«He tenido una conversación con Rafael Alvira»
Un paseo por la sabiduría y la vida cotidiana
Quienes tuvimos suerte de tratar a Rafael Alvira podemos decir que estar con él era conversar filosofando y filosofar conversando. Porque para él la filosofía era más que una profesión, más que un trabajo, más que una parte de su vida: era su forma de vivir y, por ende, toda la vida (la suya, la del prójimo, la de la sociedad) era objeto de su filosofar. Nada escapaba a ello: lo grande y lo pequeño, lo divino y lo humano, lo lógico y lo absurdo, lo serio y lo trivial. Y así, nada más empezar una conversación, uno se hallaba inmerso en el intento de desentrañar la más profunda verdad de aquello que era objeto del diálogo.
Y ocurría que, como él ya había filosofado acerca de casi todo, cada conversación era una invitación a dar un paseo por un sendero que él ya había recorrido. Entonces surgía espontáneamente la necesidad de conocer su opinión respecto de aquello que se hacía presente en el camino, y la conversación fluía como el agua cristalina de un arroyo en medio de un bosque. Conversar con Rafael Alvira permitía asomarse a la verdad de cada ámbito de la realidad. Y por el mismo motivo cada conversación era tan enriquecedora como una clase y cada clase suya transcurría como una conversación. Es lo que los amigos de Sócrates debían percibir tras una conversación con él. Y esa es precisamente la experiencia que nos ofrece Conversar la vida: pasar un tiempo para cultivar el amor a la sabiduría, bajo la guía de un maestro que habla, al mismo tiempo, con sencillez y profundidad.
(…) los entrevistadores plantean temas relativos a los fundamentos de la filosofía, como el significado de algunos conceptos metafísicos –la nada, la diferencia, la unidad– y su relación con los desajustes provocados por la modernidad; el sentido de la vida humana; la virtud como fuerza interior que conduce a Dios; y las consecuencias del exceso de emotividad en las relaciones de pareja. El lector se sorprenderá con la capacidad de Rafael Alvira para conectar abstractas cuestiones metafísicas con las peripecias de la vida cotidiana, y esto ilustrado –y amenizado– con anécdotas de su vida.
(…) No podía quedar al margen, teniendo en cuenta el tiempo y energía que Alvira le dedicó, el rol de las organizaciones en la configuración de la sociedad y, particularmente, el verdadero sentido de la actividad empresarial. Nos adentramos entonces en temas como el genuino significado de economía, las organizaciones como imagen y semejanza de la familia, y la dirección de empresas entendida como gobierno y no como administración estratégica, por poner algunos ejemplos.
(…) En el libro nos explica la relación entre la filosofía política y la realidad social: al contrario de la noción moderna que ve la esencia de la polis en relaciones de poder, una comprensión integral nos descubre que la esencia de la sociedad está constituida por relaciones de servicio y, en consecuencia, una auténtica filosofía política ha de enfocarse en las condiciones que favorecen en las personas la actitud de servicio a los demás, lo cual nos conduce a que ellas se adquieren en la familia, que es no solo la célula de la sociedad, sino su alma. De aquí el insoslayable fallo de la democracia, que se inspira en el individuo y en su aspiración a una libertad e igualdad mal entendidas –radicales, reduccionistas, materialistas– y el error de algunos católicos que intentan justificar una visión cristiana de aquella.
(…) Ante el panorama descrito, el lector podrá pensar que la lectura del libro lo conducirá a la desesperanza. Quien haya disfrutado de las conversaciones con Rafael Alvira sabe que no puede ser así. En toda conversación con él se traslucía la convicción de que Dios es el Señor de la Historia y la inquebrantable confianza en que, a pesar de las sombras que parecen engullir nuestro mundo, estas no aniquilan el irreductible anhelo humano por la libertad que se plasma en el amoroso sometimiento a la Providencia.
Toda genuina conversación es en cierta medida filosófica, y toda acción filosófica conduce a la verdad, y toda verdad libera, y toda liberación engendra esperanza. Por eso, si al concluir la lectura de «Conversar la vida» el lector queda esperanzado, es que las reflexiones del maestro han calado –tanto más, tanto menos– en su alma. Entonces podrá decir ciertamente: «He tenido una conversación con Rafael Alvira».
Fuente: resumen del artículo publicado en El Debate: Conversar la vida’: la filosofía como forma de vivir
Ver en este blog: Reflexiones sobre la familia

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