como en los otros usuarios, pero ella alababa a Dios. Se había reencontrado con Él en la casa y gracias a los integrantes. Ahora hace ella de voluntaria, en otro lugar y transmitía una paz y alegría que pareciera que el Dios encerrado en la Iglesia hubiera salido al atrio. Por Navidad Jesús sale al encuentro puesto que nace en el lado de los que viven fuera. Sale del clan para ser fraternidad.

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