La medicina paliativa y su compromiso ético para cuidar a las personas
Los cinco imperativos éticos clave para garantizar el acompañamiento, la dignidad y el alivio del sufrimiento en la etapa final de la vida
Los Cuidados Paliativos son el compromiso ético de una sociedad que es sensible al sufrimiento de sus ciudadanos. Cuando la Medicina no ha conseguido prevenir una enfermedad ni de curarla debe comprometerse a cuidar y acompañar a quien padece la enfermedad para aliviar su sufrimiento. Es entonces cuando hemos de tener en cuenta la mirada ética en el cuidar a través de los cinco imperativos éticos de los cuidados paliativos:
- Respetar la voluntad del enfermo y sus valores. Para ello la escucha va a ser la mejor herramienta para conocer sus últimas voluntades y sus valores, y así cumplir su deseo de cómo quiere ser cuidado. Podemos emplear el diálogo continuo con el enfermo o el documento de voluntades anticipadas para cuando no pueda expresar personalmente su voluntad.
- No abandonar al enfermo ni a su familia. Aunque a veces no somos conscientes, podemos abandonar al enfermo de varias maneras: a través de dosis insuficientes de fármacos (a lo que llamamos “abandono terapéutico”), por falta de formación en cuidados paliativos y no saber qué ofrecerle para aliviar su sufrimiento o por no dedicarle el tiempo que él necesita para compartir con nosotros lo que a él le preocupa. Pero la forma más irresponsable y carente de empatía de abandonar al enfermo y a la familia, se hace con la frase “ya no hay nada que hacer”. Distinto sería si dijéramos “no podemos curar su enfermedad, pero aún podemos hacer muchas cosas para seguir cuidándole”.
- Aliviar y tratar los síntomas que provocan sufrimiento. Evitar el sufrimiento que le provocan los síntomas es el objetivo fundamental de los cuidados paliativos. Si nos centramos en el dolor, síntoma estrella en la fase avanzada de una enfermedad hemos de tener en cuenta que su control no es una cuestión opcional del médico, es una obligación legal y deontológica. El enfermo tiene derecho al alivio de su dolor y nosotros el deber de aliviárselo. Quien nos va a indicar la eficacia de la analgesia va a ser el propio enfermo cuando nos diga: “doctor, ya no tengo dolor”.
- Adecuar el esfuerzo diagnóstico y terapéutico. Ante una enfermedad terminal hay que evitar las pruebas diagnósticas y los tratamientos que en esa situación resultarían inútiles y que, sin duda, prologarían una agonía innecesaria. Un tratamiento indicado y obligado en medicina curativa, puede estar contraindicado en cuidados paliativos, como por ejemplo una reanimación cardiorrespiratoria.
- Sedar cuando existen síntomas refractarios. Hay enfermos que, a pesar de todos los tratamientos empleados presentan uno o más síntomas refractarios al tratamiento que le provocan un sufrimiento insoportable. Esto obliga al médico a disminuir la consciencia del enfermo para garantizar una muerte serena. Cuando el médico seda al enfermo que se encuentra sufriendo en fase terminal y lo hace con criterios clínicos y éticos no está provocando su muerte, está evitando que sufra mientras se muere. La sedación paliativa ni acorta la vida ni retrasa la muerte, tan solo disminuye la consciencia del enfermo para que deje de sufrir mientras llegue a su tiempo; la evolución de su enfermedad seguirá su curso. La sedación, en sí misma, es un recurso terapéutico neutro más y por tanto éticamente neutro. Lo que puede hacerla éticamente aceptable o reprobable es el fin que busca y las circunstancias en que se aplica; el fin que buscamos con la sedación es la medida para tasar el acto como ético.
Para concluir este artículo deseo recordar que los cuidados paliativos no pretenden adelantar la muerte, pero tampoco prolongar una agonía innecesaria, sino acompañar al enfermo para aliviar su sufrimiento hasta que llegue su muerte. Y que estos cuidados son el mejor escenario para vivir el morir, porque los cuidados paliativos ayudan a vivir, aportan calidad de vida durante el proceso de morir y además, intensifican los lazos de cariño con los seres queridos y ayudan a dar sentido a la vida.
Dr. Jacinto Bátiz Cantera . Director del Instituto Para Cuidar Mejor del Hospital San Juan de Dios de Santurce . Patrono de la Fundación Pía Aguirreche . Responsable del Grupo de Trabajo de Bioética de la SEMG

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