24 septiembre, 2026

Síguenos en

Fulton J. Sheen: «El Micrófono de Dios»

Pionero de la evangelización en radio y televisión, cuya incansable labor pastoral y profunda vida espiritual lo llevaron a ser reconocido como «el micrófono de Dios»

Fulton J. Sheen: «El Micrófono de Dios»

Cuando el 2 de octubre de 1979 san Juan Pablo II abrazó al arzobispo Fulton, quien se hallaba en el ocaso de su vida, diciéndole: «Has escrito y hablado bien del Señor Jesús. ¡Eres un hijo fiel de la Iglesia!», el consuelo que debió recibir este gran misionero por fuerza tuvo que ser inmenso. El Santo Padre ratificaba la fidelidad a una vocación que, como de todos los integrantes de la vida santa, se había amasado en la oración, la Eucaristía y un tierno amor a la Virgen María.

Nacido el 8 de mayo de 1985 en El Paso, Illinois, fue el primogénito de los cuatro hijos de Newton y Delia, cuyo apellido de soltera era Fulton dándose la circunstancia de que si bien fue bautizado como Peter John, sería conocido siempre con el nombre de Fulton y así iba a subir a los altares. Su madre lo consagró a María y él renovó esta consagración en el momento de recibir la Primera Comunión. Su infancia fue la de un niño atraído por el estudio, quizá más que por los juegos. Había sufrido tuberculosis y seguramente por ello mostraba una cierta fragilidad. Pero era despierto, como enseguida iba a demostrarse, tras el traslado de la familia a Peoria, Illinois. Allí culminaría sus estudios más que satisfactoriamente tanto en el Instituto Spalding de esta localidad, como en el St. Viator College de Bourbonnais en 1913, año en el que ingresó en el Seminario de St. Paul en Minnesota.

Comenzaba a cumplirse uno de los dos vaticinios de su mentor, el obispo Spalding, ya que siendo monaguillo a la edad de 8 años en la catedral de Santa María de Peoria tras caerse al suelo y hacerse añicos una de las vinagreras, el prelado había aventurado dos hechos. El primero que estudiaría en Lovaina, añadiendo ante el compungido niño el segundo: «Algún día serás como yo». Y así fue. El 20 de septiembre de 1919 fue ordenado sacerdote. Tras un año de estudios en la Universidad Católica de América, se trasladó a la de Lovaina en Bélgica para proseguir su formación. En 1923 se doctoraba brillantemente en Filosofía y se convertía en el primer estadounidense que recibía el prestigioso Premio Cardenal Mercier por su trabajo filosófico. El tomismo marcó su quehacer intelectual.

En 1924 se hallaba en Roma, en el Angelicum. Con una prometedora carrera, en 1926 fue probado en su virtud ya que tratándose de alguien cuya competencia era reconocida tanto por la universidad neoyorkina de Columbia como por la inglesa de Oxford, que hubieran deseado tenerle como docente, el obispo Dunne lo destinó para ser coadjutor de una modesta parroquia de Peoria. No había transcurrido un año cuando al ver la obediencia y espíritu de servicio de Fulton le permitió trasladarse a Washington para impartir clases en la Universidad Católica de América, pero él regresó a Inglaterra. Allí tras un corto periodo como profesor en un colegio, volvió a su país y en 1928 inició una fructífera labor académica en la citada Universidad en la que permaneció impartiendo clases de filosofía hasta 1950, fecha en la que fue nombrado director nacional de la Sociedad para la Propagación de la Fe, al frente de la cual que permaneció 16 años.

Para entonces no sólo había publicado más de una treintena de libros, sino que se había convertido en una figura de renombre mundial, aclamada por las revistas Time y Life. La primera lo había elegido como portada de uno de sus números y es que la influencia como evangelizador y el impacto de las lecciones que impartía en radio primeramente con La Hora católica y luego en televisión con La vida merece la pena vivirla eran imponentes. Decenas de millones de personas seguían sus intervenciones desbancando programas que tenían como anfitriones a grandes estrellas del momento. Con las dotes de oratoria innatas que poseía, el magnetismo que fluía de su persona, unida a la preparación de sus guiones que memorizaba durante una hora, planteaba y daba respuestas a los problemas reales de una sociedad marcada por el anticatolicismo. Tuvo la gracia de acercarse a los creyentes, a los alejados de la fe, y a quienes sustentaban otras creencias, con sumo respeto, comprendiéndoles, escuchando sus argumentos y respondiendo siempre sin imponer la verdad católica que estaba grabada en su corazón. Personas que formaban parte de la alta sociedad, política, negocios y el espectáculo se convirtieron oyéndole o dialogando con él. Lograba atraer a todos con su erudición y profundidad que brotaba de su ofrenda personal y del tiempo diario que permanecía ante el Santísimo: su «Hora Santa», la que prometió realizar hasta el final de su vida cuando fue ordenado sacerdote.

Tan destacada fue su labor y tal su influencia en la evangelización, con una importante vertiente ecuménica, que en 1951 (año en el que fue nombrado obispo auxiliar de Nueva York) recibió un Emmy siendo nominado para el mismo en dos ocasiones más: en 1954 y en 1957.

Conocía bien el alma humana; era ingenioso y tenía gran sentido del humor. Todo ello se traslucía en su labor apostólica en la que estuvieron muy presentes los pobres. Sus obras resumen lo que fue esta catequesis cotidiana amén de otras en las que vertió el fruto de sus meditaciones y vivencias: El camino de la felicidad, La vida de Cristo, Paz Interior, El calvario y la Misa, Dios y el hombre, El mundo, el alma y las cosas, y un larguísimo etcétera ya que publicó cerca de 70 libros, sin contar los opúsculos que se publicaron con las predicaciones que llevó a cabo en los medios de comunicación. De ahí que se le denominara «el micrófono de Dios».

Tuvo que sufrir lo suyo, a veces a causa de la fama que había obtenido, pero le guiaba esta clara convicción fruto de su experiencia: «El cristianismo no comienza con la luz del sol, sino con la derrota. Durante aquellos días en los que mi vida se vio respaldada por la cruz, comencé a conocerla y a amarla más». «Ha habido sufrimiento físico. Y otros tipos…, pero cuando echo la vista atrás, nunca he recibido el castigo que merecía. Dios ha sido indulgente conmigo. Nunca me ha impuesto cargas equivalentes a mi fe».

Desde 1966 hasta 1969 fue obispo de Rochester, siendo nombrado arzobispo de Neoportus este último año. A finales de los 70 su corazón comenzó a claudicar. Sufrió varias intervenciones quirúrgicas, la última en 1979 falleciendo el 9 de diciembre mientras oraba en su capilla a los pies del Santísimo al que entregó su vida entera. Será beatificado el 24 de septiembre de 2026.

Isabel Orellana

Isabel Orellana Vilches Misionera idente. Doctora en Filosofía por la Universidad Autónoma de Barcelona con la tesis Realismo y progreso científico en la epistemología popperiana. Ha cursado estudios de teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Con amplia actividad docente desde 1986, ha publicado libros como: Realismo y progreso científico en la epistemología popperiana, Universitat Autònoma de Barcelona, 1993; El evangelio habla a los jóvenes, Atenas, Madrid, 1997; Qué es... LA TOLERANCIA, Paulinas, Madrid, 1999; Pedagogía del dolor. Ensayo antropológico, Palabra, Madrid, 1999; En colaboración con Enrique Rivera de Ventosa (†) OFM. Cap. San Francisco de Asís y Fernando Rielo: Convergencias. Respuestas desde la fe a los interrogantes del hombre de hoy, Universidad Pontificia, Salamanca, 2001; La "mirada" del cine. Recursos didácticos del séptimo arte. Librería Cervantes, Salamanca, 2001; Paradojas de la convivencia, San Pablo, Madrid, 2002; En la Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador, ha publicado: La confianza. El arte de amar, 2002; Educar para la responsabilidad, 2003; Apuntes de ética en Karl R. Popper, 2003; De soledades y comunicación, 2005; Yo educo; tú respondes, 2008; Humanismo y fe en un crisol de culturas, 2008; Repensar lo cotidiano, 2008; Convivir: un constante desafío, 2009; La lógica del amor, 2010; El dolor del amor. Apuntes sobre la enfermedad y el dolor en relación con la virtud heroica, el martirio y la vida santa. Seminario Diocesano de Málaga, 2006 y Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador (2007). Cuenta con numerosas colaboraciones en obras colectivas, así como relatos, cuentos, fábula y novela juvenil, además de artículos de temática científica, pedagógica y espiritual, que viene publicando en distintas revistas nacionales e internacionales. En 2012 culminó el santoral Llamados a ser santos y poco más tarde Epopeyas de amor prologado por mons. Fernando Sebastián. Es la biógrafa oficial del fundador de su familia espiritual, autora de Fernando Rielo Pardal. Fundador de los Misioneros Identes, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2009. Culmina la biografía completa. Encargada del santoral de ZENIT desde 2012 a 2020 y ahora en Exaudi