26 agosto, 2026

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Lo indestructible cuando todo se derrumba

‘Rebuilding’

Lo indestructible cuando todo se derrumba

¿Qué permanece cuando una catástrofe destruye todo aquello sobre lo que construimos nuestra identidad? La película Rebuilding, del cineasta Max Walker-Silverman, convoca a una reflexión profunda sobre la pérdida y la resiliencia humana que emerge de la pregunta por el valor de lo imperecedero y la distinción entre reconstruir y recuperar.

El filme ambientado en el Oeste americano narra la historia de Dusty (Josh O’Connor), un vaquero cuyo rancho queda reducido a cenizas en un devastador incendio forestal. Esta propiedad simboliza el arraigo del protagonista a una herencia familiar y a una forma de vida en la que se refugia tras su divorcio de Ruby (Meghann Fahy) y el distanciamiento afectivo con su hija Calli-Rose (Lily La Torre). El desalojo forzoso obliga a Dusty a instalarse en un asentamiento de caravanas provisto por el Estado junto a otros damnificados que arrastran pérdidas materiales y humanas. Lo que comienza como una convivencia forzada por la catástrofe se transforma en una inesperada red de apoyo comunitario. La supervivencia se humaniza al compartir la comida, los recuerdos, los planes de la vida previos al fuego y las posibilidades de un futuro incierto. El dolor compartido transforma lentamente el interior de los personajes. Dusty descubre que todavía puede ser padre, amigo y vecino, que puede pertenecer a una comunidad, ayudar y recibir ayuda. La reconstrucción nace precisamente del descubrimiento de lo indestructible, del valor de lo imperecedero que pertenece a la dimensión más profunda de la persona y que el incendio no ha podido consumir.  

La película evita convertir la reconstrucción en un problema material. El verdadero proceso de Rebuilding no consiste en recuperar el rancho perdido que quizá nunca exista de nuevo como fue en el pasado. El metraje culmina demostrando que la verdadera restauración no se alimenta del anhelo nostálgico por lo que el fuego consumió, sino de una voluntad comunitaria que arranca de la aceptación del presente y se orienta hacia el porvenir. Es la fuerza colectiva la que disipa el aislamiento de Dusty y lo impulsa a comenzar de nuevo, un renacimiento que no busca replicar la antigua realidad, sino edificar, desde la esperanza compartida, una existencia distinta y, quizás, esencialmente mejor. La inmensidad del paisaje del Oeste americano y el individualismo rudo del vaquero solitario se subvierte en la película para transformarse en un escenario de apertura y vulnerabilidad compartida.  

La cinta evita el sentimentalismo fácil, no idealiza la desdicha ni cae en el reduccionismo de afirmar que todo sucede por una razón. Lejos de romantizar el dolor legítimo de quien ha sufrido una tragedia, el director del filme propone que el sufrimiento puede convertirse en un espacio de revelación existencial. En este sentido, la mirada del cineasta no pretende justificar la pérdida ni restarle su dolorosa crudeza, sino que se centra en el reconocimiento de que el valor intrínseco del ser humano es mucho más profundo y resistente que cualquier bien material que pueda serle arrebatado.  

Dilemas bioéticos actuales  

La película abre una ventana a profundos dilemas bioéticos y eco-éticos en torno a la gestión de la vulnerabilidad extrema y la justicia climática al situar el origen del conflicto en el trágico incendio forestal. En efecto, el director no aborda un accidente fortuito, sino las consecuencias tangibles de la crisis climática. En este sentido, surgen múltiples dilemas bioéticos como la responsabilidad intergeneracional y el impacto de la degradación ambiental en las poblaciones más expuestas y desfavorecidas. A este respecto, el planteamiento fílmico remite a que el cuidado de la vida humana es indisoluble del cuidado del entorno, transformando el campamento provisional de caravanas en un microcosmos donde se debate la supervivencia frente a un porvenir ecológicamente incierto.  

La respuesta institucional ante la catástrofe —el confinamiento en un asentamiento temporal— aborda una tensión ética fundamental: la reducción de la existencia a la mera supervivencia material frente al derecho a la salud comunitaria y relacional. El filme cuestiona silenciosamente los límites de la justicia distributiva, sugiriendo que la responsabilidad ética del Estado no se agota con el asistencialismo burocrático de proveer un refugio físico, sino que exige salvaguardar el tejido afectivo y social necesario para restaurar la dignidad y la autonomía de las personas vulnerables. 

Este proceso de reconstrucción íntima introduce, asimismo, dilemas bioéticos ligados a la ética del cuidado en situaciones traumáticas y desplazamientos forzosos. La convivencia en la precariedad del campamento también somete a examen los deberes de responsabilidad relacional entre los personajes. El distanciamiento previo entre Dusty y su hija Calli-Rose, agudizado por la pérdida de su entorno seguro, confronta al espectador con la bioética del entorno familiar. El bienestar no depende solo de la restitución de una infraestructura habitacional, sino de la capacidad comunitaria de sostener la vida y el infortunio desde la interdependencia afectiva. 

Con todo, el filme obliga a trazar las conexiones entre los planos socio-políticos y ecológicos y la dimensión puramente espiritual de la persona. Mientras que las instituciones gestionan lo material —a menudo desde una frialdad técnica y cuantitativa que no repara en la necesidad de arraigo personal—, la verdadera sanación humana ocurre en un plano metafísico superior. Es aquí donde resulta pertinente desplegar la dialéctica del filósofo Max Picard entre lo destruido y lo indestructible. El fuego ha consumido el rancho, el estatus y los bienes materiales, pero ha dejado intacta aquella dimensión nuclear del ser que es inmune a los infortunios materiales. Este núcleo espiritual se reactiva a través de lo indestructible: la dignidad, la comunión y apertura a los Otros, la memoria viva y la posibilidad de recomenzar.1 Aquello que es verdaderamente imperecedero y permite que el mundo siga en pie cuando todo se derrumba es la obligación eterna de amparar y reconocer al prójimo. 

Simone Weil se refería también a todo ello desde la solidaridad en la desdicha.2 La escenificación perfecta de la desgracia, en términos weilianos, está relacionada con un acontecimiento brutal que arrasa con el pasado, la identidad y la estabilidad de las personas. La pensadora francesa sostiene que la desgracia tiene una dimensión mistérica, refiriéndose a que en la conciencia de haber perdido todo bien y privada de fuerzas y recursos, la persona se abre a formas inesperadas de gratitud. En esta circunstancia, los afectos suspenden la vivencia de desgarramiento y de manera enigmática crean posibilidades gozosas de existencia junto a otros, a pesar de la precariedad material y la incertidumbre. En este punto confluye la tensión dialéctica entre restaurar y reconstruir. La tentación de la restauración nace de un intento estéril de aferrarse al pasado. Por el contrario, la verdadera reconstrucción, propiciada por la citada solidaridad en la desdicha, conduce al protagonista a fundar un nuevo comienzo luminoso, empático, noble y solidario que conmueve al espectador. La película es un bálsamo ante la falta de bondad y el individualismo imperantes. Dialoga en su atmósfera con obras como Nomadland (2020), de Chloé Zhao, o El poder del perro (2021), de Jane Campion, con claros guiños al wéstern fordiano Centauros del desierto (1956).  

Ficha técnica: 

Título original: Rebuilding 

Año: 2025 

Director: Max Walker-Silverman 

País: Estados Unidos 

Duración: 95 min. 

 

Amparo Aygües . Master Universitario en Bioética por la Universidad Católica de Valencia . Miembro del Observatorio de Bioética

***

1 Picard M. (2020) Mondo distrutto e mondo indistruttibile. (G. Picard & M. Stenico, Eds.).  Marietti 1820. Título original en alemán: Zerstörte und unzerstörbare Weltpublicado originalmente en 1951 

2 Weil, S. (2000). Escritos de Londres y últimas cartas. Trotta. También en Weil, S. (1996). Echar raícesTrotta.  

Observatorio de Bioética UCV

El Observatorio de Bioética se encuentra dentro del Instituto Ciencias de la vida de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” . En el trasfondo de sus publicaciones, se defiende la vida humana desde la fecundación a la muerte natural y la dignidad de la persona, teniendo como objetivo aunar esfuerzos para difundir la cultura de la vida como la define la Evangelium Vitae.