Mi primo Cristóbal, el cardenal, con los pies de barro
Sobre la vulnerabilidad humana, el celibato y las expectativas depositadas en la jerarquía eclesiástica
Saldrá a la prensa la noticia de que el Cardenal Cristóbal López Romero, ha sido acusado de mantener relaciones inadecuadas con mujeres adultas.
La figura de un papable, con tantas simpatías, se derrumba. El nunca se hizo llamar monseñor, ni nada por el estilo. Siente el dolor que puede causar a mucha gente, pero personalmente, me dice que se vive el duelo anticipadamente, de los cargos y el rango que tenía hasta ahora.
Le he recordado a nuestras madres, cuando la mía, viuda, entró en relaciones con un señor, también viudo, Su mamá como hermana mayor le dijo que eso era pecado, a lo que la mía le respondió que pecado era hacer daño a alguien y que ellos no hacían daño a nadie. Debo decir que gracias a mis presiones se casaron, aunque el matrimonio de deshizo pronto. Los deberes para con los hijos u nietos lo hacían difícil.
Nos encontramos de nuevo, con el dilema de porqué las personas buenas hacen cosas malas. Tal como escribí en su día, comentando el caso del fundador de los Traperos de Emaús, un personaje nacional condecorado con la Legión de Honor Francesa.
Ni él, ni servidor, ni la familia, vamos a pretender ocultad la verdad. Hay lo que hay. No es ni el primero ni el último, que flaquea en el sexto mandamiento.
A la familia nos hubiera dolido que lo implicaran en alguna trama económica, de poder, o peor aún, no le hubiéramos perdonado, el cometer algún delito con menores.
Pero el verlo despojado de su rango y vestiduras, para él no es ningún trauma, puesto que ha vivido siempre como si no las tuviera. Ahora estará más cerca de los que viven en situación irregular que son muchos.
Tiene edad de jubilado y fuerzas para trabajar, puesto que la pensión que cobra es pequeña.
Cuando se sepa cómo ha ido todo, podremos saber que quizás haya habido intereses en silenciar su doctrina. La mejor manera de hacerlo es desacreditarlo. Está por ver.
Personalmente, todavía encontraba compañeros en el sacerdocio que se sorprendían de mi parentesco con él. Ahora creo que lo sabrán todos. Las malas noticias tienen más fuerza que las buenas.
He visto en Cristóbal que la misma conmiseración que ha tenido con otros, no la está teniendo consigo mismo. Lo único que siente es el daño que pueda causar a la Iglesia.
Esto, debería abrir un debate sobre el celibato. Y más aún sobre las relaciones personales de los consagrados. El sacrificio, la donación de sí mismo, la austeridad, el vivir el Evangelio con naturalidad, el ser próximo y voz de los débiles, van a ser dinamitados por un asunto de faldas.
Quizás se había deificado una persona y nos equivocamos. Ahora, algunos pretenden conseguir demonizarla, quizás también se equivoquen.
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