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Alfons Gea

14 octubre, 2025

8 min

Mi hijo se ha hecho cristiano

Cuando los hijos regresan a la fe: testimonios de conversión en tiempos de secularización

Mi hijo se ha hecho cristiano

Varios amigos entrados en la tercera edad, con hijos más allá de la treintena me confiesan entre asombrados e incrédulos que sus retoños se han bautizado en la iglesia católica. Y no solamente la cosa queda ahí, sino que los que viven en pareja también han pedido el sacramento del matrimonio y todos participan de la misa dominical e incluso, cuando pueden diaria.

Los padres no se han movido de su agnosticismo militante, ni tampoco ha habido un “misionero” al que deban su conversión.

De hecho, casos parecidos se acercan a la iglesia pidiendo incorporarse a algún grupo, o previamente pidiendo formación, o información sobre la iglesia, los sacramentos o la biblia.

Algunos han recibido formación religiosa en su periodo escolar, otros vienen con la información que han recabado por internet. Todo ello con total desconocimiento por parte de los progenitores. Por así decirlo, como si de algo subversivo se tratara. Los padres, en dos de los casos, supieron de la noticia de la conversión de sus hijos cuando fueron invitados directamente a la fiesta de los sacramentos de la Iniciación cristiana: Bautizo-Confirmación-Eucaristía.

Amigo de los padres por cuestiones no relacionadas con la Iglesia, sabiendo yo de su distancia ideológica con los cristianos, me confiesan que no se explican cómo ha podido darse este fenómeno.  Casi avergonzados por la opción de sus hijos, pero a la vez, ante la evidencia de un comportamiento más lúcido, ordenado y reconciliador, reconocen que la validez de algo que ellos aún no viven. El seguimiento de Jesús y su evangelio ha sido para estos hijos una mejora en la vida familiar y laboral.

En más de un caso, la trayectoria no se puede decir que haya sido de búsqueda de la fe, sino todo lo contrario. Tanto los escarceos con las sustancias nocivas, con las drogas, cómo las relaciones afectivas materializadas en una búsqueda de saciar el deseo, como también las incursiones en otras filosofías no religiosas, pero sí, espirituales, han ido a desembocar en el encuentro con la fe cristiana.

Como dijo Alberto a su mamá “lo tienes que entender, todo lo demás que había probado no me sirvió. Ningún psicólogo me ha llegado a comprender” Al poco de bautizarse, Alberto se casó. Su esposa pertenecía a otra religión y está haciendo su itinerario catequético de cara también a la incorporación a la Iglesia.

Luís asistió a la escuela católica, pero no llegó a hacer la Primera Comunión. Sus padres le matricularon en esa escuela por la calidad de la enseñanza, pero no por la educación religiosa propiamente. Tuvo un accidente de circulación, produciéndole una invalidez no reconocida hasta pasados tres años. Eso le agrió el carácter y se tradujo en una violencia hacia su entorno. Su padre, que era quizás, el miembro de la familia que más se le acercaba, murió también. Me comentaba que tuvo que llegar al límite para darse cuenta que por el solo no saldría adelante. Soledad, sufrimiento físico, muerte. Todo ello le llevó a tocar de pies en el suelo. La realidad era la que era, no la que reclamaba que fuere. Comenzó a recordar conceptos aprendidos en la escuela, que tenía archivados en la memoria, pero a los nunca les dio entrada. Fua capaz de liberarse de los prejuicios contra la fe, que implícitamente había vivido. Le ayudó en esta experiencia su mascota. A veces los animales nos ayudan a que los sentimientos fluyan. Y en el fondo anhelaba el encuentro con el Eterno.

Vino a la parroquia pidiendo para hacer la primera comunión. Pera retomar la fe. Hicimos catequesis breve, para preparar-se. Pero el cambio transformación llegó con la confesión y con el cambio de estrategias para con los demás. Se trataba de deshacer enemigos.

Otro caso, el de Oliver, se puede resumir que también hubo una búsqueda de saciar deseos, hasta el límite de perjudicarse. Y deseando cambiar de vida se interesó por la Biblia. En los encuentros se respondieron las cuestiones que planteaba. Pasó de la curiosidad intelectual, a la iluminación de la fe. Su pareja, con la que tiene proyectado casarse no da crédito a este cambio a mejor. Ella es creyente. Como Oliver dice:  ahora hablamos el mismo lenguaje.

Los tres encontraron una iglesia. Que les acogió y condujo hacia la plena comunión. Los tres, junto con otros que también se incorporaron a la comunidad de mayores, participan asiduamente de la Eucaristía.

Gracias a tanta gente que se congrega cada día y cada semana, es posible mantener templos que acogen.

En general, los “nuevos” tienen una piedad grande. Sus devociones, a la Virgen Maira principalmente, alimentan una espiritualidad sencilla que fortalece la fe.

Hay muchos más. Parece ser un fenómeno de nuestros días, en países de antigua tradición cristiana, pero de secularización muy grande.

Estos jóvenes tienen unas características comunes, lo cual no quiere decir que sean en todos los casos así. La primera es el ambiente familiar, aunque alejado de la iglesia, respetuoso con toda posición religiosa o política. La respuesta a la vocación que reciben de ser cristianos se da en un ambiente abierto.

De ahí que aunque muchos lamenten que la sociedad no sea católica, la lucha no es por que la práctica religiosa sea hegemónica en todo el mundo, sino por que la sociedad se den el clima de respeto hacia todas las creencias incluso a la ausencia de ellas.

En ese empeño común de libertad los católicos podemos y debemos defender lo mismo que los otros.

A veces se dan manifestaciones radicales en los cuales para defender el catolicismo se protesta contra otras religiones que practican conciudadanos de otras latitudes. La respuesta en contra de esas religiones no deja de ser un fanatismo en contra de la libertad religiosa. Aspecto este que nuestros catecúmenos han tenido para optar por ser cristianos.

El otro punto importante para que los nuevos cristianos hayan podido encontrar en la iglesia un hogar donde tiene cabida su forma de ser ha sido precisamente también la apertura de la comunidad cristiana que no está delimitada por unas barreras de religiosidad sectarias en la que para ser cristiano hay que responder a un molde concreto de personalidad, de pensamiento y de forma de vida.

El transitar de un ambiente de libertad que se puede vivir en el hogar a una comunidad que es iglesia que vive en comunión la diversidad, no ha sido para ellos un romper con su manera dialogante de entender el mundo. El ser cristiano no corta las alas sino que nos abre un espacio más grande para volar.

Recientemente el papa León XIV en el Ángelus del día 31 de Agosto comentando el Evangelio de Lucas exhorta a que la iglesia sea una casa en la que siempre se es bienvenido y donde los puestos no se conquistan. Nos dice el papa que la humildad es ser libre de uno mismo y nace cuando el Reino de Dios y su justicia se han convertido verdaderamente en nuestro interés y podemos permitirnos mirar lejos: no la punta de nuestros pies. El papa León nos invita a ser huéspedes cercanos como Jesús. Estos jóvenes encuentran en la iglesia esa cercanía donde se hace realidad que la comunidad no permanece ajena a su situación.

Resumiendo, además de la sociedad libre y no encorsetada en creencias rígidas y totalizantes, la comunidad cristiana también debiera de ser capaz de escuchar la historia y situación del que se acerca por primera vez, comprendiendo más que judgando y respondiendo desde la fe a esa necesidad que manifiesta el que se acerca buscando el agua viva.

Estar en una sociedad abierta y vivir la iglesia como una comunión es algo que requiere una fortaleza de fe que se sustenta en el Evangelio y no en seguridades mundanas e certezas ideológicas. Si bien el ser humano necesita seguridades para no sufrir la incertidumbre que supone el buscar aquí y ahora la voluntad de Dios esta búsqueda es lo que nos hace avanzar en el crecimiento humano y espiritual. La parábola del sembrador nos habla de la tierra que da fruto y no es precisamente aquella mas rígida, sino la que se mueve para dejarse enriquecer por minerales y sustancias. Todo un símbolo de la disponibilidad y la apertura hacia aquellos que buscan a Dios.

Estos jóvenes no solo vienen para quedarse sino también para renovar el aire pesimista que a veces gastamos cuando queremos conservar estructuras que nos dan apariencia pero no contenido.

Alfons Gea

Licenciado en Teología en Facultad de Teología de Barcelona (1988). Diplomado en Magisterio – profesor EGB. Universidad de Barcelona (1990). Licenciado en Psicopedagogia. Universidad Ramón Llull, (1994). Responsable del Servicio de Atención al Duelo de Funeraria Municipal de Terrassa (2001-2022). Terapeuta en Gabinete Gedi - Psicología aplicada (2022). Párroco de St. Viucente de Jonquereas, de Sabadell (2012). Articulista en revistas especializadas y prensa comarcal. Formador en atención al duelo de profesionales sanitarios y sociosanitarios: Trabajadoras sociales, psicólogas/os, médicas, enfermería, maestras (1995). Ha participado en varios programas de opinión y debate de televisiones y radios nacionales. Anteriormente ejerció como asistente espiritual de los hospitales en Terrassa: San Lázaro, Mutua, y Hospital de Terrassa (1997-2018. Fue párroco de la parroquia Virgen de Montserrat de Terrassa (1997-2013) y responsable de Formación de la Delegación de Pastoral de la Salud de la diócesis de Barcelona (1995-2005). Delegado episcopal de Pastoral de la salud de la diócesis de Terrassa (2005-2012). Coordinador de la Pastoral de la Salud de la Conferencia episcopal catalana. Maestro de EGB, Coordinador de secundaria, subdirector de escuela, jefe de gabinete psicopedagógico, fundador y director del Centro Sara – casa de acogida para enfermos de SIDA, educador en situaciones de riesgo social, Fundador del Taller Solidario – centro de inserción laboral.