01 mayo, 2026

Síguenos en

Las tres revoluciones: gloriosa, francesa e industrial

El artículo examina la Revolución Gloriosa, la Revolución Francesa y la Revolución Industrial como procesos clave en la formación del mundo moderno. La primera estableció el parlamentarismo y la monarquía constitucional; la segunda difundió los principios de libertad, igualdad y nación, pese a sus contradicciones; y la tercera transformó la economía y la sociedad mediante la industrialización. En conjunto, estas revoluciones sentaron las bases del liberalismo, el capitalismo y las tensiones sociales contemporáneas

Las tres revoluciones: gloriosa, francesa e industrial

Como parte de un esquema de estudio, me parece importante ubicar al lector, mediante la siguiente tabla-resumen de secuencia histórica:

Del mismo modo se incluyen las siguientes notas:

  1. Normandía: Hoy noroeste de Francia (playas del día D)
  2. Anglosajones: alemanes que migraron al norte de Francia (Britania)
  3. Guerra civil: por la sucesión del trono (Enrique I intentó imponer a su hija Matilde como heredera, pero la nobleza no la aceptó plenamente. A la muerte de Enrique I, en 1135, su sobrino Esteban de Blois se apoderó del trono con apoyo eclesiástico. Barones divididos entre apoyar a Esteban o a Matilde; muchos actuaron como señores autónomos). Fragmentación feudal, militarización
  4. Guerra de los Cien Aǔos (1337–1453) Francia Inglaterra Disputa del trono francés, casas: Plantagenet (Inglaterra) vs. Valois (Francia) – triunfo francés. La Guerra de los Cien Años fue más que una disputa territorial: implicó el surgimiento de identidades nacionales y el declive de la caballería medieval.
  5. Guerra de las Dos Rosas (1455–1487) – Guerra civil: Casa de Lancaster Casa de York – Rivalidad dinástica entre dos ramas de los Plantagenet por el trono inglés – Lancaster (rosa roja) vs. York (rosa blanca) – Victoria de los Tudor (Enrique VII), fin de los Plantagenet – Centralización del poder real, debilitamiento de la nobleza feudal, inicio del Renacimiento inglés.

Antecedentes de la revolución gloriosa.

A mediados del siglo XVII, el Parlamento inglés era el organismo más duradero y desarrollado del continente europeo, hacía siglos que la monarquía la entendía como mixta, compuesta por nobles y ajenos a la nobleza.

Durante el siglo XVII, estas tradiciones se vieron amenazadas. En primer lugar, por las tentativas de Carlos I, para gobernar sin Parlamento y después durante el protectorado dictatorial de Oliver Cromwell.

La restauración de la monarquía en 1660 resolvió la cuestión de si Inglaterra sería una República o una Monarquía en el futuro, pero la clase de monarquía en la que se convertiría seguía siendo una cuestión abierta cuando comenzó el reinado de Carlos II, criado en Francia, admirador de todo lo francés, entre otras cosas de la Monarquía absoluta de Luis XIV.

El Parlamento inglés se dividió en dos bandos, uno a favor del rey y otro, conformado por los que se oponían a Jacobo II por ser católico, apoyando a su hermano Carlos II, anglicano, aunque católico oculto.

Ambos hermanos reflejan el tránsito entre la monarquía restaurada y el surgimiento de la monarquía constitucional.

Jacobo II era el polo opuesto a su mundanal hermano Carlos. Siendo un celoso católico converso, ofendió a sus seguidores toríes, casi todos ellos miembros de la Iglesia oficial de Inglaterra, al retirar las leyes que impedían a los disidentes católicos y protestantes desempeñar cargos políticos.

Nota: Torys vs. Whigs

Los toríes fueron originalmente una facción política inglesa surgida en el siglo XVII, que con el tiempo evolucionó en lo que hoy conocemos como el Partido Conservador del Reino Unido. Surgieron hacia 1679 durante el debate sobre excluir al católico Jacobo II del trono. Toleraban el catolicismo en la realeza, lo que los enfrentó a los whigs, protestantes, promovían el poder parlamentario y la exclusión de católicos. Se transformaron en el Partido Liberal en el siglo XIX; luego en los liberal- demócratas.

Aún hoy ningún católico puede ser Rey, ya que el cargo implica nombrar obispos anglicanos como Jefe Supremo de la Iglesia de Inglaterra. Ningún heredero al trono puede ser católico ni casarse con uno, excluyendo a los católicos de la sucesión “para siempre”.

Esto revela una tensión entre libertad formal y exclusión estructural. El liberalismo inglés avanzó en derechos civiles, pero mantuvo barreras confesionales que contradicen sus propios principios. Es un ejemplo claro de cómo los sistemas políticos pueden ser reformistas en lo jurídico, pero conservadores en lo simbólico. Hoy esta situación se conoce como “hipocresía liberal”.

Jacobo II, rey católico, en junio de 1688 ordenó que todos los clérigos de la Iglesia de Inglaterra leyeran su decreto de tolerancia religiosa desde los púlpitos, 7 obispos se negaron y fueron enviados a prisión, acusados de difamación sediciosa. Pero durante el proceso judicial fueron declarados inocentes. El juicio de los obispos fue uno de los eventos críticos, en su gobierno.

Otro evento crítico fue el nacimiento inesperado en 1668 de un hijo de Jacobo y su esposa María de Módena. Niño que debía educarse en el catolicismo y que, destituiría a la hija protestante, mucho mayor de Jacobo, María Estuardo, como heredera del trono de Escocia e Inglaterra.

Es así como una delegación de whigs y toríes cruzó el canal de la Mancha camino de Holanda para invitar a María Estuardo y su esposo protestante, Guillermo III de Orange a viajar a Inglaterra con un ejército invasor que preservara el protestantismo y las libertades del país mediante la convocatoria de un nuevo Parlamento. Guillermo III, también recibió con agrado la oportunidad de convertir Inglaterra en un aliado en contra de la política exterior expansionista de Luis XIV.

La revolución gloriosa

La invasión de Guillermo y María se convirtió en un Golpe de Estado sin derramamiento de sangre. Ya que Jacobo tuvo que salir del país para evitar otra guerra civil. El Parlamento pudo declarar el trono vacante y allanar el camino para que Guillermo y María accedieran a él como soberanos conjuntos por derecho de sucesión. Una Carta de Derechos

aprobada por el parlamento y aceptada por los nuevos monarcas en 1689 reafirmó las libertades civiles inglesas tales como: los juicios con jurado, el Hábeas Corpus, la garantía de que nadie podía ir a prisión sin cargos delictivos y el derecho a reclamar al monarca compensación de agravios a través del parlamento. La Carta de Derechos también declaraba que la monarquía estaba sujeta a la ley del país.

Un Acta de Tolerancia aprobada asimismo en 1689, garantizó a los protestantes disidentes el derecho de culto, aunque no estaban autorizados a ocupar cargos políticos. Además, en 1701, un Acta de Sucesión dispuso que todos los monarcas futuros de Inglaterra tendrían que pertenecer a la iglesia oficial del estado. Esto significaba que ahora que la Reina María había fallecido sin descendencia, el trono pasaría tras la muerte del Rey Guillermo, en primer lugar, a la hermana protestante de María, la princesa Ana, y a continuación, si Ana tampoco dejaba descendencia, a Jorge, elector del Principado alemán de Hannover y bisnieto protestante de Jacobo I.

En 1707, un Acta de Unión formal entre Escocia e Inglaterra garantizó que en el futuro los herederos católicos del Jacobo II, no tendrían más derecho a ocupar el trono de Escocia del que tenían a ocupar el trono de Inglaterra.

Los ingleses no tardaron en bautizar los eventos de 1688 a 1689 como la “Revolución Gloriosa”, porque se produjo sin derramamiento de sangre, y también porque con ella Inglaterra se estableció con firmeza como una monarquía mixta gobernada “por el rey junto con el parlamento”.

La revolución gloriosa fue producto de una situación política única, pero también reflejaba teorías políticas anti absolutistas que estaban tomando forma a finales del siglo XVII, en respuesta a ideas de escritores tales como Bodín, Hobbes, Filmer y Bossuet. El más destacado de aquellos detractores del absolutismo fue el inglés John Locke (1662-1704), quien escribió dos tratados sobre el gobierno civil antes de la revolución, aunque no se publicaron por primera vez hasta 1690.

Locke sostenía que los humanos vivieron en sus orígenes en un estado natural caracterizado por la libertad y la igualdad absoluta y carente de cualquier clase de gobierno. Su única ley era la ley de la Naturaleza que Locke equiparaba con la ley de la razón, en virtud de la cual los propios individuos se hacían cumplir los derechos naturales la vida, la libertad y la propiedad, lo que condena a cualquier clase de absolutismo.

Censuraba, la monarquía absoluta, pero no era menos crítico con las demandas de soberanía por parte de los parlamentos. El gobierno aducía él, se ha creado para proteger la vida, la libertad y la propiedad. Ninguna autoridad política podía infringir los derechos naturales de los individuos para preservarlos inviolados. A finales del siglo XVIII, las ideas Locke se convertirían en un elemento relevante en el contexto intelectual de las revoluciones de América y Francia.

La revolución francesa

Supuso una alteración profunda en el perfil de la cultura occidental, junto con la revolución industrial.

Estas dos revoluciones sirvieron de base para el gran desarrollo que se produjo en los siglos XIX y principios del XX. Ambas acaecieron casi al mismo tiempo y afectaron en buena medida a la misma gente. Aunque en maneras distintas y en diversos grados, condujeron al derrocamiento del absolutismo, del mercantilismo, y lo que quedaba del feudalismo.

Juntas dieron lugar a la teoría y puesta en práctica del individualismo y el liberalismo económicos. Y juntas lograron que los cambios dolorosos que conllevaron polarizaran Europa durante varias generaciones. La llamada era de las revoluciones se prolongó desde la década de 1770 hasta casi fines del siglo XIX.

En 1879, un europeo de cada cinco residía en Francia. Muchos consideraban a Francia como el centro de la cultura europea. Por eso una revolución en Francia cobró la atención de toda Europa y relevancia internacional. Infundió grandes esperanzas y, en consecuencia, desilusiones más amargas, porque planteó cuestiones que solo se podían resolver en al menos, 50 años.

El Terror como paradoja revolucionaria: justicia, violencia y legitimidad en la Francia de 1793.

La Revolución Francesa, símbolo de emancipación política y ruptura con el absolutismo, dio paso en 1793 a uno de sus episodios más contradictorios: la Época del Terror. Bajo el liderazgo de Robespierre y el Comité de Salvación Pública, el Estado revolucionario suspendió garantías constitucionales y legitimó la violencia como instrumento de purificación política. La guillotina, convertida en emblema de justicia igualitaria,  ejecutó a miles de ciudadanos acusados de traición, sin distinción de clase ni filiación.

Este periodo plantea una tensión fundamental entre los ideales ilustrados —libertad, igualdad, fraternidad— y la práctica de un poder concentrado que anuló el disenso. El Terror no fue solo una respuesta a amenazas internas y externas; fue también una forma de redefinir la soberanía popular mediante el miedo, la vigilancia y la eliminación del “enemigo moral”.

Históricamente, el Terror revela cómo los procesos revolucionarios pueden derivar en regímenes de excepción que contradicen sus propios fundamentos éticos. La caída de Robespierre en 1794 marcó el fin de esta etapa, pero dejó abierta la pregunta sobre los límites de la justicia revolucionaria y el precio de la utopía política.

Se estima entre 16,000 y 40,000 personas en toda Francia, las víctimas fueron nobles, clérigos, girondinos, monárquicos, sospechosos de traición.

Los girondinos fueron un grupo político moderado que emergió durante la Revolución Francesa, compuesto principalmente por burgueses ilustrados que defendían una república parlamentaria, el liberalismo económico y una transición ordenada desde la monarquía. Aunque promovieron la guerra revolucionaria para expandir los ideales republicanos, se enfrentaron a los jacobinos por su oposición a la radicalización del proceso. Su caída en 1793, tras ser acusados de conspirar contra la unidad de la República, marcó el inicio del Reinado del Terror, durante el cual muchos girondinos fueron ejecutados en la guillotina, convirtiéndose en símbolo de las tensiones entre moderación política y violencia revolucionaria.

Los acontecimientos se pueden dividir en tres etapas:

  1. De 1788 a 1792, la lucha fue constitucional y bastante pacífica, se articuló alrededor de reivindicaciones contra el rey: pago de impuestos sin representación, nepotismo, autoridad arbitraria, etc. y se estableció un programa para renovar la nación.
  2. De 1792 a 1794, la monarquía cayó para ser reemplazada por una república. Fue una etapa de Revolución, crisis y consolidación. Un gobierno centralizado movilizó todos los recursos para repeler ejércitos extranjeros, contrarrevolucionarios externos, acabar con los traidores y con cualquier vestigio del régimen anterior. Eso se conoció como la política del Terror, que salvó la República, pero se agotó en sí misma a base de facciones, discusiones inútiles y
  3. De 1794 a 1799, el gobierno, aun en guerra con Europa se desvió hacia la corrupción, e inevitablemente hacia el gobierno militar de Napoleón, quien prosiguió con la guerra hasta su derrota final en 1815.

Conclusión

Los tumultuosos acontecimientos de Francia formaron parte de una tendencia general de finales del siglo XVIII hasta las convulsiones democráticas.

La Revolución francesa fue la más violenta, prolongada y conflictiva de todas las acaecidas en esa época, pero la misma dinámica se repitió en todas partes.

Novedades:

  1. Surgimiento del movimiento popular
  2. Aparición de partidos políticos para representar a personas anteriormente excluidas del sistema.
  3. Aparición de periódicos populares
  4. Aparición de dirigentes políticos que representaban a los “sans culottes”
  5. Los más extremistas cuestionaron a los moderados
  6. Tal como en otras revoluciones, el movimiento popular fue acallado por la fuerza y la autoridad se restableció “manu militari”
  7. Las ideas de “liberté, igualité et fraternité” llegaron a las puertas de las casas de todos los pueblos

Tres conceptos que impactaron como legado de la Revolución y la era napoleónica:

  1. Libertad, que se tradujo en derechos y deberes individuales, liberación de una autoridad arbitraria.
  2. Igualdad, que significó la abolición de diferencias legales de rango y se convirtió en una poderosa fuerza movilizadora en todo el siglo XIX y buena parte del XX, incluso hasta nuestros días.
  3. Nación, concepto político, considerado por algunos politólogos como el legado más importante de la Revolución francesa, porque una nación está compuesta por ciudadanos y no por súbditos. La soberanía de un país ya no recaía en dinastías o feudos sino en ciudadanos de la nación, generando simpatía y calando profundamente en el corazón del pueblo.

Paradójicamente, este concepto que se trasladó a los demás pueblos europeos con la expansión militar de los ejércitos de Napoleón generó un rechazo a las invasiones francesas, porque las demás naciones luchaban por su libertad, la igualdad ante el yugo impuesto por el emperador y la soberanía nacional de sus pueblos.

Cuando terminó el período revolucionario, estos tres conceptos dejaron  de ser meras ideas puesto que habían tomado forma en instituciones nuevas, ya sean países, alianzas entre países, pero también polarización y conflictos, no solamente en Europa sino en todo el mundo, que se reflejarían en los siguientes siglos.

La Revolución Industrial

La Revolución francesa significó una transformación drástica y repentina del panorama político y diplomático de Europa. La Revolución industrial llegó de forma gradual, pero entre 1830 y 1840, varios pensadores, filósofos y escritores sociales percibieron los cambios extraordinarios que estaban ocurriendo en el mundo económico.

La Revolución industrial perduró durante los siguientes 100 años.

Representó la transición de una economía agrícola, rural, artesanal, a una economía de producción a gran escala de empresas con una mayor concentración de capital, que trajo como consecuencia la urbanización.

Los cambios tecnológicos, tales como nuevas formas de propulsión, transporte, mecanización y organización laboral. La mayor productividad, pero fundamentalmente el descubrimiento de nuevas formas de energía, desencadenaron cambios sociales con consecuencias revolucionarias para Occidente y su relación con el resto del mundo.

La sociedad y la economía que recurrían al agua, el viento y la madera para satisfacer sus necesidades energéticas pasaron a depender de máquinas a vapor y del carbón.

En 1800 el mundo produjo 10 millones de toneladas de carbón, en 1900, 100 veces más, es decir, 1000 millones de toneladas, con lo que el enorme crecimiento económico de los países de Occidente se basó en la explotación y uso del “combustible fósil”, más aún cuando hacia finales del siglo XIX y hasta nuestros días, se incluyó al petróleo y la electricidad, como principales fuentes de energía. Pero también fue muy importante el crecimiento demográfico que comenzó en el siglo XVIII.

La revolución industrial alteró tanto los fundamentos de la economía y el papel de los seres humanos dentro de ella, que generó un sentimiento de poder, pero también de miedo y ansiedad.

La Revolución industrial comenzó en el norte de Inglaterra y el oeste de Escocia a finales del siglo XVIII, y desde allí se desplazó de manera lenta y desigual hacia el continente europeo.

Surgieron nuevas instituciones económicas, subsidios estatales y cambios legales.

En resumen, la población de Europa, en un siglo, de 1800 a 1900, se duplicó. El PBI europeo, en el mimo período, se triplicó. La vida privada, las estructuras familiares, el paisaje, las ciudades, la población, el medio ambiente, el sexo, la condición humana, el surgimiento de la especialización como consecuencia de la división del trabajo.

En la clase obrera, surgen las mujeres trabajadoras en el sector industrial. En un contexto de pobreza, los embarazos ilegítimos aumentaron de manera exponencial, pero la culpa de esta situación se atribuyó siempre a la mujer.

La industrialización generó nuevas formas de riqueza, pero al mismo tiempo, nuevas formas de pobreza, favoreciendo una profunda conciencia de disparidad entre grupos sociales.

Entonces, tanto los detractores como los defensores del nuevo orden hablaron de “clases sociales”. Las personas fueron tomando la llamada “conciencia de clase”. Así se forjaron una sucesión de acontecimientos políticos posteriores.

Matriz comparativa de las Revoluciones Industriales

Observaciones clave

  • La revolución industrial actual no se basa en una sola tecnología disruptiva, sino en la convergencia de múltiples sistemas inteligentes.
  • A diferencia de las anteriores, su impacto trasciende lo físico: modifica la cognición humana, la ética institucional y la geopolítica digital.
  • El ritmo de transformación es exponencial, lo que exige una adaptación educativa, laboral y normativa sin precedentes.

Fernando Solís Fuster

RHUM, revista de humanidades

Revista RHUM es una publicación que busca fusionar distintas dimensiones del pensamiento y la expresión cultural: Escritura creativa: fomenta la narrativa literaria y formas expresivas innovadoras. Análisis filosófico: incorpora reflexiones profundas sobre ideas, conceptos y paradigmas. Memoria histórica: apuesta por rescatar, revisitar y entender nuestro pasado, contribuyendo al recuerdo colectivo. Imaginación estética: explora el arte y la sensibilidad como medios de interpretación y reconexión con lo vivido. En resumen, RHUM se posiciona como un espacio interdisciplinar donde convergen la creatividad, la reflexión crítica y el recuerdo histórico, con una mirada estética que enriquece cada contenido.