León XIV: «Vivan su misión como testigos de la paz»
León XIV preside la misa por el patrono San Miguel Arcángel de la Gendarmería del Vaticano y anima a los gendarmes a dar testimonio del Evangelio a través de su servicio
En la Gruta de Lourdes de los Jardines Vaticanos, el Papa León XIV presidió la misa con motivo de la festividad de San Miguel Arcángel, patrono del Cuerpo de Gendarmería del Vaticano. Durante la celebración, dirigida a los miembros de este cuerpo de seguridad, el pontífice los exhortó a vivir su misión como “testigos de la paz”.
Una misión más allá de la profesión
En su homilía, el Papa recordó que la labor de los gendarmes no es solo profesional, sino un servicio al bien de la Iglesia. Subrayó que su presencia discreta y segura puede expresar un estilo cristiano no solo con palabras, sino con gestos atentos que protejan y respeten a quienes los rodean.
León XIV citó al apóstol Pablo: “No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor” (2 Tim 1,8), recordando que el testimonio de Jesús da sentido a todas sus acciones. Asimismo, enfatizó que la fuerza, la caridad y la prudencia son virtudes esenciales para los gendarmes: fuerza para proteger sin dominar, caridad hacia los más pequeños y prudencia en la acción sin miedo a la responsabilidad.
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El valor del compromiso y la fe
El Papa dirigió un especial reconocimiento a los jóvenes gendarmes que recientemente pronunciaron su juramento, subrayando que su promesa no es un acto simbólico, sino un compromiso de libertad y dedicación frente a Dios y la Iglesia.
Invitó a todos a perseverar en la elección del bien y la justicia, apoyándose en la oración y en la fe, para crecer como testigos del Evangelio en el desempeño de su servicio diario: “Seamos testigos de tu Palabra, Señor, en la vida cotidiana, entre alegrías y pruebas”.
Un servicio silencioso, pero esencial
El Papa destacó que gran parte del trabajo de los gendarmes se realiza “detrás de las cámaras”: aunque no siempre sea visible, construye seguridad, orden y respeto, reflejando la misión de la Iglesia. La colaboración en equipo y el apoyo mutuo son esenciales para llevar a cabo esta tarea, siempre guiados por la humanidad y el Evangelio.
Finalmente, expresó su gratitud a las familias de los gendarmes, cuyo apoyo silencioso fortalece el servicio de cada miembro, y los encomendó a la protección de la Virgen María y del Arcángel San Miguel, para que continúen siendo verdaderos testigos de paz en el Vaticano y más allá.
Texto de la homilía:
MISA POR LA GENDARMERÍA VATICANA
HOMILÍA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
Gruta de Lourdes en los Jardines Vaticanos
XXVII domingo del Tiempo Ordinario, 5 de octubre de 2025
Queridos hermanos y hermanas:
Según una hermosa tradición, tengo la oportunidad de celebrar con ustedes la Eucaristía con ocasión de la fiesta de su Patrono, San Miguel Arcángel. Nos hemos reunido junto al altar del Señor, bajo la mirada maternal de la Virgen Inmaculada.
Nuestra oración consiste, ante todo, en escuchar la Palabra de Dios, que hoy nos ofrece un mensaje fuerte y claro. Así lo exhorta el apóstol Pablo: «No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor» (2 Tm 1,8). Es el testimonio de Jesús lo que da sentido a lo que hacemos; de lo contrario, corremos el riesgo de convertirnos en cristianos grises, tibios, sin un corazón ardiente por el Evangelio.
Queridísimos, como gendarmes del Estado Vaticano, su labor no es solo una profesión: es un servicio por el bien de la Iglesia. Incluso su trabajo diario da testimonio del Evangelio. Por ello, nunca se avergüencen del ejemplo que pueden dar. A menudo —y ustedes lo saben por experiencia—, su presencia discreta y segura puede expresar un estilo evangélico, no con palabras, sino incluso solo con una mirada atenta, con un gesto cuidadoso que protege a cada persona a su alrededor.
Para resistir la tentación de la rutina y la pereza, el mismo San Pablo nos anima así: «Te recuerdo que avives el don de Dios que está en ti […]. Porque Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de prudencia» (2 Tm 1,6-7).
Estas son, sin duda, virtudes del buen cristiano, y por lo tanto también del gendarme vaticano: tienen fortaleza por la ley, pero no para dominar; tienen caridad hacia los pequeños, pero no para complacer a la autoridad; prudencia en la acción, pero no por miedo a las responsabilidades que les corresponden. Este es el programa que confío especialmente a ustedes, jóvenes gendarmes que han pronunciado recientemente su juramento. Esa promesa no fue una simple fórmula para repetir, sino un acto de libertad y dedicación. Han afirmado un “sí” público, delante de Dios y de la Iglesia. Han prometido fidelidad al Papa y a un servicio que involucra su vida, en el compromiso laboral de cada día. ¡Gracias por el valor y la disponibilidad que han mostrado al servir fielmente a la Santa Sede!
Para perseverar en la elección del bien y de la justicia, que cumple su misión como gendarmes, hagamos nuestra la petición que escuchamos en el Evangelio, cuando los apóstoles le dicen a Jesús: «¡Aumenta nuestra fe!» (Lc 17,5). Sí, Señor: quédate a nuestro lado, convierte nuestros corazones, ¡haznos testigos de tu Palabra! Haz que nuestra fe, es decir, nuestra relación contigo, pueda crecer siempre, entre las alegrías y las pruebas de la vida. Tú mismo, Señor, la nutres con la gracia de tu Espíritu Santo, para que produzca en nosotros frutos de buenas obras.
Pronunciemos entonces estas palabras con la esperanza de quien sabe que es amado por Dios y, por ello, desea vivir según su voluntad. Cuando lleguen los días de esfuerzo y de incomprensión, encontraremos en la gracia del Señor el consuelo y la lealtad que nos sostienen.
Queridísimos, su servicio se desarrolla sobre todo “tras bambalinas”. Se ve poco, pero hace mucho. Es una tarea que construye seguridad, orden y respeto: realícenla juntos, como un equipo, en mutua cooperación con quienes llevan más tiempo trabajando. Es un servicio que protege no solo lugares y personas, sino que refleja una misión: la misión de la Iglesia. Vivan, pues, esta misma misión, que es la proclamación del Evangelio, con su uniforme y, sobre todo, con su humanidad.
Mi gratitud se dirige también a sus familias: esposas, hijos, padres y madres. Su “sí” se sostiene también en su “sí” silencioso. Sin ellos, su servicio sería más frágil. Que el Señor los bendiga, los proteja y los colme de paz.
Que la Virgen María sea para ustedes modelo de fe y dedicación, y que san Miguel, el Arcángel que combate el mal en nombre de Dios, proteja siempre a ustedes y a sus familias. Con un corazón humilde y fiel, podrán ser testigos de paz en este pequeño Estado, que tiene un horizonte que alcanza al mundo.
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