«Gaudí jamás utilizó la belleza como un adorno vacío»
El báculo forjado en Barcelona que recibirá el Papa León XIV en la Sagrada Familia
El arte verdadero no decora, sostiene. Bajo esa premisa gaudiniana, el escultor y joyero Joan Serramià modela en su taller de Reus una pieza litúrgica que trasciende el protocolo vaticano: el báculo pastoral que la Iglesia y el pueblo de Cataluña regalarán al Papa León XIV durante su inminente viaje apostólico a Barcelona. Una obra concebida desde la discreción del boca a boca y las pequeñas aportaciones, que será entregada al Pontífice en el corazón de la Sagrada Familia.
El objeto no es una simple joya de orfebrería, sino una geografía humana y espiritual hecha materia. Su eje central está atravesado por el tronco de un olivo milenario catalán, pero la pieza respira una vocación universal. En ella se ensamblan maderas nobles traídas de África, Asia, América y Australia, abrazando simbólicamente la diversidad del planeta. Sin embargo, el arraigo a la tierra se esconde en los detalles más íntimos: pequeñas piedras recogidas en los campos donde Antoni Gaudí pasó su infancia, entre el viento y la naturaleza tarraconense, integradas en la estructura.
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La intuición de Sant Jordi
La génesis del diseño cambió por completo en una fecha señalada. Inicialmente, Serramià pensó en inspirarse en la torre de San Bernabé del templo barcelonés. Fue precisamente el día de Sant Jordi cuando una intuición transformó el boceto: «Comprendí que el Papa vendría por la torre de Jesucristo. Y entonces todo cobró sentido», confiesa el artista. De ese instante nació la gran cruz gaudiniana que remata el báculo; una geometría esencial, vertical y suspendida, dispuesta a elevarse hacia el cielo de Barcelona.
El taller de Serramià, inundado de virutas, plata y bocetos, conecta de manera directa con la memoria del arquitecto. El escultor trabaja en paralelo en un monumento dedicado a Gaudí en Reus, para el cual la junta de la Sagrada Familia y el arzobispado de Tarragona facilitaron una roca de catorce toneladas. En esa escultura, el genio aparecerá trabajando en la maqueta de la Virgen de Misericordia, un proyecto que le fue vetado hace un siglo. «Quise devolverle simbólicamente aquello que no le permitieron hacer», explica, recordando que los grandes genios se consumen por los demás y no por sí mismos.
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Un manto protector para Europa
Más allá de la entrega del báculo durante la celebración de la Misa, el entorno gaudiniano late con la esperanza de que León XIV pueda descender a la tumba del arquitecto, coincidiendo con los preparativos del centenario de su fallecimiento. Para el creador de la pieza, el gesto encierra una urgencia cultural en los tiempos actuales: «Europa está olvidando su propio destino. El catolicismo ha sido el gran manto protector del arte. Y el arte ha protegido a Europa».
Cuando el Pontífice sostenga el báculo entre sus manos, no sostendrá únicamente un homenaje a la estética de Gaudí. Sostendrá una herencia viva que se resiste a ser un icono congelado en la historia; una fe que, emulando al viejo oficio de la artesanía, sigue construyéndose con paciencia, pieza a pieza, entre la raíz de la memoria y el horizonte de la esperanza.
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