09 julio, 2026

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Monseñor Enrique Pélach, obispo y misionero en los Andes

Una vida entregada a los Andes: El legado de fe, vocaciones y caridad

Monseñor Enrique Pélach, obispo y misionero en los Andes

El 19 de julio se cumplen diecinueve años que el Señor se llevó a su presencia a Monseñor Enrique Pélach. Murió en loor de santidad en Abancay en el 2007, año en que cumplió sesenta y tres de sacerdote, cincuenta de ellos misionero en Perú, y tres días después de cumplir treinta y nueve de obispo en estos Andes. Después de velar sus restos mortales en la Catedral, la feligresía no permitió que fuese sepultado sin antes llevarlo a hombros en su féretro como homenaje por las principales calles de la ciudad. Después fue sepultado en el ángulo cripta de la catedral, donde muchas personas acuden a orar y pedir favores por su intercesión.

Había nacido en Anglés (Girona) el 3 de octubre del 1917, año de la revolución bolchevique en Rusia, pero también de la última aparición de la Virgen de Fátima con el famosísimo milagro del sol. De familia numerosa y muy cristiana. Tres hermanas religiosas (Franciscanas Misioneras de María), de las que la más joven, Madre Remei vive en Lima. Pronto sintió la vocación de sacerdote diocesano con ardor misionero. La guerra civil interrumpió sus estudios en el seminario. Hubo de participar en la guerra manejando un camión de avituallamiento. Al fin, fue ordenado sacerdote en 1944. Hizo estudios de Misionología en Roma -en donde trabó amistad con San Josemaría Escrivá-, trabajó como formador en el Seminario de Girona y dedicó mucho tiempo a la atención espiritual y material de los sacerdotes.

Con la licencia de su obispo -Monseñor Cartañá- se trasladó voluntariamente a la recién creada prelatura de Yauyos, en Perú, confiada por la Santa Sede al cuidado del Opus Dei y cuyo primer prelado fue don Ignacio María de Orbegozo. Era la más pobre de las prelaturas recién creadas, comprendía dos provincias con alturas entre los 3.000 y los 4000 mm.s.n.m. y estaban muy abandonadas en todos los aspectos. Cinco sacerdotes con el prelado. Enrique, con cuarenta años, era el mayor. Allí realizó su labor misionera. En los primeros cinco años llevó un diario en que anotaba la labor realizada: misas, bautismos, confesiones, matrimonios… y también las horas a caballo. En cinco años registró hasta 8.000 horas a caballo visitando los poblados. A los diez años fue nombrado obispo de Abancay por el Papa San Pablo VI.

La diócesis de Abancay – sufragánea de Cusco- comprende cuatro provincias de sierra entre 2.500 y 3.500 mm.s.n.m. Llevaba diez años creada y le esperaba una labor ingente que asumió con mucha fe y entusiasmo. El clero que había era escaso: algunos sacerdotes ancianos y media docena de la Sociedad de Santiago Apóstol, creada en Boston. Poco a poco consiguió sacerdotes españoles. Todos voluntarios con permiso de su respectivo obispo (Girona, Solsona, Logroño, Sigüenza- Guadalajara, Soria, Lugo, Tuy.Vigo, Orense…)

Su primera pasión era contar con sacerdotes nativos. Había que formarlos desde niños. Nadie en Abancay sabía lo que era un seminario. Pero puso manos a la obra y comenzó una academia con un rector y dos niños. San Josemaría Escrivá le animó: “Tendrás sacerdotes para tu diócesis y para otras.”. La profecía se hizo realidad: construido el Seminario -con ayuda de Girona y de Alemania-, fueron viniendo las vocaciones. Varios obispos y arzobispos enviaron también sus candidatos. A partir del año 1983 comenzaron las ordenaciones. Hoy día el clero es nativo y varias jurisdicciones eclesiásticas del Perú cuentan con más de una docena de sacerdotes formados en Abancay. A algunos los envió a Roma o a Navarra para adquirir licenciaturas y dar continuidad al Seminario. De igual modo, promovió muchas vocaciones de religiosas que trabajan en la diócesis y han fundado o apoyado conventos en Perú, España o Colombia…

La segunda pasión fue difundir la buena doctrina: En colaboración con un obispo alemán -Monseñor Künnel – editó un catecismo del que se hicieron muchas ediciones y se vendió en el país y fuera de él, con traducciones al quechua, al portugués y al japonés. Editó miles de ejemplares de Guía Cristiana difundidos también en varios países. Y no faltó un devocionario castellano-quechua -Rezar y Cantar-con siete ediciones hasta hoy.

La tercera pasión fueron las obras sociales -de caridad cristiana-: Cáritas de Abancay, un Centro Médico – que comenzó para leprosos y enfermedades infecciosas-y hoy es el Hospital Santa Teresa, el Asilo de Ancianos, otros dispensarios médicos, hogares para estudiantes provenientes del medio rural, comedores populares…

Hay que destacar también su faceta de constructor. Él mismo hacía los planos que firmaba un arquitecto colegiado, y comandaba una pequeña compañía de obreros muy eficaces. Reformó la catedral, construyó nos ochenta templos o capillas, el centro médico, asilo de ancianos, los seminarios mayor y menor, casas de retiros, convictorio sacerdotal, postas médicas, algunos conventos…

Los medios: una profunda vida interior, saber pedir con gran confianza en le Divina Providencia y emplear muy bien los recursos. Era de una gran austeridad. Vivió muy pobremente con otros seis sacerdotes en un obispado de adobe con techo de calamina. Para sí no quería nada. El nuevo lo construyó su sucesor. Vivió ya quince años emérito y siguió en Abancay trabajando siempre en lo espiritual y en lo material mientras pudo. Sus últimos meses y su enfermedad y muerte fueron, como su vida, un ejemplo de entereza y reciedumbre: un in crescendo de fe, esperanza y amor.

Son muchos los que en Perú, en su Girona natal y otras partes piden el proceso de beatificación y canonización. La estampa para la devoción privada destaca su fe y ardor misionero, su entrega al ministerio, a la promoción de vocaciones y al cuidado de pobres y enfermos, y pide al Señor “amarlo también con obras y trabajar por el bien espiritual y material de mis hermanos” y, por su intercesión, el favor que se quiere obtener.

Monseñor Gilberto Gómez González

Monseñor Gilberto Gómez González, nacido el 12 de febrero de 1952 en Albeos, Creciente (Pontevedra, España), realizó sus estudios de secundaria, filosofía y teología en el Seminario de Tui–Vigo, siendo ordenado sacerdote el 14 de septiembre de 1975. Entre 1975 y 1985 ejerció como vicerrector del Seminario Menor de Tui–Vigo; en 1986 se incorporó a la diócesis de Abancay (Perú) mediante la Obra para la Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana, donde desempeñó roles como rector del Seminario Menor «San Francisco Solano» (1986–1992), párroco de Tamburco, vicerrector y posteriormente rector del Seminario Mayor «Nuestra Señora de Cocharcas», además de capellán del Monasterio de Carmelitas y miembro del Consejo Presbiteral. El 22 de diciembre de 2001 fue nombrado por Juan Pablo II obispo titular de Mozotcori y auxiliar de Abancay, recibiendo la ordenación episcopal el 16 de marzo de 2002; el 20 de junio de 2009 Benedicto XVI lo designó obispo de Abancay, diócesis que asumió el 8 de agosto de ese año y que continúa liderando en la actualidad, siendo también miembro de la Comisión Episcopal de Vocaciones y Ministerios de la Conferencia Episcopal Peruana y autor del libro de poesía mística Vía Lucis (2005), galardonado con el XXIV Premio Mundial Fernando Rielo.