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Alfons Gea

Voces

02 junio, 2025

5 min

La gratuidad no tiene precio

Solo el amor gratuito es capaz de sanar, liberar y llenar de sentido la vida

La gratuidad no tiene precio

Desde que nacemos, el instinto de vida, como mamíferos, nos hace buscar la fuente de alimentación. Una carencia, un instinto y más tarde un aprendizaje nos lleva a movernos hacia la fuente de energía, alimento, reconocimiento, placer o seguridad material como las posesiones o el dinero.

Cuando el objetivo no es la comida, sino el reconocimiento o dar cumplimiento a unos ideales, somos capaces de pagar el pecio de un esfuerzo para conseguirlo.

En el parvulario nos enseñan a poner la pegatina de color azul, verde o rojo según hayamos hecho mal o bien la tarea. De mayores las pegatinas que buscamos se llaman euros. Estamos preparados para conseguir lo que deseamos a cambio de algo. Todo tiene un precio. O si no, como decía un profesor de psicología, todo responde a estímulos cerebrales, a sustancia, pulsiones, incluido aquello que llamamos amor.

Es decir, si sabemos usar los instintos y ser habilidosos en las transacciones podemos situarnos donde queremos estar.

Pero ni todo es así de simple, ni todo es tan fácil. En primer lugar, la insatisfacción nos acompaña para buscar nuevos alicientes, puesto que lo conseguido no nos satisface. Y, sobre todo, porque las carencias que nos llevan a buscar compensaciones, si no las asumimos, nos pasamos la vida buscando compensarlas. Somos el bajito que no asume su estatura y se pasa la vida cambiando de zapatos de tacón, o el pobre eterno, que pasa la vida acumulando riqueza, para no ser pobre y muere con una fortuna sin gastar.

De igual manera, acumulamos bienes inmateriales que envuelven nuestra identidad. De alguna manera nos atrapan nuestras ambiciones por muy loables que sea.

La tarea que proporciona ese beneficio puede ser desde realizar unos trabajos para obtener una compensación, como aquellas otras actitudes violentas y creadoras de angustia en el otro, para provocar la respuesta que queremos. La queja, el llanto o el victimismo están al servicio de conseguir ser centro de atención, por ejemplo.

La gratuidad es ese concepto económico que rompe con el esquema de la contraprestación o recompensa. Purifica les intenciones, de amar o de realizar alguna tarea para obtener un beneficio.

Por eso cuanto más pura es una relación, más libre está de intereses, más se mueve en la gratuidad y más cercana está al amor puro.

Recuerdo una hermana religiosa, de vida ejemplar y entrega generosa, ja débil y grave, se lamentaba en el lecho del hospital, que era inútil, y ni que tan solo se concentraba para rezar. Había sido muy activa, había ayudado a mucha gente. Se veía en la necesidad de dar al Señor algo, oración por lo menos. Yo le dije, “hasta ahora has dado mucho, pero han sigo cosas que has hecho, incluso la oración, ha sido una ofrenda. Has dado algo. Ahora no puedes dar nada. El Señor te ama gratis. Todavía te queda darte tú sin nada, es decir abandonarte en sus brazos, sin intermediarios, sin necesidad de dar. Recordamos varios salmos y aquel versículo de Isaías 19,15.” Le costó entrar puesto que había vivido toda la vida siendo útil y sacrificándose, no entendía el puro amor sin ofrecer nada a cambio.

La gratuidad es también el camino que lleva a sanar heridas. El trauma, es la vivencia reiterada del dolor que provocó un acontecimiento. Ese hecho se retiene vivo en la memoria, como si hubiera sucedido ayer. Quizás por miedo, quizás por deseo de venganza, quizás por la necesidad de rehacer el pasado aniquilando al agresor. En el trauma se vive del pasado. Imposible regalar al otro el perdón. Nos han robado algo nuestro. Cuanto más mayores, más acumulamos agravios. Queremos conseguir una compensación y perdemos la alegría. Un sacerdote, fue víctima de abusos en su etapa formativa. Eso afectó a su itinerario, habiendo de abandonar la congregación. La llamada al sacerdocio persistió. De haber seguido con el rencor, hubiera sido imposible la respuesta. Podemos decir que siguió la espiritualidad de Job, descubriendo la grandeza del Creador, a pesar de las agresiones de los humanos.  Ahora ejerce su ministerio con una sensibilidad muy grande hacia el sufrimiento.

La gratuidad, hace incluso bella la enfermedad. Algunos casos de fidelidad romántica, absoluta, los he visto en los matrimonios en que uno de los dos cayó enfermo y durante años estuvo postrado y el otro ha estado a su lado hasta el final. Un feligrés cuya esposa enfermó de Alzheimer, hasta que pudo la cuidó en casa. Pero después en la residencia la acompañaba cada día. Iban los dos de paseo. Ella en silla de ruedas, inexpresiva y él dándole conversación, incluso bajo la lluvia.  Pensé que él iba a tener dependencia de ella y que le iba costar seguir la vida cuando falleciera. Pero no ha sido así. Vivieron un amor de gratuidad, sin necesidad de recibir una compensación, física, de reconocimiento, económica.

La gratuidad, además de purificar nuestras intenciones, se convierte el trampolín de felicidad, puesto que todo lo vierte en gozo. I eso no tiene precio.

María es ejemplo de gratuidad. El 8 de mayo, día en que fue elegido el Papa León XIV, hay varias fiestas marianas. Los agustinos, como el Papa León XIV, celebran a la Virgen de Gracia, que celebra la generosidad y gratuidad con la que Dios se volcó a través de María

El modelo de gratuidad total es Cristo. Pablo recoge en la carta a los Filipenses 2:6-11, el magnífico himno que la iglesia reza desde los inicios.

Alfons Gea

Licenciado en Teología en Facultad de Teología de Barcelona (1988). Diplomado en Magisterio – profesor EGB. Universidad de Barcelona (1990). Licenciado en Psicopedagogia. Universidad Ramón Llull, (1994). Responsable del Servicio de Atención al Duelo de Funeraria Municipal de Terrassa (2001-2022). Terapeuta en Gabinete Gedi - Psicología aplicada (2022). Párroco de St. Viucente de Jonquereas, de Sabadell (2012). Articulista en revistas especializadas y prensa comarcal. Formador en atención al duelo de profesionales sanitarios y sociosanitarios: Trabajadoras sociales, psicólogas/os, médicas, enfermería, maestras (1995). Ha participado en varios programas de opinión y debate de televisiones y radios nacionales. Anteriormente ejerció como asistente espiritual de los hospitales en Terrassa: San Lázaro, Mutua, y Hospital de Terrassa (1997-2018. Fue párroco de la parroquia Virgen de Montserrat de Terrassa (1997-2013) y responsable de Formación de la Delegación de Pastoral de la Salud de la diócesis de Barcelona (1995-2005). Delegado episcopal de Pastoral de la salud de la diócesis de Terrassa (2005-2012). Coordinador de la Pastoral de la Salud de la Conferencia episcopal catalana. Maestro de EGB, Coordinador de secundaria, subdirector de escuela, jefe de gabinete psicopedagógico, fundador y director del Centro Sara – casa de acogida para enfermos de SIDA, educador en situaciones de riesgo social, Fundador del Taller Solidario – centro de inserción laboral.