06 mayo, 2026

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Jesucristo, Rey del Universo

La solemnidad que corona el año litúrgico y nos invita a reconocer el señorío amoroso de Cristo sobre toda la creación

Jesucristo, Rey del Universo

El próximo domingo, 23 de noviembre de 2025 (o el correspondiente al último domingo del año litúrgico), la Iglesia celebra la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. Esta fiesta, instituida por el Papa Pío XI en 1925 mediante la encíclica Quas Primas y elevada a su actual rango por san Pablo VI, cierra el año litúrgico recordándonos que toda la historia de la salvación culmina en Cristo, Alfa y Omega, principio y fin de todo lo creado (cf. Ap 1,8; 21,6).

Origen y significado profundo de la fiesta

En un mundo marcado por el laicismo creciente, el nacionalismo exacerbado y la negación práctica de Dios, Pío XI quiso proclamar con fuerza que Jesucristo es Rey, no solo de los corazones individuales, sino de las familias, las sociedades y las naciones. Como él mismo escribió: «La peste de nuestro tiempo es el llamado laicismo, con sus errores y sus criminales intentos […] Es necesario que Cristo reine» (Quas Primas, 18 y 24). Al instituir esta solemnidad, el Papa respondía al clamor de obispos y fieles que, en el Año Santo de 1925, pedían un reconocimiento público del señorío universal de Cristo.

La fecha elegida —el último domingo de octubre en su origen, y desde el Concilio Vaticano II el último domingo del año litúrgico— es profundamente simbólica: corona el ciclo anual de los misterios de la vida de Cristo y nos prepara para el Adviento, anunciando su retorno glorioso como Rey y Juez (cf. Prefacio de la Misa de Cristo Rey).

¿Qué tipo de Rey es Jesús?

Los Evangelios nos lo muestran con claridad paradójica: ante Pilato, Jesús declara: «Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad» (Jn 18,37). Pero inmediatamente añade: «Mi reino no es de este mundo» (Jn 18,36). Su trono no es de oro, sino la Cruz; su corona no es de joyas, sino de espinas; su poder no se impone por la fuerza, sino por el amor que se entrega hasta el extremo.

Benedicto XVI lo explicaba bellamente: «La realeza de Cristo es revelación y actuación de la de Dios Padre, que gobierna todas las cosas con amor y con justicia […] El poder del Amor que sabe sacar el bien del mal, enternecer un corazón endurecido, llevar la paz al conflicto más violento e iluminar la esperanza en la oscuridad más densa» (Ángelus, 23 noviembre 2008).

El Papa Francisco, en diversas homilías, ha insistido en que Jesús reina desde la Cruz: «Su realeza es paradójica: su trono es la cruz; su corona es de espinas; no tiene cetro, pero le ponen una caña en la mano; no viste ropajes suntuosos, sino que es despojado de su túnica; no lleva anillos deslumbrantes en sus dedos, sino que sus manos están traspasadas por los clavos» (Homilía, 20 noviembre 2022).

Este Reino ya está presente en la Iglesia —«reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz» (Prefacio)— pero se consumará plenamente al final de los tiempos, cuando Cristo entregue el Reino al Padre (cf. 1 Cor 15,24; Catecismo de la Iglesia Católica, 668-682).

Una fiesta positiva y esperanzadora

Lejos de ser una celebración triunfalista, Cristo Rey nos llena de alegría profunda: ¡tenemos un Rey que nos ama hasta dar la vida por nosotros! Como dice san Pablo: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18). Su victoria sobre el pecado y la muerte es nuestra victoria. En medio de las crisis del mundo, esta solemnidad nos recuerda que la última palabra no la tiene el mal, sino el Amor crucificado y resucitado.

Decálogo para vivir hoy la Solemnidad de Cristo Rey

  1. Asistir con devoción a la Santa Misa del domingo, recibiendo a Cristo Rey en la Eucaristía, trono vivo de su presencia real.
  2. Renovar la consagración personal y familiar al Sagrado Corazón de Jesús, como pedía Pío XI, reconociendo que solo Él debe reinar en nuestros hogares.
  3. Hacer un examen de conciencia sincero: ¿En qué ámbitos de mi vida (trabajo, economía, relaciones, tiempo libre) aún no dejo que Cristo reine plenamente?
  4. Realizar una obra de misericordia concreta, recordando que «cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40): así reconocemos a Cristo Rey en los pobres y sufrientes.
  5. Orar por los gobernantes y las naciones, para que reconozcan la soberanía social de Cristo y ordenen las leyes al bien común y a la dignidad de la persona.
  6. Promover la paz y la reconciliación en el entorno familiar, laboral y social, siendo instrumentos del Reino de justicia, amor y paz.
  7. Estudiar o meditar algún texto magisterial sobre Cristo Rey (Quas Primas, Catecismo 668-682 o alguna homilía papal) para profundizar en esta verdad.
  8. Colocar una imagen de Cristo Rey en lugar visible del hogar y rezar ante ella la oración del «¡Viva Cristo Rey!» con fervor renovado.
  9. Comprometernos con la evangelización: llevar a otros el anuncio gozoso de que solo en Cristo hay salvación verdadera y plenitud de vida.
  10. Vivir con esperanza escatológica: esperar con alegría el retorno glorioso del Rey, trabajando hoy por extender su Reino de gracia hasta los confines de la tierra.

Que la Virgen María, Reina del Universo y Madre del Rey, nos ayude a abrirle de par en par las puertas de nuestro corazón y de nuestro mundo. ¡Viva Cristo Rey!

Miguel Morales Gabriel

Soy un jubilado empresario católico, esposo devoto, padre esforzado, abuelo cariñoso y amigo leal; fundador de su empresa familiar donde lideró con integridad durante décadas generando empleo y desarrollo local, siempre guiado por su fe, la solidaridad comunitaria y el amor incondicional a su esposa, hijos y nietos, viviendo con el lema de servir con humildad.