La cuenta atrás: Alzo la mirada camino del Centenario
Una mirada agradecida al pasado y esperanzada hacia el Centenario, desde la vocación y la contemplación en medio del mundo
Ante un nuevo 2 de Octubre. Que siempre intento mirarlo como nuevo, quiero poner algunas reflexiones pasadas e ilusiones futuras, con la mirada en el Centenario, parafraseando al Papa León: Dios te sueña, nos sueña mejores. Y eso me ilusiona, no como un reto, porque no lo lograría, no lo lograríamos con nuestro empeño, sino con la ayuda del Espíritu Santo que es el que nos hará volar a que esos sueños de santidad, a través del trabajo, de la pelea de un cristiano corriente, de la amistad auténtica, de la coherencia, de la transparencia, del aire libre y del agua clara. Esos son mis sueños, ensanchar los caminos que se abrieron aquel 2 de Octubre de 1928, y que el paso de los años, porque no decirlo, se le ha ido adheriendo algo del polvo del camino y esta proximidad al Centenario, como es el deseo de todos y del Padre, de Ocariz, como una gran amiga lo llama, es una oportunidad, para que esos surcos que tantos y tantas sembraron, se vayan limpiando de adherencias inútiles, que quizás sirvieron en esos años y que ya en Siglo XXI, no dicen nada.
Alzo la mirada y miro la Obra como me veo a mi misma
Hay edades que llegan sin hacer ruido, y otras que llaman a la puerta con fuerza. Los 98 no entran de puntillas: se detienen en el umbral y piden que los miremos a los ojos, que los recordemos. Y así quiero recorrer mi vida en estos años, con una consideración agradecida del pasado, acompañada de un examen humilde, y una mirada esperanzada del futuro (cfr mensaje 19 de Marzo 2026).
A los 98 que es la edad que tiene la Obra, el tiempo ya no corre delante de nosotros como en nuestros veinte, que es la edad con la que entré en el Opus Dei, ni nos persigue como temíamos en nuestros treinta. Camina a nuestro lado, y mientras camina, nos pregunta: ¿qué amaste de verdad? Por eso me ilusiona que camino al Centenario, estrenemos una primera etapa del próximo 2 de Octubre hasta la misma fecha del 2027, profundizar en la idea de “ser contemplativos en medio del mundo” Todo hecho y todo por hacer. Y preguntarme el 2 de Octubre de 2027: ¿Le di a la caza alcance?
He aprendido que crecer no se trata de volverse invencible, sino de aprender dónde somos frágiles sin vergüenza. He aprendido que los sueños no mueren: cambian de forma, como el agua cuando encuentra un obstáculo. Y que caer no es lo opuesto a volar, sino su precio. Por eso parafraseando a los Secretos, que antiguos, “ya no persigo sueños rotos. Ayúdame y te habré ayudado, que hoy he soñado en otra vida, en otro mundo, pero a tu lado”.
A los 98, haces las paces con tus imperfecciones. Comprendes que no todo necesita ser arreglado, que algunas heridas se convierten en ventanas, y que ciertos silencios hablan más que las palabras. Es la edad en la que dejas de preguntarte quién deberías ser y empiezas, por fin, a preguntarte quién eres.
Y luego están las personas que son la verdadera medida del tiempo. Los amigos que se han convertido en familia. La familia que aprendió a ser amiga. Las risas que llenaban habitaciones vacías y consolaban un corazón apesadumbrado, los brindis nacidos sin otra razón que estar allí. Brindis del porque sí, cuando viví entre poetas, en un brindis, de una fiesta, o de un día cualquiera, las cuatro palabras mientras levantaban la copa, me daban alas para volar un rato. Un día más.
Celebrar el 98 cumpleaños significa reconocer lo que permanece. Y lo que permanece, a menudo, es lo que más importa: relaciones que han resistido la distancia, el tiempo y el cambio. Vínculos que no exigen perfección, sino presencia.
Celebrar el 98 cumpleaños significa reconocer que nada importante se construye solo. Que el tiempo solo tiene sentido cuando se comparte. Que la hermandad no es una idea abstracta, sino una práctica diaria de lealtad, paciencia y cuidado mutuo. A quienes han caminado conmigo, a quienes han recorrido distancias y diferentes estaciones sin flaquear jamás, les expreso mi más profunda gratitud. La amistad que hemos compartido a lo largo de estos años no es solo un recuerdo: es una raíz. Y es desde ahí que sigo creciendo. Gracias a quienes compartieron este tramo del camino, a quienes celebraron, a quienes viajaron, a quienes simplemente dijeron: «Estoy aquí».
Si he llegado hasta aquí, es también, y sobre todo, gracias a cada una, a cada uno.

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