27 abril, 2026

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Exaudi Redacción

León XIV

18 noviembre, 2025

22 min

León XIV: “Que los menores y los vulnerables sean respetados y valorados”

Actividades del Santo Padre: 17 y 18 de noviembre

León XIV: “Que los menores y los vulnerables sean respetados y valorados”

El Pontífice aborda desde los riesgos de la inteligencia artificial en la salud hasta el rol de las Iglesias en la lucha contra el cambio climático, pasando por la formación litúrgica y la diplomacia vaticana.

El Papa León XIV ha protagonizado una intensa actividad pública en los últimos días, con discursos y mensajes que abordan temas de profunda relevancia social, eclesial y global. Desde alertas sobre la deshumanización en la gestión sanitaria hasta llamados urgentes por la protección del medio ambiente en la próxima COP30, el Pontífice ha combinado reflexiones éticas con exhortaciones prácticas, dirigidas tanto a especialistas como a comunidades enteras.

Uno de los mensajes más contundentes lo pronunció durante el IX Seminario de Ética en el Gerenciamiento de la Salud, celebrado en el Vaticano con profesionales iberoamericanos. León XIV advirtió sobre el peligro de que la inteligencia artificial y ciertos sesgos en la administración de recursos conviertan a los pacientes en meras “estadísticas” o “datos”, manipulados por intereses económicos o políticos. “El riesgo inminente es que las personas entrarán así en una perversa manipulación que las clasificará en virtud de los tratamientos necesarios y su coste”, alertó, proponiendo como antídoto una mirada amplia “como mira Dios”, que priorice el bien común, la solidaridad y el trato humano directo, sin desligarlo nunca de la “caricia” y el reconocimiento de la dignidad de cada enfermo.

En el ámbito litúrgico, el Papa recibió a responsables diocesanos de pastoral litúrgica y subrayó la necesidad de una formación competente en parroquias y diócesis. Criticó prácticas como la proclamación de lecturas sin preparación adecuada o celebraciones que carecen de profundidad bíblica, e instó a recuperar grupos litúrgicos parroquiales y a fomentar itinerarios de iniciación cristiana que hagan comprensible el misterio de la fe a través de ritos y signos. “Que la liturgia sea cuidada y explicada con competencia”, resumió, llamando a una creatividad pastoral que involucre a lectores, cantores y fieles en general.

Dirigiéndose al personal diplomático de las nunciaturas apostólicas durante una misa en la Basílica de San Pedro, León XIV los exhortó a ser “peregrinos de esperanza” en contextos de conflicto y pobreza. Les pidió resistir el aislamiento, cultivar raíces profundas en la identidad sacerdotal y llevar luz donde falta paz y justicia, recordándoles las palabras de Jesús: “Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo”.

La protección de los más vulnerables ocupó un lugar central en su mensaje a la Pontificia Comisión para la Protección de los Menores. En un taller sobre la construcción de comunidades que tutelen la dignidad, el Papa insistió en que “la dignidad no es algo que se obtiene por mérito o por fuerza”, sino un don divino que precede a todo. Llamó a prevenir abusos de conciencia, poder y sexuales en la vida consagrada, promoviendo relaciones sanas y comunidades donde “la herida se transforme en una rendija de gracia” mediante justicia y misericordia.

Finalmente, en un videomensaje dirigido a las Iglesias del Sur Global reunidas en Belém (Brasil) con vistas a la COP30, León XIV reclamó acción inmediata ante la crisis climática. “Somos guardianes de la creación, no rivales por sus bienes”, afirmó, recordando que una de cada tres personas vive en gran vulnerabilidad por inundaciones, sequías y calor extremo. Aunque reconoció avances del Acuerdo de París, lamentó la falta de voluntad política y cerró con un llamado a la unidad: “Enviemos juntos un mensaje global claro: las naciones permanecen unidas en firme solidaridad con la cooperación climática”.

A continuación todos los discursos del Santo Padre:

DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS PARTICIPANTES EN EL
«SEMINARIO DE ÉTICA EN EL GERENCIAMIENTO DE LA SALUD»

Sala Clementina
Lunes, 17 de noviembre de 2025

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En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La paz esté con ustedes.

Muchas gracias. Bienvenidos a todos. Saludo a Mons. Bochatey, Director de este Seminario de Ética en el Gerenciamiento de Salud, y a todos los participantes en dicho Seminario que han querido encontrarse, bajo los auspicios de la Pontificia Academia para la Vida, para dialogar sobre la ética en salud, la inteligencia artificial y las innovaciones tecnológicas y digitales.

Con todo, al acercarse a las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo en el marco de este año de Jubileo, su encuentro no tiene sólo un valor formativo, sino que se convierte en una peregrinación, en la cual, la reflexión sobre el valor ético de nuestras propuestas se convierte en una hermosa etapa del camino que como sociedad y como Iglesia estamos llamados a recorrer. Hoy la Iglesia los acoge como peregrinos de esperanza, considerando valiosos sus distintos enfoques, competencias y propósitos, para entablar un diálogo de vida y acción en la tarea común del cuidado del enfermo.

Muchos son los aspectos interesantes que se desgranan de los temas que van a afrontar, tal vez demasiados para abordarlos juntos en este breve saludo, sin embargo, me permito evidenciar un concepto que me parece los acomuna. Me refiero a la posibilidad de un sesgo, de la introducción de una condición, una premisa, una nota que falsea, tronca, excluye de forma fraudulenta la percepción que tenemos de la realidad de la sociedad y del enfermo concreto, creando una situación de injusticia en la gestión de los recursos necesarios para la recta administración de la salud.

Si como individuos y como sociedad estamos llamados a defender activamente la inequívoca dignidad de todo ser humano, en todas las etapas y facetas de su existencia, lamentablemente, ello no siempre es real. Instrumentos tan eficaces como la inteligencia artificial pueden ser manipulados, entrenados, orientados para que, por razones de oportunidad o interés, ya sean económicas, políticas o de otra índole, se genere ese sesgo a veces imperceptible en la información, en la gestión y en la manera en la que nos presentamos o nos acercamos al otro.

Las personas entrarán así en una perversa manipulación que las clasificará en virtud de los tratamientos necesarios y su coste, la naturaleza de sus enfermedades, convirtiéndolas en objetos, en datos, en estadísticas. La manera de evitarlo pienso que está en cambiar nuestra mirada, en percibir el valor del bien con una visión amplia, de mirar, si me permiten, como mira Dios, para no quedarnos en el lucro inmediato, sino en lo que será mejor para todos, sabiendo ser pacientes, generosos y solidarios, creando lazos y tendiendo puentes, para trabajar en red, para optimizar los recursos, para que todos puedan sentirse protagonistas y beneficiarios del trabajo común.

Al mismo tiempo, Dios nos enseña que esa visión amplia nunca se debe desligar del trato humano, de la caricia, del reconocimiento de la persona concreta, en su fragilidad y en su dignidad. Es una visión profunda, una visión que llega al corazón del otro y ensancha el nuestro. Estas dos visiones serán el mejor antídoto para que nuestras estructuras gestionales no pierdan de vista lo importante: el bien que estamos llamados a custodiar. Que el Señor nos ayude a ser fieles en este servicio. Muchas gracias.

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS PARTICIPANTES EN EL ENCUENTRO
“CONSTRUIR COMUNIDADES QUE TUTELAN LA DIGNIDAD”
PROMOVIDO POR LA
COMISIÓN PONTIFICIA PARA LA PROTECCIÓN DE LOS MENORES

[Roma, 17-19 de noviembre de 2025]

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¡Queridos hermanos y hermanas!

Saludo con afecto y gratitud a todos ustedes, representantes de diversas conferencias de religiosos y religiosas y de numerosos institutos de vida consagrada, apostólica y contemplativa, reunidos para reflexionar sobre un tema que llevo muy dentro del corazón: cómo construir comunidades donde la dignidad de cada persona, especialmente de los menores y de los más vulnerables, sea protegida y promovida.

La dignidad es un don de Dios, que creó al ser humano a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26). No es algo que se obtiene por mérito o por la fuerza, ni depende de lo que poseemos o realizamos. Es un don que nos precede: nace de la mirada de amor con que Dios nos ha querido, uno por uno, y nos sigue queriendo. En cada rostro humano, incluso cuando está marcado por el cansancio o el dolor, está el reflejo de la bondad del Creador, una luz que ninguna oscuridad puede apagar.

También el cuidado y la protección que el ser humano ofrece a su prójimo son fruto de una mirada que sabe reconocer, de un corazón que sabe escuchar. Nacen del deseo de acercarse con respeto y ternura, de compartir los pesos y las esperanzas del otro. Es al hacernos cargo de la vida del prójimo que aprendemos la verdadera libertad, la que no domina, sino que sirve, no posee, sino que acompaña.

La vida consagrada, expresión del don total de sí mismo a Cristo, está llamada de manera especial a ser casa que acoge y lugar de encuentro y de gracia. Quien sigue al Señor en el camino de la castidad, de la pobreza y de la obediencia, descubre que el amor auténtico nace del reconocimiento del propio límite: de saber que somos amados incluso en la debilidad, y precisamente esto nos hace capaces de amar a los demás con respeto, delicadeza y un corazón libre.

Aprecio, por tanto, y aliento su propósito de compartir experiencias y caminos de aprendizaje sobre cómo prevenir toda forma de abuso y cómo rendir cuentas, con verdad y humildad, de los procesos de protección emprendidos. Los exhorto a continuar con este compromiso para que las comunidades se vuelvan cada vez más ejemplo de confianza y de diálogo, donde cada persona sea respetada, escuchada y valorizada. Allí donde se vive la justicia con misericordia, la herida se transforma en una rendija de gracia.

Los invito también a seguir colaborando con la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores, que promueve y acompaña con dedicación el camino de crecimiento de toda la Iglesia en la cultura de la tutela.

Los encomiendo a Cristo, Pastor y Esposo de la Iglesia, y a María Santísima, Madre de todo consagrado y consagrada, y envío de corazón a todos ustedes mi bendición.

Desde el Vaticano, 15 de noviembre de 2025

LEÓN PP. XIV

 

VIDEOMENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LAS IGLESIAS PARTICULARES DEL SUR DEL MUNDO REUNIDAS EN EL MUSEO AMAZÓNICO DE BELÉM

[17 de noviembre de 2025]

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Saludo a las Iglesias particulares del Sur Global reunidas en el Museo Amazónico de Belém, acompañando la voz profética de mis hermanos Cardenales en la COP 30, diciendo al mundo con palabras y gestos que el Amazonas sigue siendo un símbolo vivo de la creación con una urgente necesidad de cuidado.

Ustedes eligieron la esperanza y la acción en lugar de la desesperación, construyendo una comunidad global que trabaja en conjunto. Se han logrado avances, pero no suficientes. La esperanza y la determinación deben renovarse, no sólo con palabras y aspiraciones, sino también con acciones concretas.

La creación clama en inundaciones, sequías, tormentas y un calor implacable. Una de cada tres personas vive en gran vulnerabilidad debido a estos cambios. Para ellos, el cambio climático no es una amenaza distante. Ignorar a estas personas es negar nuestra humanidad compartida. Aún hay tiempo para mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 1,5 °C, pero la ventana se está cerrando. Como custodios de la creación de Dios, estamos llamados a actuar con rapidez, fe y profecía para proteger el don que Él nos confió.

El Acuerdo de París ha impulsado un progreso real y sigue siendo nuestra herramienta más poderosa para proteger a las personas y al planeta. Pero debemos ser honestos: no es el Acuerdo el que está fallando, sino nuestra respuesta. Lo que está fallando es la voluntad política de algunos. El verdadero liderazgo implica servicio y apoyo a una escala que pueda hacer de verdad la diferencia. Acciones climáticas más contundentes crearán sistemas económicos más sólidos y justos. Medidas políticas y climáticas firmes constituyen una inversión en un mundo más justo y estable.

Caminamos junto a científicos, líderes y pastores de todas las naciones y credos. Somos guardianes de la creación, no rivales por sus bienes. Enviemos juntos un mensaje global claro: las naciones permanecen unidas en firme solidaridad con el Acuerdo de París y la cooperación climática.

Que este Museo Amazónico sea recordado como el espacio donde la humanidad eligió la cooperación sobre la división y la negación.

Que Dios los bendiga a todos en sus esfuerzos por seguir cuidando la creación de Dios. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV A LOS COLABORADORES CON FUNCIÓN DIPLOMÁTICA EN LAS REPRESENTACIONES PONTIFICIAS

Sala Clementina Lunes, 17 de noviembre de 2025


En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La paz esté con vosotros.

Eminencia, Excelencias, ¡queridos sacerdotes!

Expreso mi gratitud al Señor Cardenal Secretario de Estado por sus amables palabras, así como a los Superiores de la Secretaría de Estado, en particular al Secretario para las Representaciones Pontificias y a lo que se llama la Tercera Sección, que con esmero ha organizado estos días de fraternidad, oración y diálogo.

Vuestra presencia es para mí motivo de especial alegría, porque por primera vez os recibo a todos juntos. La ocasión es muy significativa: el Jubileo de la Esperanza. También vosotros, como tantos peregrinos, habéis venido a Roma, junto a la Tumba del Apóstol Pedro, para confirmar la fe y renovar los propósitos que animan vuestro ministerio. Podría realmente subrayarse que lo hemos hecho, lo habéis hecho junto a todo el pueblo de Dios, y cuán importante es reconocer que vuestro servicio es con el pueblo de Dios, no separado de él. Por eso, venir en peregrinación es verdaderamente una forma de caminar juntos con toda la Iglesia. El Año Santo es para todos nosotros una providencial oportunidad de redescubrir y profundizar la belleza de la vocación, es decir, de nuestra común llamada a la santidad, que nos compromete cada día a ser testigos de Cristo, esperanza viva para el mundo.

Deseo ante todo daros las gracias porque, como nos recuerda el Apóstol (cf. Flp 3,12), no habéis dudado ante la voz del Maestro que invita a seguirlo dejando todo para llevar hasta los confines de la tierra la palabra redentora del Evangelio. Esta llamada resuena de manera verdaderamente especial para vosotros, que habéis sido elegidos para ejercer el ministerio sacerdotal en las Representaciones Pontificias: don y compromiso de hacerse en todas partes presencia de toda la Iglesia y, en particular, de la solicitud pastoral del Papa, que la preside en la caridad.

Ciertamente, vuestro peculiar servicio es arduo y requiere por ello un corazón ardiente por Dios y abierto a los hombres; exige estudio y competencia, abnegación y valentía; crece en la confianza en Jesús y en la docilidad a la Iglesia que se expresa con la obediencia a los Superiores. En los países donde trabajáis, encontrando pueblos y lenguas diversos, no olvidéis que el primer testimonio que hay que dar es el de sacerdotes enamorados de Cristo y entregados a la edificación de su Cuerpo. Sirviendo a las comunidades eclesiales, sed reflejo del afecto y de la cercanía que el Papa tiene por cada una, manteniendo un vivo sentire cum Ecclesia. Pienso especialmente en aquellos de vosotros que os encontráis en contextos de dificultad, conflicto y pobreza, donde no faltan momentos de desánimo. Precisamente en esas fatigas, recordad que la Iglesia os sostiene con la oración: por tanto, reforzad vuestra identidad sacerdotal sacando fuerza de los Sacramentos, de la comunión fraterna y de la constante docilidad al Espíritu Santo.

Cultivando aquellas virtudes humanas que se expresan en palabras y gestos cotidianos, construid relaciones con todos, resistiendo a la tentación de aislaros. Permaneced, en cambio, injertados en el cuerpo eclesial y en la historia de los pueblos: tanto en aquel del que procedéis como en aquellos a los que sois enviados. Cada Nación os ofrece sus propias tradiciones para conocer, amar y respetar, como el agricultor respeta la tierra y, cultivándola, obtiene el buen fruto de su trabajo. No seáis, pues, hombres distantes, sino discípulos apasionados de Cristo, sumergiéndoos con estilo evangélico en los contextos en los que vivís y trabajáis. Los grandes misioneros nos recuerdan, en efecto, que la inculturación no es una actitud folclórica, porque nace del deseo de entregarse a la tierra y a las personas a las que servimos.

La nueva pertenencia que experimentáis no constituye una alternativa a los contextos sociales y eclesiales que os han generado. Es necesario, por tanto, seguir alimentando, en la medida de lo posible, el vínculo con la propia Iglesia particular. Cuando ese sentido de pertenencia se debilita, sobreviene la desmotivación: entonces nos convertimos en árboles sin raíces. Si, en cambio, no deja de recibir la savia vital, el árbol puede ser trasplantado a otro lugar y así dar nuevos frutos.

En los momentos de dificultad, que a veces se experimentan, nos hace bien confirmar nuestra motivación con las palabras, por ejemplo, de San Agustín: «Pondus meum, amor meus» (Confesiones XIII, 9). También el gran profeta Elías, en cierto momento, tuvo la impresión de que toda su obra había sido vana. El Señor, sin embargo, lo levantó, indicándole una meta segura y un camino cierto por el que andar (cf. 1 Re 19,1-18). Queridísimos, subid también vosotros cada día a vuestro Horeb interior, es decir, al lugar donde el Espíritu de Dios habla al corazón. En cada Representación Pontificia hay una capilla, verdadero centro de vuestra casa, donde diariamente, junto con el Nuncio Apostólico, las religiosas y los colaboradores, celebráis la Eucaristía, elevando al Señor la oración de alabanza y de súplica. Que la luz del Sagrario disipe sombras e inquietudes, iluminando el camino que estáis recorriendo. Así se cumple la palabra del Señor Jesús: vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo (cf. Mt 5,13-14). Custodiando este milagro de la gracia, sed peregrinos de esperanza sobre todo allí donde a los pueblos les faltan justicia y paz.

Deseo que estos días vividos en fraternidad y oración puedan reavivar vuestra vida espiritual y ayudaros a proseguir con fervor la misión que la Iglesia os ha confiado. Llevad mi saludo a los Jefes de misión con los que colaboráis y que tuve ocasión de encontrar el pasado mes de junio, y también a vuestras familias. Os encomiendo a todos a la custodia de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, por intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Mater Ecclesiae, y os imparto de corazón la Bendición Apostólica.

Gracias.

 

DISCURSO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV
A LOS PARTICIPANTES EN EL CURSO PARA
RESPONSABLES DIOCESANOS DE PASTORAL LITÚRGICA
PROMOVIDO POR EL PONTIFICIO INSTITUTO LITÚRGICO «SAN ANSELMO»

Sala del Consistorio
Lunes, 17 de noviembre de 2025
__________________

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
¡La paz esté con vosotros!

¡Buenos días y bienvenidos a todos!

Saludo al Abad Primado, al Rector del Ateneo de San Anselmo, al decano del Pontificio Instituto Litúrgico y a todos los participantes en este curso de actualización para responsables diocesanos de pastoral litúrgica. Me alegra mucho recibiros al comienzo de vuestro curso de profundización.

La propuesta formativa en la que estáis participando corresponde a la doble misión del Pontificio Instituto Litúrgico. Como deseaba el santo padre Benedicto XVI, continúa su servicio a la Iglesia con entusiasmo, en plena fidelidad a la tradición litúrgica y a la reforma querida por el Concilio Vaticano II, según las orientaciones de la *Sacrosanctum Concilium* y los pronunciamientos del Magisterio (cf. Discurso a los participantes en el congreso promovido por la Pontificia Universidad de San Anselmo, 6 de mayo de 2011). Por otro lado, iniciativas como esta sirven para llevar a cabo las tareas formativas indicadas en la Constitución apostólica *Veritatis gaudium*, como la formación de los ministros y de los fieles para prepararlos a su servicio en la pastoral y en la liturgia.

Me parece que la cálida invitación del papa Francisco también va dirigida a vuestro Instituto. En su carta apostólica *Desiderio desideravi* recomendaba: «Es necesario encontrar los cauces para una formación que sea estudio de la Liturgia. Desde los inicios del movimiento litúrgico se ha hecho mucho en este sentido, con valiosas aportaciones de estudiosos e instituciones académicas. Sin embargo, ahora es importante difundir este saber más allá del ambiente académico, de modo accesible, para que cada uno de los fieles pueda crecer en el conocimiento del sentido teológico de la Liturgia [y de] la misma celebración» (n. 35).

En efecto, en las diócesis y en las parroquias existe la necesidad de esta formación y es importante, cuando no existe, iniciar cursos bíblicos y litúrgicos. El Pontificio Instituto Litúrgico podría capacitarlos para ayudar a las Iglesias particulares y a las comunidades parroquiales a formarse con la Palabra de Dios, explicando los textos del Leccionario ferial y festivo, y también para proseguir una iniciación cristiana y litúrgica que ayude a los fieles a comprender, a través de los ritos, las oraciones y los signos visibles, el misterio de la fe que se celebra (cf. *Sacrosanctum Concilium*, 48).

En cuanto a la formación bíblica unida a la litúrgica, recomiendo que los responsables de las oficinas de pastoral litúrgica presten especial atención a quienes proclaman la Palabra de Dios. Procurad que los lectores instituidos y quienes leen habitualmente las Escrituras en las celebraciones estén bien preparados. El conocimiento bíblico básico, la dicción clara, la capacidad de cantar el salmo responsorial, así como de componer las oraciones de los fieles para la comunidad, son aspectos importantes que ponen en práctica la reforma litúrgica y ayudan al Pueblo de Dios a crecer en su camino.

Somos muy conscientes de que la formación litúrgica es uno de los temas principales de todo el itinerario conciliar y posconciliar. Se ha avanzado mucho, pero aún queda un largo camino por recorrer. No nos cansemos: retomemos con entusiasmo las buenas iniciativas inspiradas en la reforma y, al mismo tiempo, busquemos nuevos caminos y nuevos métodos.

La oficina para el ministerio litúrgico es responsable en cada diócesis de la formación litúrgica permanente del clero y de los fieles, de la preparación para los ministerios y del cuidado de los grupos litúrgicos parroquiales, monaguillos, lectores y cantores. El objetivo es favorecer la participación fructuosa del Pueblo de Dios, así como una liturgia digna que tenga en cuenta las diferentes sensibilidades y sea sobria en su solemnidad.

Entre los aspectos relacionados con vuestro servicio como responsables, quisiera mencionar la promoción de la Liturgia de las Horas, el cuidado de la piedad popular y la atención a la dimensión celebrativa en la construcción de nuevas iglesias y en la adaptación de las ya existentes. Son temas que trataréis durante el curso y con los que os enfrentáis cada día.

En muchas parroquias, además, existen grupos litúrgicos que deben trabajar en sintonía con la comisión diocesana. La experiencia de un grupo, aunque sea pequeño pero bien motivado, que se ocupa de la preparación de la liturgia es expresión de una comunidad que cuida sus celebraciones, las prepara y las vive plenamente, de acuerdo con el párroco. Así evitamos delegar todo en él y dejar solo a unas pocas personas la responsabilidad del canto, de la proclamación de la Palabra y de la decoración de la iglesia. Con el tiempo, lamentablemente, algunos de estos grupos se han reducido hasta casi desaparecer, como si hubieran perdido su identidad; por eso es necesario trabajar para que este ámbito de la vida eclesial vuelva a ser atractivo, capaz de involucrar a personas competentes o al menos inclinadas a este tipo de servicio.

Como responsables nombrados por los obispos, podríais ofrecer a los párrocos cursos de formación para iniciar o consolidar grupos litúrgicos en la parroquia, formando a sus miembros y ofreciendo sugerencias para sus actividades. Los talleres del curso os ayudarán en este sentido a encontrar y experimentar formas adecuadas que luego podáis introducir en vuestras Iglesias particulares. Vuestra creatividad pastoral encontrará entonces las formas más adecuadas.

Queridos amigos, al comenzar este camino formativo, espero que la estancia en Roma, en el Año Jubilar, además de ofreceros instrumentos para una comprensión más profunda, renueve vuestras energías espirituales, para que, al regresar a las Iglesias locales, continuéis vuestra acción pastoral al servicio de la liturgia con renovado impulso. Esta es mi esperanza, mientras os bendigo de corazón. Gracias.

Exaudi Redacción

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