Iglesia católica, Opus Dei y la opción preferencial por los pobres
La labor pastoral y social del Opus Dei en la Prelatura de Yauyos: evangelización, desarrollo humano y el legado de sus primeros obispos en el Perú
Organizado por el Departamento Académico de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Academia Peruana de Historia Eclesiástica, tuvo lugar el viernes 28 de agosto en la PUCP la Jornada Internacional «Entre los dos Concilios Vaticanos: la Iglesia en el Perú, 1869-1965».
Entre las 18 exposiciones hubo dos relacionadas con la prelatura de Yauyos, una nueva estructura territorial eclesiástica que el papa Pío XII confió al Opus Dei en 1957, territorio que se desmembró de la arquidiócesis de Lima.
Manuel de la Puente dio una sesión sobre La Prelatura de Yauyos y la “opción preferencial por los pobres”, mientras que, el director del Centro de Estudios Josemaría Escrivá (CEJE) de la Universidad de Navarra (España), Santiago Martínez Sánchez expuso sobre “Dos obispos y un destino: Ignacio de Orbegozo y Luis Sánchez-Moreno en la prelatura de Yauyos (1957 y 1996)”.
La actividad se desarrolló en el campus de la PUCP, en Lima y entre otros temas se abordaron: los aportes en la evangelización del siglo XX, los concilios Vaticanos y el Perú; prelados, clero y secularización en el Perú; así como Iglesia, laicado y devociones en los siglos XIX y XX.
La evangelización de Yauyos y la «la opción preferencial por los pobres»
El Padre Manuel de la Puente, investigador de la Universidad de Piura, explicó cómo el Opus Dei se involucra en la tarea de evangelización de Yauyos, una zona agreste al sur de Lima. Los sacerdotes españoles que llegaron en 1957 emprendieron un trabajo evangelizador y un desarrollo humano integral en los pueblos, a veces por encima de los 4,500 metros de altitud, sin vías de comunicación y medios de transporte adecuados y en un dramático estado de abandono religioso y material.
“La creación de la Prelatura de Yauyos fue algo providencial para el Opus Dei en el Perú, porque no fue una iniciativa que ellos buscaran, sino una respuesta a una petición directa de la Santa Sede. De otro modo no hubieran podido llegar tan rápidamente a esos ambientes campesinos de extrema pobreza. Hay que advertir que esta tarea no fue solo obra de clérigos, pues también participaron laicos, mujeres y varones, que en el ejercicio de su trabajo profesional transmitieron el mensaje del Opus Dei de difundir la llamada a la plenitud de la vida cristiana en medio de las realidades cotidianas”, señaló.
“La tarea pastoral en Yauyos puede verse como una manifestación alternativa de lo que más adelante se llamaría «la opción preferencial por los pobres». Una opción alternativa, porque se trataba de una tarea evangelizadora que no estaba impregnada de la narrativa de la lucha de clases”.
Para comprender la tarea pastoral presente en Yauyos es iluminador recoger la visión de san Josemaría, fundador del Opus Dei, sobre la situación peruana. En 1966, hablando con el Padre Luis Tejerizo, sacerdote que vivió en nuestro país desde los 25 años le decía: «En el Perú hay una gran diferencia de clases sociales y el Opus Dei trata de acortarla, pero no en base de ir contra los de arriba sino elevando a los de abajo, elevándolos pero a base de trabajo».

Contribuir en las necesidades básicas de la población de Yauyos
Manuel de la Puente también explicó que junto a la tarea pastoral y de evangelización llevada a cabo por los sacerdotes hubo siempre una enorme promoción humana. “Se convirtieron en gestores de las necesidades básicas de la población. Ellos mismos la entendieron como una tarea humana de desarrollo de la comunidad”, precisó el Padre de la Puente Brunke, que actualmente investiga en una publicación sobre la historia de los comienzos del Opus Dei en el Perú.
“Esa tarea pastoral integradora se dividió en dos frentes: por un lado, la labor espiritual de sacramentos: bautismos, confirmaciones, confesiones, primeras comuniones, extremaunciones y matrimonios. Por otro lado, la labor social e infraestructura: los sacerdotes canalizaron ayudas provenientes de Estados Unidos y de Cáritas para realizar obras comunales de gran envergadura. Así, la Prelatura de Yauyos acometió decenas de obras en ejecución, incluyendo 78 kilómetros de carreteras de acceso a los pueblos, represas en lagunas a 5000 mts, canales de irrigación, escuelas, postas sanitarias y campos deportivos”.
También organizaron más de doscientos centros de Cáritas para atender a los pobres de otros tantos pueblos a quienes se les repartía alimentos y ropa. Esta labor no se limitó a una tarea asistencial. Se buscaba que los propios campesinos, a través de su trabajo voluntario fueran protagonistas de su propio bienestar.
Monseñor Enrique Pélach en Yauyos
Un personaje destaca en esta historia. Enrique Pélach, uno de los primeros sacerdotes que llegó a Yauyos para colaborar pastoralmente, quien más adelante sería obispo de Abancay entre 1968 y 1992, otra zona muy pobre del sur peruano, azotada por el terrorismo. Manuel de la Puente indicó que fue injustamente censurado en el informe final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, que lo descalificó: «…por no considerar parte de su misión pastoral la preocupación por lo social».
De la Puente señala “aparte de la perplejidad que surge al advertir que un organismo de la sociedad civil se permita juzgar la tarea pastoral de un obispo, investigaciones académicas recientes han calificado esta situación de «irónica», porque fue precisamente Pélach quien promovió en Abancay toda una generación de sacerdotes autóctonos y quechua-hablantes”.
Como conclusión, “Yauyos, aparece como una tarea pastoral, entre otras llevadas a cabo en el Perú, que sabiendo tratar a las élites intelectuales en la capital, no dudó en involucrarse en un servicio a la Iglesia en sus miembros más necesitados. Pusieron en práctica una opción preferencial por los pobres, ni exclusiva ni excluyente, que ve en el pobre a un hijo de Dios llamado a la plenitud de la vida cristiana que incluye el desarrollo humano”.

“Dos obispos y un destino: Ignacio de Orbegozo y Luis Sánchez-Moreno en la prelatura de Yauyos (1957 y 1996)”
Por su parte, el profesor de la Universidad de Navarra y director del Centro de Estudios Josemaría Escrivá (CEJE) de esa universidad, Santiago Martínez Sánchez, abordó las similitudes y diferencias entre los dos primeros obispos de Yauyos, Ignacio de Orbegozo y Luis Sánchez-Moreno Lira, quienes fueron los dos primeros obispos en la historia del Opus Dei.
“Ignacio de Orbegozo fue nombrado como prelado en 1957 y después fue consagrado obispo en 1964; Luis Sánchez-Moreno fue obispo auxiliar de Chiclayo en 1961. Ambos son los primeros de una serie de obispos del Opus Dei, que ocuparán con el tiempo diversas diócesis en el Perú”, señaló Martínez. Monseñor Orbegozo estuvo en la prelatura de Yauyos de 1957 a 1968. Desde entonces, hasta 1996 la gobernó pastoralmente monseñor Sánchez-Moreno.
Monseñor Ignacio de Orbegozo
El ponente señaló que Ignacio de Orbegozo, médico de profesión y ordenado sacerdote en 1951, fue una persona austera, muy afectiva y ocurrente, socarrona y algo crudo en ocasiones al decir las cosas. Un obispo que se mueve a caballo y en jeep, un hombre activo que, sobre todo, tuvo una extraordinaria cercanía con su presbiterio.
“Exagerando, pero no mucho —no mucho, de verdad se lo digo—, sus sacerdotes mataban por él y él mataba por sus sacerdotes (en un sentido figurado, evidentemente). Hubo una unión extraordinaria entre él y su presbiterio. En una carta suya de 1958 cuenta que manejó catorce horas ida y vuelta, desde Lima a Yauyos, para visitar a uno de sus curas que, según él creía, estaba bien enfermo. Con ellos se reúne para retiros mensuales, les visita cuanto puede. Y con ellos caza perdices, pesca truchas en Yauyos y juega a futbito… y procura ganarles siempre”.
Monseñor Luis Sánchez-Moreno Lira
Por su parte, explica el director del CEJE, “Luis Sánchez-Moreno Lira es un arequipeño fino, bien opuesto a la personalidad de Orbegozo. Es abogado y además doble doctor en derecho civil y en derecho canónico. Una persona muy metódica, organizadora, sistematizadora y detallista, y más distante en las relaciones con el clero. Estas diferencias tienen que ver con la personalidad de uno y otro. No las definiría como antagónicas, pero sí como bien diferentes”.
Santiago Martínez explicó también las similitudes entre ambos, que son muchas más. Ambos son jóvenes cuando son nombrados obispos. Ignacio de Orbegozo, 34 años; Luis Sánchez-Moreno, 36; los dos participan en el Concilio Vaticano II; tienen interés por sacar adelante vocaciones peruanas; afán por conseguir recursos económicos para Yauyos, y un mismo deseo de contribuir a la mejora social y económica de la población en su entorno.

La relación de ambos obispos con san Josemaría y su inquietud por las vocaciones
“Ambos obispos pertenecen al Opus Dei y guardan una fuerte ligazón con el fundador, con Josemaría Escrivá de Balaguer, al que conocen y tratan mucho. Especialmente Ignacio de Orbegozo, que le conoció en España y después convivió con Escrivá en Roma. Luis Sánchez-Moreno le conoció en Roma entre 1955 y 1957, año en que se ordena sacerdote. Ambos sienten una enorme veneración, respeto y cariño hacia Escrivá de Balaguer, al que consideran un verdadero padre”.
Un consejo de san Josemaría que ambos secundaron fue el de tener un seminario propio y, así, contar con sacerdotes nativos: era el mejor modo de garantizar el futuro pastoral y evangelizador en Yauyos, meta y a la vez origen de la decisión de Pío XII de confiar al Opus Dei ese territorio.
La labor de Valle Grande y Condoray
Martínez comenta que “la vivienda fue un área a la que ambos prestaron mucha atención. Pero no fue la única. La formación agraria del campesinado después de la reforma agraria en el Perú de 1968 también fue muy importante. Ese campo, sobre todo, fue cubierto por Valle Grande, un instituto rural puesto en marcha por algunos ingenieros del Opus Dei en 1965 junto con otros profesionales, en San Vicente de Cañete, que organizó muchísimos cursos dirigidos primero a las cooperativas campesinas surgidas después de la expropiación de las haciendas y luego a los pequeños propietarios campesinos”.
También hubo numerosos planes de alfabetización a la mujer emprendidos por Condoray, un instituto de capacitación femenina impulsado por mujeres del Opus Dei, en Cañete en 1963; así como planes para mejorar la nutrición infantil que empezaron en 1989, y un sinnúmero de iniciativas que contribuyeron al liderazgo femenino, a través de la formación de promotoras rurales.
¿Qué hacía el Opus Dei en Yauyos?
“En el plano institucional, diría que la visión según la cual al Opus Dei sólo le interesan los ricos es matizable o, hablando a la española, es completamente falsa. De ser verdad esa opinión, el Opus Dei jamás habría ido a Yauyos, zona pobre como pocas. O, de haber ido, se habría retirado inmediata o rápidamente al ver las muy desfavorables condiciones materiales de aquella tierra. Pero ninguno de esos dos hechos se produjo. Cuando la Santa Sede confió Yauyos al Opus Dei, el fundador y sus consejeros eran bien conscientes de su pobreza, abandono y necesidades materiales y espirituales”, señaló el historiador Martínez.
Indica Martínez que los prelados y su presbiterio no concibieron el cristianismo (ni, la acción pastoral) escindida en lo espiritual y lo material, como dos áreas incompatibles o antagónicas. Más bien, en la prelatura de Yauyos fueron de la mano desde el principio tres aspectos: la administración de sacramentos, la celebración de la Palabra y la vida espiritual de los feligreses, y la promoción social de aquellas gentes abandonadas que recibieron de mil amores la presencia de aquellos sacerdotes llegados desde España y de aquellos otros nativos que empezaron a ordenarse desde 1978 hasta hoy.
Autor: Carlos Enríquez

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