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Isabel Orellana

Análisis

04 noviembre, 2025

9 min

“Los domingos” en clave autobiográfica: Yo tenía 17 años…

Con 55 años de consagración hablo al film “Los domingos”: “A los 17, como Ainara, Cristo me llamó y no hubo terror, solo amor”

“Los domingos” en clave autobiográfica: Yo tenía 17 años…

Mucho se escribe en estos días sobre el laureado film “Los domingos”, de la cineasta Alauda Ruiz de Azúa, que con razón viene siendo aclamada por la crítica, y que se ha aventurado a tratar un tema que en esta época histórica parece, como poco, un hecho vital sobre el que habría que pasar de puntillas porque puede herir ciertas sensibilidades.

Sin entrar en aspectos técnicos de los que se ocupan los críticos cinematográficos profesionales, aunque otros no lo sean tanto, ni entrar en disquisiciones profundas sobre los personajes, quiero salir al paso de consideraciones que, desde mi punto de vista, a veces se realizan a vuela pluma, entrando en el ámbito de la opinión, que es muy respetable por supuesto, pero no de la experiencia vivencial. Ahí justamente, y perdónenme, creo que me avala mi propia vida, que no habrá sido distinta de la de otras personas que, como yo, fueron llamadas por Cristo a la edad de 17 años, justamente los que tiene Ainara, la protagonista, y el haber cumplido hace unos días 55 años de mi consagración religiosa como misionera idente.

Entiendo que lo que voy a decir no tiene por qué suscitar interés alguno; cada persona tiene su propia biografía, jalonada de luces y de sombras. No soy una excepción. Pero, aunque sea políticamente incorrecta en algún momento, voy a manifestarme al respecto.

Primero.

Debo decir que el tsunami que provoca en algunas familias —puede que la mayoría, pero no en todas— la noticia de la elección de la vida consagrada de un hijo o de una hija bien sea como sacerdote o para integrarse en cualquier realidad eclesial, es un hecho que se ha dado en todas las épocas de la historia. Muchos canonizados, hombres, mujeres y jóvenes, tuvieron que enfrentarse a sus padres para seguir en pos de la llamada de Cristo. (Quienes siguen el santoral que Exaudi publica a diario pueden constatarlo). Y no digamos de los no canonizados que son más numerosos. La cineasta ha elegido esta perspectiva doliente, pero hay otras. Cierto que socialmente, y dado que de esto no se habla tanto o apenas se dice nada, puede dar la impresión de que el silencio encubre esta realidad, la que muestra la película. No es así. Volveré sobre este asunto más adelante en el punto sexto.

Segundo.

Siempre me ha parecido sorprendente que la familia no ponga tanto énfasis en la disuasión cuando se elige otra forma de vida, aunque por desgracia en algunos casos termine resultando harto dolorosa para todos. No hay que hacer esfuerzo alguno para entender a qué me refiero. Está tan cerca que nos quema. Y así, por el hecho de que fracase un matrimonio o una pareja, en virtud de que exista una violencia manifiesta o velada, no es frecuente que los progenitores planteen un férreo veto a la decisión que sus hijos plantean, anticipándose a pensar que si eligen ese proyecto vital serán desgraciados. Lo mismo debería suceder en la elección religiosa.

Mis padres, y particularmente mi madre, tuvo que enfrentarse no pocas veces a comentarios improcedentes de personas conocidas haciendo notar la lástima que sentiría porque “siendo (yo) tan linda” había elegido ser misionera. Comentarios que también me generaban alta contrariedad máxime cuando no es lo que suscita la persona casada o emparejada, y además no cabía en mí de gozo por seguir a Cristo.

Tercero.

No es cierto, como he leído en algunas críticas, que la educación religiosa ejerce una funesta influencia en jóvenes “inmaduros”. Me gustaría recordar que este concepto de madurez es poliédrico. Se puede ser maduro en un sentido y no en otro de los tantos vértices que tiene la existencia. Tampoco se puede medir por edades precisamente, ya que se aprecia una rotunda madurez en jóvenes siendo casi imperceptible en adultos. Por otro lado, sabemos que hay personas que se formaron en centros católicos y después han huido de todo elemento eclesial; han sido los más feroces detractores. Por el contrario, muchos llegaron a la experiencia religiosa desde un profundo alejamiento de la fe por razones familiares, personales y también educacionales.

En algún momento hay un tono en cierto modo capcioso en la película, pero que es acorde a estos tiempos en los que se ha vulnerado gravemente la seguridad de los menores. En ese contexto se alude a la irresponsabilidad que existe cuando se deja que un menor hable con un adulto. Habría que precisar con qué persona, el lugar y modo. No podemos caer en el extremismo. Prudencia sí, pero no infundada desconfianza.

Cuarto.

Como se hace notar en el film la fe es un don. Y como tal dádiva es una gracia. Cuando se experimenta de verdad no hay quien la derroque. Ni presiones familiares ni las múltiples consideraciones del cercano entorno. Y esa llamada interior no está restringida a una franja de edad determinada. Niños, jóvenes, adultos, ancianos pueden recibirla. Al fin y al cabo, en el Evangelio queda claro que la santidad es una llamada universal para toda la Humanidad.

Habría mucho que decir respecto a la negativa que se da a esta invitación personal que hace Cristo tanto en aquello que la provoca como en las consecuencias que tiene, porque las hay.

Quinto.

Las emociones, las responsabilidades familiares como hacer frente al cuidado de otros miembros, o el desengaño en las relaciones amorosas no influye en la decisión de elegir la vida religiosa. No existe el binomio causa-efecto. Alguien, como Ainara, como se ha presupuesto en alguna crítica, no dirigiría sus ojos a la consagración en su forma más estricta: la del claustro, porque es huérfana de madre o porque ha sufrido el desaire de su primer amor. Ni tampoco se habría desentendido por ello del cuidado de sus hermanas. La aceptación a la elección de Cristo no funciona así. No es una huida de algo. No tiene peso alguno la razón, y la emoción, por sí misma, de no ser alimentada por la lectura de la Palabra, la Eucaristía y la oración, moriría. La donación en cualquier elección de la vida, para que se perpetúe en el tiempo, únicamente puede estar marcada por el amor, esto es, la vivencia de todas las virtudes en un camino de abnegación que no es más que generosa ofrenda. Y esto es así, se entienda o no. Aquí no caben las opiniones, únicamente la experiencia vivencial.

Que en la joven Ainara pudo existir insatisfacción ante un mundo que no ofrece modelos que inviten a profundizar en los valores universales, ¿por qué no? Que experimentó una hartura ante formas de vida que dejan el poso del vacío: el éxito, la búsqueda fácil del placer, la fama lograda con la acuciante exposición en redes sociales que tantas frustraciones provoca, nada tendría de extraño… Hago referencia a estas suposiciones porque hay espectadores que han elucubrado en esta línea. Desde luego los jóvenes de este tiempo en ese sentido no son diferentes a los del mío. Las desilusiones y fracasos temporales, los anhelos, los sueños, las ilusiones, los afanes por entregarse en cuerpo y alma a lo que verdaderamente llena son exactamente los mismos.

Sexto.

Sin duda, el entramado coral de vidas que envuelve a Ainara es una acertada metáfora de la sociedad contemporánea. Cada biografía individual se entrelaza en un mismo tejido mostrando sus particularidades y posturas diversas fruto de sus luchas interiores: el padre, la tía, la abuela…, tal como ha subrayado la crítica, y objetivo que se propuso la cineasta. En conjunto son ese ramillete de emociones que se confabulan para quebrar la voluntad de la joven. Proyectamos en los demás lo que somos. Nada nuevo bajo el sol.

Si la esperanza y la alegría que tantos familiares muestran ante la consagración de sus hijos (algo que existe en este tiempo) se hubiera mostrado en el film, puede que la obra de Alauda no hubiese tenido tanto recorrido. Los conflictos dan más juego, eso está claro. Pero entre el blanco y el negro siempre hay un punto intermedio. Y es conveniente tenerlo en cuenta por más que no estuviese entre los objetivos de la directora. Hay muchos casos —conozco unos cuantos— en los que padres que inicialmente se opusieron a una vocación, con el tiempo no sólo la acogieron con gozo, sino que hubiesen deseado esa opción para otros de sus hijos. Incluso fueron defensores de ella ante otros familiares que ponían en solfa la elección. Y, por descontado, los más fieles seguidores del carisma que forma parte de la vida de sus retoños.

Séptimo. Entre múltiples calificativos vertidos hacia la película se dice que es “terrorífica”. Y me pregunto, ¿qué terror puede haber en seguir al Amor con mayúsculas? ¿Por qué otras ideas alcanzan el status de aceptación masiva siendo en sí mismas dañinas y hasta destructivas? Siguiendo a Cristo, y vuelvo otra vez a mi vida, crecí no sólo biológicamente, sino también en los ámbitos espiritual, emocional, intelectual… Descubrí valores que ignoraba poseía. Por ejemplo: la escritura. Coseché frutos académicos, aprendí a compartir mi fe en estamentos académicos y en los espacios más desfavorecidos, supe lo que era la verdadera libertad y la responsabilidad que va unida a ella, el alcance de la fidelidad, la grandeza de lo que me rodea, el color de la gratuidad, la fortaleza que proporciona la comprensión y la ternura, el valor de la colegialidad y del respeto, la profundidad de una entrega espiritual, río de luz que busca su fuente en el corazón del Padre… ¿Qué hay aquí de terrorífico?

Ni en una realidad eclesial claustral, ni viviendo la fe en el mundo según sea el estado y la misión de cada uno, hay que pensar en secta. Lo sectario tiene su propia definición. El pensador Fernando Rielo lo sintetiza cuando habla de las ideologías que excluyen, reducen y fanatizan; este es el verdadero rostro de las sectas. Son a las que hay que temer.

Termino. Lo expuesto no son más que unas pinceladas para un film necesario que es de agradecer, y si ciertamente despierta la conciencia de unos y de otros, y, como se ve, suscita el debate, bienvenido sea.

Isabel Orellana

Isabel Orellana Vilches Misionera idente. Doctora en Filosofía por la Universidad Autónoma de Barcelona con la tesis Realismo y progreso científico en la epistemología popperiana. Ha cursado estudios de teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Con amplia actividad docente desde 1986, ha publicado libros como: Realismo y progreso científico en la epistemología popperiana, Universitat Autònoma de Barcelona, 1993; El evangelio habla a los jóvenes, Atenas, Madrid, 1997; Qué es... LA TOLERANCIA, Paulinas, Madrid, 1999; Pedagogía del dolor. Ensayo antropológico, Palabra, Madrid, 1999; En colaboración con Enrique Rivera de Ventosa (†) OFM. Cap. San Francisco de Asís y Fernando Rielo: Convergencias. Respuestas desde la fe a los interrogantes del hombre de hoy, Universidad Pontificia, Salamanca, 2001; La "mirada" del cine. Recursos didácticos del séptimo arte. Librería Cervantes, Salamanca, 2001; Paradojas de la convivencia, San Pablo, Madrid, 2002; En la Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador, ha publicado: La confianza. El arte de amar, 2002; Educar para la responsabilidad, 2003; Apuntes de ética en Karl R. Popper, 2003; De soledades y comunicación, 2005; Yo educo; tú respondes, 2008; Humanismo y fe en un crisol de culturas, 2008; Repensar lo cotidiano, 2008; Convivir: un constante desafío, 2009; La lógica del amor, 2010; El dolor del amor. Apuntes sobre la enfermedad y el dolor en relación con la virtud heroica, el martirio y la vida santa. Seminario Diocesano de Málaga, 2006 y Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador (2007). Cuenta con numerosas colaboraciones en obras colectivas, así como relatos, cuentos, fábula y novela juvenil, además de artículos de temática científica, pedagógica y espiritual, que viene publicando en distintas revistas nacionales e internacionales. En 2012 culminó el santoral Llamados a ser santos y poco más tarde Epopeyas de amor prologado por mons. Fernando Sebastián. Es la biógrafa oficial del fundador de su familia espiritual, autora de Fernando Rielo Pardal. Fundador de los Misioneros Identes, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2009. Culmina la biografía completa. Encargada del santoral de ZENIT desde 2012 a 2020 y ahora en Exaudi