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Análisis

27 septiembre, 2026

6 min

Los menores desplazados: Un aspecto no hablado del complejo fenómeno de la migración

Más allá de las historias de crisis: el duelo silencioso, la vulnerabilidad y el acompañamiento educativo a los niños y jóvenes que migran

Los menores desplazados: Un aspecto no hablado del complejo fenómeno de la migración

La situación de los migrantes es trágica y cruel. Sin embargo, en las narrativas sobre la crisis migratoria, el enfoque está puesto en las personas que dejaron sus países debido a los factores de expulsión, como la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades, así como a los factores de atracción, tales como el famoso “sueño americano”. Además, los medios de comunicación le ponen más énfasis a esas historias trágicas que experimentan las personas durante el tránsito migratorio. Y cierta y propiamente así debe de ser. Tenemos que dar luz a la realidad más cruel y dolorosa del fenómeno de la movilidad humana. No obstante, tenemos que contar también otras historias que muchas veces se quedan sin ser compartidas porque no son tan trágicas. Son las historias de los menores desplazados.

En su mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2026, “Incluso uno solo de estos pequeños (cf. Mt 18,10)”, el Papa León XIV señaló que “los menores son los más vulnerables dentro de los flujos migratorios mundiales. Son rostros concretos, historias únicas, que apelan a nuestra conciencia”. Sí, los que sufren y son más vulnerables a esta realidad son los menores desplazados. Por lo tanto, el Santo Padre nos anima como cristianos y personas de buena voluntad a conocer sus historias, sus miedos y sus sueños. Tal como nos dice el Sucesor de Pedro: “Incluso uno solo de estos pequeños nos llama, en nuestra vida personal, a abrir los ojos y el corazón para escuchar en profundidad su historia, sus miedos y sus sueños, superando esa indiferencia que reduce al ser humano a un dato estadístico que no nos afecta directamente.”

En este artículo quiero traer a colación a esos niños que, como yo, tuvimos la bendición de poder inmigrar sin una historia trágica, pero que también fuimos afectados por el duelo migratorio. Creo que muchos de esos niños y jóvenes no se sienten incluidos cuando se habla de la crisis migratoria, ya que, a nosotros, gracias a Dios, “no nos fue tan mal” como dicen por ahí. Y a pesar de que nuestra experiencia de migración no fue tan trágica, muchos que inmigramos de niños experimentamos el duelo migratorio años después, cuando ya somos adolescentes y/o adultos. Aun así, nuestros traumas y experiencias al inmigrar fueron reales y difíciles. 

Yo emigré de Puebla, México, a la edad de siete años. Al llegar a California, mi vida cambió por completo. Una nueva cultura, un nuevo idioma y un nuevo estilo de vida. Como cualquier familia inmigrante numerosa, todos vivíamos en un apartamento pequeño y nos movíamos a diferentes sitios siguiendo la temporada de la uva. Llegué a una escuela donde no tenían maestros que hablaban español y para mí eso era muy traumático porque no entendía nada. Solo me gustaba ir a la escuela los martes y jueves cuando llegaba el asistente de la maestra que sí hablaba español. 

Durante los cuatro años de high school, yo hice todo lo que me decían para poder ir a la universidad. En mi último año, estaba muy contenta porque una universidad de California me ofreció una beca completa; sin embargo, no la pude recibir por no tener papeles. Para mí eso fue devastador; nadie me dijo que debía tener papeles para poder recibir la beca e ir a la universidad. Todavía me acuerdo de que me dijeron: “Sí puedes ir a la universidad, pero tienes que pagar tú la matrícula”. Yo pensé: “Mis padres no ganan en un año lo que cuesta la matrícula de un año de la universidad. ¿Cómo se les ocurre que van a poder pagar cuatro años de universidad?” Y, a pesar de que sabía que mis papeles ya estaban en proceso, me tuve que perder esta y muchas otras oportunidades. Yo siempre estuve consciente de mi estatus migratorio. Sin embargo, hay muchos jóvenes que se enteran de esta realidad en el último año de la high school al llenar las aplicaciones para ir a la universidad. 

En el área del sistema escolar estas historias son más comunes de lo que uno piensa. Esas historias son trágicas y muy difíciles para esos jóvenes indocumentados. Son historias que no se cuentan y que a menudo se viven en silencio. Creo que, como en cualquier otra área, la importancia se le da a “la crisis”. Y como educadora y psicóloga lo veo muy seguido en el ámbito educativo y en las ayudas psicológicas que se ofrecen en las escuelas. Si alguien busca ayuda, pero no tiene una crisis, no se le brinda algún tipo de apoyo. 

La pregunta es: ¿qué podemos hacer ante esta realidad? Quizás podemos comenzar por practicar una pastoral de la escucha: una pastoral cercana y presencial, dispuesta a caminar con los niños y jóvenes indocumentados; una pastoral acogedora, capaz de abrazar sus historias, sus miedos y sus sueños. Necesitamos aprender a acompañarlos y a recibirlos con dignidad, sin juzgarlos ni hacerlos sentir menos. Ellos también han experimentado las pérdidas, los duelos y las rupturas propias de la migración. Su estatus migratorio no define su valor ni disminuye su dignidad. 

Con la ayuda de Dios, de mi familia y de tantas personas que encontré a lo largo del camino, pude honrar el sacrificio de mis padres al graduarme como doctora en educación. A veces me resulta increíble pensar que aquella niña de siete años que cruzó la frontera sin papeles y que, años más tarde, trabajaba de sol a sol en los campos de California cortando uvas, hoy es doctora en educación y dedica su vida a acompañar y apoyar a la comunidad inmigrante, especialmente a los menores desplazados. 

Imagen: Cortesía de Senorina S. Saldivar (día de su graduación como doctora en educación)

La doctora Senorina S. Saldivar se desempeña como consejera/profesora en el departamento de consejería en el College of the Desert en California. Ella obtuvo un título de asociado en psicología del College of the Desert, una licenciatura en psicología de la California State University-San Bernardino, una maestría en psicología de Chapman University y un doctorado en educación en liderazgo organizacional de la University of Massachusetts Global. Hace once años empezó su formación teológica y obtuvo una certificación en cuidado pastoral. Actualmente está cursando su segundo año de la maestría bilingüe en Estudios Pastorales en el Instituto de Estudios Pastorales en la Universidad de Loyola Chicago.   

Exaudi Redacción

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