07 mayo, 2026

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El tiempo: “Ilusión obstinada” para Einstein, “realidad en evolución” para George Ellis

Entre el universo bloque de Einstein y la realidad en evolución de George Ellis

El tiempo: “Ilusión obstinada” para Einstein, “realidad en evolución” para George Ellis

La amistad de Michele Besso y la “ilusión obstinadamente persistente”

Michele Besso fue el amigo más cercano de Albert Einstein desde sus años de estudiante en Zúrich. Compartieron intensas conversaciones en la Oficina de Patentes de Berna, mientras Einstein desarrollaba la Relatividad Especial. De hecho, el histórico artículo de 1905, Zur Elektrodynamik bewegter Körper, termina con un agradecimiento inusual en la literatura científica: «Deseo señalar que mi amigo y colega Michele Besso me ha prestado un servicio valioso con varias sugerencias».

Cuando Besso murió en Ginebra en marzo de 1955, un Einstein ya enfermo escribió a la familia una carta de condolencias que se ha vuelto célebre por una de sus frases: “Ahora él ha partido de este extraño mundo un poco antes que yo. Eso no significa nada. Las personas como nosotros, que creemos en la física, sabemos que la distinción entre pasado, presente y futuro no es más que una ilusión obstinadamente persistente”.[1]

Einstein moriría apenas un mes después, el 18 de abril de 1955. Con esa frase dejó planteado un debate que aún hoy recorre la física, la filosofía y la neurociencia.

El tiempo según Einstein: el universo bloque

La Relatividad Especial, especialmente a través de la relatividad de la simultaneidad, implica que no existe un “ahora” universal. De esta idea surge la concepción del universo bloque (block universe): un espacio-tiempo cuadridimensional estático en el que todos los eventos, pasado, presente y futuro, existen de manera permanente e igualitaria.

En esta visión, el tiempo no fluye; simplemente es. Todos los momentos coexisten en la estructura geométrica del espacio-tiempo. Bajo esta óptica, la muerte de Besso «no significaba nada» porque su vida seguía existiendo eternamente en alguna coordenada del bloque. Las leyes fundamentales de la física, desde Newton hasta la relatividad, son en gran medida simétricas respecto al tiempo (reversibles), lo que refuerza la idea de que el “flujo temporal” podría ser una mera construcción subjetiva.

Einstein mismo parecía aceptar que la experiencia humana del presente era una ilusión psicológica. Sin embargo, no se sentía plenamente cómodo con esta conclusión. Rudolf Carnap recoge en sus memorias una conversación reveladora: “Einstein afirmó que el problema del “ahora” le preocupaba profundamente. La experiencia del presente tiene un significado especial para el ser humano, pero esa diferencia no puede expresarse dentro de la física. Para Einstein, esta limitación era inevitable, pero también inquietante: la ciencia describe el mundo, pero no capta plenamente la experiencia del tiempo vivido.”[2]

La crítica al universo bloque

En las últimas décadas, esta interpretación ha sido fuertemente cuestionada. Filósofos como Tim Maudlin han señalado que llamar “estático” al universo bloque genera una contradicción: si nada cambia, ¿cómo es posible que experimentemos cambio? La causalidad y la explicación científica dependen de una dirección temporal real: los estados anteriores explican los posteriores, pero no al revés.[3]

Desde la física, Ilya Prigogine (Premio Nobel de Química 1977) criticó duramente la visión atemporal de Einstein. Las leyes clásicas y reversibles explican bien el movimiento de los planetas, pero fracasan ante los procesos irreversibles que dominan el mundo real: la conducción del calor, la difusión, la formación de vórtices o la evolución biológica.

Prigogine demostró, mediante la termodinámica del no-equilibrio, que lejos del equilibrio los sistemas pueden generar estructuras disipativas: orden y complejidad emergen gracias a la irreversibilidad. Para él, el tiempo no es una ilusión, sino un ingrediente fundamental de la realidad creativa.

George Ellis: el universo bloque en evolución

George Ellis, cosmólogo y físico sudafricano, ofrece una de las propuestas más consistentes para superar el bloque estático sin renunciar a la relatividad general.[4]

Ellis argumenta que en su nivel más básico la realidad se compone de interacciones cuánticas. En la mecánica cuántica, un sistema existe en una superposición de estados (muchas posibilidades) hasta que ocurre un proceso de medición o decoherencia. En ese instante, las múltiples opciones se “colapsan” en una sola realidad definitiva, un proceso intrínsecamente irreversible. Esta constante transformación de futuros inciertos en un pasado fijo e inmutable, es el paso del tiempo.

Defiende el modelo de universo bloque en evolución en el que el pasado existe de forma fija y tiene poder causal; el futuro aún no existe: es indeterminado y está cargado de posibilidades cuánticas; el presente es la frontera móvil del espacio-tiempo, donde la incertidumbre cuántica (superposición de estados) se convierte en realidad definida mediante procesos de decoherencia y medición.

Ellis integra además la causación top-down (de niveles superiores a inferiores) y la emergencia de complejidad, mostrando que el tiempo es necesario tanto para la física como para la biología.

La mente y el tiempo: el cerebro bayesiano

La física del universo y la biología de la mente convergen en el “ahora”. Ellis afirma que el presente es el lugar donde las posibilidades cuánticas se convierten en hechos fijos. Cada vez que el cerebro procesa un estímulo, está participando en el proceso físico de “construir” el pasado. Nuestra percepción del “ahora” es la experiencia subjetiva de ese proceso de fijación de la realidad. Sentimos que el tiempo fluye porque nuestra biología está físicamente presente en la “frontera” donde el espacio-tiempo se está fabricando.

Sabemos que existe un desfase sensorial debido a que la luz viaja más rápido que el sonido, y las señales táctiles que le llegan de los pies tardan más en llegar al cerebro que las de la nariz. Si el cerebro fuera un espejo pasivo, percibiríamos una realidad fragmentada y desincronizada. Por ello el cerebro retiene las señales más rápidas y espera a las más lentas para formar un evento único y simultáneo. Una ventana de integración que dura unos 80 a 100 milisegundos; el cerebro no procesa la realidad como un flujo continuo, sino en paquetes de tiempo.

En este proceso sensorial, no percibimos lo que acaba de suceder, ni siquiera lo que las señales sensoriales indican al respecto, sino lo que el cerebro concluye que es más probable que esté ocurriendo en ese preciso instante. Este funcionamiento, cercano a la inferencia estadística[5], ha dado lugar al concepto de “cerebro bayesiano”[6]. Es decir, el cerebro genera continuamente predicciones sobre el mundo, compara con los datos sensoriales y minimiza el error de predicción. Integrando de forma activa memoria (experiencia pasada), atención (información presente) y expectativa (predicciones futuras). Un proceso dinámico que genera la sensación de flujo temporal y de un “ahora” unificado.

Sorprende la cercanía de la neurociencia actual con el pensamiento de San Agustín de hace quince siglos, quien ya situaba el tiempo en la interioridad de la mente[7]. En las Confesiones, define el tiempo como distentio animi: una distensión del alma que une simultáneamente memoria del pasado, atención del presente y expectativa del futuro. El tiempo que experimentamos no es una mera apariencia, sino la forma en que un sistema predictivo consciente participa en la construcción continua de la realidad.[8]

Cómo entender el tiempo hoy

El universo bloque en evolución de George Ellis ofrece un marco donde convergen física cuántica, relatividad, termodinámica, biología y experiencia consciente.

En esta perspectiva, el tiempo no es ni una mera ilusión (como sugería Einstein) ni sólo una vivencia subjetiva. Es un proceso real que se manifiesta en múltiples niveles: en la decoherencia cuántica; en la irreversibilidad termodinámica; en la emergencia de estructuras complejas y la vida; en la dinámica predictiva de la mente.

En esta perspectiva, la intuición de Agustín de Hipona adquiere un nuevo sentido: el tiempo que experimentamos no es una mera apariencia, sino la expresión de un universo que, en lugar de estar dado de una vez, se está haciendo continuamente.

Manuel Ribes . Instituto Ciencias de la Vida . Observatorio de Bioética . Universidad Católica de Valencia

***

[1] Einstein, A. (1905), Zur Elektrodynamik bewegter Körper. Ann. Phys., 322: 891-921. https://doi.org/10.1002/andp.19053221004

[2] The philosophy of Rudolf Carnap EDITED BY PAUL ARTHUR SCHILPP NORTHWESTERN UNIVERSITY  LA SALLE, ILLINOIS Open Court Publishing Company 1963

[3] George Musser A Defense of the Reality of Time  Quanta Magazine May 16, 2017

[4] George F R Ellis On the Flow of Time arXiv:0812.0240v1 [gr-qc] 1 Dec 2008

[5] La inferencia bayesiana es un tipo de inferencia estadística en la que las evidencias u observaciones se emplean para actualizar o inferir la probabilidad de que una hipótesis pueda ser cierta.

[6] El término Cerebro bayesiano se ha consolidado a partir del artículo Knill, D. C., & Pouget, A. (2004). The Bayesian brain: The role of uncertainty in neural coding and computationTrends in Neurosciences, 27(12), 712–719.

[7] M.Ribes El tiempo… ¿lo llevamos dentro? OBSERVATORIO DE BIOETICA UCV 22 abril, 2022

[8] San Agustín Confesiones Editorial Gredos S.A. ISBN: 978-84-249-1505-6

Observatorio de Bioética UCV

El Observatorio de Bioética se encuentra dentro del Instituto Ciencias de la vida de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” . En el trasfondo de sus publicaciones, se defiende la vida humana desde la fecundación a la muerte natural y la dignidad de la persona, teniendo como objetivo aunar esfuerzos para difundir la cultura de la vida como la define la Evangelium Vitae.